viernes, 6 de septiembre de 2024

PACTO FISCAL PARA CATALUÑA


 

PACTO FISCAL PARA CATALUÑA

Tras el parón veraniego me reencuentro con los lectores, a los que saludo cordialmente y les deseo lo mejor para sus vidas. Sin embargo, en este último mes de agosto no ha habido parón político, sino que han sucedido muchas cosas, frente a otros agostos de otros años en los que prácticamente no sucedía casi nada. En agosto no pasa nada llegué a titular yo un artículo.

De entre todos los asuntos ha habido dos muy destacados: la cuestión migratoria, que amenaza con colapsar Canarias y Ceuta, mientras el resto de las CCAA se niegan a recibir menores migrantes (los famosos menas). El PSOE llevó al Congreso una ley que intentaba poner un orden y una obligación más justos en el reparto de los inmigrantes, pero una vez más el enquistamiento político del PP, con la ayuda de un tal Puigdemont, lo ha imposibilitado. Y, en segundo lugar, el asunto del pacto o acuerdo fiscal firmado entre PSOE y ERC, que ha supuesto la investidura de Salvador Illa como presidente del gobierno catalán. En este artículo, me centraré en esta segunda cuestión.  

Ambos partidos, PSOE y ERC, se han dado hasta el primer semestre de 2025 para cerrar la futura financiación singular catalana, pero hay muchas dudas y divergencias sobre la literalidad del acuerdo, como con todas las cuestiones que atañen a Cataluña. De entrada, vemos un agravio comparativo a favor de Cataluña y en contra del resto de las CCAA (salvo Navarra y País Vasco) y que se circunscribe al hecho de si lo firmado es un concierto económico o no. En la literatura del acuerdo no aparece la palabra concierto, pero sí el contenido, con lo que estaríamos ante una cuestión de imposible cumplimiento, pues el concierto fiscal entre el Estado español y una comunidad autónoma ni es constitucional ni posiblemente tendría votos suficientes en el Congreso de los Diputados. Tras la indigestión de la ley de amnistía llega esta segunda, aún más indigesta, de la financiación singular para Cataluña.

Ya el Tribunal Constitucional (TC) declaró en 2010 la imposibilidad de la bilateralidad de Cataluña con el Estado español en materia de financiación, ya que ésta solo se puede dar en la globalidad del Estado español, para cumplimiento del art. 2 de la Constitución, como garantía efectiva del principio de solidaridad entre todos los españoles. En concreto, ninguna CA puede salirse del régimen común, a excepción de Navarra y País Vasco porque lo ampara la Constitución (grave error de la Constitución) y, por tanto, no se rigen por el modelo de financiación común sino por su concierto singular.

Por lo tanto, la llamada soberanía fiscal de Cataluña es falsa e imposible, pues habría que modificar la Constitución Española (CE). El propio gobierno socialista admite que no podrá culminar el pacto con ERC si el PP no apoya reformar la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Entonces ¿qué sentido tiene un acuerdo que es inviable? Una vez más estamos ante otro ejemplo de literatura política “modelo Sánchez” que junto al otro interlocutor (ERC) se reparten las ganancias políticas de interpretaciones sobre algo que no admite tal interpretación.  Volvemos otra vez al pensamiento Alicia en el que las palabras significan aquello que quien tiene el poder dice qué significan. Se me puede decir que tampoco la amnistía era posible y el taumaturgo Sánchez lo hizo. Respondo que la amnistía no era imposible y pienso que puede ser constitucional. Otra cosa es que políticamente sea un gravísimo error.

En definitiva, la relación entre Cataluña y el Estado español ha sido siempre vidriosa y compleja. Y no va de ahora. Pero, precisamente ahora, que es cuando el nacionalismo catalán está más débil, rebajarse el Estado a acuerdos vergonzantes, además de inviables, dice poco digno de un gobierno, a no ser que nos quieran engañar como dos trileros que así consiguen sus objetivos respectivos: Sánchez se apalanca en el poder (aunque los siete votos de Junts los tiene difíciles) y ERC comanda el nacionalismo catalán. No me sirve eso de que hemos pacificado Cataluña. En primer lugar, porque es más que dudoso y, en segundo lugar, a qué precio. ¿Al precio de quebrantar constitucionalmente y políticamente a todo un país? Los autores del intento secesionista ya fueron indultados. Posteriormente, se aprobó la ley de amnistía teniendo como damnificado principal a Puigdemont (cuestión que está todavía en entredicho). Y, en tercer lugar, se acuerda un pacto fiscal inviable e inconstitucional para Cataluña. Y aún no están conformes los secesionistas. Mal negocio el de Sánchez.

