jueves, 2 de octubre de 2025

DEMOCRACIA SÍ, DEMOCRACIA NO



Antes de entrar en materia, un matiz cordial a un lector de mi artículo anterior. En primer lugar, agradecerle que me lea y que sus comentarios sean tan respetuosos y razonados. Y ahora, el matiz. Yo escribí la siguiente frase: “Y el PP, que procede de la Alianza Popular franquista que no apoyó la Constitución de 1978, está abandonando la senda democrática, …”. Yo quiero decir que la que no aprobó la CE fue Alianza Popular. Sí que la aprobó Fraga Iribarne, aunque no la aprobaron otros 3 miembros de AP. Si hubiese una coma tras la palabra “franquista”, sí que tendría razón el lector, pero no hay coma. Vuelva a leer la frase. Sin afán de polémica.

Vayamos a la cuestión de hoy. El asunto importante en la actualidad no es si gobierna la izquierda o la derecha, sino si hay democracia o no la hay. En España hay en estos momentos un electoralismo que apesta. Todo parece valer para poder gobernar, o más bien para poder estar en el gobierno. Como sea o con quien sea. ¿Para hacer qué? ¿Para repartir cuotas de poder entre los socios sin un proyecto de país coherente y con futuro? Eso no es gobernar. Eso es subsistir en el gobierno a cualquier precio. Y esto vale para PSOE y para PP. No hagamos de hooligans y, por el contrario, analicemos sus prácticas de gobierno o sus proyectos políticos serios, no los relatos para entretener al personal.

En las próximas elecciones, parece que otra vez la cuestión se va a dilucidar entre los dos bloques: por un lado, la derecha de PP más Vox; y por el otro, la izquierda de PSOE más la sopa de letras de grupúsculos izquierdistas y separatistas (el ya famoso gobierno frankestein). Y aquí es donde hay que meter la cuchara. Todos los partidos son respetables mientras respeten la Constitución y las reglas democráticas. Y yo me atrevo a decir que algunos partidos no lo son, por ejemplo, Vox, por sus principios neofranquistas y su práctica no democrática ni constitucional. Pero tampoco lo son los partidos separatistas, no en su doctrina sino en su práctica. A partir de ahí todo sirve, aunque algunos compañeros de viaje sean más cómodos que otros. Allá cada uno.

Si miramos globalmente el mundo, Oriente y Occidente, podemos observar que sistemas democráticos realmente hay muy pocos. Y algunos de los que hay están empezando a resquebrajarse peligrosamente. Incluso dentro de la Unión Europea (UE), origen del sistema que entendemos más democrático. Si añadimos el papel que está jugando Trump, actual amo del mundo, y su quebrantamiento cotidiano de la democracia estadounidense, vemos que, por la influencia del imperio, salpica a muchos partidos de países democráticos. Y estos partidos de ultraderecha están ganado cada vez más votantes. Hasta tal punto que en países como Italia y Hungría ya están gobernando, y en otros, como Francia, Portugal y algunos nórdicos y centroeuropeos, están tocando el poder.

Concretamente, en España, Vox es ya el tercer partido clarísimamente destacado, con tendencia en ascenso. Y, aparte de los votos genéricos que la demoscopia le otorga entre los jóvenes (más varones que mujeres), hay mucha procedencia de votos desde el PP. Aspecto potenciado por la ambigüedad y la levedad de Feijóo y el fuerte influjo de Ayuso. Por eso de mejor el original que la copia. Y aquí habría que distinguir entre los barones autonómicos del PP, unos son más moderados-centrados que otros.

¿Cuál es mi propuesta? 1) Que haya elecciones generales ya, pues la acción de gobierno, entre unas cosas y otras, está paralizada; 2) Tras las elecciones, hay que pensar con serenidad y sentido de Estado cuál es la fórmula más democrática posible. Para ello hace falta políticos de verdad, que prefieran una España democrática y constitucional a sus intereses personales o de partido; 3) Marcar un cordón sanitario-democrático, aislando a los partidos no democráticos y/o inconstitucionales (ultraderecha e independentistas); 4) De entre lo que queda, negociar un gobierno que obedezca lo máximo posible a la Constitución, a la democracia y a la voluntad soberana de los españoles.

De ahí pueden surgir muchas fórmulas, más o menos raras hasta ahora, incluso inéditas. Pero a ser demócratas se aprende con el ejercicio de la democracia.

De lo contrario a lo dicho hasta aquí, pienso que sería otra vez volver a la polarización estéril y esterilizadora. Y la gente, mayoría silenciosa en el argot elitista de los políticos profesionales, puede hartarse y estallar. Y cuando la gente estalla, nada bueno acontece. A no ser que estemos propiciando la revolución, de un sentido o su contrario. No juguemos con fuego, que nos podemos quemar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

No hay comentarios:

Publicar un comentario