miércoles, 29 de octubre de 2025

LA FUNDACIÓN “LOS PUEYOS” CUMPLE 50 AÑOS



Este miércoles 29 de octubre se celebra en el Palacio de Congresos de la Expo el 50 aniversario de la Fundación Los Pueyos. Posiblemente, a mucha gente no le suene el nombre de esta Fundación. Pues bien, la Fundación Los Pueyos es una organización con origen en 1975, y un año más tarde se asentó en Villamayor de Gállego, entonces un barrio de Zaragoza. Empezó con un colegio para personas con dificultades en el aprendizaje y en la conducta, hoy discapacidad intelectual. Añadió luego la faceta laboral con un taller ocupacional, una lavandería industrial, una imprenta y otras ramas, como Centros Especiales de Empleo (CEE). Y, por último, construyó una espléndida residencia, también para personas con discapacidad intelectual. Posteriormente añadió una residencia vacacional en Novallas (Zaragoza), como Centro de Espacio Inclusivo, abierta a todo tipo de personas. Todo este magnífico holding social tiene un nombre propio: Carlos Guerrero Rica. Me reprenderá por citarlo, pero es de elemental justicia hacerlo y reconocerlo. Llevar vinculada a tu biografía una aventura como ésta merece un reconocimiento público que no suelen tener este tipo de hechos. Esta tarde-noche intentaremos todos los que estemos en el acto de celebración que se sienta orgulloso de su vida, que tan provechosa ha sido para la sociedad. Con unas cuantas vidas así esta sociedad sería mucho mejor y sobre todo más inclusiva con sus personas más vulnerables. En estos momentos, Fundación Los Pueyos sigue con una salud de hierro, bajo la dirección de Berta Guerrero y María Guerrero. Carlos se mantiene en la distancia en el papel de presidente de la Fundación. Si alguien quiere saber más de la historia y la realidad de esta Fundación, que entre en su maravillosa página web.  https://www.lospueyos.org/

Muchas veces, se suele recordar, incluso agasajarlos con monumentos, calles y otros reconocimientos públicos, a gente y nombres, sin duda merecidos, pero se suelen silenciar gestas del calibre citado, por entender que se trata de una mera actividad profesional privada. Digna, pero profesional y privada. Error, gran error. Estamos hablando de una enorme epopeya, ideada, levantada y gestionada por una persona, Carlos, y alentada siempre por su familia. Todos al pie del cañón, incluidos todos los trabajadores que están totalmente imbuidos del mismo espíritu fundacional.

Hace muy poco tiempo (25-01-2024), se modificó el art. 49 de la Constitución para darle una nueva denominación a los antiguos discapacitados, minusválidos o disminuidos, términos ya obsoletos y despectivos. Ahora son “personas con discapacidad” o “personas en situación de discapacidad”. Pero, claro, no es solo importante el cambio de nombre, que lo es, sino que ahora estas personas con discapacidad o en situación de discapacidad son titulares de los derechos y deberes del Título I de la Constitución Española (CE), en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas. Por si alguien ha olvidado qué dice ese Título I de la CE, por favor que lo lea, porque es la parte más emocionante del texto legal más importante de España. Es la parte que hace de la CE una de las más progresistas del mundo. Otra cosa, claro, es su traducción práctica. Pero ahí tenemos nuestra utopía y nuestro reto, como personas y como sociedad. La Fundación Los Pueyos ha hecho su itinerario en esta línea desde su comienzo. Y ahí sigue.

Es este un campo difícil de concretar y no soy el más adecuado para ello. No obstante, diré algunas cosas elementales. En primer lugar, la discapacidad intelectual no necesariamente es una enfermedad mental. Es más, con los apoyos necesarios y un entorno favorable, es posible revertir muchos inconvenientes y limitaciones de una persona con discapacidad intelectual. El diagnóstico es un punto de partida, pero, a continuación, hay que ver a la persona en su globalidad, con sus limitaciones y sus cualidades (en el fondo, como somos todos). Y así, la discapacidad se convierte en un espacio de encuentro donde el papel de los profesionales, de la familia, de los amigos, de la sociedad y de las Administraciones, es fundamental y deben asumir su responsabilidad de allanar caminos y multiplicar oportunidades. Y esto no es ni caridad ni solidaridad, es justicia.

Si los gestores públicos fueran más inteligentes, multiplicarían su implicación en las buenas organizaciones del tercer sector, pues están haciendo el papel que deberían hacer las propias AAPP, porque la calidad de los servicios sociales es el indicador más fiel y provechoso de una sociedad. Queda mucho por hacer en la Administración española. Pero también hay que decir que, si no hubiera política, si no hubiera Estado, la desigualdad y la injusticia social serían infinitamente mayores.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

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