jueves, 11 de diciembre de 2025

6 DE DICIEMBRE, DÍA DE LA CONSTITUCIÓN



El 6 de diciembre celebramos en España el día de la Constitución. Se trata, sin duda alguna, de la celebración más importante de todo el año, pues los españoles actuales somos hijos de la Constitución de 1978. Precisamente en este año de 2025, en que celebramos (sí, yo lo celebro) la muerte de Franco, hecho que constituyó la condición “sine qua non” del final de la dictadura y que permitió caminar hacia la democracia. Pero los tres años que transcurrieron entre 1975 y 1978 (aprobación de la CE) fueron unos años terroríficos, con atentados y asesinatos prácticamente a diario, por parte de radicalismos de izquierda y derecha. No hay más que recordar el asesinato múltiple en el despacho de CCOO en la calle de Atocha de Madrid y el posterior y fallido golpe de estado del 23F de 1981. Y, sobre todo, con una incertidumbre política y social tremenda de cuál iba a ser nuestro futuro, pues los interrogantes y dudas eran muy numerosos.

Menos mal que ese tiempo que llamamos Transición, fue un tiempo modélico y transcendente, pues el consenso que se logró entre las distintas fuerzas políticas fue realmente espectacular. Los Pactos de la Moncloa (entonces la inflación española estaba en el 26%) y la aprobación de la Constitución, junto a la presión de la sociedad española a favor de las libertades y de la instauración formal de una democracia, fueron hitos dignos de recordar porque dieron lugar a la época más fructífera de la historia de España.

Durante aquellos años, muchos políticos recordaban el discurso que Manuel Azaña pronunció en Barcelona, casi al final de la Guerra Civil, y que en sus frases finales decía: “Cuando a otras generaciones les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad, perdón…” Ya sé que es un texto muy reproducido en artículos y libros, pero a mí me sigue emocionando. Por eso lo cito.

La ponencia que elaboró la CE la formaban 7 parlamentarios representantes de todo el espectro político existente en las cortes constituyentes de 1977: UCD, PSOE, PCE, AP y minoría catalana. Y, aunque el tiempo todo lo relativiza, hubo discusiones muy fuertes, especialmente en torno al modelo económico, educativo y autonómico. Sin embargo, la urgencia para dar forma a una constitución y asentar la democracia era algo tan necesario que todos cedieron en cuestiones esenciales hasta ese momento. Y recalco esto porque, en la actualidad, estamos tan lejos de un consenso semejante que sonroja a cualquiera que tenga un poco de sensatez.

La CE es, en opinión de muchos expertos, una de las más progresistas del mundo. La definición de España como un “estado social y democrático de derecho”, cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, supone un giro de 180 grados a la España que estábamos abandonando. Y, a modo de ejemplo, hay que citar la incidencia que tuvo Carrillo (Secretario General del Partido Comunista de España) para llegar a un consenso, cuando en plena discusión sobre el tipo de régimen para España, dijo aquello de que no nos estábamos jugando si República o Monarquía, sino que lo que estábamos dilucidando era Democracia sí o no. Es significativa aquella foto de la primera reunión del Comité Ejecutivo del PCE ya legalizado, con la bandera rojigualda presidiendo la reunión.

La España fruto de estos 47 años constitucionales ha conseguido tres logros fundamentales: consolidar la democracia, desarrollar un Estado moderno e integrarse plenamente en Europa. Y aunque en la actualidad se comenta la dispersión de los jóvenes en cuestión de opciones electorales, hay que discernir entre lo que es consecuencia de una opción seria y argumentada de lo que es consecuencia del desconocimiento y desinformación. Para ello, propongo que por parte de todos los elementos sociales (no solo profesores) nos esforcemos en explicar a los jóvenes la España del siglo XX. Algo así como una Unidad Didáctica con los siguientes apartados: 1) II República (1931-1936); 2) Guerra Civil (1936-1939); 3) Dictadura franquista (1939-1975); 4) Democracia (1975-2025). Uso términos objetivos con nomenclatura histórica. Y a partir de ahí, cada uno se esfuerza en argumentar y contraargumentar lo que estime procedente al interior de cada época. La objetividad de los hechos históricos sirve, entre otras cosas, para decir menos tonterías.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 28 de noviembre de 2025

50 AÑOS sin franco

 


Ante la avalancha de artículos y opiniones, desde distintas perspectivas, yo voy a tirar en parte por un apunte testimonial de mi propia vida, sin afán de epatar ni modelizar, y un comentario más general de conjunto.

Cuando Franco muere, el 20 de noviembre de 1975, yo tengo 29 años y, lógicamente, ya tenía plena conciencia de lo que la dictadura franquista suponía para el conjunto de España, incluidos los vencedores, pues en estos casos de flagrante injusticia, apoyada en leyes inicuas e inmorales, los vencidos son los vencedores morales y los vencedores son los vencidos morales. Yo, entonces, soy un profesional de la docencia en el Instituto de Bachillerato de Ejea desde el año 1972. Y desde ese año hasta 1979 en que soy elegido alcalde de Ejea, mi dedicación es doble: en mi tiempo laboral lo dedico a mis tareas docentes lo mejor que sé y puedo, y durante mi tiempo libre me dedico a una función eminentemente moral: luchar en la medida de mis posibilidades contra la dictadura franquista. En el tardofranquismo y en la Transición, y en un ámbito rural, esta labor política estaba teñida de un barniz cultural progresista y antifranquista como envoltorio de su matriz política. Era obligado. Si como dice George Steiner, en el fondo todo es traducción, se trataba de traducir lo que pasaba y lo que no pasaba. La gente entendía más que antes de la traducción y, sobre todo, intuía dónde estaba la razón y la verdad.

Como eran tiempos anteriores a la existencia legal de los partidos políticos, mi actuación era formalmente al margen de ellos. Y ese fue el procedimiento que yo, con mucha más gente, usé para llegar a la alcaldía: al frente de una candidatura independiente, integrada por los sindicatos, las asociaciones de vecinos y los partidos políticos de izquierdas (excepto el PSOE). Que una candidatura independiente se imponga a la UCD y al PSOE de aquel momento no fue una tarea fácil.

El tardofranquismo y la Transición fueron para mí emocionantes y laboriosos. Hice cuanto pude y, honestamente, no lo hice mal del todo. Al menos, esa es mi autopercepción. Aunque la memoria siempre es selectiva y autocomplaciente con uno mismo. Luego, a partir de 1979, vino la gestión municipal, con el 23 de febrero incluido, pero esto ya es otra historia.

Desde una perspectiva más general, la España franquista era, sobre todo, un erial político, pero también fue un vacío tremendo en lo cultural y en lo existencial. Cierto es que, en la distancia, las cosas se edulcoran y se relativizan, pero en el momento de su vivencia la adrenalina se disparaba. Las fechas de 1977, primeras elecciones generales democráticas, de 1978, aprobación de la Constitución Española, de 1982, las elecciones ganadas por el PSOE y que constituyeron las primeras elecciones “normales” en España, son referencias indispensables en la España de hoy. La entrada de España en Europa constituye nuestra mayoría de edad política. A partir de ahí, la sociedad española es semejante a la europea, aunque siempre con un origen que no acabamos de digerir.

