jueves, 22 de enero de 2026

EL EMPERADOR AMERICANO



En mi entrega anterior decía que detrás de las aparentemente alocadas palabras de Trump “hay toda una ideología y una nueva concepción del mundo”. Nueva que no es nueva, sino muy vieja, pues es la típica de un emperador borracho de poder. Decía nueva porque parecía que habíamos dejado atrás la “paz” de la Guerra Fría tras la Segunda Guerra Mundial. Era entonces, y parece que vuelve ahora, un mundo dividido en áreas de influencia por parte de la URSS y EEUU, centros del comunismo y capitalismo en la posguerra. Cámbiese la URSS por Rusia y añádase China y tendremos la equiparación actual. Trump me recuerda en gran manera a Nerón y Calígula, incluidos sus espectáculos pirotécnicos y circenses. Es un personaje verdaderamente repulsivo.

 

Y en estas circunstancias aparece la nueva pieza a cazar por Trump: Groenlandia. “A las buenas o a las malas” (el amo). Pero Groenlandia pertenece a Dinamarca, vieja nación europea perteneciente a la OTAN y a la UE. Y la OTAN está en la obligación de oponerse a cualquier agresión a un Estado integrante de ella. La postura mantenida hasta ahora por parte de Europa, de subordinación humillante y hasta de reírle las gracias al viejo autócrata, solo le da a este un mayor atrevimiento para sus tropelías. Porque quien necesita realmente a Groenlandia es Europa; más que EEUU. Por lo tanto, hay que defender la soberanía de Dinamarca frente a cualquier agresión. Y más todavía si es por parte de un socio de la OTAN. ¿O es que lo que busca EEUU es la destrucción de la OTAN y el debilitamiento económico-político de la UE? ¿O piensa en cambiar Groenlandia por Ucrania? De la mente del emperador americano cabe esperar eso y más. Otra cosa es que se lo permitan. Porque hasta ahora, ni el permiso internacional (Consejo General de la ONU) ni el permiso nacional (Congreso de EEUU) han operado contra ninguna acción de fuerza de Trump. También es verdad que lo de Venezuela ha sido una acción relámpago que aparentemente ha dejado todo como estaba, salvo el secuestro ilegal de Maduro, objeto de devoción de muy pocos. Aunque hay que recordar que ha ejercido muchas otras acciones relámpago en solo un año de mandato: ha atacado a Irán, ha bombardeado otros seis países y ha ayudado determinantemente a Israel para derrotar a Gaza, a la que ahora quiere gobernar.

 

Ante los excesos del amo, a Europa le urge unificar, para fortalecer, su posicionamiento de gran potencia frente a los imperios mundiales. Y no solamente por su propio interés, que también, sino porque Europa representa los mejores valores de una sociedad organizada democráticamente. Aunque no siempre ha sido así: recuérdense las aventuras colonialistas de las grandes naciones europeas y las barbaridades ocasionadas a los indígenas de los lugares colonizados. Pero hoy Europa es otra cosa.

 

El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda, amenazas y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más concretamente en la UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que habrá que poner en marcha de manera acelerada, con una visión política que nos vaya dirigiendo a la configuración de la vieja idea de Delors de los Estados Unidos de Europa. Si hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y sus decisiones iban encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en adelante es urgente y necesario que la proa política dirija los pasos de sus actos y decisiones. De ahí la gran importancia de luchar contra todos los movimientos reaccionarios auspiciados por las otras grandes potencias, a las que no interesa una UE con estrategia única y fortaleza equiparable a la de ellos. El avasallamiento de Trump puede constituir una gran oportunidad para Europa.

La Unión Europea podría tener un importante papel como promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de Trump.  Podría representar un fuerte protagonismo en la estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a los valores democráticos, aspectos negados por Trump.

Pero también hay que confiar en la fortaleza de la democracia estadounidense. Su sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado ejemplo en dos sentencias federales que han echado abajo dos decretos de urgencia del emperador Trump. Parece ser que en las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre tienen muchas posibilidades los demócratas para comandar el Congreso. Ello supondría una clara derrota de la política imperialista de Trump y su posible regresión. Veremos. Esto no ha hecho más que empezar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 8 de enero de 2026

TRUMP, EL PUTO AMO

 


Le robo el título a Martín Caparrós, magnífico escritor y articulista argentino, porque me parece la expresión más ilustrativa entre todos los apelativos que se pueden predicar del presidente de USA.

¿Qué leyes y qué normas ha incumplido? El amo no tiene leyes ni normas. Nadie le lleva la contraria, y quien lo hace la paga. Y, en el caso de Venezuela, lo explica bien claro. La causa de la invasión es que Maduro es un “dictador ilegal”. Ah, que ustedes no sabían que había dictadores legales, pues ya lo saben. Y la finalidad de la invasión es que el amo va a poner orden en Venezuela y va a poner en marcha la producción petrolífera venezolana. Estamos hablando de la mayor reserva mundial de petróleo.

A partir del hecho inicial, todo son incertidumbres. Hay más preguntas que respuestas sobre el futuro de Venezuela. Lo que sí está claro es que la famosa Doctrina Monroe de “América para los americanos” (del norte) se cumple una vez más. Trump la llama “Doctrina Donroe”. También hay que decir que en esto Trump no es original, pues sigue la estela de los presidentes estadounidenses anteriores. Recordar Panamá y Noriega, Granada, Haití, Chile, Argentina, la Irak de Sadam Husein (esta con ayuda de Aznar)… Sin entrar en el expolio de Méjico, la guerra de Vietnam y otras. Lo que sucede es que el programa político de Trump hablaba de que no iba a empezar ninguna guerra y acabaría con las que ya había.

