viernes, 18 de octubre de 2024

EL PENSAMIENTO Y LA POLÍTICA

 




A pesar de que son famosos algunos pensadores sobre la política (Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Marx, MaxWeber…), lo cierto es que la realidad es mucho más prosaica, los pensadores y la política nunca se han llevado muy bien. El sentido de inmediatez de la política no casa bien con la quietud del pensamiento. Es inmensa la lista de los pensadores que han fracasado en política. Y viceversa, a pocos políticos se les ha sorprendido con un pensamiento en la mente, y menos aún, expresándolo. Sería descabalgado inmediatamente. En política se llevan más los estrategas, o mejor dicho, los tacticistas. Incluso los ideólogos (es distinta la ideología al pensamiento) se van también extinguiendo.

Pensar, reflexionar, filosofar, es una manera de entender el mundo y estar en él, cultivando la acción racional, dudando y juzgando con imparcialidad. Y con esos mimbres, ¿qué pensar sobre lo que está ocurriendo en este nuevo milenio? Inseguridad, inestabilidad, populismos ineficaces y democracias en peligro. En definitiva, se trata de una regresión del Estado de bienestar, que se plasma en el deterioro de la sanidad, educación y servicios sociales. En este sentido, hay una cierta contradicción, pues el bienestar está más extendido que nunca en el mundo, aunque las diferencias en el disfrute de ese bienestar son mayores que nunca, pues también las expectativas son mayores que nunca. Son las democracias del primer mundo las que están en crisis, pues los nuevos fascismos no son Hitler, Mussolini o Franco, sino una demagogia populista que se apodera de las instituciones y de la mentalidad social. A veces, las llamamos identidades, nacionalismos, xenofobia, racismo, aporofobia…

Parece ser que la caída del Muro de Berlín y la implosión de los regímenes comunistas es la línea que separa el siglo XX del XXI. En Occidente creímos que ese derrumbe supondría el triunfo de la civilización y la democracia liberal, que las guerras acabarían y regiría la paz mundial. Y resulta que nos encontramos con unas democracias debilitadas, con sucesivas crisis económicas y una paz mundial amenazada. En estos momentos, Ucrania, Palestina y un sinfín de guerras cronificadas, que ni aparecen en los medios, son el pan nuestro de cada día.

La socialdemocracia, que aparece tras la Segunda Guerra Mundial, fue la manera política de solventar los problemas existenciales de las sociedades democráticas y su receta es el famoso Estado de bienestar. La creación de las plusvalías económicas y un reparto más o menos justo es la fórmula que se puso de moda e hizo avanzar el derecho, la ciencia y la economía. En definitiva, la política. Pero ese Estado de bienestar hay que estar alimentándolo continuamente y ahí es donde nos encontramos, pues la fiscalidad democrática que debe acompañar a esa política está fracasando. La UE, que quizás sea el intento más serio en esta línea redistributiva, a pesar de muchos fallos y renuncias, está intentando actuar de conciencia estimulante ante los renuentes políticos europeos. Los italianos Draghi y Letta son los nombres de moda en la actualidad en su intento de estimular la recuperación económico-política de Europa.

Sin embargo, los dirigentes políticos actuales van casi siempre por detrás de los acontecimientos. Esto en política se llama incompetencia, pues al ser envueltos por los problemas, carecen de la objetividad necesaria para su comprensión y solución. Entonces, como la política siempre parece tener ese carácter de urgencia, aparece el populismo como receta mágica, que no es otra cosa que aplicar soluciones simples a problemas complejos. Esto es lo más ineficaz que puede haber en política, aunque parezca que obtienen pequeños triunfos en la inmediatez. El problema se complica, al no ser solo los políticos los que entran en esa vorágine populista, también los medios de comunicación forman parte del festín. Y, por si éramos pocos, las redes sociales nos acompañan en esta farsa interminable.

En la actualidad, la palabra de moda en política es polarización. Proliferan cuentos al gusto de cada bando. El discurso político y las opiniones en los medios tienden al extremismo, provocando el sectarismo y la polarización. La razón y los hechos tienen poca cabida. Todo son promesas y la política es más propaganda que política. Los discursos son huecos y demagógicos. Y la gente, votantes y militantes, se dividen en fans o enemigos. Las discusiones políticas son tan futbolísticas que hacen que la política y el fútbol sean las realidades más visibles y menos reales.

Mariano Berges, profesor de filosofía

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