Contar el franquismo a los 50 años de la muerte del dictador constituye una labor imposible en un artículo breve y divulgativo como este. Quizás habría que dejarlo para ponencias académicas de mayor extensión y preguntarnos sencillamente qué significa hoy ser demócratas, pues no parece que, en estos momentos de excesiva polarización y cainismo políticos, lo tengamos muy claro. Ser demócrata hoy, y siempre, está muy por encima de cualquier adhesión a cualquier partido político.

Documentar exhaustivamente los crímenes del franquismo (golpe de 1936, la Guerra Civil, 40 años de dictadura con represión, torturas, ejecuciones, desaparecidos…) no se ha hecho realmente, y menos aún se ha explicado en fase escolar a los españoles. Y si el pasado no se entiende bien, el presente y el futuro no se pueden diseñar bien. Por eso hay algunos jóvenes en la actualidad que ven aspectos positivos en el franquismo. ¿Por qué? Sin duda ninguna, por desconocimiento escolar y vivencial. La censura solo se conoce, sufriéndola; como la falta de libertad; como la pobreza… Era una vida sin derechos fundamentales y de silencios indigestos. Quizás sea esta la mejor consecuencia que podamos extraer: reforzar la educación histórica y así poder valorar una democracia que hoy no la valoramos suficientemente.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 13 de noviembre de 2025

LOS JÓVENES ESPAÑOLES: PRECARIOS Y DE DERECHAS



Las paradojas y contradicciones de nuestra época actual se reflejan espectacularmente en la juventud, una etapa que debería de ser puro entusiasmo y vitalidad y soñadora de un futuro brillante, y en la que, sin embargo, abundan la depresión y la ansiedad, con unas perspectivas de futuro peores que las de sus padres y con una situación económica difícil para consolidar un proyecto de vida.

 

Es lógico que los jóvenes sean los que más han caído en la depresión. Las escalas de felicidad han cambiado radicalmente y los adultos jóvenes son los más frustrados en la actualidad. Tan es así que los estudios de salud mental hoy se centran especialmente en esa edad. Parece ser que la proliferación de las redes sociales tiene bastante que ver con esta situación, como consecuencia de su abuso y su alta presión psicológica. El abuso de móviles y otros dispositivos electrónicos aíslan a los jóvenes de su entorno social de una manera patológica, de manera que la depresión, incluso el suicidio, operan de tal manera que convierten al joven en un ser asociado a la salud mental. El consumo de antidepresivos es habitual y, muchas veces, excesivo.

 

Un informe de FOESSA de esta semana pasada incide en esta misma tesis. Dice que “La juventud española vive con profundo pesimismo ante su futuro, marcado por la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, la dependencia familiar y la imposibilidad de construir un proyecto vital autónomo”. Por el contrario, nosotros, los mayores, estábamos seguros que nuestro futuro iba a ser muchísimo mejor que el de nuestros padres. Una vida que arranca de un pasado y presente con carencias y que camina hacia un futuro inevitablemente mejor, proporciona una vida plena. Justo lo contrario que nuestros sucesores.

 

Parece ser que los boomers hemos educado a nuestros hijos para un mundo que finalizó con nosotros. Nos hemos quedado con el mundo y con sus rentas. A los jóvenes solo les queda vivir muchos años para poder pagar nuestras deudas y excesos. Nuestros milenials (nuestros hijos), tildados de vagos, tontos o inútiles, han perdido no solo su futuro sino su presente. Siguen viviendo al amparo de sus padres, con lo que su persistencia va ser pura herencia biológico-económica y nunca conquista personal. La educación, especialmente la universidad, que fue un ascensor social para nosotros, no supone una solución ni para sobrevivir hoy: el 25% de los jóvenes de hoy está en el paro. Y los culpabilizamos a ellos, “que no han luchado como nosotros por un futuro mejor”.

 

Y, por si fuera poco, los jóvenes de ahora son mucho más de derecha que los de otras épocas. Su antiestablishment los sitúa en la derecha frente al izquierdismo de sus antepasados. Con una izquierda acomodaticia y segura de sí misma, los jóvenes se oponen desde la derecha, incluso desde la extrema derecha. Vox tiene una mina de votos con esta juventud precaria. Y, como casi todo en la vida, tiene una lógica. Si los jóvenes no ven un futuro claro, tienen que apostar por otro tipo de política, tienen que optar por otro orden social que les dé posibilidad de empleo y vivienda. He aquí las dos palabras clave: empleo y vivienda. Las dos palabras que hicieron triunfar a la socialdemocracia clásica. Ser de derechas hoy es lo contracultural, frente al gobierno y al orden establecido. Y aún más. Según el CIS (?), entre los jóvenes de entre 18 y 24 años hay mayoría que piensan que la democracia es peor que la dictadura franquista. ¿Ganas de epatar? Cierto es que los jóvenes siempre han necesitado un enemigo contra el que vivir y sentir.

 

Pero volviendo a terrenos más racionales, los jóvenes tienen razones para estar molestos, su emancipación no es posible en muchos casos: el empleo y la vivienda, elementos imprescindibles para la emancipación, o no existen o son tan precarios que no sirven. Cosa que los mayores la tenemos razonablemente resuelta hace muchos años. Sin embargo, los jóvenes coquetean con Vox, que niega el cambio climático (bandera juvenil), que no se oponen a la subida de precios de alquileres y ventas de viviendas, que propugnan la bajada de impuestos para fomentar el empleo y votan en contra de la reducción de jornada. Una aparente contradicción.

Pero no se trata de una crisis juvenil sino de sociedad, que nos afecta a todos y a todos nos hipoteca, pues desgarra la sociedad y amenaza el Estado de bienestar. En mi opinión, el problema de la precariedad de los jóvenes españoles es el problema político fundamental en estos momentos. Y no solo porque están en el paro sino porque incluso los que trabajan, tienen un sueldo tan mísero que no abandonarán nunca la pobreza. Nos estamos cargando la clase media, que ha sido tradicionalmente el colchón de España. Estadísticamente, nuestros jóvenes son ya pobres, incluso aunque trabajen. Y el mercado laboral español ofrece pocas alternativas.

