jueves, 12 de junio de 2025

ESPAÑA: DE SU ECONOMÍA Y DE SU POLÍTICA



El presente de la política española es paradójico y caótico. Al contrario de lo que es habitual, la economía va bien y la política va mal. Sería muy interesante indagar las causas de lo uno y lo otro, pero quizás no es este el momento ni un artículo de estas características el lugar apropiado. Aunque algo se colará en este artículo. De entrada, ya digo que el asunto es muy complejo y difícil de analizar. Los argumentos que se usan por una y otra parte tienen el objetivo fundamental de negar al otro más que buscar la verdad. Es muy difícil hacer política hoy día. ¿Es culpa de la mediocridad de los políticos? ¿O es que la situación es tan poliédrica que dificulta en gran manera su solución?

“La economía española sigue fuerte” suele ser una consideración normal en todos los foros económicos mundiales: el PIB español encabeza la UE; el empleo también aumenta, a pesar de un subempleo estructural casi imposible de resolver; los agoreros catastrofistas fallan una y otra vez en sus previsiones sobre la economía española. Las causas del éxito parecen ser, aparte del siempre salvador turismo, el auge de las renovables en España y la fuerte inmigración (explotada con salarios de hambre y condiciones esclavistas).

“La polarización y crispación de la política española va en aumento” opinan casi todos los comentaristas sobre la actual situación política española. Y aquí siempre hay que mirar a la centralidad que ocupan los dos grandes partidos políticos españoles: PSOE y PP. Siempre hemos mirado con envidia la facilidad de las coaliciones de gobierno alemanas y de otros países europeos. Aquí eso es imposible. Ambos partidos, en la actualidad, rezuman una bilis repelente en ambas direcciones. Podríamos poner muchos ejemplos, pero para no aburrir al lector me ceñiré a última Conferencia de Presidentes.

La Conferencia de Presidentes fue una fórmula bien ideada para la España de las autonomías, pero por unas causas o por otras casi nunca ha funcionado. En la actualidad, porque el Gobierno central lo gobierna el PSOE, y de las 17 CCAA (sin contar Ceuta y Melilla), 11 están gobernadas por el PP, 4 por el PSOE, 2 por nacionalistas. El diálogo no existe y todo es crispación y agresividad. En los medios, ya hace tiempo que más que noticias políticas aparecen noticias judiciales o prejudiciales. La corrupción, fundada o presunta, verdadera o falsa, campa por sus fueros. Los debates e invectivas entre políticos son espeluznantes: “Ud. forma parte de una organización criminal: el gobierno de España” (Miguel Tellado -PP- a la ministra Sara Aagesen -PSOE-). Feijóo convoca una manifestación para el domingo 8 de junio contra la “mafia” del PSOE. En estas condiciones, desde el momento cero, la Conferencia estaba abortada. ¿Culpable el PP? Honestamente pienso que sí, al menos, el culpable fundamental. ¿Que el PSOE tampoco hizo mucho por que resultase fructífera? También. A esto se le debe añadir el florero de siempre, Ayuso, que ya boicoteó la reunión antes de empezar. Esta mujer le va a impedir a Feijóo que llegue al gobierno. Al tiempo.

Lógicamente, el partido en el gobierno es el más visible en sus errores: sin presupuestos, con poca presencia en el Parlamento, con muy pocas ruedas de prensa, con pocas explicaciones reales. A veces, parece que hace la oposición a la oposición. Y, sin embargo, este Gobierno ha hecho muchas cosas positivas. Eso sí, siempre ninguneadas por el PP, que no se ha mostrado nunca como partido de gobierno. Una oposición sin proyecto ni alternativa. La muestra de que ninguno de los dos partidos convence al votante medio es que, según los sondeos más importantes, el criterio de los votantes cambia muy poco, a pesar del ruido mediático. Da la impresión de que los ciudadanos tienen más sentido común que los políticos.

Una de las causas del pobre nivel político español es la estructura imperante en los partidos políticos. Y en esto todos los partidos son prácticamente iguales. Son excesivamente endogámicos, el debate interno es inexistente, el poder de los dirigentes es oligárquico: el que manda manda y el resto no pinta nada; el nivel intelectual-político del militante medio es muy pobre; se confunde la política con el maniobrerismo: el más astuto es el mejor político; el bien común es un concepto escaso, priman más los intereses personales. Negro panorama el de unos partidos políticos que se han engordado demasiado tras el ayuno de 40 años de dictadura.

Y no hablamos de las instituciones, que son la madre del cordero en una sociedad democrática. Todo lo bueno y lo malo que le llega al ciudadano proviene de las instituciones públicas. Los partidos son un mero, pero imprescindible, instrumento para su configuración. Si los partidos se creyesen más su papel instrumental elegirían para su representación institucional a los mejores de sus filas, pues el buen funcionamiento institucional es el verdadero objetivo de una sociedad democrática. ¿Pasa eso? No. Más bien lo contrario. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 29 de mayo de 2025

JOSÉ MUJICA, UN POLÍTICO AUTÉNTICO



El 13 de mayo del año en curso moría José Mujica a los 89 años, expresidente de Uruguay y ex muchas otras cosas.

 

La muerte de Mujica cierra una vida que fue en si misma una lección de política, entendida ésta como compromiso y coherencia. Esto fue lo que hizo que un humilde presidente de un pequeño país destacara en un tiempo de desconfianza ciudadana hacia los liderazgos políticos. Mujica representó hasta el final de su vida esa autoridad que se gana, que no se impone. Lo que los clásicos llaman auctoritas o autoridad moral. Y que en el caso que nos ocupa la ejerció con su ejemplo personal, fuera de todo espectáculo político y de cualquier prebenda personal. Lo que decía y lo que hacía eran totalmente coherentes entre sí. Su ejemplo dignificó la política, que buena falta hace.