Trump es tan puto amo que se ha propuesto decidir cómo va a ser el mundo a partir de ahora. Europa puede ser otro damnificado, bien sea directamente o bien Rusia mediante. “Estas son las leyes de hierro que siempre han determinado el poder global, y vamos a seguir manteniéndolo así”, dijo el amo tras capturar a Maduro.

Desde mi desconocimiento geoestratégico mundial, percibo que el mundo se va configurando, una vez más, en zonas de influencia, bajo el mandato de los imperios respectivos Rusia, China y USA, y que los países bajo su imperio saben que, en cualquier momento, pueden ser objeto de la codicia imperial.

Europa del Este (y la no tan del Este), Taiwán y América Latina están bajo vigilancia. El resto de Asia y África también forman parte del futuro mapa a repartir. De momento, de Groenlandia ya ha dicho el amo que es suya, que la necesita para su seguridad. Estamos ante una nueva configuración del mundo. Las posturas tan ambiguas y tibias por parte de los mandatarios de Rusia y China ante la invasión de Venezuela así lo atestiguan.

Trump no se esconde: EEUU regresa a Latinoamérica bajo la promesa de “gobernar Venezuela” con la colaboración de la nueva presidenta interina. “Y si no colabora le irá peor que a Maduro” (el amo). Y se hará con el petróleo venezolano, con o sin el permiso internacional y nacional. Podría ser el principio de su nuevo imperio del Hemisferio Occidental, lo que incluiría a Europa.

¿Y Europa, que? Si Gorbachov finalizó con el mundo soviético, Trump puede finalizar con el mundo occidental, tal como está concebido hasta ahora. Europa y Canadá ya no son aliados de USA; estamos en el principio de una nueva relación. La OTAN parece ser el nuevo ámbito del cambio y la nueva relación Rusia-USA su consecuencia o su causa, según se mire.

¿Es Trump un loco millonario, maniático y caprichoso? No lo creo. Detrás hay toda una ideología y una nueva concepción del mundo. En solo un año ha dado suficientes pruebas de ello. Quizás se haga el loco para difuminar su poder intimidatorio, su vocación de depredador universal. De cualquier manera, la multipolaridad actual está empezando y es el momento en que Europa debe empezar a ser adulta respecto a USA y a los otros imperios. O la UE empieza a configurarse como una fuerza única con voz propia o pasará a ser una víctima más del amo. Habrá que desempolvar los informes Letta y Draghi sobre la nueva voluntad política de Europa para esta nueva manera de estar en el mundo.

Es fascinante el momento actual del planeta, si hacemos caso omiso de los muertos que quedan por el camino. Ya parecen no existir Ucrania ni Gaza, tras el caso Venezuela. Veremos cuál es la próxima figura del tablero mundial en aparecer en las primeras páginas de los medios: ¿Cuba?, ¿Colombia?, ¿Méjico?

En cualquier caso, hay que reconocer que la voz de Pedro Sánchez ha sido la voz europea que más claro ha hablado (al menos, hablado) sobre esta cuestión. Ha declarado que era “una violación del derecho internacional”, mientras Merz la ha calificado como “una acción compleja”, y la italiana Meloni se ha creído lo de la acusación narcoterrorista.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 11 de diciembre de 2025

6 DE DICIEMBRE, DÍA DE LA CONSTITUCIÓN



El 6 de diciembre celebramos en España el día de la Constitución. Se trata, sin duda alguna, de la celebración más importante de todo el año, pues los españoles actuales somos hijos de la Constitución de 1978. Precisamente en este año de 2025, en que celebramos (sí, yo lo celebro) la muerte de Franco, hecho que constituyó la condición “sine qua non” del final de la dictadura y que permitió caminar hacia la democracia. Pero los tres años que transcurrieron entre 1975 y 1978 (aprobación de la CE) fueron unos años terroríficos, con atentados y asesinatos prácticamente a diario, por parte de radicalismos de izquierda y derecha. No hay más que recordar el asesinato múltiple en el despacho de CCOO en la calle de Atocha de Madrid y el posterior y fallido golpe de estado del 23F de 1981. Y, sobre todo, con una incertidumbre política y social tremenda de cuál iba a ser nuestro futuro, pues los interrogantes y dudas eran muy numerosos.

Menos mal que ese tiempo que llamamos Transición, fue un tiempo modélico y transcendente, pues el consenso que se logró entre las distintas fuerzas políticas fue realmente espectacular. Los Pactos de la Moncloa (entonces la inflación española estaba en el 26%) y la aprobación de la Constitución, junto a la presión de la sociedad española a favor de las libertades y de la instauración formal de una democracia, fueron hitos dignos de recordar porque dieron lugar a la época más fructífera de la historia de España.

Durante aquellos años, muchos políticos recordaban el discurso que Manuel Azaña pronunció en Barcelona, casi al final de la Guerra Civil, y que en sus frases finales decía: “Cuando a otras generaciones les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad, perdón…” Ya sé que es un texto muy reproducido en artículos y libros, pero a mí me sigue emocionando. Por eso lo cito.

La ponencia que elaboró la CE la formaban 7 parlamentarios representantes de todo el espectro político existente en las cortes constituyentes de 1977: UCD, PSOE, PCE, AP y minoría catalana. Y, aunque el tiempo todo lo relativiza, hubo discusiones muy fuertes, especialmente en torno al modelo económico, educativo y autonómico. Sin embargo, la urgencia para dar forma a una constitución y asentar la democracia era algo tan necesario que todos cedieron en cuestiones esenciales hasta ese momento. Y recalco esto porque, en la actualidad, estamos tan lejos de un consenso semejante que sonroja a cualquiera que tenga un poco de sensatez.