Mariano Berges, profesor de filosofía

miércoles, 29 de octubre de 2025

LA FUNDACIÓN “LOS PUEYOS” CUMPLE 50 AÑOS



Este miércoles 29 de octubre se celebra en el Palacio de Congresos de la Expo el 50 aniversario de la Fundación Los Pueyos. Posiblemente, a mucha gente no le suene el nombre de esta Fundación. Pues bien, la Fundación Los Pueyos es una organización con origen en 1975, y un año más tarde se asentó en Villamayor de Gállego, entonces un barrio de Zaragoza. Empezó con un colegio para personas con dificultades en el aprendizaje y en la conducta, hoy discapacidad intelectual. Añadió luego la faceta laboral con un taller ocupacional, una lavandería industrial, una imprenta y otras ramas, como Centros Especiales de Empleo (CEE). Y, por último, construyó una espléndida residencia, también para personas con discapacidad intelectual. Posteriormente añadió una residencia vacacional en Novallas (Zaragoza), como Centro de Espacio Inclusivo, abierta a todo tipo de personas. Todo este magnífico holding social tiene un nombre propio: Carlos Guerrero Rica. Me reprenderá por citarlo, pero es de elemental justicia hacerlo y reconocerlo. Llevar vinculada a tu biografía una aventura como ésta merece un reconocimiento público que no suelen tener este tipo de hechos. Esta tarde-noche intentaremos todos los que estemos en el acto de celebración que se sienta orgulloso de su vida, que tan provechosa ha sido para la sociedad. Con unas cuantas vidas así esta sociedad sería mucho mejor y sobre todo más inclusiva con sus personas más vulnerables. En estos momentos, Fundación Los Pueyos sigue con una salud de hierro, bajo la dirección de Berta Guerrero y María Guerrero. Carlos se mantiene en la distancia en el papel de presidente de la Fundación. Si alguien quiere saber más de la historia y la realidad de esta Fundación, que entre en su maravillosa página web.  https://www.lospueyos.org/

Muchas veces, se suele recordar, incluso agasajarlos con monumentos, calles y otros reconocimientos públicos, a gente y nombres, sin duda merecidos, pero se suelen silenciar gestas del calibre citado, por entender que se trata de una mera actividad profesional privada. Digna, pero profesional y privada. Error, gran error. Estamos hablando de una enorme epopeya, ideada, levantada y gestionada por una persona, Carlos, y alentada siempre por su familia. Todos al pie del cañón, incluidos todos los trabajadores que están totalmente imbuidos del mismo espíritu fundacional.

Hace muy poco tiempo (25-01-2024), se modificó el art. 49 de la Constitución para darle una nueva denominación a los antiguos discapacitados, minusválidos o disminuidos, términos ya obsoletos y despectivos. Ahora son “personas con discapacidad” o “personas en situación de discapacidad”. Pero, claro, no es solo importante el cambio de nombre, que lo es, sino que ahora estas personas con discapacidad o en situación de discapacidad son titulares de los derechos y deberes del Título I de la Constitución Española (CE), en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas. Por si alguien ha olvidado qué dice ese Título I de la CE, por favor que lo lea, porque es la parte más emocionante del texto legal más importante de España. Es la parte que hace de la CE una de las más progresistas del mundo. Otra cosa, claro, es su traducción práctica. Pero ahí tenemos nuestra utopía y nuestro reto, como personas y como sociedad. La Fundación Los Pueyos ha hecho su itinerario en esta línea desde su comienzo. Y ahí sigue.

Es este un campo difícil de concretar y no soy el más adecuado para ello. No obstante, diré algunas cosas elementales. En primer lugar, la discapacidad intelectual no necesariamente es una enfermedad mental. Es más, con los apoyos necesarios y un entorno favorable, es posible revertir muchos inconvenientes y limitaciones de una persona con discapacidad intelectual. El diagnóstico es un punto de partida, pero, a continuación, hay que ver a la persona en su globalidad, con sus limitaciones y sus cualidades (en el fondo, como somos todos). Y así, la discapacidad se convierte en un espacio de encuentro donde el papel de los profesionales, de la familia, de los amigos, de la sociedad y de las Administraciones, es fundamental y deben asumir su responsabilidad de allanar caminos y multiplicar oportunidades. Y esto no es ni caridad ni solidaridad, es justicia.

Si los gestores públicos fueran más inteligentes, multiplicarían su implicación en las buenas organizaciones del tercer sector, pues están haciendo el papel que deberían hacer las propias AAPP, porque la calidad de los servicios sociales es el indicador más fiel y provechoso de una sociedad. Queda mucho por hacer en la Administración española. Pero también hay que decir que, si no hubiera política, si no hubiera Estado, la desigualdad y la injusticia social serían infinitamente mayores.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 16 de octubre de 2025

POR UNA POLÍTICA COLABORATIVA



¿Es la guerra la continuación de la política por otros medios, tal como dijo Clausewvitz? Si miramos a Gaza y Ucrania, parece que sí, incluidos los intervalos, como, ojalá no, podría ser esta tregua trumpista en Palestina. Y, a la inversa, ¿es la política una guerra por otros medios? No nos vayamos a EEUU, sino a España: la dialéctica entre PP y PSOE es terrible y no parece que pueda existir ninguna colaboración democrática entre los dos únicos partidos que pueden gobernar en España.

No siempre ha sido así, aunque nunca haya habido entre ellos ningún gobierno de coalición. Pero, ¿qué pasará si en las próximas elecciones, sean cuando sean, sale un resultado semejante al anterior, incluso más ingobernable, y nadie puede formar gobierno con sus coaligados “naturales”? Habría que pensar en cambiar de políticos. En Italia ya lo hicieron con gobernantes tecnocráticos hace unos años.

Pero cabría pensar de otra manera, porque la pluralidad de opciones con representación parlamentaria no es sinónimo de ingobernabilidad. Sería una buena ocasión para hacer de la necesidad virtud, y apareciese una nueva saga de políticos colaborativos y se pusiesen a pensar en la sociedad y sus ciudadanos en vez de en sí mismos. Porque la política es, fundamentalmente, colaborar en la solución de los problemas del país. La política debe funcionar con proyectos sociales de envergadura estatal, con un proyecto de país que marque el futuro y, sobre todo, debe dar confianza a los ciudadanos. Sin confianza no puede haber política ni país.

En la política, en cierto modo, debe suceder algo parecido a la empresa. Los gestores han de ser referentes de valores que coticen en la actualidad: integridad, capacidad de dirección de equipos, accesibilidad, aptitud para la comunicación, empatía, transparencia, confianza… En fin, menos ideología y más ideas. Ya hace muchos años que la Nueva Política predicaba esto mismo, pues ya no estamos en épocas de una ideología fuerte o de grandes paradigmas inamovibles. Gilles Lipovetsky, con sus reflexiones sobre lo efímero, el consumo y las modas, hace también muchos años que ha quitado solemnidad a la filosofía, en la línea que hace aún más años, Guy Debord abordaba en La sociedad del espectáculo. La empresa ha dejado de ser solo un negocio para convertirse en un proyecto social, y el empresario es un líder con función de coordinador. Así entiendo yo que debería ser la política, sin la fuerza avasalladora que tienen los líderes y los aparatos, que convierten a los afiliados en meros fans o hooligans.