 

Pero no solo fue un ejemplo personal, sino que su acción de gobierno fue valiente y sin estridencias, con logros que quedarán para siempre: la legalización del aborto, el matrimonio igualitario, la regulación del mercado de la marihuana. Su objetivo siempre fue la igualdad y el bienestar para todos y el sufrimiento para nadie. Ése era su objetivo, aunque otra cosa fueran sus logros, que fueron buenos y malos como toda gestión humana, y más en él que no se tenía como gestor. Solía decir que gobernar bien era crear condiciones para un buen gobierno. Luego, había cosas que salían y otras que no.

 

La política que ejerció Mujica trasciende a su pequeño país y fue comentada y valorada por todo el mundo. Las entrevistas le llovían de todas partes, y realmente las aprovechaba bien. Una entrevista con Mujica era todo un tratado de buen gobierno, porque Mujica era culto; sus citas, implícitas y explícitas, eran variadas y profundas; sus selectivas lecturas también afloraban en sus palabras. De alguna manera, encarnaba al rey-filósofo de Platón, donde el poder era la herramienta para la impartición de la justicia y el conocimiento y no para para acarrear prebendas y beneficios propios.

 

Pero también era pragmático, siempre sintonizando con los sectores populares sin prescindir de sus convicciones existenciales. Pero no era pose teatral lo que hacía-decía, sino que era su forma de estar en el mundo. Él era así y no tenía que esforzarse para llamar la atención en Uruguay y en el mundo. Incluso cuando le preguntaban el porqué de su carisma, contestaba irónicamente que quizás se debiera a la medianía universal.

 

Su vida es casi un viaje propio de un personaje homérico: pobre de cuna, guerrillero de joven y menos joven, trece años de prisión y crueles torturas, participó en la vida política democrática y fue elegido presidente de su país. Sin embargo, él le imponía lógica al proceso externo pues era la misma lógica que tenía su proceso interno. Él era así y se manifestaba así y lo decía así. No es que no cometiera errores, pero también los explicaba y los admitía. Su coherencia admitía casi todo porque todo era humano. Y, recordando a Nietzsche, nada de lo humano le era ajeno.

 

Su evolución mental, intelectual y moral marca un proceso digno de estudio que, si, recordando a Wittgenstein, “el hombre es lo que habla”, este hombre es un portentoso ejemplo de filósofo autodidacta cuyo discurso político-moral tiene una fuerza digna de ser estudiada como referencia para todos los políticos. Su sencillez, su verdad intelectual y existencial, su fuerza política y moral, en definitiva, su autenticidad, muestran a un ciudadano cuya verdad política se basa en su fundamento moral. En Mujica hay, a la manera aristotélica, una estrecha relación entre la ética y la política, pues ambas son lo mismo, aunque la primera opera en el plano individual y la segunda en el plano social. Pero el hecho es que no hay ética sin política ni política sin ética. Ambas son obligatorias moralmente para el ciudadano.

 

Su verdad se basa en su existencia y en su moral. Los resultados de su acción política son aleatorios, mejores o peores en función de las circunstancias, pero la intencionalidad es la fuerza motriz que salva su política. “Yo me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo, pero estuve entretenido y le di un sentido a mi vida”, dijo en una entrevista. “La clave está en la moral”, solía repetir.

 

No eran los cambios materiales lo más importante sino el cambio cultural. El verdadero cambio está dentro de la cabeza. Decía un tanto irónico que “muchos que eran de convicción socialista emigraron hacia el capitalismo y después hay otros como yo que tratamos de administrar lo que podemos del capitalismo. Pero la solución no es el capitalismo; hay que encontrar otra cosa, otros caminos. Nosotros pertenecemos a esa búsqueda”

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 15 de mayo de 2025

9 DE MAYO, DÍA DE EUROPA



La vida de un ser humano merece la pena si tiene sentido, si tiene lógica, si trasciende su propia masa corpórea. De lo contrario, no deja de ser un mero cuerpo que no aporta nada a la humanidad y que se guía por la lógica de la mera supervivencia de las cosas u objetos inanimados. Lo mismo pasa con una sociedad, a la que da sentido su escala de valores, su proyecto político y su aportación al conjunto mundial.

 

El 9 de mayo de 1950, el ministro de Exteriores francés Robert Schuman pronunciaba un discurso sobre la búsqueda sincera de la paz mediante el reconocimiento mutuo y la cooperación con el prójimo. Ese es el punto de arranque del gran proyecto europeo, actualmente Unión Europea (UE) y ojalá en el futuro Estados Unidos de Europa. 

 

Si algo caracteriza a Europa es ser el origen de conceptos e ideas que trascienden su propio territorio. A pesar de ser el origen y el lugar de las dos guerras mundiales, que son propiamente europeas, aunque nuestro eurocentrismo las considere mundiales, Europa, ya desde Roma y especialmente desde el Renacimiento, ha ido forjando, aparte de una sociedad fuerte política y económicamente, una cultura de valores compartidos que han marcado la lógica y la esencia de un potente capital ético. Si hay dos términos que definen una sociedad de valores como la europea son: democracia y ética. De ahí derivarán otros conceptos como libertad, igualdad, diálogo, tolerancia…, valores todo ellos que se expandirán universalmente y que cristalizarán en los Estados de derecho que conocemos en la actualidad. Ciudadano es el concepto resultante de la evolución del contrato social que la modernidad europea inventó para el mundo. Concretamente en España, los españoles no recobramos la condición de ciudadanos desde la II República hasta nuestra Constitución de 1978, y la ampliamos como ciudadanos europeos con la entrada en Europa. La europeidad da sentido a un nuevo Estado de derecho que debemos fortalecer.