La CE es, en opinión de muchos expertos, una de las más progresistas del mundo. La definición de España como un “estado social y democrático de derecho”, cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, supone un giro de 180 grados a la España que estábamos abandonando. Y, a modo de ejemplo, hay que citar la incidencia que tuvo Carrillo (Secretario General del Partido Comunista de España) para llegar a un consenso, cuando en plena discusión sobre el tipo de régimen para España, dijo aquello de que no nos estábamos jugando si República o Monarquía, sino que lo que estábamos dilucidando era Democracia sí o no. Es significativa aquella foto de la primera reunión del Comité Ejecutivo del PCE ya legalizado, con la bandera rojigualda presidiendo la reunión.

La España fruto de estos 47 años constitucionales ha conseguido tres logros fundamentales: consolidar la democracia, desarrollar un Estado moderno e integrarse plenamente en Europa. Y aunque en la actualidad se comenta la dispersión de los jóvenes en cuestión de opciones electorales, hay que discernir entre lo que es consecuencia de una opción seria y argumentada de lo que es consecuencia del desconocimiento y desinformación. Para ello, propongo que por parte de todos los elementos sociales (no solo profesores) nos esforcemos en explicar a los jóvenes la España del siglo XX. Algo así como una Unidad Didáctica con los siguientes apartados: 1) II República (1931-1936); 2) Guerra Civil (1936-1939); 3) Dictadura franquista (1939-1975); 4) Democracia (1975-2025). Uso términos objetivos con nomenclatura histórica. Y a partir de ahí, cada uno se esfuerza en argumentar y contraargumentar lo que estime procedente al interior de cada época. La objetividad de los hechos históricos sirve, entre otras cosas, para decir menos tonterías.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 28 de noviembre de 2025

50 AÑOS sin franco

 


Ante la avalancha de artículos y opiniones, desde distintas perspectivas, yo voy a tirar en parte por un apunte testimonial de mi propia vida, sin afán de epatar ni modelizar, y un comentario más general de conjunto.

Cuando Franco muere, el 20 de noviembre de 1975, yo tengo 29 años y, lógicamente, ya tenía plena conciencia de lo que la dictadura franquista suponía para el conjunto de España, incluidos los vencedores, pues en estos casos de flagrante injusticia, apoyada en leyes inicuas e inmorales, los vencidos son los vencedores morales y los vencedores son los vencidos morales. Yo, entonces, soy un profesional de la docencia en el Instituto de Bachillerato de Ejea desde el año 1972. Y desde ese año hasta 1979 en que soy elegido alcalde de Ejea, mi dedicación es doble: en mi tiempo laboral lo dedico a mis tareas docentes lo mejor que sé y puedo, y durante mi tiempo libre me dedico a una función eminentemente moral: luchar en la medida de mis posibilidades contra la dictadura franquista. En el tardofranquismo y en la Transición, y en un ámbito rural, esta labor política estaba teñida de un barniz cultural progresista y antifranquista como envoltorio de su matriz política. Era obligado. Si como dice George Steiner, en el fondo todo es traducción, se trataba de traducir lo que pasaba y lo que no pasaba. La gente entendía más que antes de la traducción y, sobre todo, intuía dónde estaba la razón y la verdad.

Como eran tiempos anteriores a la existencia legal de los partidos políticos, mi actuación era formalmente al margen de ellos. Y ese fue el procedimiento que yo, con mucha más gente, usé para llegar a la alcaldía: al frente de una candidatura independiente, integrada por los sindicatos, las asociaciones de vecinos y los partidos políticos de izquierdas (excepto el PSOE). Que una candidatura independiente se imponga a la UCD y al PSOE de aquel momento no fue una tarea fácil.

El tardofranquismo y la Transición fueron para mí emocionantes y laboriosos. Hice cuanto pude y, honestamente, no lo hice mal del todo. Al menos, esa es mi autopercepción. Aunque la memoria siempre es selectiva y autocomplaciente con uno mismo. Luego, a partir de 1979, vino la gestión municipal, con el 23 de febrero incluido, pero esto ya es otra historia.

Desde una perspectiva más general, la España franquista era, sobre todo, un erial político, pero también fue un vacío tremendo en lo cultural y en lo existencial. Cierto es que, en la distancia, las cosas se edulcoran y se relativizan, pero en el momento de su vivencia la adrenalina se disparaba. Las fechas de 1977, primeras elecciones generales democráticas, de 1978, aprobación de la Constitución Española, de 1982, las elecciones ganadas por el PSOE y que constituyeron las primeras elecciones “normales” en España, son referencias indispensables en la España de hoy. La entrada de España en Europa constituye nuestra mayoría de edad política. A partir de ahí, la sociedad española es semejante a la europea, aunque siempre con un origen que no acabamos de digerir.

Contar el franquismo a los 50 años de la muerte del dictador constituye una labor imposible en un artículo breve y divulgativo como este. Quizás habría que dejarlo para ponencias académicas de mayor extensión y preguntarnos sencillamente qué significa hoy ser demócratas, pues no parece que, en estos momentos de excesiva polarización y cainismo políticos, lo tengamos muy claro. Ser demócrata hoy, y siempre, está muy por encima de cualquier adhesión a cualquier partido político.