La clase dirigente debe ser interpelada por los propios, con argumentos y con libertad. Porque si solo es interpelada por los adversarios, la interpelación se convierte en batalla y ahí los argumentos no existen, que son sustituidos por los insultos y las descalificaciones. Y si los electores desean que el número de partidos políticos con representación parlamentaria sea grande, es que está exigiendo acuerdos transversales para solucionar los problemas de la sociedad española.

La sociedad ha cambiado tanto que no somos capaces ni de conceptualizarla. Ya no es solo el tránsito de los viejo a lo nuevo, como nos decía la vieja dialéctica. Es que nosotros mismo como personas ya no somos los mismos, sino que tenemos que esperar a que nos definan los nuevos valores emergentes con sus nuevas categorías. El laicismo, el feminismo (con sus variantes), la globalización en la comunicación y la digitalización en la economía son fenómenos que requieren nuevos políticos que, de momento, no han salido todavía a la palestra. Transacción, pacto y colaboración son palabras de futuro inmediato.

A los medios de comunicación habría que dedicarles el mismo discurso anterior. También para ellos han cambiado los tiempos, y no a mejor. La controversia medios-redes sociales no me parece muy bien planteada. Déjese a las redes su ruidosa charlatanería y dedíquense los medios a contar los hechos comprobados. El público de unos y otros sabrá a qué atenerse. Lo peor es la mezcolanza de ambos, y ya no digamos el partidismo de algunos medios, con su selección de hechos y su interpretación sesgada.

Todos debemos contribuir a una convivencia social de la mejor manera posible. No es necesario renunciar a nuestras creencias, basta con respetar las de los demás y contrastarlas con las nuestras. Y dudar. Solo de la duda sale la luz.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 2 de octubre de 2025

DEMOCRACIA SÍ, DEMOCRACIA NO



Antes de entrar en materia, un matiz cordial a un lector de mi artículo anterior. En primer lugar, agradecerle que me lea y que sus comentarios sean tan respetuosos y razonados. Y ahora, el matiz. Yo escribí la siguiente frase: “Y el PP, que procede de la Alianza Popular franquista que no apoyó la Constitución de 1978, está abandonando la senda democrática, …”. Yo quiero decir que la que no aprobó la CE fue Alianza Popular. Sí que la aprobó Fraga Iribarne, aunque no la aprobaron otros 3 miembros de AP. Si hubiese una coma tras la palabra “franquista”, sí que tendría razón el lector, pero no hay coma. Vuelva a leer la frase. Sin afán de polémica.

Vayamos a la cuestión de hoy. El asunto importante en la actualidad no es si gobierna la izquierda o la derecha, sino si hay democracia o no la hay. En España hay en estos momentos un electoralismo que apesta. Todo parece valer para poder gobernar, o más bien para poder estar en el gobierno. Como sea o con quien sea. ¿Para hacer qué? ¿Para repartir cuotas de poder entre los socios sin un proyecto de país coherente y con futuro? Eso no es gobernar. Eso es subsistir en el gobierno a cualquier precio. Y esto vale para PSOE y para PP. No hagamos de hooligans y, por el contrario, analicemos sus prácticas de gobierno o sus proyectos políticos serios, no los relatos para entretener al personal.

En las próximas elecciones, parece que otra vez la cuestión se va a dilucidar entre los dos bloques: por un lado, la derecha de PP más Vox; y por el otro, la izquierda de PSOE más la sopa de letras de grupúsculos izquierdistas y separatistas (el ya famoso gobierno frankestein). Y aquí es donde hay que meter la cuchara. Todos los partidos son respetables mientras respeten la Constitución y las reglas democráticas. Y yo me atrevo a decir que algunos partidos no lo son, por ejemplo, Vox, por sus principios neofranquistas y su práctica no democrática ni constitucional. Pero tampoco lo son los partidos separatistas, no en su doctrina sino en su práctica. A partir de ahí todo sirve, aunque algunos compañeros de viaje sean más cómodos que otros. Allá cada uno.

Si miramos globalmente el mundo, Oriente y Occidente, podemos observar que sistemas democráticos realmente hay muy pocos. Y algunos de los que hay están empezando a resquebrajarse peligrosamente. Incluso dentro de la Unión Europea (UE), origen del sistema que entendemos más democrático. Si añadimos el papel que está jugando Trump, actual amo del mundo, y su quebrantamiento cotidiano de la democracia estadounidense, vemos que, por la influencia del imperio, salpica a muchos partidos de países democráticos. Y estos partidos de ultraderecha están ganado cada vez más votantes. Hasta tal punto que en países como Italia y Hungría ya están gobernando, y en otros, como Francia, Portugal y algunos nórdicos y centroeuropeos, están tocando el poder.

Concretamente, en España, Vox es ya el tercer partido clarísimamente destacado, con tendencia en ascenso. Y, aparte de los votos genéricos que la demoscopia le otorga entre los jóvenes (más varones que mujeres), hay mucha procedencia de votos desde el PP. Aspecto potenciado por la ambigüedad y la levedad de Feijóo y el fuerte influjo de Ayuso. Por eso de mejor el original que la copia. Y aquí habría que distinguir entre los barones autonómicos del PP, unos son más moderados-centrados que otros.

¿Cuál es mi propuesta? 1) Que haya elecciones generales ya, pues la acción de gobierno, entre unas cosas y otras, está paralizada; 2) Tras las elecciones, hay que pensar con serenidad y sentido de Estado cuál es la fórmula más democrática posible. Para ello hace falta políticos de verdad, que prefieran una España democrática y constitucional a sus intereses personales o de partido; 3) Marcar un cordón sanitario-democrático, aislando a los partidos no democráticos y/o inconstitucionales (ultraderecha e independentistas); 4) De entre lo que queda, negociar un gobierno que obedezca lo máximo posible a la Constitución, a la democracia y a la voluntad soberana de los españoles.

De ahí pueden surgir muchas fórmulas, más o menos raras hasta ahora, incluso inéditas. Pero a ser demócratas se aprende con el ejercicio de la democracia.

De lo contrario a lo dicho hasta aquí, pienso que sería otra vez volver a la polarización estéril y esterilizadora. Y la gente, mayoría silenciosa en el argot elitista de los políticos profesionales, puede hartarse y estallar. Y cuando la gente estalla, nada bueno acontece. A no ser que estemos propiciando la revolución, de un sentido o su contrario. No juguemos con fuego, que nos podemos quemar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

domingo, 21 de septiembre de 2025

COMIENZA EL CURSO POLÍTICO

 



Todos recordamos la ilusión de comenzar curso y no repetir los fallos del curso anterior. La vida nos volvía a dar otra oportunidad y de nosotros dependía aprovecharla.