 

Actualmente, la guerra ha vuelto a Europa en Ucrania con la invasión rusa. Ante ello, Occidente está desunido. EEUU, hasta ahora el gendarme occidental frente a los imperios más orientales, ha abandonado a Europa como aliado prioritario. Y no solo eso, sino que le ha declarado la guerra, de momento económica, pero en el fondo es una estrategia contra el proyecto europeo de integración y fortalecimiento como potencia. Ya lo consiguió en parte con el brexit británico, trampa en la que los conservadores ingleses cayeron y ahora están arrepentidos. Incluso Trump se alía coyunturalmente con el imperio ruso frente a la UE, a la que ya ven como un rival de importancia creciente. La batalla que se está dando no es solo territorial, sino que los distintos nacionalismos, autoritarismos y neofascismos de diverso signo están peleando contra un proyecto político, el europeo, que defiende un Estado de derecho protector de libertades y derechos.

 

Por eso hay que defender Europa, su idea, su proyecto y todo lo que ello conlleva para sí y para el mundo. Todo lo progresista que existe en los foros internacionales lleva el sello europeo: las políticas verdes, la política migratoria (a pesar de sus muchos retrocesos, debidos a las dialécticas nacionales frente a los nuevos partidos de extrema derecha) y, sobre todo, la idea y la práctica de una democracia liberal que viene desde la modernidad europea del XVII y llega hasta nuestros días. Si a ello añadiésemos una mayor integración entre los 27 países de la UE, el proyecto europeo daría un salto de gigante.

 

En la actualidad, Europa se encuentra en una encrucijada que, si la aprovecha, podría suponer su mayoría de edad en términos democráticos, políticos y económicos, y su equiparación como gran potencia junto a otras (EEUU, China, Rusia). Para ello necesita de unos líderes que estén a la altura del momento y de una ciudadanía que los obligue a seguir la lógica y la ética que el proyecto político europeo nos demanda. Y no solo por el bien de Europa, que también, sino por el bien mundial como efecto derivado.

 

La superioridad moral de Europa sobre las otras potencias debe ir acompañada de otros factores económicos, políticos y tecnológicos. Solo así estaremos en situación de articular un proyecto de integración que garantice su independencia, seguridad, libertad y cohesión social. 27 países no hacen una potencia si no hay previamente una integración. De ahí la gran importancia de luchar contra todos los movimientos reaccionarios auspiciados por las otras grandes potencias, a las que no interesa una UE con estrategia única y fortaleza equiparable a la de ellos.

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

 

jueves, 1 de mayo de 2025

FRANCISCO, UN PAPA DIFERENTE

Por circunstancias de mi vida residí un año en Roma, y puedo manifestar, sin ningún género de dudas, que ese año fue la experiencia estética y vital más importante de mi vida. Si alguna vez me pierdo en mi entorno habitual, buscadme en Roma.

 

El acontecimiento mundial de estos últimos días ha sido la muerte y entierro del papa Francisco en la ciudad de Roma. Y el espectáculo que hemos podido ver por los distintos medios de comunicación ha sido de tal magnitud que mis ojos y mi mente no podían asumir tanta belleza. La belleza arquitectónica de la plaza de San Pedro, ejemplo perfecto de armonía monumental, con la cuádruple columnata de Bernini, las dos fuentes gemelas y el monumental obelisco marcando el epicentro, sumados a la imponente fachada de la catedral, componen un mosaico estético imposible de superar. Si a ello sumamos la belleza de la liturgia romana, con su colorido, sonoridad gregoriana y ritmo pleno de cadencias intemporales, el espectáculo es total. Al final del trayecto funerario aparecerá la sin par belleza de la basílica de Santa María la Mayor, con su espléndida columnata y el extraordinario artesonado de la nave central. En medio, el recorrido por algunos puntos icónicos de la maravillosa ciudad de Roma. En definitiva, un espectáculo estético de primerísima magnitud.

 

En otro orden de cosas, recomiendo una película (más bien un biopic) sobre el papa Francisco, de Wim Wenders. Se titula “El papa Francisco – Un hombre de palabra” (Movistar). Y traza un cierto paralelismo entre el citado papa y la figura de Francisco de Asís, del que toma su nombre como papa, en la importancia que ambos dan a su dedicación a los pobres, a los marginados y a la naturaleza. Se detecta la fascinación que Wenders por el papa Francisco a lo largo de dos entrevistas que le hace en vida y que plasma con una narrativa cinematográfica austera y eficaz.

 

Bien, y dejamos para el final de este artículo el perfil del papa argentino. Desde una perspectiva laica y respetuosa, agnóstica pero transcendente, hago también mi personal homenaje a un hombre que ha procurado a lo largo de los doce años que ha durado su papado un discurso de humanidad y solidaridad con los pobres y víctimas del mundo en que le ha tocado vivir. Este papa ha encarnado la conciencia moral e intelectual de toda la humanidad, denunciando con ímpetu los grandes desafíos y catástrofes que amenazan el futuro de este mundo que tantas agresiones concita: los pobres, los marginados, los migrantes, las víctimas inocentes de cualquier guerra económica (que son todas) y cualquier agresión que nuestro capitalismo salvaje acarrea a la naturaleza.

 

Me parece fuera de este análisis declarar a este papa como conservador o progresista, pues su discurso es totalmente transversal y no casa con este tipo de calificativos. Todos sus actos y manifestaciones han tenido un sesgo de solidaridad y compasión con los perdedores del mundo. Desde su primer viaje a Lampedusa y su siembra de flores sobre el mar Mediterráneo, auténtica tumba silenciosa de miles de migrantes ahogados, hasta sus visitas a cárceles y extrarradios marginales y sus desesperados gritos contra la cruel carnicería de Gaza, su papado ha sido un discurso de actos y gestos a favor de los perdedores y en contra de sus autores.

