Es evidente que Trump es el personaje del momento. Y de alguna manera, tiene su lógica, pues, de aquello que podemos conocer en la distancia, se adapta perfectamente a los tiempos líquidos que vivimos y a la superficialidad que nos rodea. La política es ya pura propaganda.
Acabo de leer un
discurso reciente de Jeffrey Sachs en el Parlamento Europeo sobre la política
estadounidense desde hace 30 años. Me ha puesto la carne de gallina. Tanta
sinceridad y tanta claridad en desmontar la política exterior y la manipulación
estadounidense te hace entender mucho mejor lo que ha pasado y lo que está
pasando. Y lo que sí se entiende mucho mejor es el papel de Ucrania y la
extensión de la OTAN hacia el Este europeo.
Trump, con su
visceralidad congénita y su arrogancia multimillonaria, acaba de decidir que va
a acabar con la guerra de Ucrania. ¡Ojalá! El papel de Europa puede ser aquí
realmente ridículo si pretende convertirse de la noche a la mañana en una
potencia bélica con el pretexto de “frenar a Rusia”. Porque si de modificar
fronteras a la fuerza nos escandalizamos, qué es lo que ha estado haciendo
Estados Unidos toda su vida en Sudamérica, en Palestina, en África, etc.
Europa tiene que dejar
de bailar solo con EEUU y debe empezar a bailar también con Rusia y con China.
El problema de Ucrania es mucho más complejo que esa historia de un pobre país
(Ucrania) invadido por una gran potencia (Rusia). Obviando toda la política de
EEUU de ampliar la OTAN hacia el Este europeo, ahogando el “ansia imperialista”
de Rusia.
Desde que a Gorbachov
se le juró y perjuró que, tras su faena de dinamitar la URSS, la OTAN
permanecería fiel a su estricta vocación defensiva y no se extendería hacia el
Este, en los países limítrofes con Rusia no han parado de ocurrir guerras y
modificación de fronteras. Recuérdese la guerra de Yugoeslavia con tantas
modificaciones de fronteras, mientras, por el contrario, Alemania se reunifica.
Ucrania, que es en lo
que estamos ahora, ha tenido muchos conflictos internos por la intervención,
directa o indirecta de EEUU y por la innegable expansión imperialista de Rusia.
No dejan de ser coletazos de la guerra fría. Por eso, si Trump, por razones que
no están claras, o al menos yo no las percibo, intenta acabar con esta guerra,
bienvenido sea. Europa debería jugar un papel importante en esta paz posible y
colaborar en la configuración de una geoestrategia más justa y posible en estos
momentos. Europa no tiene por qué estar a la contra de Rusia ni de China ni de
EEUU, sino que debe empezar a jugar un papel de gran potencia como una unidad
de 450 millones de habitantes que constituyen el mercado económico más
importante del mundo.
Europa debe empezar a
dejar cierto romanticismo ilustrado y convertirse en mayor de edad, para lo
bueno y para lo malo. Parece ser que Trump, en cierto modo, ha declarado la
guerra a Europa. Si se cumple la amenaza de EEUU de los aranceles a los
productos europeos, o es una amenaza mafiosa para otros fines no confesables,
Europa no debe limitarse solo a contrarrestar con otros aranceles propios, sino
que debe empezar a situarse en una posición de gran potencia frente/con EEUU,
Rusia y China. Si Trump suprime la ayuda militar a Ucrania y Europa prosiguiera
con su exiguo poder armamentista, sería el auténtico perdedor de una guerra
imposible de ganar por parte de Ucrania. Porque Ucrania acabará, y sería lo
mejor, como una zona de seguridad entre el Oeste y el Este. Cuanto antes se vea
esto claro, antes se acabará la guerra. No será el último país de la antigua
URSS que modifique sus fronteras.
Es curioso que, ante
nuestras narices, esté desapareciendo otro país, Palestina, y Europa
prácticamente no ha dicho ni mu. La conexión Netanyahu-EEUU, no solo con Trump,
también con los presidentes anteriores, parece imbatible, teórica y
prácticamente, para Europa. Y eso es mucho más peligroso que lo que acaece en
Ucrania. Aunque la propaganda nos diga otra cosa.
Concluyo. Europa debe
trabajar más en persuadir a Trump que una paz sostenible en Ucrania solo será
posible con EEUU, Rusia, Europa y la ONU en la mesa de negociaciones. A eso
debe dedicar Europa sus esfuerzos.
Mariano
Berges, profesor de filosofía

No hay comentarios:
Publicar un comentario