Documentar exhaustivamente los crímenes del franquismo (golpe de 1936, la Guerra Civil, 40 años de dictadura con represión, torturas, ejecuciones, desaparecidos…) no se ha hecho realmente, y menos aún se ha explicado en fase escolar a los españoles. Y si el pasado no se entiende bien, el presente y el futuro no se pueden diseñar bien. Por eso hay algunos jóvenes en la actualidad que ven aspectos positivos en el franquismo. ¿Por qué? Sin duda ninguna, por desconocimiento escolar y vivencial. La censura solo se conoce, sufriéndola; como la falta de libertad; como la pobreza… Era una vida sin derechos fundamentales y de silencios indigestos. Quizás sea esta la mejor consecuencia que podamos extraer: reforzar la educación histórica y así poder valorar una democracia que hoy no la valoramos suficientemente.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 13 de noviembre de 2025

LOS JÓVENES ESPAÑOLES: PRECARIOS Y DE DERECHAS



Las paradojas y contradicciones de nuestra época actual se reflejan espectacularmente en la juventud, una etapa que debería de ser puro entusiasmo y vitalidad y soñadora de un futuro brillante, y en la que, sin embargo, abundan la depresión y la ansiedad, con unas perspectivas de futuro peores que las de sus padres y con una situación económica difícil para consolidar un proyecto de vida.

 

Es lógico que los jóvenes sean los que más han caído en la depresión. Las escalas de felicidad han cambiado radicalmente y los adultos jóvenes son los más frustrados en la actualidad. Tan es así que los estudios de salud mental hoy se centran especialmente en esa edad. Parece ser que la proliferación de las redes sociales tiene bastante que ver con esta situación, como consecuencia de su abuso y su alta presión psicológica. El abuso de móviles y otros dispositivos electrónicos aíslan a los jóvenes de su entorno social de una manera patológica, de manera que la depresión, incluso el suicidio, operan de tal manera que convierten al joven en un ser asociado a la salud mental. El consumo de antidepresivos es habitual y, muchas veces, excesivo.

 

Un informe de FOESSA de esta semana pasada incide en esta misma tesis. Dice que “La juventud española vive con profundo pesimismo ante su futuro, marcado por la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, la dependencia familiar y la imposibilidad de construir un proyecto vital autónomo”. Por el contrario, nosotros, los mayores, estábamos seguros que nuestro futuro iba a ser muchísimo mejor que el de nuestros padres. Una vida que arranca de un pasado y presente con carencias y que camina hacia un futuro inevitablemente mejor, proporciona una vida plena. Justo lo contrario que nuestros sucesores.

 

Parece ser que los boomers hemos educado a nuestros hijos para un mundo que finalizó con nosotros. Nos hemos quedado con el mundo y con sus rentas. A los jóvenes solo les queda vivir muchos años para poder pagar nuestras deudas y excesos. Nuestros milenials (nuestros hijos), tildados de vagos, tontos o inútiles, han perdido no solo su futuro sino su presente. Siguen viviendo al amparo de sus padres, con lo que su persistencia va ser pura herencia biológico-económica y nunca conquista personal. La educación, especialmente la universidad, que fue un ascensor social para nosotros, no supone una solución ni para sobrevivir hoy: el 25% de los jóvenes de hoy está en el paro. Y los culpabilizamos a ellos, “que no han luchado como nosotros por un futuro mejor”.

 

Y, por si fuera poco, los jóvenes de ahora son mucho más de derecha que los de otras épocas. Su antiestablishment los sitúa en la derecha frente al izquierdismo de sus antepasados. Con una izquierda acomodaticia y segura de sí misma, los jóvenes se oponen desde la derecha, incluso desde la extrema derecha. Vox tiene una mina de votos con esta juventud precaria. Y, como casi todo en la vida, tiene una lógica. Si los jóvenes no ven un futuro claro, tienen que apostar por otro tipo de política, tienen que optar por otro orden social que les dé posibilidad de empleo y vivienda. He aquí las dos palabras clave: empleo y vivienda. Las dos palabras que hicieron triunfar a la socialdemocracia clásica. Ser de derechas hoy es lo contracultural, frente al gobierno y al orden establecido. Y aún más. Según el CIS (?), entre los jóvenes de entre 18 y 24 años hay mayoría que piensan que la democracia es peor que la dictadura franquista. ¿Ganas de epatar? Cierto es que los jóvenes siempre han necesitado un enemigo contra el que vivir y sentir.

 

Pero volviendo a terrenos más racionales, los jóvenes tienen razones para estar molestos, su emancipación no es posible en muchos casos: el empleo y la vivienda, elementos imprescindibles para la emancipación, o no existen o son tan precarios que no sirven. Cosa que los mayores la tenemos razonablemente resuelta hace muchos años. Sin embargo, los jóvenes coquetean con Vox, que niega el cambio climático (bandera juvenil), que no se oponen a la subida de precios de alquileres y ventas de viviendas, que propugnan la bajada de impuestos para fomentar el empleo y votan en contra de la reducción de jornada. Una aparente contradicción.

Pero no se trata de una crisis juvenil sino de sociedad, que nos afecta a todos y a todos nos hipoteca, pues desgarra la sociedad y amenaza el Estado de bienestar. En mi opinión, el problema de la precariedad de los jóvenes españoles es el problema político fundamental en estos momentos. Y no solo porque están en el paro sino porque incluso los que trabajan, tienen un sueldo tan mísero que no abandonarán nunca la pobreza. Nos estamos cargando la clase media, que ha sido tradicionalmente el colchón de España. Estadísticamente, nuestros jóvenes son ya pobres, incluso aunque trabajen. Y el mercado laboral español ofrece pocas alternativas.