 

Que todo eso es un discurso retórico, puramente simbólico y que no cambia en nada la catastrófica realidad. Cierto. Que estos perdedores no han disfrutado de un cambio positivo en su situación. Cierto. Que su presencia ha sido un mero incordio, pero las estructuras vaticanas y eclesiásticas no han sufrido un cambio significativo. Cierto. Que la dogmática de la Iglesia no ha sido objeto de sus desvelos. Cierto. Que, en definitiva, todo han sido palabras y gestos sin traducción legislativa y/o canónica. Cierto.

 

Pero lo que nadie puede negar es que este papa ha dado esperanza a este mundo tan insolidario y cruento. Porque a la gente le gusta lo que este papa hacía y decía. Ha sido un discurso permanente escrito emocionalmente y plásticamente. Este papa ha demostrado que todo se puede hacer de otra manera, que el mundo puede organizarse de otra forma, y que todo empieza con una forma distinta de mirar y de sentir. Todo cambio es posible. Y si es posible, merece la pena intentarlo. Este papa ha encendido una chispa que puede dar lugar a un incendio mundial. Esa chispa estaba alimentada por armas sencillas, su humor argentino, su ironía, sus dudas y sus interrogantes en voz alta, su nula pretensión de epatar y deslumbrar. Solo por eso merece la pena su papado. Será una siembra a largo plazo. Lo veremos en las disputas del cónclave que elegirá a su sucesor. La línea que él ha trazado marcará más la perspectiva de futuro que muchos cambios teológicos o burocráticos. Seguramente porque ahora eran imposibles. Ha hecho lo que ha podido y lo ha hecho bien.

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

jueves, 17 de abril de 2025

REARME, SÍ O NO

 



En estos momentos del trumpismo-putinismo, dos imperialismos tienen atemorizados al mundo europeo que, de la noche a la mañana, ha entrado en una vorágine guerrera ante un temor, inexistente hasta ahora, de que Rusia podría atacar a la UE. La histeria ha llegado al extremo de invitar a los ciudadanos de la UE a tener preparado un kit de supervivencia personal para un mínimo de los tres primeros días en un hipotético ataque bélico. La guerra de Ucrania, aún sin desentrañar sus auténticas causas que provienen de la estructura territorial y política de la antigua URSS, ha sido la espita que ha disparado este ardor guerrero en la UE, que ha llegado a hablar de invertir una cantidad monstruosa de 800.000 millones de euros para ponerse en pie de guerra, aunque para jugar a pacifistas lo llamemos estrategia de defensa.

Cuando leemos sobre esta cuestión del rearme, podemos observar dos bandos: los partidarios del rearme y los pacifistas. También podríamos llamarlos realistas e ingenuos. Pero la verdad no es absoluta y además de relativa es poliédrica. Como diría el clásico, la situación es confusa, profusa y difusa. Yo estoy convencido de que, al menos en España, la mayor parte de la ciudadanía está por la paz, que tan bien le ha sentado a la España democrática, especialmente desde su entrada en Europa en el año 1986. Por eso mismo, ese nominalismo que el presidente Sánchez intenta establecer de hablar de seguridad en lugar de rearme, no es ninguna tontería. Porque no es lo mismo seguridad que rearme, ni defensa que guerra. Independientemente de que el presidente español sepa perfectamente que quien lleve al parlamento una inversión monstruosa para comprar armas o vaya en plan guerrero, que se despida de su futuro político. Porque la clave electoral de cualquier acción política es siempre causa motriz de su acción.

Ignoro la psicología social de otros países, pero España no aprobaría hoy la entrada en un conflicto armado. ¡Buen siglo XX hemos padecido! Por lo tanto, me parece inteligente hablar de seguridad y no de rearme, y de defensa y no de guerra.  Además, la UE necesita, antes que comprar o producir armamento en magnitudes planetarias, tomar una serie de decisiones que van desde depurar algunos conceptos teóricos hasta establecer una tipología de armamento común y/o complementario entre todos los países de la UE, y adoptar de una vez para siempre estructuras de mando, militares y civiles, únicas y comunes a toda la UE. Aparte de responder un interrogante mayúsculo previo, ¿qué hacemos con la OTAN? Porque en esto tiene razón el autócrata Trump, Europa ha tenido gratis el paraguas de la OTAN financiado por EEUU. Eso sí, con un montón de hipotecas que no vienen al caso. ¿Vamos a inventar la OTAN 2 sin los EEUU? No sería ninguna tontería que la UE diese un paso de gigante, aprovechando la situación geoestratégica actual en el mundo, y caminase hacia su sueño inicial de la configuración de los Estados Unidos de Europa. Pero eso es política con mayúsculas. Podría ser una oportunidad de oro. En un artículo reciente, Habermas decía que una fuerza militar disuasoria en la UE podría aprobarse solo con un paso adelante en la integración europea.

Pero me quedo con mal gusto de boca si solo uso argumentos de tipo práctico. Si seguimos la lógica de los realistas armamentistas nunca habrá paz. Y armarse en cantidades industriales y sin previos en línea con la integración europea, es seguir esa lógica. Claro que hay que hablar de todo, pero antes que de guerra hay que hablar de política, de diplomacia y de muchas cuestiones relacionadas con la defensa europea que tengan ese doble uso tecnológico, militar y civil: todos los trenes con ancho europeo, vías rápidas que conecten toda la UE, digitalización empresarial de doble uso, estructura de mando unificado, complementariedad técnica entre todos los países… En fin, puede aprovecharse el momento antieuropeo del imperialismo ruso-estadounidense para hacer una Europa más integrada y fuerte. Porque, en el fondo, se trata de eso, de abortar la integración europea, de que esa civilización ilustrada y defensora de los derechos humanos no se imponga al capitalismo cutre de Trump y el imperialismo trasnochado de un espía que aún sueña con reinventar la URSS.