Mientras tanto, el proceloso camino que le espera al gobierno de Sánchez con unos presupuestos de 2025 muy difíciles de aprobar y con casi toda España en pie de guerra, Sánchez se puede jugar el poder político del gobierno y el orgánico del PSOE. Ahora bien, si la alternativa a Sánchez es Feijóo, vamos de mal en peor, porque el PP, aparte de descalificar a Sánchez a todas las horas, no emite ni una sola idea ni proyecto para gobernar España. Que los dioses sean benévolos con los españoles.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 28 de junio de 2024

TRES AÑOS DE LA LEY DE EUTANASIA

 




En este mes de junio se cumplen tres años de la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE). Logro que muy pocos países en el mundo han conseguido: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Nueva Zelanda y algunos territorios de Estados Unidos y Australia. Y España. Se trata de permitir el fin de la vida, de manera regulada, a los enfermos terminales o con un sufrimiento extremo.

 

En este artículo no voy a hablar de aspectos formales ni técnicos de la ley, pues se pueden encontrar fácilmente. Solo voy a hacer algunas reflexiones que me parecen de un cierto interés.

 

1. Aproximadamente 680 personas han podido acceder a la eutanasia y poner fin a su sufrimiento de manera legal en estos tres años. Solo son la mitad de las que lo solicitaron, y muchas de ellas (aproximadamente un tercio) fallecieron durante el proceso. Un resultado mediocre. Ha habido bastante boicot (activo o pasivo) por parte de la clase médica y de la administración de turno. Muchos olvidan que el paciente que solicita la eutanasia no lo hace por capricho sino por necesidad apremiante. Y que el derecho a la eutanasia es eso, un derecho que se transforma en una prestación sanitaria más al servicio del paciente que lo solicita. En el fondo y en la forma es algo sencillo. Hay que quitarle morbo y liturgia fúnebre.

 

2. Los que, por razones ideológicas o religiosas, se oponen a la eutanasia, tienen que tener en cuenta que su aprobación la convierte en un derecho para todos los españoles que la quieran utilizar. Y que los funcionarios, tanto políticos, como administrativos y sanitarios, tienen la obligación de facilitarla, encauzarla y aplicarla. Solo se permite al médico objetar en conciencia a la aplicación de la eutanasia, pero eso no le permite desentenderse del paciente, sino que lo debe dirigir a otro médico que no sea objetor. Y desde luego debe acusar recibo de la petición y registrarla para que comience el procedimiento.

 

3. Una reflexión sobre la objeción de conciencia del médico. La objeción de conciencia (OC) del sanitario siempre plantea problemas y se utiliza como herramienta de bloqueo. Es lo que ha pasado con el derecho al aborto, donde también se permite la OC del sanitario, y, como consecuencia, el aborto ha sido excluido en la práctica en la sanidad pública y ha tenido que refugiarse en las clínicas y grupos privados. La OC prioriza las creencias privadas sobre el bienestar del paciente, lo que es una contradicción en un Estado laico y aconfesional. Con la OC, la religión se sitúa por encima de la ley. Sin embargo, la polis no tiene biblia, tiene constitución, que nos iguala a todos en derechos y deberes.

 

4. La muerte sigue siendo un tema tabú. Pero si lo pensamos bien, el temor a la muerte no deja de ser un temor a la vida, pues vida y muerte constituyen un proceso natural. La vida es el principio y la muerte, el final. Morir en buenas condiciones es amar la vida de una manera racional. Una situación terrorífica no es vida. Un buen vivir exige un bien morir.