Mariano Berges, profesor de filosofía

miércoles, 29 de octubre de 2025

LA FUNDACIÓN “LOS PUEYOS” CUMPLE 50 AÑOS



Este miércoles 29 de octubre se celebra en el Palacio de Congresos de la Expo el 50 aniversario de la Fundación Los Pueyos. Posiblemente, a mucha gente no le suene el nombre de esta Fundación. Pues bien, la Fundación Los Pueyos es una organización con origen en 1975, y un año más tarde se asentó en Villamayor de Gállego, entonces un barrio de Zaragoza. Empezó con un colegio para personas con dificultades en el aprendizaje y en la conducta, hoy discapacidad intelectual. Añadió luego la faceta laboral con un taller ocupacional, una lavandería industrial, una imprenta y otras ramas, como Centros Especiales de Empleo (CEE). Y, por último, construyó una espléndida residencia, también para personas con discapacidad intelectual. Posteriormente añadió una residencia vacacional en Novallas (Zaragoza), como Centro de Espacio Inclusivo, abierta a todo tipo de personas. Todo este magnífico holding social tiene un nombre propio: Carlos Guerrero Rica. Me reprenderá por citarlo, pero es de elemental justicia hacerlo y reconocerlo. Llevar vinculada a tu biografía una aventura como ésta merece un reconocimiento público que no suelen tener este tipo de hechos. Esta tarde-noche intentaremos todos los que estemos en el acto de celebración que se sienta orgulloso de su vida, que tan provechosa ha sido para la sociedad. Con unas cuantas vidas así esta sociedad sería mucho mejor y sobre todo más inclusiva con sus personas más vulnerables. En estos momentos, Fundación Los Pueyos sigue con una salud de hierro, bajo la dirección de Berta Guerrero y María Guerrero. Carlos se mantiene en la distancia en el papel de presidente de la Fundación. Si alguien quiere saber más de la historia y la realidad de esta Fundación, que entre en su maravillosa página web.  https://www.lospueyos.org/

Muchas veces, se suele recordar, incluso agasajarlos con monumentos, calles y otros reconocimientos públicos, a gente y nombres, sin duda merecidos, pero se suelen silenciar gestas del calibre citado, por entender que se trata de una mera actividad profesional privada. Digna, pero profesional y privada. Error, gran error. Estamos hablando de una enorme epopeya, ideada, levantada y gestionada por una persona, Carlos, y alentada siempre por su familia. Todos al pie del cañón, incluidos todos los trabajadores que están totalmente imbuidos del mismo espíritu fundacional.

Hace muy poco tiempo (25-01-2024), se modificó el art. 49 de la Constitución para darle una nueva denominación a los antiguos discapacitados, minusválidos o disminuidos, términos ya obsoletos y despectivos. Ahora son “personas con discapacidad” o “personas en situación de discapacidad”. Pero, claro, no es solo importante el cambio de nombre, que lo es, sino que ahora estas personas con discapacidad o en situación de discapacidad son titulares de los derechos y deberes del Título I de la Constitución Española (CE), en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas. Por si alguien ha olvidado qué dice ese Título I de la CE, por favor que lo lea, porque es la parte más emocionante del texto legal más importante de España. Es la parte que hace de la CE una de las más progresistas del mundo. Otra cosa, claro, es su traducción práctica. Pero ahí tenemos nuestra utopía y nuestro reto, como personas y como sociedad. La Fundación Los Pueyos ha hecho su itinerario en esta línea desde su comienzo. Y ahí sigue.

Es este un campo difícil de concretar y no soy el más adecuado para ello. No obstante, diré algunas cosas elementales. En primer lugar, la discapacidad intelectual no necesariamente es una enfermedad mental. Es más, con los apoyos necesarios y un entorno favorable, es posible revertir muchos inconvenientes y limitaciones de una persona con discapacidad intelectual. El diagnóstico es un punto de partida, pero, a continuación, hay que ver a la persona en su globalidad, con sus limitaciones y sus cualidades (en el fondo, como somos todos). Y así, la discapacidad se convierte en un espacio de encuentro donde el papel de los profesionales, de la familia, de los amigos, de la sociedad y de las Administraciones, es fundamental y deben asumir su responsabilidad de allanar caminos y multiplicar oportunidades. Y esto no es ni caridad ni solidaridad, es justicia.

Si los gestores públicos fueran más inteligentes, multiplicarían su implicación en las buenas organizaciones del tercer sector, pues están haciendo el papel que deberían hacer las propias AAPP, porque la calidad de los servicios sociales es el indicador más fiel y provechoso de una sociedad. Queda mucho por hacer en la Administración española. Pero también hay que decir que, si no hubiera política, si no hubiera Estado, la desigualdad y la injusticia social serían infinitamente mayores.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 16 de octubre de 2025

POR UNA POLÍTICA COLABORATIVA



¿Es la guerra la continuación de la política por otros medios, tal como dijo Clausewvitz? Si miramos a Gaza y Ucrania, parece que sí, incluidos los intervalos, como, ojalá no, podría ser esta tregua trumpista en Palestina. Y, a la inversa, ¿es la política una guerra por otros medios? No nos vayamos a EEUU, sino a España: la dialéctica entre PP y PSOE es terrible y no parece que pueda existir ninguna colaboración democrática entre los dos únicos partidos que pueden gobernar en España.

No siempre ha sido así, aunque nunca haya habido entre ellos ningún gobierno de coalición. Pero, ¿qué pasará si en las próximas elecciones, sean cuando sean, sale un resultado semejante al anterior, incluso más ingobernable, y nadie puede formar gobierno con sus coaligados “naturales”? Habría que pensar en cambiar de políticos. En Italia ya lo hicieron con gobernantes tecnocráticos hace unos años.

Pero cabría pensar de otra manera, porque la pluralidad de opciones con representación parlamentaria no es sinónimo de ingobernabilidad. Sería una buena ocasión para hacer de la necesidad virtud, y apareciese una nueva saga de políticos colaborativos y se pusiesen a pensar en la sociedad y sus ciudadanos en vez de en sí mismos. Porque la política es, fundamentalmente, colaborar en la solución de los problemas del país. La política debe funcionar con proyectos sociales de envergadura estatal, con un proyecto de país que marque el futuro y, sobre todo, debe dar confianza a los ciudadanos. Sin confianza no puede haber política ni país.