A riesgo de repetirme, hay que recurrir a Kant y su obra Sobre la paz perpetua, en la que el origen de las relaciones humanas, de la política humana y del derecho humano no es la supuesta necesidad de la guerra, sino el ideal de la paz. Porque, aunque la realidad de nuestro mundo es brutal, debemos someternos a leyes cuyo ideal sea la paz, porque solo así conseguiremos que esta siga siendo posible, a pesar de todo. Según la advertencia de Kant, el destino de una humanidad que no se mantenga fiel al ideal de la paz será inevitablemente la destrucción. Y estamos hablando en el siglo XVIII.

Más filosofía (y más política y más diplomacia) y menos rearme.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 3 de abril de 2025

INFANTICIDIO EN GAZA

 



Martes 18 de marzo de 2025, Israel bombardea Gaza por enésima vez. Más de 400 muertos. De ellos 130 niños. Y ya van más de 50.000 palestinos muertos. Sin contar los varios miles de cadáveres bajo los escombros. Un responsable de la ONU afirmó que en los cuatro primeros meses de guerra en Gaza murieron más niños que en el resto de las guerras del mundo en cuatro años.

La asepsia de unas palabras y unos números esconden y distancian el horror y la mayor crueldad posible de un ser humano: Netanyahu.  Hay que poner nombre al horror. De lo contrario, nos olvidamos y parece que la crueldad humana no existe.

¿Cuánto vale una vida humana? Depende de quién sea y de dónde sea. No es lo mismo que sea estadounidense, español, africano, de Afganistán o de Gaza. Es como si algunos nacieran para ser solo estadística mortal.

Pero las palabras también discriminan. No es lo mismo muertos que asesinados. Y lo de Gaza son asesinatos. Y si son niños, y si un niño muerto es el contenido de una fotografía en primer plano, entonces tu cuerpo tiembla, tus ojos brillan y las lágrimas se escapan. Y piensas en tu nieto. Entonces esa muerte alcanza para mí un valor infinitesimal. Y quizás sería capaz de devolver esa acción. Y piensas en los gazatíes, y piensas en Hamás, y piensas en esos secuestros y muertes de judíos, que no justificas, pero que, pensando en tu nieto, sí que comprendes.

Po eso escribo hoy así, con las tripas. Porque hay muertos próximos y lejanos, propios y ajenos, conocidos y anónimos, llorados y olvidados. Ese asesino, Netanyahu, tiene nombre propio y de su mente y de su voluntad surgen tan viles asesinatos. Ese nombre, Netanyahu, jamás debe ser olvidado de cualquier memoria de un ser humano mínimamente decente. Y que el asesino pague. Porque así podrán evitarse futuros asesinatos. Porque la impunidad genera más asesinatos y más horrores. Acabemos con la impunidad. Que funcione el Tribunal Penal Internacional. Y pensar que ese tal Netanyahu es heredero de las víctimas de los campos de concentración nazis. Esos campos, tras cuya existencia Primo Levi dijo que ya no podría haber poesía.

Y los palestinos ¿cómo pueden aguantar? Sí, ya sé que Hamás comete asesinatos terroristas. Cuestión que no justifico, aunque sí puedo llegar a comprender. No lo justifico porque ¿para qué?  ¿para justificar a Netanyahu? Estos últimos días, la prensa ha informado de que, por fin, los palestinos se han manifestado contra Hamás. Cerremos el círculo vicioso que ampara tanto infanticidio y tanto asesinato. Pero los niños palestinos no solo mueren, muchos quedan heridos gravemente. Unicef calcula que entre 3.000 y 4.000 de ellos tienen al menos un miembro amputado.

En esos mismos días EEUU bombardea Yemen. Ucrania sigue en guerra, mientras Trump y Putin juegan al póker a ver quién gana más en esa apuesta. ¿Cuántos muertos ucranianos van ya? ¿y rusos? ¿800.000 + 1 millón? Palabras, números, muertos lejanos, muertos anónimos, estadísticas… ¿Por qué? ¿Para qué?

Y Occidente sigue impertérrito a estas masacres. Ahora parece que piensan que también ellos pueden ser agredidos, y que, entonces, los muertos podemos ser nosotros, nuestros hijos, los nuestros. Y parece ser que nos toca rearmarnos ¿Por qué y para qué? ¿Es esa la solución? Me resisto a pensarlo, aunque pase a formar parte del grupo de los ingenuos y de los buenistas.

Además, una cosa es poner dinero y armas, y otra muy distinta es poner los muertos. No sé en otros países, pero en España, por suerte, ya no hay guerreros. Por no haber no hay ni mili. Que, por cierto, la suprimió un tal Aznar, uno de los machotes que invadió Irak, otro caso ya olvidado: un país industrializado y moderno, cuarta potencia mundial en producción de petróleo, invisibilizado de un día para otro. ¿Se trataba de eso?

¿Y la ONU? Ese gran invento, surgido tras la 2ª Guerra Mundial, para evitar más guerras. Refórmese ya. Que tenga poder ejecutivo, que la toma de decisiones sea operativa y no un paripé escenográfico, inoperante, hipócrita y estéril. Más que rearme hay que pelear para hacer una ONU operativa, un gobierno mundial con poder decisorio. Eso dijo en el XVIII un ilustre e ilustrado ingenuo, Kant: no habrá paz en el mundo hasta que no haya un gobierno mundial. ¡Claro que sirve la filosofía! Menos rearme y más filosofía.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 20 de marzo de 2025

LA COTIDIANEIDAD Y LA CONTEMPORANEIDAD

 


En la actualidad, si uno quiere ejercer de persona contemporánea (obligación antropológica), estando medianamente informado, y participar mínimamente del debate público, corre el riesgo de terminar exhausto al final de cada día. Los asuntos son muchos y variados, los enfoques son también diversos, las perspectivas y los intereses son muy distintos, inclusos opuestos. Y lo más confuso todavía es que entre lo que los políticos piensan y lo que dicen hay una gran diferencia, pues la apariencia cotiza más que el ser y los medios retratan al personaje público más que su propia entidad personal, que, por si acaso, permanece oculta. La política, en estos momentos, es más propaganda que comunicación fidedigna de los objetivos a conseguir.