5. La oposición de algunos paliativistas a la eutanasia ha llegado a fabricar un “mito paliativo”, según el cual la causa de las peticiones de eutanasia es la falta de una atención adecuada del dolor. La realidad desmiente este discurso. La mayoría de las personas que piden la eutanasia no es por dolor sino por un sentimiento de dignificación personal. Algunos (cada vez menos) identifican eutanasia y sedación paliativa para criminalizar a esta última (recordar el caso del Hospital de Leganés y el Dr. Luis Montes). Y el encarnizamiento terapéutico no solo no es amor al paciente, sino que es una mala práctica médica que constituye una tortura y un trato degradante para paciente y entorno afectivos, prohibido en nuestras leyes. Es algo ilegal e inmoral.

6. Con la constitución de 1978 España entra en la contemporaneidad jurídico-política. Y con ello, aparecen los derechos de última generación: divorcio, aborto, matrimonio homosexual y eutanasia. Y los cuatro tienen algo en común: para todos son derechos y para nadie son obligatorios. La eutanasia es el último logro de la contemporaneidad en la victoria humana sobre la muerte, pues significa el triunfo de la libertad y la autonomía humanas.

Bueno, me tomo unas vacaciones. Hasta septiembre. Buen verano a todos.

Mariano Berges, socio de DMD-Aragón

viernes, 14 de junio de 2024

EUROPA EN LA ENCRUCIJADA

 






Entre mayo de 2023 y junio de 2024, en solo un año, ha habido en España seis procesos electorales: municipales y autonómicas, generales, gallegas, vascas, catalanas y europeas. Una auténtica locura. Porque, independientemente del gasto económico que conlleva, mientras hay elecciones no hay gestión ordinaria, lo que significa un año entero de vacío institucional para llevar a cabo la ejecución de las cosas ordinarias (y extraordinarias) para las que está pensada la política.

En estos momentos, tras las elecciones europeas nos encontramos en una situación realmente endiablada, con un desarrollo y un final no apto para cardiacos. Toda la energía política se va en la pura retórica electoral, que, en una situación como la española, dada la polarización y fragmentación políticas, se traduce en palabrería, insultos y futbolización de algo tan serio como es la acción política. Y todavía faltan consecuencias sustanciales como es la formación de varios gobiernos derivados de dichos procesos electorales: falta constituir el gobierno vasco, el gobierno catalán y el gobierno europeo.

Puesto que el gobierno vasco ya está enfilado con una coalición entre el PNV y el PSE, que garantiza la mayoría absoluta, las incógnitas se centran en la constitución del gobierno catalán y del gobierno europeo. Comenzaremos por el primero.

El gobierno catalán está pendiente de muchos interrogantes, tantos que podría acabar con la repetición de las elecciones. De momento, y tras la reciente puesta en marcha de la ley de amnistía, los indepes catalanes lo han vuelto a hacer. Haciendo caso omiso de la voluntad popular, han configurado una mesa parlamentaria mayoritariamente independentista, una mesa antirrepresiva la llaman (los represores son los que les han concedido a la carta los indultos y luego la amnistía), con cinco componentes independentistas y dos del PSC, partido claramente vencedor en las elecciones. Ya la mesa de edad del Parlamento catalán comenzó haciendo caso omiso de una reciente sentencia del Tribunal Constitucional, que negaba el voto de tres parlamentarios independentistas huidos de España para evitar el juicio y consiguiente condena por parte de la justicia española. La mesa, especialmente el presidente, tiene unas funciones importantísimas en el funcionamiento del parlamento, entre otras, establecer el orden de la investidura del presidente catalán.

Desde un punto de vista numérico y lógico, un acuerdo entre PSC, ERC y Sumar-comunes garantiza la mayoría absoluta, independientemente de si ERC y Sumar-comunes entran o no en el gobierno. O sea, que podría haber un tripartito o un gobierno en solitario del PSC con apoyo externo de los otros dos partidos. Cualquiera otra fórmula estaría fuera de la lógica política. Aunque, viendo lo sucedido con la constitución de la Mesa, todo es posible. Otro efecto indeseado pero posible puede ser la repercusión que la composición del gobierno catalán pudiera tener en la estabilidad o desestabilización del gobierno de España.