En la política, en cierto modo, debe suceder algo parecido a la empresa. Los gestores han de ser referentes de valores que coticen en la actualidad: integridad, capacidad de dirección de equipos, accesibilidad, aptitud para la comunicación, empatía, transparencia, confianza… En fin, menos ideología y más ideas. Ya hace muchos años que la Nueva Política predicaba esto mismo, pues ya no estamos en épocas de una ideología fuerte o de grandes paradigmas inamovibles. Gilles Lipovetsky, con sus reflexiones sobre lo efímero, el consumo y las modas, hace también muchos años que ha quitado solemnidad a la filosofía, en la línea que hace aún más años, Guy Debord abordaba en La sociedad del espectáculo. La empresa ha dejado de ser solo un negocio para convertirse en un proyecto social, y el empresario es un líder con función de coordinador. Así entiendo yo que debería ser la política, sin la fuerza avasalladora que tienen los líderes y los aparatos, que convierten a los afiliados en meros fans o hooligans.

La clase dirigente debe ser interpelada por los propios, con argumentos y con libertad. Porque si solo es interpelada por los adversarios, la interpelación se convierte en batalla y ahí los argumentos no existen, que son sustituidos por los insultos y las descalificaciones. Y si los electores desean que el número de partidos políticos con representación parlamentaria sea grande, es que está exigiendo acuerdos transversales para solucionar los problemas de la sociedad española.

La sociedad ha cambiado tanto que no somos capaces ni de conceptualizarla. Ya no es solo el tránsito de los viejo a lo nuevo, como nos decía la vieja dialéctica. Es que nosotros mismo como personas ya no somos los mismos, sino que tenemos que esperar a que nos definan los nuevos valores emergentes con sus nuevas categorías. El laicismo, el feminismo (con sus variantes), la globalización en la comunicación y la digitalización en la economía son fenómenos que requieren nuevos políticos que, de momento, no han salido todavía a la palestra. Transacción, pacto y colaboración son palabras de futuro inmediato.

A los medios de comunicación habría que dedicarles el mismo discurso anterior. También para ellos han cambiado los tiempos, y no a mejor. La controversia medios-redes sociales no me parece muy bien planteada. Déjese a las redes su ruidosa charlatanería y dedíquense los medios a contar los hechos comprobados. El público de unos y otros sabrá a qué atenerse. Lo peor es la mezcolanza de ambos, y ya no digamos el partidismo de algunos medios, con su selección de hechos y su interpretación sesgada.

Todos debemos contribuir a una convivencia social de la mejor manera posible. No es necesario renunciar a nuestras creencias, basta con respetar las de los demás y contrastarlas con las nuestras. Y dudar. Solo de la duda sale la luz.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 2 de octubre de 2025

DEMOCRACIA SÍ, DEMOCRACIA NO



Antes de entrar en materia, un matiz cordial a un lector de mi artículo anterior. En primer lugar, agradecerle que me lea y que sus comentarios sean tan respetuosos y razonados. Y ahora, el matiz. Yo escribí la siguiente frase: “Y el PP, que procede de la Alianza Popular franquista que no apoyó la Constitución de 1978, está abandonando la senda democrática, …”. Yo quiero decir que la que no aprobó la CE fue Alianza Popular. Sí que la aprobó Fraga Iribarne, aunque no la aprobaron otros 3 miembros de AP. Si hubiese una coma tras la palabra “franquista”, sí que tendría razón el lector, pero no hay coma. Vuelva a leer la frase. Sin afán de polémica.

Vayamos a la cuestión de hoy. El asunto importante en la actualidad no es si gobierna la izquierda o la derecha, sino si hay democracia o no la hay. En España hay en estos momentos un electoralismo que apesta. Todo parece valer para poder gobernar, o más bien para poder estar en el gobierno. Como sea o con quien sea. ¿Para hacer qué? ¿Para repartir cuotas de poder entre los socios sin un proyecto de país coherente y con futuro? Eso no es gobernar. Eso es subsistir en el gobierno a cualquier precio. Y esto vale para PSOE y para PP. No hagamos de hooligans y, por el contrario, analicemos sus prácticas de gobierno o sus proyectos políticos serios, no los relatos para entretener al personal.

En las próximas elecciones, parece que otra vez la cuestión se va a dilucidar entre los dos bloques: por un lado, la derecha de PP más Vox; y por el otro, la izquierda de PSOE más la sopa de letras de grupúsculos izquierdistas y separatistas (el ya famoso gobierno frankestein). Y aquí es donde hay que meter la cuchara. Todos los partidos son respetables mientras respeten la Constitución y las reglas democráticas. Y yo me atrevo a decir que algunos partidos no lo son, por ejemplo, Vox, por sus principios neofranquistas y su práctica no democrática ni constitucional. Pero tampoco lo son los partidos separatistas, no en su doctrina sino en su práctica. A partir de ahí todo sirve, aunque algunos compañeros de viaje sean más cómodos que otros. Allá cada uno.

Si miramos globalmente el mundo, Oriente y Occidente, podemos observar que sistemas democráticos realmente hay muy pocos. Y algunos de los que hay están empezando a resquebrajarse peligrosamente. Incluso dentro de la Unión Europea (UE), origen del sistema que entendemos más democrático. Si añadimos el papel que está jugando Trump, actual amo del mundo, y su quebrantamiento cotidiano de la democracia estadounidense, vemos que, por la influencia del imperio, salpica a muchos partidos de países democráticos. Y estos partidos de ultraderecha están ganado cada vez más votantes. Hasta tal punto que en países como Italia y Hungría ya están gobernando, y en otros, como Francia, Portugal y algunos nórdicos y centroeuropeos, están tocando el poder.

