En mi entrega anterior decía que detrás de las aparentemente alocadas palabras de Trump “hay toda una ideología y una nueva concepción del mundo”. Nueva que no es nueva, sino muy vieja, pues es la típica de un emperador borracho de poder. Decía nueva porque parecía que habíamos dejado atrás la “paz” de la Guerra Fría tras la Segunda Guerra Mundial. Era entonces, y parece que vuelve ahora, un mundo dividido en áreas de influencia por parte de la URSS y EEUU, centros del comunismo y capitalismo en la posguerra. Cámbiese la URSS por Rusia y añádase China y tendremos la equiparación actual. Trump me recuerda en gran manera a Nerón y Calígula, incluidos sus espectáculos pirotécnicos y circenses. Es un personaje verdaderamente repulsivo.
Y en estas circunstancias aparece la nueva pieza a cazar por Trump:
Groenlandia. “A las buenas o a las malas” (el amo). Pero Groenlandia pertenece
a Dinamarca, vieja nación europea perteneciente a la OTAN y a la UE. Y la OTAN
está en la obligación de oponerse a cualquier agresión a un Estado integrante
de ella. La postura mantenida hasta ahora por parte de Europa, de subordinación
humillante y hasta de reírle las gracias al viejo autócrata, solo le da a este un
mayor atrevimiento para sus tropelías. Porque quien necesita realmente a
Groenlandia es Europa; más que EEUU. Por lo tanto, hay que defender la
soberanía de Dinamarca frente a cualquier agresión. Y más todavía si es por
parte de un socio de la OTAN. ¿O es que lo que busca EEUU es la destrucción de
la OTAN y el debilitamiento económico-político de la UE? ¿O piensa en cambiar
Groenlandia por Ucrania? De la mente del emperador americano cabe esperar eso y
más. Otra cosa es que se lo permitan. Porque hasta ahora, ni el permiso
internacional (Consejo General de la ONU) ni el permiso nacional (Congreso de
EEUU) han operado contra ninguna acción de fuerza de Trump. También es verdad
que lo de Venezuela ha sido una acción relámpago que aparentemente ha dejado
todo como estaba, salvo el secuestro ilegal de Maduro, objeto de devoción de
muy pocos. Aunque hay que recordar que ha ejercido muchas otras acciones
relámpago en solo un año de mandato: ha atacado a Irán, ha bombardeado otros
seis países y ha ayudado determinantemente a Israel para derrotar a Gaza, a la
que ahora quiere gobernar.
Ante los excesos del amo, a Europa le urge unificar, para fortalecer, su
posicionamiento de gran potencia frente a los imperios mundiales. Y no
solamente por su propio interés, que también, sino porque Europa representa los
mejores valores de una sociedad organizada democráticamente. Aunque no siempre
ha sido así: recuérdense las aventuras colonialistas de las grandes naciones
europeas y las barbaridades ocasionadas a los indígenas de los lugares
colonizados. Pero hoy Europa es otra cosa.
El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro
inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda,
amenazas y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más
concretamente en la UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que
habrá que poner en marcha de manera acelerada, con una visión política que nos
vaya dirigiendo a la configuración de la vieja idea de Delors de los Estados
Unidos de Europa. Si hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y
sus decisiones iban encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en
adelante es urgente y necesario que la proa política dirija los pasos de sus
actos y decisiones. De ahí la gran importancia de
luchar contra todos los movimientos reaccionarios auspiciados por las otras
grandes potencias, a las que no interesa una UE con estrategia única y
fortaleza equiparable a la de ellos. El avasallamiento de Trump puede
constituir una gran oportunidad para Europa.
La Unión Europea podría tener un importante papel como promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de
Trump. Podría representar un fuerte protagonismo
en la estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a
los valores democráticos, aspectos negados por Trump.
Pero también hay que confiar en la fortaleza de la democracia
estadounidense. Su sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado
ejemplo en dos sentencias federales que han echado abajo dos decretos de
urgencia del emperador Trump. Parece ser que en las elecciones de medio mandato
que se celebrarán en noviembre tienen muchas posibilidades los demócratas para
comandar el Congreso. Ello supondría una clara derrota de la política imperialista
de Trump y su posible regresión. Veremos. Esto no ha hecho más que empezar.
Mariano Berges, profesor de filosofía