En política debería suceder algo parecido, pues conocemos perfectamente los fallos habidos y los remedios posibles. En el caso español, el ruido de la bronca y la crispación entre los partidos y los bloques políticos es ensordecedor. Y la consecuencia más llamativa de ello es que a la gente le entra un desasosiego que le obliga a emigrar de la política y pasar a militar en un ámbito de frivolidad y pasotismo realmente peligrosos. Si a los políticos no les importa la política, ¿por qué les tiene que importar a los ciudadanos de a pie? El ascenso de Vox como opción electoral cada día más firme, especialmente entre la juventud, es la plasmación más evidente de lo dicho. Votar a Vox es un castigo que muchos ciudadanos dan a los dos grandes partidos políticos españoles. Lo que supone un retroceso en nuestro itinerario democrático tras la superación de la dictadura franquista. Vox es el franquismo redimido. Y el PP, que procede de la Alianza Popular franquista que no apoyó la Constitución de 1978, y que tiene una derivada en Vox, está abandonando la senda democrática para entrar en aguas peligrosas. Su arrastre por Vox es escalofriante. Y un gobierno PP-Vox parece irreversible.

Ante esta situación, el PSOE está cayendo en la tentación de apoyarse en dos principios para seguir en el poder: 1) Fomentar el miedo a Vox, con lo que lo está engordando; y 2) Apoyarse en aliados más que peligrosos (los famosos socios de investidura), especialmente los nacionalismos separatistas, lo que supone pan para hoy y hambre para mañana. Hablar de España con Bildu, PNV, Esquerra, Junts y BNG de la mano, no es serio. La gente no se lo cree.

La política tiene una característica aristotélica fundamental: la prudencia. Que no consiste en ser pacato o temeroso, sino en pro-videre, en ver más allá de y antes que. Un buen político mira y ve más lejos que los demás. Y sabe esperar. Y no se vende al aparente mejor postor. Sabe que la política es a largo plazo y que la coherencia es el capital político más importante. La gente recuerda más de lo que parece y, como en el juicio final, premia a los buenos y castiga a los malos.

Por todo ello, para que la política vuelva a la senda de la ilusión que alumbró este país tras el estallido constitucional de 1978, los dos grandes partidos españoles deben regresar a la centralidad donde han conseguido sus mayores logros. Los pactos de Estado deberían volver a ser los instrumentos habituales para superar las grandes crisis como la actual (recuérdese los famosos y eficaces Pactos de la Moncloa en la Transición). Pero ello requiere de buenos y prudentes políticos que hagan viable esta reconversión. Políticos que piensen en lo general y no en lo particular.

Si, por el contrario, comenzamos este curso y volvemos a enzarzarnos en las broncas y peleas de insultos, chascarrillos y el “y tú más”, más propios de barras de bar que de políticos rigurosos, seguiremos profundizando en nuestros desvaríos y volveremos a ser un país sin ilusión y con regreso a la caverna de la que pensábamos haber salido. Si en este curso volvemos a la bronca política permanente, es posible que la mayoría social española explote. Cada vez hay más análisis hablando de las semejanzas de la actualidad política con los años treinta (recuerden a Mussolini, Hitler, Franco, Segunda Guerra mundial, Stalin). Hoy existen Trump, Putin y unos cuantos corifeos, sin hablar de los grandes regímenes orientales (sin elecciones, con partido único y economía centralistamente dirigida).

En estos momentos, en España no hace política el PP, pero tampoco la hace el PSOE. Ambos están enredados en si va a haber elecciones anticipadas o no. El primero las quiere para llegar al gobierno, y el segundo no las quiere para permanecer en él. Mientras tanto, no firman ningún acuerdo ni nada que se le parezca. Ahí siguen esperando la acción política asuntos tan graves como: la vivienda, el cambio climático, la crisis migratoria, la corrupción, nuestro papel internacional, el precario futuro de la juventud, la financiación autonómica, el asunto federalismo constitucional versus confederalismo inconstitucional… ¡Ah! Y la catarata de juicios y sentencias judiciales pendientes en uno y otro lado del espectro político. Y Feijóo, de karaoke.

¡En fin! Oscuro y difícil se presenta el futuro de nuestro país.  Vivimos de sorpresa en sorpresa. Como se suele decir en Aragón, esto es un sin vivir.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 4 de septiembre de 2025

TRAS EL TÓRRIDO VERANO

 


Tras el tórrido verano que hemos padecido, llega el suave septiembre, que, en mi opinión, es el mes climático más placentero del año. Los hechos acaecidos durante el verano han sido muchos y rotundos. Veamos algunos.

Al interior del caso Koldo, el socialista Cerdán entra en la cárcel. Con todo lo que ello conlleva de dudas y riesgos. La primera duda es si se trata de una corrupción individual o de una financiación ilegal de partido. En este momento en que escribo, todo son elucubraciones.

No hay un caso sin dos y aparece el caso Montoro. Se trata de otro caso de corrupción, este “con clase”, fino, de gente como si tuvieran derecho, pues para eso mandan. Incluso es de los casos que pueden quedar en nada.

El alud de incendios de este verano ha sido más intenso y extenso que nunca. Una vez más se ha demostrado que la planificación y la prevención no es un rasgo de nuestra idiosincrasia española.

Seguimos con el culebrón arancelario de Trump. Parecía la broma de un gamberro sin educación, pero va en serio. Y la culta Europa, el origen de la civilización occidental, baja la cabeza ante “el amigo americano” y cede ante sus exigencias propias de un mal amigo. Este culebrón está cambiando la geoestrategia mundial del comercio, de la paz y de la guerra. Trump es la expresión más zafia del poder.

Y seguimos con Ucrania, una guerra que se está cronificando, a pesar de que Trump la iba a terminar en 24 horas. Retumban los tambores de guerra y España, a la chita callando, ya ha llegado al 2% en su aportación a la OTAN. Vamos camino del fantasioso 5%. Y los países de la UE vuelven a plantearse la vuelta de la mili. Uno de los grandes triunfos de Aznar está en peligro.

Y Gaza, siempre Gaza. No uso metáforas para decir que no puedo hablar de Gaza. Me tiembla todo el cuerpo y los ojos se me humedecen. ¿Cómo es posible que esto ocurra ante la pasividad de todo el mundo, incluida la culta Europa, el origen de la civilización occidental? No puedo seguir.

Sigue la guerra entre Felipe González y Pedro Sánchez por la propiedad ideológica de la socialdemocracia.  Porque, en el fondo, de eso se trata, de ver quién de los dos representa hoy más fielmente a la socialdemocracia. Los años transcurridos entre 1982 y 2025 son muchos y, sobre todo, los cambios habidos en nuestra sociedad son tan fuertes e irreversibles que no es fácil dar con recetas ideológicas para la mejor solución de nuestros problemas. Cada uno damos por bueno aquello con lo que crecimos y nos desarrollamos. Por lo que la edad es un factor a tener muy en cuenta en las fórmulas que consideramos más propicias en la solución de los problemas. A los españoles nos gusta mucho discutir, pero quizás nos vendría bien menos vehemencia y más análisis.