Concretamente, en España, Vox es ya el tercer partido clarísimamente destacado, con tendencia en ascenso. Y, aparte de los votos genéricos que la demoscopia le otorga entre los jóvenes (más varones que mujeres), hay mucha procedencia de votos desde el PP. Aspecto potenciado por la ambigüedad y la levedad de Feijóo y el fuerte influjo de Ayuso. Por eso de mejor el original que la copia. Y aquí habría que distinguir entre los barones autonómicos del PP, unos son más moderados-centrados que otros.

¿Cuál es mi propuesta? 1) Que haya elecciones generales ya, pues la acción de gobierno, entre unas cosas y otras, está paralizada; 2) Tras las elecciones, hay que pensar con serenidad y sentido de Estado cuál es la fórmula más democrática posible. Para ello hace falta políticos de verdad, que prefieran una España democrática y constitucional a sus intereses personales o de partido; 3) Marcar un cordón sanitario-democrático, aislando a los partidos no democráticos y/o inconstitucionales (ultraderecha e independentistas); 4) De entre lo que queda, negociar un gobierno que obedezca lo máximo posible a la Constitución, a la democracia y a la voluntad soberana de los españoles.

De ahí pueden surgir muchas fórmulas, más o menos raras hasta ahora, incluso inéditas. Pero a ser demócratas se aprende con el ejercicio de la democracia.

De lo contrario a lo dicho hasta aquí, pienso que sería otra vez volver a la polarización estéril y esterilizadora. Y la gente, mayoría silenciosa en el argot elitista de los políticos profesionales, puede hartarse y estallar. Y cuando la gente estalla, nada bueno acontece. A no ser que estemos propiciando la revolución, de un sentido o su contrario. No juguemos con fuego, que nos podemos quemar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

domingo, 21 de septiembre de 2025

COMIENZA EL CURSO POLÍTICO

 



Todos recordamos la ilusión de comenzar curso y no repetir los fallos del curso anterior. La vida nos volvía a dar otra oportunidad y de nosotros dependía aprovecharla.

En política debería suceder algo parecido, pues conocemos perfectamente los fallos habidos y los remedios posibles. En el caso español, el ruido de la bronca y la crispación entre los partidos y los bloques políticos es ensordecedor. Y la consecuencia más llamativa de ello es que a la gente le entra un desasosiego que le obliga a emigrar de la política y pasar a militar en un ámbito de frivolidad y pasotismo realmente peligrosos. Si a los políticos no les importa la política, ¿por qué les tiene que importar a los ciudadanos de a pie? El ascenso de Vox como opción electoral cada día más firme, especialmente entre la juventud, es la plasmación más evidente de lo dicho. Votar a Vox es un castigo que muchos ciudadanos dan a los dos grandes partidos políticos españoles. Lo que supone un retroceso en nuestro itinerario democrático tras la superación de la dictadura franquista. Vox es el franquismo redimido. Y el PP, que procede de la Alianza Popular franquista que no apoyó la Constitución de 1978, y que tiene una derivada en Vox, está abandonando la senda democrática para entrar en aguas peligrosas. Su arrastre por Vox es escalofriante. Y un gobierno PP-Vox parece irreversible.

Ante esta situación, el PSOE está cayendo en la tentación de apoyarse en dos principios para seguir en el poder: 1) Fomentar el miedo a Vox, con lo que lo está engordando; y 2) Apoyarse en aliados más que peligrosos (los famosos socios de investidura), especialmente los nacionalismos separatistas, lo que supone pan para hoy y hambre para mañana. Hablar de España con Bildu, PNV, Esquerra, Junts y BNG de la mano, no es serio. La gente no se lo cree.

La política tiene una característica aristotélica fundamental: la prudencia. Que no consiste en ser pacato o temeroso, sino en pro-videre, en ver más allá de y antes que. Un buen político mira y ve más lejos que los demás. Y sabe esperar. Y no se vende al aparente mejor postor. Sabe que la política es a largo plazo y que la coherencia es el capital político más importante. La gente recuerda más de lo que parece y, como en el juicio final, premia a los buenos y castiga a los malos.

Por todo ello, para que la política vuelva a la senda de la ilusión que alumbró este país tras el estallido constitucional de 1978, los dos grandes partidos españoles deben regresar a la centralidad donde han conseguido sus mayores logros. Los pactos de Estado deberían volver a ser los instrumentos habituales para superar las grandes crisis como la actual (recuérdese los famosos y eficaces Pactos de la Moncloa en la Transición). Pero ello requiere de buenos y prudentes políticos que hagan viable esta reconversión. Políticos que piensen en lo general y no en lo particular.

Si, por el contrario, comenzamos este curso y volvemos a enzarzarnos en las broncas y peleas de insultos, chascarrillos y el “y tú más”, más propios de barras de bar que de políticos rigurosos, seguiremos profundizando en nuestros desvaríos y volveremos a ser un país sin ilusión y con regreso a la caverna de la que pensábamos haber salido. Si en este curso volvemos a la bronca política permanente, es posible que la mayoría social española explote. Cada vez hay más análisis hablando de las semejanzas de la actualidad política con los años treinta (recuerden a Mussolini, Hitler, Franco, Segunda Guerra mundial, Stalin). Hoy existen Trump, Putin y unos cuantos corifeos, sin hablar de los grandes regímenes orientales (sin elecciones, con partido único y economía centralistamente dirigida).

