Tiene razón Cercas en que nada sustancialmente nuevo ha aparecido en los documentos desclasificados sobre el golpe de Estado en España del 23 de febrero de 1981 (popularmente conocido como el 23-F). Cercas ha sido, en mi opinión, el que, sin jugar a historiador, más certeramente ha analizado el 23-F. Su obra Anatomía de un instante es una novela de no ficción que analiza muy bien lo sucedido. Y no solo eso, sino que las dudas y los interrogantes que plantea el libro son, sustancialmente, los mismos que están actualmente sin resolver. Tras la desclasificación de los documentos, es, sin duda, el personaje con más claves ante lo sucedido. Y hay una frase suya que me parece clave: “El rey paró el golpe porque era el único que podía pararlo” y, a continuación, añade “aunque los errores que cometió con anterioridad y sus irresponsabilidades son muchas y graves”. Sobre todo, hay una que compartió con parte de la clase política y que consistió en jugar a destituir a un presidente del gobierno (Suárez), constitucionalmente y popularmente elegido. Eso es algo inconcebible en una clase política democrática y, especialmente, en un jefe de Estado.
En cualquier caso, la desclasificación documental de lo que quedó, tras
45 años de mangoneo y de oscuridad sobre la custodia de los documentos, no nos
cuenta nada sustancialmente nuevo. Se reduce a narrar lo ya conocido y que
constituye exclusivamente lo epifenoménico del 23-F. Nada se dice de los
prolegómenos del golpe y de esa atmósfera entre los militares aludidos de que todos
estaban con el rey.
Y, en plena alabanza pública del rey que paró el golpe aparece,
una vez más, la patochada cometida por Feijóo de que el pobre Juan
Carlos I debería volver a España, a morir en su país por el que tanto hizo.
Solo un amateur de la política puede cometer tal metedura de pata; y quien le
ha contestado ha sido la misma Casa Real, que ha dicho que el emérito puede volver,
pues no está condenado ni perseguido, pero con dos condiciones: 1) que asiente
su residencia fiscal en España (como todos los españoles de bien) y 2) que vivirá en una residencia privada, y
no en la Zarzuela. Está claro que el emérito no aceptará dichas condiciones y
vendrá a España con frecuencia, pero no estará mas tiempo del mínimo
obligatorio (la mitad del año menos un día), sin riesgo de poder ser
investigado fiscalmente. Al tiempo. Porque no hay que olvidar que el autoexilio
de Juan Carlos I no es por el 23-F, sino por sus delitos fiscales.
La tardanza en la desclasificación documental (45 años) ha supuesto que
casi todos los protagonistas del suceso ya han muerto: Armada, Milans, Tejero y
Sabino Fernández Campo. Entonces se trata casi de hacer un comentario de texto
sobre ciertas frases y su contexto y poder elucubrar sobre lo sucedido con la
mayor lógica posible. Veremos solo algunos ejemplos.
Armada en su libro Al servicio de la corona dejó una misteriosa
frase: “Yo siempre cumplí órdenes, todas las órdenes”. ¿De quién?
Tampoco Tejero habló mucho, pero en el juicio, en medio de un barullo de
opiniones dijo algo muy rotundo: “A mí lo que me gustaría es que alguien me
explicara de una vez qué es lo que pasó el 23-F”. ¿Ironía o desconocimiento?
También Sabino Fdez. Campo dejo para el
recuerdo aquella famosa frase sobre Armada que “ni está ni se le espera” (en la
Zarzuela), cuando ya el golpe estaba disolviéndose.
Es entretenido ir anotando frases de
unos y otros, pero desbordarían este artículo. Un último testimonio de Milans del Bosch: “No puedo aceptar nunca órdenes de un inferior mío, e
incluso cuando es de mi propia graduación me resisto a ello. Si atendí al
general Armada fue porque siempre pensé que vendría de parte de la
superioridad”.
Por último, ¿por qué el golpe? Yo pienso que hay, aparte de la todavía
reticente dictadura, tres razones
básicas: 1) La maldita tradición golpista de nuestro país. 2) La profunda
crisis económica que los Pactos de la Moncloa solo atenuaron. Y 3) El escenario
terrorista del momento en España (386 muertos por terrorismo entre el 20 de
noviembre de 1975 y el 23 de febrero de 1981). Y hay un cuarto detonante muy
importante para la clase militar que ganó la Guerra Civil: la legalización del
Partido Comunista de España el 9 de abril de 1977. La posterior matanza de
Atocha y el auténtico espectáculo democrático que fue el entierro organizado
por el PCE, validaron la decisión de Suárez y nadie dudó ya de la legitimidad
comunista.
Como párrafo
final comunico a mis queridos lectores que este es mi último artículo en EL
PERIÓDICO DE ARAGÓN, al que agradezco la amable acogida en sus páginas durante
tantos años. Próximamente cumplo 80 años y pienso que ya es hora de recogerse y
retirarse del mundanal ruido.
Mariano Berges,
profesor de filosofía