Si a ello añadimos la fuerte polarización política entre PP y PSOE a la hora de analizar cualquier asunto de cierta importancia (lo vimos en la pandemia del covid, lo repetimos en la dana de Valencia y lo hemos vuelto a ver en los incendios de este  verano), no podemos extrañarnos de la desafección política de mucha gente y que los arroja en brazos de cualquier fuerza populista, especialmente de extrema derecha, que aprovecha el malestar real generado por distintos problemas (vivienda, paro, bajos salarios…) y aportar soluciones fáciles de expresar y difíciles de aplicar. Eso de aportar soluciones simples a problemas complejos. O sea, el populismo más esquemático.

Quizás el problema que más tensiones crea en estos momentos sea el de la inmigración. Los sucesos de Torre Pacheco (Murcia) fue una puesta en escena por parte de VOX y la realización de una prueba experimental para analizar la reacción de la gente ante una probable realidad más violenta en esa misma dirección. Francia ha sido un banco de pruebas en este sentido durante los últimos años. Y la ganancia de votos por parte del partido de Le Pen ha sido importante y con grandes posibilidades de gobernar. Como ya gobierna la extrema derecha en Italia, Hungría y otros países de la UE. En España, VOX es ya la tercera fuerza política y con fuerte tendencia hacia arriba. Y, para mayor peligro, el PP tiene miedo de VOX, por lo que mimetiza y pacta con ellos cuestiones identitarias como inmigración, feminismo, ecologismo…

Y, como suele ser normal en el calendario de acontecimientos, el final del ciclo de la vida, que no otra cosa es la muerte, ha irrumpido en muchas vidas. Una de ellas, subrayada por los medios, ha sido la del expresidente de Aragón, Javier Lambán. Como buen amigo y aliados en muchos retos políticos, no puedo menos que recordarlo en su valerosa batalla contra la dura enfermedad de sus últimos años. Adiós, amigo Javier.

Mariano Berges, profesor de filosofía

domingo, 17 de agosto de 2025

JAVIER LAMBÁN, POLÍTICO



Escribir sobre una persona de fuerte trayectoria pública, recientemente fallecida y que ha concitado muchas opiniones, unas a favor y otras en contra, se convierte en un asunto nada fácil, dependiendo de la cuestión a dirimir o del prejuicio del lector o del escribidor. Y hago una advertencia previa: como ya he escrito sobre él algunas veces, voy a hilvanar algunos retazos de tipo biográfico por eso de no repetirme. Quizás sea ésta una novedad en un artículo de opinión.

Javier Lambán fue alumno mío en mi primer curso de docencia en el Instituto Reyes Católicos de Ejea de los Caballeros (1972-73). Yo tenía 26 años y él 15. Once años no es mucha diferencia, pero a esa edad es casi toda una vida. Aunque suene a elogio fácil, debo decir que fue, si no el mejor, uno de los alumnos más brillantes que he tenido.

Su trayectoria es conocida. Cursó la carrera de Historia, y entró en política como concejal del Ayuntamiento de Ejea. Era el año 1983 y tenía 26 años. Yo había sido alcalde de Ejea entre 1979 y 1983. Y dejaba el ayuntamiento de Ejea, pues me marchaba a vivir a Zaragoza. Es cierto que, sin mi empeño en colocarlo en un puesto de salida, al menos en ese momento, no habría sido concejal. El moderado PSOE de entonces lo consideraba excesivamente radical para ir en sus listas. Yo lo consideraba más que suficientemente preparado. Lambán siempre recuerda ese momento como su paso iniciático en el mundo de la política. Esto, unido a mi labor política durante mis once años de estancia en Ejea, hace que Javier Lambán diga frecuentemente que fui su mentor político. Creo que es una exageración. Vamos a dejarlo en que yo fui su circunstancia orteguiana que precipitó su aventura política.

Posteriormente, hizo una impresionante carrera política: concejal, diputado provincial, presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, alcalde de Ejea, diputado regional en las Cortes de Aragón, presidente del Gobierno de Aragón y, como pequeña perla de adorno, Senador durante dos años, ya al final de su vida.

Pero este es el aspecto cuantitativo de la historia. Yo pienso que merece más la pena su aspecto cualitativo. Si separamos su vida orgánica partidaria y su vida institucional, yo me quedo con la segunda. La vida orgánica de un partido me parece durísima y con pocos atractivos, en mi opinión. Es necesaria, pero muy poco empática. A mí ni me gusta ni creo valer para ello.

Los partidos españoles tienen una estrecha relación entre esas dos dimensiones. Podría ser de otra manera, como la alemana, por ejemplo, y se evitarían muchos roces y choques. Bueno, pues en el caso de Javier Lambán, yo siempre he pensado que su vida orgánica le ha restado brillantez a su vida institucional. Y también pienso que él, al final de su vida, iba en esa línea de pensamiento. Su ídolo Azaña fue brillante políticamente, no orgánicamente. Y lo mismo podríamos decir de otros muchos. ¿Que un aspecto no se puede dar sin el otro? Pienso que sí. 

Y dejo para el final, mi opinión cualitativa de Lambán. Voy a intentar no ser hagiográfico, pues me muevo en el mundo de los mortales. Ha sido un político culto, con un fuerte y brillante discurso político, gracias a sus muchas y elaboradas lecturas y su portentosa memoria. Pero, sobre todo, ha sido un infatigable trabajador. Yo no he conocido a otro igual. También es cierto que no era muy propicio al trabajo en equipo. Dicho de otra manera, era bastante personalista, lo que obliga a trabajar más (¿mejor?). Era partidario de las acciones puntuales y menos de la planificación estratégica. Lo que enfatiza la brillantez, pero quizás no tanto la eficacia. Cada uno es como es. Y lo que nadie le puede discutir, tal como dice el título de sus memorias, es su pasión política. Mucha gente, sabedora de mi cercanía a él, me preguntaba que como no abandonaba totalmente la política en su final de la enfermedad. Yo les contestaba que la política era vida para él y ello le permitía seguir viviendo. No es una metáfora sino una realidad. Y él ha vivido su vida intensamente hasta el final.

No cito la difícil relación que tuvo con el líder socialista nacional, por ser suficientemente conocida y foco excesivamente periodístico, pero poco rentable para la vida política del país. Si todos respetásemos el criterio y opinión de los demás otra sería la política de este país. Y Lambán era, a veces demasiado, muy amante de su libertad. ¿Reflejo de su viejo anarquismo?