En estos momentos, en España no hace política el PP, pero tampoco la hace el PSOE. Ambos están enredados en si va a haber elecciones anticipadas o no. El primero las quiere para llegar al gobierno, y el segundo no las quiere para permanecer en él. Mientras tanto, no firman ningún acuerdo ni nada que se le parezca. Ahí siguen esperando la acción política asuntos tan graves como: la vivienda, el cambio climático, la crisis migratoria, la corrupción, nuestro papel internacional, el precario futuro de la juventud, la financiación autonómica, el asunto federalismo constitucional versus confederalismo inconstitucional… ¡Ah! Y la catarata de juicios y sentencias judiciales pendientes en uno y otro lado del espectro político. Y Feijóo, de karaoke.

¡En fin! Oscuro y difícil se presenta el futuro de nuestro país.  Vivimos de sorpresa en sorpresa. Como se suele decir en Aragón, esto es un sin vivir.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 4 de septiembre de 2025

TRAS EL TÓRRIDO VERANO

 


Tras el tórrido verano que hemos padecido, llega el suave septiembre, que, en mi opinión, es el mes climático más placentero del año. Los hechos acaecidos durante el verano han sido muchos y rotundos. Veamos algunos.

Al interior del caso Koldo, el socialista Cerdán entra en la cárcel. Con todo lo que ello conlleva de dudas y riesgos. La primera duda es si se trata de una corrupción individual o de una financiación ilegal de partido. En este momento en que escribo, todo son elucubraciones.

No hay un caso sin dos y aparece el caso Montoro. Se trata de otro caso de corrupción, este “con clase”, fino, de gente como si tuvieran derecho, pues para eso mandan. Incluso es de los casos que pueden quedar en nada.

El alud de incendios de este verano ha sido más intenso y extenso que nunca. Una vez más se ha demostrado que la planificación y la prevención no es un rasgo de nuestra idiosincrasia española.

Seguimos con el culebrón arancelario de Trump. Parecía la broma de un gamberro sin educación, pero va en serio. Y la culta Europa, el origen de la civilización occidental, baja la cabeza ante “el amigo americano” y cede ante sus exigencias propias de un mal amigo. Este culebrón está cambiando la geoestrategia mundial del comercio, de la paz y de la guerra. Trump es la expresión más zafia del poder.

Y seguimos con Ucrania, una guerra que se está cronificando, a pesar de que Trump la iba a terminar en 24 horas. Retumban los tambores de guerra y España, a la chita callando, ya ha llegado al 2% en su aportación a la OTAN. Vamos camino del fantasioso 5%. Y los países de la UE vuelven a plantearse la vuelta de la mili. Uno de los grandes triunfos de Aznar está en peligro.

Y Gaza, siempre Gaza. No uso metáforas para decir que no puedo hablar de Gaza. Me tiembla todo el cuerpo y los ojos se me humedecen. ¿Cómo es posible que esto ocurra ante la pasividad de todo el mundo, incluida la culta Europa, el origen de la civilización occidental? No puedo seguir.

Sigue la guerra entre Felipe González y Pedro Sánchez por la propiedad ideológica de la socialdemocracia.  Porque, en el fondo, de eso se trata, de ver quién de los dos representa hoy más fielmente a la socialdemocracia. Los años transcurridos entre 1982 y 2025 son muchos y, sobre todo, los cambios habidos en nuestra sociedad son tan fuertes e irreversibles que no es fácil dar con recetas ideológicas para la mejor solución de nuestros problemas. Cada uno damos por bueno aquello con lo que crecimos y nos desarrollamos. Por lo que la edad es un factor a tener muy en cuenta en las fórmulas que consideramos más propicias en la solución de los problemas. A los españoles nos gusta mucho discutir, pero quizás nos vendría bien menos vehemencia y más análisis.

Si a ello añadimos la fuerte polarización política entre PP y PSOE a la hora de analizar cualquier asunto de cierta importancia (lo vimos en la pandemia del covid, lo repetimos en la dana de Valencia y lo hemos vuelto a ver en los incendios de este  verano), no podemos extrañarnos de la desafección política de mucha gente y que los arroja en brazos de cualquier fuerza populista, especialmente de extrema derecha, que aprovecha el malestar real generado por distintos problemas (vivienda, paro, bajos salarios…) y aportar soluciones fáciles de expresar y difíciles de aplicar. Eso de aportar soluciones simples a problemas complejos. O sea, el populismo más esquemático.

Quizás el problema que más tensiones crea en estos momentos sea el de la inmigración. Los sucesos de Torre Pacheco (Murcia) fue una puesta en escena por parte de VOX y la realización de una prueba experimental para analizar la reacción de la gente ante una probable realidad más violenta en esa misma dirección. Francia ha sido un banco de pruebas en este sentido durante los últimos años. Y la ganancia de votos por parte del partido de Le Pen ha sido importante y con grandes posibilidades de gobernar. Como ya gobierna la extrema derecha en Italia, Hungría y otros países de la UE. En España, VOX es ya la tercera fuerza política y con fuerte tendencia hacia arriba. Y, para mayor peligro, el PP tiene miedo de VOX, por lo que mimetiza y pacta con ellos cuestiones identitarias como inmigración, feminismo, ecologismo…

Y, como suele ser normal en el calendario de acontecimientos, el final del ciclo de la vida, que no otra cosa es la muerte, ha irrumpido en muchas vidas. Una de ellas, subrayada por los medios, ha sido la del expresidente de Aragón, Javier Lambán. Como buen amigo y aliados en muchos retos políticos, no puedo menos que recordarlo en su valerosa batalla contra la dura enfermedad de sus últimos años. Adiós, amigo Javier.

Mariano Berges, profesor de filosofía