 Si intentamos hacer un listado de asuntos calientes de la actualidad, veremos que se extiende excesivamente, aún sin citar los conflictos más lejanos a nuestra curiosidad occidental (léase África, por ejemplo). Pero no acaba ahí la cosa, porque la política de alianzas e intereses cambia cada muy poco tiempo y cuando aparecen especímenes singulares e influyentes (Trump), que gobiernan a golpe de tuits caprichosos y lo privado se impone sobre lo público, entonces las neurosis de nuestras percepciones y pensamientos pueden estallar.

 De ahí el título de este artículo. Refugiarse en la cotidianeidad, al menos por un tiempo, puede ser una solución oxigenante y salvífica. En estos momentos, yo al menos, necesito respirar y desentrañar todos los hilos de esta maraña que nos envuelve y amenaza con asfixiarnos. Los interrogantes se imponen sobre las respuestas y las dudas sobre las seguridades. Nuestras opiniones son como cañas movidas por los vientos de cada día y su base de confort dura lo que dura el efecto de la última noticia.

 Se me ocurre pensar que, si prestamos un poco más de atención a nuestra cotidianeidad, podremos apreciarla mejor y disfrutar del bienestar que nos ofrece. La RAE define la cotidianidad como “la característica que distingue lo que es rutinario o común de todos los días”. Si acampamos en la cotidianeidad, observaremos que es un ámbito donde no pasa nada especial ni extraordinario. Se trata de miles de gestos, de acciones imperceptibles, ritualidades, saludos, funciones y tareas de cada día… que constituyen lo cotidiano. Aunque no hay que confundir lo cotidiano con lo rutinario, que es trivial e insignificante. Lo rutinario está incluido en lo cotidiano, que es mucho más amplio y rico.

 Pues bien, esta es mi tentación en estos momentos. Pero sé que no habrá transcurrido mucho tiempo en que la contemporaneidad y el compromiso existencial y antropológico me exigirán volver a las andadas e intentar desentrañar los signos de los tiempos para clarificar e intentar influir, más bien poco, lo sé, en el entorno de mi existencia.

 Hace pocos días, en Roma hubo una concentración de cincuenta mil personas de casi todos los credos e ideologías, con una sola reivindicación: Europa es nuestra patria. La única bandera visible era la de Europa y todas las intervenciones giraban sobre la misma idea: Europa como realidad a confirmar frente a los imperialismos actuales y la ausencia de lógica en el mundo actual. Ejemplo a seguir. Otro caso que yo siempre recuerdo es la derrota del mayor ejército del mundo (EEUU) en un pequeño país asiático (Vietnam) en la década de los años sesenta del siglo pasado. La clave de ese resultado final no fueron las armas ni las tácticas militares, sino los múltiples actos, manifestaciones y declaraciones a favor de Vietnam en todo el mundo y durante mucho tiempo. La opinión cuenta y los pequeños gestos suman.

 Al final, siempre se impone la síntesis. Siempre he pensado, supongo que por influencia de Hegel y Marx, que la historia avanza a base de síntesis. Los elementos aparentemente contradictorios (tesis y antítesis) se autoalimentan y se enriquecen en la oposición entre si, dando lugar a una situación nueva, alumbrada por elementos anteriores que se complementan y dan lugar a algo nuevo que denominamos síntesis, que, a su vez, se convierte en la tesis del movimiento siguiente. En el fondo es la energía que fluye y con la que hay que estar conectados para no dejar de ser contemporáneos. Y la contemporaneidad exige de nuestro compromiso, pequeño o grande. Pues ahí estamos, desde la cotidianeidad a la contemporaneidad.

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 6 de marzo de 2025

TRUMP Y EUROPA ANTE UCRANIA

 


Es evidente que Trump es el personaje del momento. Y de alguna manera, tiene su lógica, pues, de aquello que podemos conocer en la distancia, se adapta perfectamente a los tiempos líquidos que vivimos y a la superficialidad que nos rodea. La política es ya pura propaganda.

Acabo de leer un discurso reciente de Jeffrey Sachs en el Parlamento Europeo sobre la política estadounidense desde hace 30 años. Me ha puesto la carne de gallina. Tanta sinceridad y tanta claridad en desmontar la política exterior y la manipulación estadounidense te hace entender mucho mejor lo que ha pasado y lo que está pasando. Y lo que sí se entiende mucho mejor es el papel de Ucrania y la extensión de la OTAN hacia el Este europeo.

Trump, con su visceralidad congénita y su arrogancia multimillonaria, acaba de decidir que va a acabar con la guerra de Ucrania. ¡Ojalá! El papel de Europa puede ser aquí realmente ridículo si pretende convertirse de la noche a la mañana en una potencia bélica con el pretexto de “frenar a Rusia”. Porque si de modificar fronteras a la fuerza nos escandalizamos, qué es lo que ha estado haciendo Estados Unidos toda su vida en Sudamérica, en Palestina, en África, etc.

Europa tiene que dejar de bailar solo con EEUU y debe empezar a bailar también con Rusia y con China. El problema de Ucrania es mucho más complejo que esa historia de un pobre país (Ucrania) invadido por una gran potencia (Rusia). Obviando toda la política de EEUU de ampliar la OTAN hacia el Este europeo, ahogando el “ansia imperialista” de Rusia.