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 26 de junio de 2025

LA CORRUPCIÓN SE SOLUCIONA CON MÁS DEMOCRACIA

 


Mucha gente hemos escrito artículos sobre la corrupción política en muchos momentos distintos a lo largo de nuestra historia democrática. Y repasándolos, uno está tentado a repetir la misma tesis y casi la misma redacción. Porque un escándalo de corrupción política acaece en nuestro país cada cierto tiempo y casi siempre con las mismas características. Y siempre ligado a uno de los partidos políticos centrales, bien estatales bien regionales. Estas cosas solo son posibles en la maraña del poder. En la España democrática posfranquista la corrupción ha estado siempre en los entresijos de PP, PSOE, PNV y CDC, que han sido los partidos vertebradores del poder en sus respectivas demarcaciones. ¿Es la corrupción algo normal en las democracias representativas? Con alguna excepción, parece que sí. Y aparece también otra pregunta: ¿Es una acción de sujetos individuales o una red de financiación irregular-ilegal de un partido político? ¿O las dos cosas?

Y siempre se repite la misma trama: políticos con poder y capacidad de decisión, con la colaboración de empresas beneficiadas por las decisiones políticas. Añádase cargos públicos y altos funcionarios, necesarios para dar apariencia de normalidad y legalidad. Cambian los nombres, ahora son Cerdán-Ábalos-Koldo. En otro momento fueron Bárcenas, Roldán, Pujol, el del 3% catalán de CDC, etc. Anteriormente, otros nombres, pero siempre la misma historia. En los países autocráticos, autoritarios y dictatoriales, la corrupción llama menos la atención porque esa es la situación normal y los hechos pasan desapercibidos porque forman parte de la estructura social y política del país.

En mi artículo anterior había un párrafo que, aunque largo, no me resisto a transcribir porque es causa imprescindible de lo acaecido estos días en España: “Una de las causas del pobre nivel político español es la estructura imperante en los partidos políticos. Y en esto, todos los partidos son prácticamente iguales. Son excesivamente endogámicos, el debate interno es inexistente, el poder de los dirigentes es oligárquico: el que manda manda y el resto no pinta nada; el nivel intelectual-político del militante medio es muy pobre; se confunde la política con el maniobrerismo: el más astuto es el mejor político; el bien común es un concepto escaso, priman más los intereses personales. Negro panorama el de unos partidos políticos que se han engordado demasiado tras el ayuno de 40 años de dictadura”.

Todo el mundo mira a Sánchez. Es lógico. Es el que manda y el que teledirige las grandes decisiones. Ningún Secretario General del PSOE ha tenido tanto poder. Para ello son necesarios muchos corifeos que le hagan la ola y ejecuten sus deseos. En todo acontecimiento de corrupción política suelen ser tres los niveles: el nivel individual, el nivel orgánico del partido y el nivel institucional de la Administración. A veces funcionan por separado y a veces funcionan conjuntamente. Unas veces se trata del enriquecimiento ilícito de personas individualmente y otras, se trata de una financiación irregular-ilegal del partido político. Y otras veces de ambas, pues el que reparte se suele quedar con la mejor parte.

Y, por último, quedan las repercusiones político-sociales que todo esto deja en la sociedad: escándalo, desmoralización, desafección hacia la política y los políticos, aparición de partidos extremistas salvadores, etc. Malos tiempos para la lírica. En estos momentos, parece que Sánchez está maniatado por sus propios socios de investidura, que intentan rentabilizar aún más las promesas hechas: completar la amnistía; ejecutar la financiación catalana singular; progresar en el independentismo vasco, etc. Pero el crédito de Sánchez parece agotado. Se nota en la línea que siguen algunos medios: “El Confidencial” sigue en su línea antisanchista; “El País” es más crítico con Sánchez que antes; igualmente “elDiario.es” y “La Sexta”. Y los últimos sondeos parecen ir en esa dirección: todos los partidos bajan menos Vox que casi dobla el número de diputados. Parecía que España era la excepción en el advenimiento de la extrema derecha, pero no, parece que hay extrema derecha para rato.  

Pienso que la solución que hay que estudiar no es ni personal ni coyuntural, sino estructural. Hay que volver a rearmar una socialdemocracia potente, sin urgencias ni personalismos, con propuestas a favor de la mayoría social y con gestos y decisiones que favorezcan el bien general, independientemente de quien lidere cada momento. La gente está harta de falsas soluciones y de peleas barriobajeras. El partido se juega en la centralidad y no en los extremos. En fin, lo que exige el momento es reflexión y generosidad, pues la política democrática se basa en el diálogo y la cooperación. Solo así volverá la confianza de los ciudadanos hacia los políticos, pues la confianza es la clave de todo sistema democrático.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

jueves, 12 de junio de 2025

ESPAÑA: DE SU ECONOMÍA Y DE SU POLÍTICA



El presente de la política española es paradójico y caótico. Al contrario de lo que es habitual, la economía va bien y la política va mal. Sería muy interesante indagar las causas de lo uno y lo otro, pero quizás no es este el momento ni un artículo de estas características el lugar apropiado. Aunque algo se colará en este artículo. De entrada, ya digo que el asunto es muy complejo y difícil de analizar. Los argumentos que se usan por una y otra parte tienen el objetivo fundamental de negar al otro más que buscar la verdad. Es muy difícil hacer política hoy día. ¿Es culpa de la mediocridad de los políticos? ¿O es que la situación es tan poliédrica que dificulta en gran manera su solución?

“La economía española sigue fuerte” suele ser una consideración normal en todos los foros económicos mundiales: el PIB español encabeza la UE; el empleo también aumenta, a pesar de un subempleo estructural casi imposible de resolver; los agoreros catastrofistas fallan una y otra vez en sus previsiones sobre la economía española. Las causas del éxito parecen ser, aparte del siempre salvador turismo, el auge de las renovables en España y la fuerte inmigración (explotada con salarios de hambre y condiciones esclavistas).

“La polarización y crispación de la política española va en aumento” opinan casi todos los comentaristas sobre la actual situación política española. Y aquí siempre hay que mirar a la centralidad que ocupan los dos grandes partidos políticos españoles: PSOE y PP. Siempre hemos mirado con envidia la facilidad de las coaliciones de gobierno alemanas y de otros países europeos. Aquí eso es imposible. Ambos partidos, en la actualidad, rezuman una bilis repelente en ambas direcciones. Podríamos poner muchos ejemplos, pero para no aburrir al lector me ceñiré a última Conferencia de Presidentes.

La Conferencia de Presidentes fue una fórmula bien ideada para la España de las autonomías, pero por unas causas o por otras casi nunca ha funcionado. En la actualidad, porque el Gobierno central lo gobierna el PSOE, y de las 17 CCAA (sin contar Ceuta y Melilla), 11 están gobernadas por el PP, 4 por el PSOE, 2 por nacionalistas. El diálogo no existe y todo es crispación y agresividad. En los medios, ya hace tiempo que más que noticias políticas aparecen noticias judiciales o prejudiciales. La corrupción, fundada o presunta, verdadera o falsa, campa por sus fueros. Los debates e invectivas entre políticos son espeluznantes: “Ud. forma parte de una organización criminal: el gobierno de España” (Miguel Tellado -PP- a la ministra Sara Aagesen -PSOE-). Feijóo convoca una manifestación para el domingo 8 de junio contra la “mafia” del PSOE. En estas condiciones, desde el momento cero, la Conferencia estaba abortada. ¿Culpable el PP? Honestamente pienso que sí, al menos, el culpable fundamental. ¿Que el PSOE tampoco hizo mucho por que resultase fructífera? También. A esto se le debe añadir el florero de siempre, Ayuso, que ya boicoteó la reunión antes de empezar. Esta mujer le va a impedir a Feijóo que llegue al gobierno. Al tiempo.

