viernes, 4 de octubre de 2024

EL PORQUÉ DE LAS COSAS Y DE LAS OPINIONES

 


EL PORQUÉ DE LAS COSAS Y DE LAS OPINIONES

Normalmente enunciamos situaciones, opiniones y pensamientos un tanto dogmáticamente, sin matices y sin argumentos que justifiquen lo enunciado. Lo que trae como consecuencia que no haya debates ni discusiones mínimamente aceptables dialécticamente. Y lo que es peor, las opiniones que vencen públicamente son las impulsadas por los altavoces más potentes o por el poder más consistentemente establecido.

Actualmente (ya hace tiempo) se habla mucho sobre Cataluña. Y el gobierno frankestein, que bautizara Rubalcaba, fue una consecuencia del posicionamiento pro independentista catalán de Sánchez para conseguir su investidura. Hablamos de Cataluña, pero no argumentamos por qué son buenos o malos los distintos posicionamientos u opiniones sobre Cataluña.

Pues bien, pienso que habría que razonar y motivar el porqué de nuestras opiniones. No sirven ni enriquecen el debate las declaraciones taxativas sin argumentar ni razonar ni secuenciar los considerandos en que nos basamos. Y si tomamos como ejemplo el debate público sobre Cataluña, habría que empezar diciendo que cuando hablamos de Cataluña, en estos momentos, hablamos del nacionalismo catalán, y más todavía, del nacionalismo independentista catalán. Y entonces tendríamos que analizar y discutir sobre el nacionalismo. Respecto del cual mi opinión es que el nacionalismo es incompatible con la libertad, pues, en el fondo es una forma de racismo, ya que se cree superior respecto a los que no pertenecen a su credo. Es, en definitiva, renunciar a la razón por un acto de fe. Y los nacionalismos (catalán y vasco) hay que combatirlos políticamente, sin complejos de inferioridad, en aras de una convivencia más democrática y más justa. Ello supone que los grandes partidos (PSOE y PP) deben posicionarse democráticamente en una defensa del Estado, resistiendo los chantajes nacionalistas y redistribuyendo los recursos por los distintos territorios autonómicos en función de los criterios que conjunta y democráticamente se acuerden. La Constitución ha propugnado un federalismo embrionario que casa mal con las bilateralidades que los nacionalismos defienden, y que los partidos con vocación de Estado deben atajar por todos los medios.

Y así debemos proceder con todas las cuestiones, arrancando de conceptos básicos para ir avanzando hacia conclusiones válidas, en principio para mí, y posteriormente intentar convencer a los demás de la bondad de mis argumentos. Y siempre bajo el imperio de la ley. Hay que convencer, no vencer. Kant, nada sospechoso de sectarismo, decía que “la historia es la historia de la educación de la humanidad hacia la libertad bajo el imperio de la ley”.

Y seguimos razonando. ¿Por qué cada partido, en concreto el PSOE y los partidos nacionalistas catalanes, hacen lo que hacen, si ya se vio en 2017 que la independencia no era viable? Es más, hasta la mayoría de los partidarios de la independencia han corregido su postura. ¿Por qué, pues, se posicionan en defensa de lo inviable? Da la impresión de que los chantajes de unos, las mentiras de otros, la estigmatización de los disidentes y, sobre todo, la cada día menor presencia del Estado en los territorios nacionalistas independentistas, va aumentando, contra toda lógica constitucionalista y democrática.

La consecuencia de todo ello es la pérdida de la centralidad política por parte del PSOE, su declive en los sondeos (menos en el CIS), su incapacidad para legislar y su imposibilidad para aprobar los presupuestos. No tiene mucho sentido estar por estar en el gobierno de la nación si la utilidad para los españoles es casi nula. Incluso las muy buenas estadísticas de la macroeconomía española empequeñecen ante la tozuda realidad de la microeconomía de los muchos españoles reales, a los que no les llega la bonanza de las grandes cifras. España sigue siendo el país de más paro en Europa, donde los jóvenes son más precarios y más tarde se emancipan de los hogares paternos (añádase su imposibilidad para adquirir una vivienda), la sanidad y la educación pública han bajado de calidad (y mucho) respecto a tiempos recientemente anteriores, la atención a la dependencia deja mucho que desear, etc.

Como colofón formulo una pregunta: ¿qué pasaría si el PSOE no cediera al chantaje nacionalista, aunque fuera al precio de perder el poder? Nada. El PSOE necesita rearmarse, ideológica y orgánicamente, volver a ocupar la centralidad política y esperar mejores tiempos. Si algo han demostrado las sucesivas elecciones es que la sociedad española tiene un fino olfato para estructurar mayorías. El confusionismo y la polarización actuales son consecuencia del confusionismo y polarización políticas. Debemos trazar proyectos, defender ideas lógicas y tratar de convencer a la mayoría social de que nuestra propuesta es la más conveniente para nuestro país. Eso y no otra cosa es una política madura.

Y, como siempre, reivindico el derecho a equivocarme.                              

Mariano Berges, profesor de filosofía

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