Desde que a Gorbachov se le juró y perjuró que, tras su faena de dinamitar la URSS, la OTAN permanecería fiel a su estricta vocación defensiva y no se extendería hacia el Este, en los países limítrofes con Rusia no han parado de ocurrir guerras y modificación de fronteras. Recuérdese la guerra de Yugoeslavia con tantas modificaciones de fronteras, mientras, por el contrario, Alemania se reunifica.

Ucrania, que es en lo que estamos ahora, ha tenido muchos conflictos internos por la intervención, directa o indirecta de EEUU y por la innegable expansión imperialista de Rusia. No dejan de ser coletazos de la guerra fría. Por eso, si Trump, por razones que no están claras, o al menos yo no las percibo, intenta acabar con esta guerra, bienvenido sea. Europa debería jugar un papel importante en esta paz posible y colaborar en la configuración de una geoestrategia más justa y posible en estos momentos. Europa no tiene por qué estar a la contra de Rusia ni de China ni de EEUU, sino que debe empezar a jugar un papel de gran potencia como una unidad de 450 millones de habitantes que constituyen el mercado económico más importante del mundo.

Europa debe empezar a dejar cierto romanticismo ilustrado y convertirse en mayor de edad, para lo bueno y para lo malo. Parece ser que Trump, en cierto modo, ha declarado la guerra a Europa. Si se cumple la amenaza de EEUU de los aranceles a los productos europeos, o es una amenaza mafiosa para otros fines no confesables, Europa no debe limitarse solo a contrarrestar con otros aranceles propios, sino que debe empezar a situarse en una posición de gran potencia frente/con EEUU, Rusia y China. Si Trump suprime la ayuda militar a Ucrania y Europa prosiguiera con su exiguo poder armamentista, sería el auténtico perdedor de una guerra imposible de ganar por parte de Ucrania. Porque Ucrania acabará, y sería lo mejor, como una zona de seguridad entre el Oeste y el Este. Cuanto antes se vea esto claro, antes se acabará la guerra. No será el último país de la antigua URSS que modifique sus fronteras.

Es curioso que, ante nuestras narices, esté desapareciendo otro país, Palestina, y Europa prácticamente no ha dicho ni mu. La conexión Netanyahu-EEUU, no solo con Trump, también con los presidentes anteriores, parece imbatible, teórica y prácticamente, para Europa. Y eso es mucho más peligroso que lo que acaece en Ucrania. Aunque la propaganda nos diga otra cosa.

Concluyo. Europa debe trabajar más en persuadir a Trump que una paz sostenible en Ucrania solo será posible con EEUU, Rusia, Europa y la ONU en la mesa de negociaciones. A eso debe dedicar Europa sus esfuerzos.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

viernes, 21 de febrero de 2025

50 AÑOS SIN FRANCO

 





Este es el título del programa de actos que el Gobierno de España está celebrando durante el año 2025 para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Franco.  Manifiesta con ello que la muerte del dictador es el momento cero desde el que arranca nuestro Estado democrático. Como los españoles somos de mucho discutir, enseguida salió a la palestra si es ese el punto de partida indicado o si es 1977, año de las primeras elecciones generales en libertad, o si 1978, año de la aprobación de la Constitución Española, o 1979, primeras elecciones generales plenamente democráticas, o 23 de febrero de 1981, superación del golpe de Estado del 23-F.

 

En mi opinión, y respetando todos los gustos, el año 1975 me parece un punto de partida perfectamente válido, pues la muerte de Franco es el momento y condición sine qua non para que el proceso de recobrar las libertades democráticas perdidas con el golpe de Estado de 1936 comience a andar.

 

Los cuarenta años de dictadura, añadidos a los tres de Guerra (in)Civil, fueron una prueba de fuego para la sociedad española, incluidos aquellos españoles que pensaban que eran afortunados. Grave error, pues una dictadura proveniente de un golpe de Estado contra un régimen legal y legítimo, como fue la II República española, nunca es bueno para nadie. Por cierto, que entre los que más sufrieron la dictadura franquista están los militantes de todos los grupos de izquierda: anarquistas, comunistas, maoístas, socialistas …, pero si algún partido puede representar mejor que nadie la lucha antifranquista, ese fue el PCE. No sobraría durante este año, un reconocimiento público al PCE, independientemente de los posicionamientos políticos de cada uno. Su sacrificio y su coste en vidas y sufrimientos bien lo merece. No hay que identificar a los comunistas españoles con el totalitarismo dictatorial y asesino de Stalin. Si acaso, al principio de su existencia, cuando la URSS fue un espejismo para muchos. Y Carrillo fue un personaje clave en el advenimiento de la democracia española.

 

Entre los objetivos que debería tener este año de celebración deberían estar fundamentalmente los jóvenes, pues tienen el peligro de pensar que esto de la democracia es algo gratuito que viene de la nada, por simple nacimiento dentro de unas coordenadas espacio-temporales que les ha caído en suerte. Pues no, y los mayores deberíamos dedicar algo de nuestro tiempo a explicar a los más jóvenes algo de la génesis de esta democracia, sin miedo a caer en batallitas de abuelo cebolleta ni a resucitar enfrentamientos fratricidas ni sectarios. La verdad histórica, con sus precedentes y sus consecuencias, no tiene por qué ofender a nadie. Ni nadie tiene que sentirse culpable por proximidad familiar a unos u otros. Incluso muchos de los combatientes en el bando fascista lo fueron por puro azar geográfico, cronológico o laboral.

