Sobre TRUMP se ha dicho de todo: epítetos tan descalificatorios que da vergüenza escribirlos. Y tan impropios del mandatario mundial más poderoso, que uno piensa si no serán artimañas del nuevo marketing de la época. Es imposible que Trump sea tan inculto y tan primario como nos dan a entender. Lo que sí parece cierto es que es un nacionalista trasnochado en un mundo globalizado. Aunque su nacionalismo sea en la nación más poderosa del planeta. Intentaremos analizar algunas cuestiones relativas a Trump que nos afecten en nuestro rincón de Europa.
La llegada de Trump, por segunda vez, a la Casa Blanca va a modificar la
escena internacional en todos sus aspectos. La geoestrategia mundial ya está
cambiando a los pocos días de su toma de posesión. Es indudable que los Estados
Unidos de América es, todavía, la primera potencia del mundo, aunque China esté
muy cerca de ella. Como señaló un reciente informe
del think tank International Crisis Group, “el mundo parece
abocado a un cambio de paradigma. La cuestión es si ocurrirá en mesas de
negociación o en campos de batalla”.
El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro
inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda, amenazas
y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más concretamente en la
UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que habrá que poner en
marcha de manera acelerada, con una visión política que nos vaya dirigiendo a la
configuración de la vieja idea de Delors de los Estados Unidos de Europa. Si
hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y sus decisiones iban
encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en adelante es urgente y
necesario que la proa política dirija los pasos de sus actos y decisiones.
La cosmovisión de Trump sobre el mundo en general y Occidente en
particular, nos va a obligar, para bien y para mal, a un análisis DAFO de
urgencia. Los próximos cuatro años van a suponer un test de resistencia para la
Unión Europea. Casualmente ha coincidido la reunión anual de Davos con la toma
de posesión de Trump. La vieja globalización económica que se iba a traducir en
una gobernanza global de un mundo más pacífico y próspero, ha recibido un golpe
que puede ser mortal de necesidad, si al huracán Trump no se le encauza hacia
nuestros intereses. O nuestros intereses
europeos se concilian con los de EEUU. En cualquier caso, la UE debe funcionar
como un solo ente y no como 27 países. En concreto, en el ámbito de Defensa,
independientemente de cuál sea nuestro pensamiento, no pueden existir 27
presupuestos y estrategias, sino que debe ser una sola UE la que rentabilice y
planifique sus recursos de una manera armónica y única. Actualmente, operar
desde 27 compartimentos estancos conduce a la ineficiencia de nuestros
recursos.
Ya no vale con esa especie de optimismo cósmico que
Europa siempre se ha aplicado a sí misma: somos los mejores, los más cultos,
los más civilizados, y siempre hemos salido adelante. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca amenaza
con revolucionar unas relaciones internacionales ya sacudidas por la invasión
rusa de Ucrania y la tensión que no ha finalizado aún en el Oriente Próximo. Añádase
Siria, Irán, y todas las guerras africanas que ni las nombramos. Todo apunta a
profundos cambios en conflictos, alianzas, comercio, lucha contra el cambio
climático y, en definitiva, en el futuro de la democracia. Política, economía,
comercio y poder militar son los cuatro vectores que hay que cultivar y
gestionar de una manera integrada por parte de la UE. La Unión Europea podría tener un importante papel como
promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de Trump. Podría representar cierto protagonismo en la
estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a los
valores democráticos, aspectos negados por Trump.
Pero hay que confiar en la fortaleza de la democracia estadounidense. Su
sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado ejemplo en dos
sentencias federales que han echado abajo dos decretos de urgencia del
emperador Trump. Todos los epítetos que se han dicho hasta la saciedad de Trump
son excesivamente hiperbólicos como para ser reales en la práctica política.
Por ejemplo, los famosos aranceles a diversos países, que ya han creado un caos
en las bolsas, son impuestos de ida y vuelta, encarecerán los productos a los
propios americanos, generará inflación y supondría la quiebra del mercado
internacional. ¿Todo esto es posible? Sí en un principio, pero dudo que dure
mucho tiempo sin llegar a una solución más o menos compartida. O también pueden
ser un chantaje mafioso para otro beneficio. En cualquier caso, va a ser (ya
está siendo) China el factor de equilibrio en el mercado internacional.
Mariano Berges, profesor de filosofía

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