Lógicamente, el partido en el gobierno es el más visible en sus errores: sin presupuestos, con poca presencia en el Parlamento, con muy pocas ruedas de prensa, con pocas explicaciones reales. A veces, parece que hace la oposición a la oposición. Y, sin embargo, este Gobierno ha hecho muchas cosas positivas. Eso sí, siempre ninguneadas por el PP, que no se ha mostrado nunca como partido de gobierno. Una oposición sin proyecto ni alternativa. La muestra de que ninguno de los dos partidos convence al votante medio es que, según los sondeos más importantes, el criterio de los votantes cambia muy poco, a pesar del ruido mediático. Da la impresión de que los ciudadanos tienen más sentido común que los políticos.

Una de las causas del pobre nivel político español es la estructura imperante en los partidos políticos. Y en esto todos los partidos son prácticamente iguales. Son excesivamente endogámicos, el debate interno es inexistente, el poder de los dirigentes es oligárquico: el que manda manda y el resto no pinta nada; el nivel intelectual-político del militante medio es muy pobre; se confunde la política con el maniobrerismo: el más astuto es el mejor político; el bien común es un concepto escaso, priman más los intereses personales. Negro panorama el de unos partidos políticos que se han engordado demasiado tras el ayuno de 40 años de dictadura.

Y no hablamos de las instituciones, que son la madre del cordero en una sociedad democrática. Todo lo bueno y lo malo que le llega al ciudadano proviene de las instituciones públicas. Los partidos son un mero, pero imprescindible, instrumento para su configuración. Si los partidos se creyesen más su papel instrumental elegirían para su representación institucional a los mejores de sus filas, pues el buen funcionamiento institucional es el verdadero objetivo de una sociedad democrática. ¿Pasa eso? No. Más bien lo contrario. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 29 de mayo de 2025

JOSÉ MUJICA, UN POLÍTICO AUTÉNTICO



El 13 de mayo del año en curso moría José Mujica a los 89 años, expresidente de Uruguay y ex muchas otras cosas.

 

La muerte de Mujica cierra una vida que fue en si misma una lección de política, entendida ésta como compromiso y coherencia. Esto fue lo que hizo que un humilde presidente de un pequeño país destacara en un tiempo de desconfianza ciudadana hacia los liderazgos políticos. Mujica representó hasta el final de su vida esa autoridad que se gana, que no se impone. Lo que los clásicos llaman auctoritas o autoridad moral. Y que en el caso que nos ocupa la ejerció con su ejemplo personal, fuera de todo espectáculo político y de cualquier prebenda personal. Lo que decía y lo que hacía eran totalmente coherentes entre sí. Su ejemplo dignificó la política, que buena falta hace.

 

Pero no solo fue un ejemplo personal, sino que su acción de gobierno fue valiente y sin estridencias, con logros que quedarán para siempre: la legalización del aborto, el matrimonio igualitario, la regulación del mercado de la marihuana. Su objetivo siempre fue la igualdad y el bienestar para todos y el sufrimiento para nadie. Ése era su objetivo, aunque otra cosa fueran sus logros, que fueron buenos y malos como toda gestión humana, y más en él que no se tenía como gestor. Solía decir que gobernar bien era crear condiciones para un buen gobierno. Luego, había cosas que salían y otras que no.

 

La política que ejerció Mujica trasciende a su pequeño país y fue comentada y valorada por todo el mundo. Las entrevistas le llovían de todas partes, y realmente las aprovechaba bien. Una entrevista con Mujica era todo un tratado de buen gobierno, porque Mujica era culto; sus citas, implícitas y explícitas, eran variadas y profundas; sus selectivas lecturas también afloraban en sus palabras. De alguna manera, encarnaba al rey-filósofo de Platón, donde el poder era la herramienta para la impartición de la justicia y el conocimiento y no para para acarrear prebendas y beneficios propios.

 

Pero también era pragmático, siempre sintonizando con los sectores populares sin prescindir de sus convicciones existenciales. Pero no era pose teatral lo que hacía-decía, sino que era su forma de estar en el mundo. Él era así y no tenía que esforzarse para llamar la atención en Uruguay y en el mundo. Incluso cuando le preguntaban el porqué de su carisma, contestaba irónicamente que quizás se debiera a la medianía universal.

 

Su vida es casi un viaje propio de un personaje homérico: pobre de cuna, guerrillero de joven y menos joven, trece años de prisión y crueles torturas, participó en la vida política democrática y fue elegido presidente de su país. Sin embargo, él le imponía lógica al proceso externo pues era la misma lógica que tenía su proceso interno. Él era así y se manifestaba así y lo decía así. No es que no cometiera errores, pero también los explicaba y los admitía. Su coherencia admitía casi todo porque todo era humano. Y, recordando a Nietzsche, nada de lo humano le era ajeno.

 

Su evolución mental, intelectual y moral marca un proceso digno de estudio que, si, recordando a Wittgenstein, “el hombre es lo que habla”, este hombre es un portentoso ejemplo de filósofo autodidacta cuyo discurso político-moral tiene una fuerza digna de ser estudiada como referencia para todos los políticos. Su sencillez, su verdad intelectual y existencial, su fuerza política y moral, en definitiva, su autenticidad, muestran a un ciudadano cuya verdad política se basa en su fundamento moral. En Mujica hay, a la manera aristotélica, una estrecha relación entre la ética y la política, pues ambas son lo mismo, aunque la primera opera en el plano individual y la segunda en el plano social. Pero el hecho es que no hay ética sin política ni política sin ética. Ambas son obligatorias moralmente para el ciudadano.

 

Su verdad se basa en su existencia y en su moral. Los resultados de su acción política son aleatorios, mejores o peores en función de las circunstancias, pero la intencionalidad es la fuerza motriz que salva su política. “Yo me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo, pero estuve entretenido y le di un sentido a mi vida”, dijo en una entrevista. “La clave está en la moral”, solía repetir.

 

No eran los cambios materiales lo más importante sino el cambio cultural. El verdadero cambio está dentro de la cabeza. Decía un tanto irónico que “muchos que eran de convicción socialista emigraron hacia el capitalismo y después hay otros como yo que tratamos de administrar lo que podemos del capitalismo. Pero la solución no es el capitalismo; hay que encontrar otra cosa, otros caminos. Nosotros pertenecemos a esa búsqueda”

 

Mariano Berges, profesor de filosofía