 

Especialmente los jóvenes son hijos de la democracia española que brota de la Constitución de 1978 y que algunos de sus mayores peleamos y pusimos nuestro granito de arena para su advenimiento. Actualmente, en sondeos rigurosos, parece ser que un gran porcentaje de jóvenes, acostumbrados a gobiernos democráticos y a una sociedad madura y avanzada, no valora en su justa medida la situación que han heredado. Y van a la contra de sus mayores, haciendo la ola a Vox y similares, por eso de ir en contra de la situación establecida (propio de jóvenes, dirán algunos). Como si eso fuera condición de modernos. Pues no, eso, aparte de un error científico, es un error histórico propio de una sociedad acrítica, bastante huérfana de valores democráticos y con una instalación acomodaticia de los mayores de la tribu, que no somos capaces de mostrar el hilo histórico y procesual de nuestro país. Alguna razón de ello la tiene el fracaso del 11-M y la responsabilidad política correspondiente.

 

Y lo peor aún es que, en el mundo occidental, ese que creíamos el más civilizado, ilustrado y democrático, esas fuerzas ciegas de la ultraderecha, nacidas en los aledaños de una derecha revanchista, cada día son más numerosas e influyentes. Estamos, pues, en un momento de fuerte crisis interna y externa. Con el emperador Trump como jefe máximo de la economía y del poder militar, no estamos para trivialidades. Debemos retomar nuestro orgullo europeo, proveniente de la Ilustración (inglesa y francesa), y volver a indicar el horizonte humanista y progresista que nos hizo merecedores de los mejores años de la humanidad. Eso sí, teniendo en cuenta que el cambio de paradigma mundial por el giro estadounidense es brutal.

 

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

jueves, 6 de febrero de 2025

TRUMP vs EUROPA



Sobre TRUMP se ha dicho de todo: epítetos tan descalificatorios que da vergüenza escribirlos. Y tan impropios del mandatario mundial más poderoso, que uno piensa si no serán artimañas del nuevo marketing de la época. Es imposible que Trump sea tan inculto y tan primario como nos dan a entender. Lo que sí parece cierto es que es un nacionalista trasnochado en un mundo globalizado. Aunque su nacionalismo sea en la nación más poderosa del planeta. Intentaremos analizar algunas cuestiones relativas a Trump que nos afecten en nuestro rincón de Europa.

 

La llegada de Trump, por segunda vez, a la Casa Blanca va a modificar la escena internacional en todos sus aspectos. La geoestrategia mundial ya está cambiando a los pocos días de su toma de posesión. Es indudable que los Estados Unidos de América es, todavía, la primera potencia del mundo, aunque China esté muy cerca de ella. Como señaló un reciente informe del think tank International Crisis Group, “el mundo parece abocado a un cambio de paradigma. La cuestión es si ocurrirá en mesas de negociación o en campos de batalla”.

 

El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda, amenazas y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más concretamente en la UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que habrá que poner en marcha de manera acelerada, con una visión política que nos vaya dirigiendo a la configuración de la vieja idea de Delors de los Estados Unidos de Europa. Si hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y sus decisiones iban encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en adelante es urgente y necesario que la proa política dirija los pasos de sus actos y decisiones.

 

La cosmovisión de Trump sobre el mundo en general y Occidente en particular, nos va a obligar, para bien y para mal, a un análisis DAFO de urgencia. Los próximos cuatro años van a suponer un test de resistencia para la Unión Europea. Casualmente ha coincidido la reunión anual de Davos con la toma de posesión de Trump. La vieja globalización económica que se iba a traducir en una gobernanza global de un mundo más pacífico y próspero, ha recibido un golpe que puede ser mortal de necesidad, si al huracán Trump no se le encauza hacia nuestros intereses.  O nuestros intereses europeos se concilian con los de EEUU. En cualquier caso, la UE debe funcionar como un solo ente y no como 27 países. En concreto, en el ámbito de Defensa, independientemente de cuál sea nuestro pensamiento, no pueden existir 27 presupuestos y estrategias, sino que debe ser una sola UE la que rentabilice y planifique sus recursos de una manera armónica y única. Actualmente, operar desde 27 compartimentos estancos conduce a la ineficiencia de nuestros recursos.

Ya no vale con esa especie de optimismo cósmico que Europa siempre se ha aplicado a sí misma: somos los mejores, los más cultos, los más civilizados, y siempre hemos salido adelante. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca amenaza con revolucionar unas relaciones internacionales ya sacudidas por la invasión rusa de Ucrania y la tensión que no ha finalizado aún en el Oriente Próximo. Añádase Siria, Irán, y todas las guerras africanas que ni las nombramos. Todo apunta a profundos cambios en conflictos, alianzas, comercio, lucha contra el cambio climático y, en definitiva, en el futuro de la democracia. Política, economía, comercio y poder militar son los cuatro vectores que hay que cultivar y gestionar de una manera integrada por parte de la UE. La Unión Europea podría tener un importante papel como promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de Trump.  Podría representar cierto protagonismo en la estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a los valores democráticos, aspectos negados por Trump.

Pero hay que confiar en la fortaleza de la democracia estadounidense. Su sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado ejemplo en dos sentencias federales que han echado abajo dos decretos de urgencia del emperador Trump. Todos los epítetos que se han dicho hasta la saciedad de Trump son excesivamente hiperbólicos como para ser reales en la práctica política. Por ejemplo, los famosos aranceles a diversos países, que ya han creado un caos en las bolsas, son impuestos de ida y vuelta, encarecerán los productos a los propios americanos, generará inflación y supondría la quiebra del mercado internacional. ¿Todo esto es posible? Sí en un principio, pero dudo que dure mucho tiempo sin llegar a una solución más o menos compartida. O también pueden ser un chantaje mafioso para otro beneficio. En cualquier caso, va a ser (ya está siendo) China el factor de equilibrio en el mercado internacional.

Mariano Berges, profesor de filosofía