Sigamos con Europa. La constitución del parlamento y gobierno europeos está pendiente de multitud de posibilidades negociadoras entre las distintas familias políticas europeas, entre las que han tenido un notable ascenso las de extrema derecha, claramente antieuropeas, y lo que ello conlleva de negacionismo de los valores humanos y democráticos del, llamémosle, modelo Europa.

De las elecciones habidas en todos los países de la UE, hay dos resultados que destacan negativamente sobre todos: Francia y Alemania. También Italia, con Georgia Meloni como clara vencedora. En Francia ha ganado las elecciones con mayoría aplastante el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y en Alemania el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) ha quedado en segundo lugar tras la conservadora CDU/CSU (democracia cristiana), muy por encima de la coalición gubernamental en estos momentos, comandada por los socialdemócratas alemanes. Hay que tener en cuenta que el tándem Alemania-Francia ha sido el motor de los avances en la UE desde su fundación. Y también de los momentos de retroceso, como sucedió con el referéndum fallido en Francia de 2005, que paralizó el proyecto de la Constitución europea. Si Francia o Alemania, o peor aún las dos, caen en manos de fuerzas de extrema derecha, la paralización de la UE está garantizada. En Francia, cuyas elecciones generales ha adelantado Macron, el suspense ya lo tenemos encima. Los proyectos de los políticos italianos Letta y Draghi, que, de llevarse a cabo, supondrían un salto cualitativo en el porvenir de la UE, están en evidente peligro.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 31 de mayo de 2024

ELECCIONES EUROPEAS





El próximo día 9 de junio los españoles votamos 61 escaños para el Parlamento europeo. Se trata de una votación con circunscripción única (la nación en su conjunto) por lo que todas las papeletas cuentan igual. Suele ser una votación a la que no damos mucha importancia, pues los elegidos no legislan sobre las cosas de casa, pero olvidamos que las normas europeas inciden cada vez más en la vida de los españoles. En este artículo intentaré dar algunas pinceladas sobre la importancia de dichas elecciones.

 

Se comenzó con la Europa monetaria, hoy estamos en la Europa económica, ojalá pronto estemos construyendo la Europa política, y quizás lleguemos al objetivo final deseado, los Estados Unidos de Europa. El proceso, aunque lento, prosigue, pero ha cambiado de dirección. El espíritu de los fundadores de la idea de Europa en los años cincuenta y el sentido de los líderes europeos de los años ochenta y primeros noventa (Delors, González, Kohl y Mitterrand) se ha transformado en la actualidad. Desde el Tratado de Maastricht, firmado por los 15 países miembros en 1992, por la que la entonces llamada Comunidad Europea pasa a denominarse “Unión Europea” (UE) y entra en funcionamiento el Mercado Único Europeo, basado en tres principios fundamentales: Libre circulación de trabajadores, Libertad de establecimiento y Libre circulación de mercancías. Pero aquel proyecto, tal y como estaba concebido, ha llegado al final de su trayecto y el Consejo Europeo ha decidido encargarle a Enrico Letta, ex primer ministro italiano y presidente del Instituto Jacques Delors, un informe para impulsar el crecimiento y la competitividad europea, frente a las grandes potencias actuales: Estados Unidos, China e India.      

 

Hasta ahora, las nuevas tecnologías y, a partir de ahora, la Inteligencia Artificial (IA) la gestionan fundamentalmente los grandes financieros mundiales y escapan de las manos de los políticos. Los políticos han sido secuestrados por los financieros y solo se ocupan de cosas secundarias, como es la gestión de las consecuencias. Pero la configuración de lo importante, que es la causa de las consecuencias, queda fuera de la política y la llevan los expertos. Hay un cierto olor a dictadura financiera. Parece que la globalización está siendo instrumentalizada en su versión más negativa y solo sirve para generar riesgos, pero no para dar soluciones.

 

Debemos desvelar y denunciar la nueva revolución conservadora, mutiladora del Estado de bienestar, del que predica su inviabilidad y propicia la idea-valor del “sálvese quien pueda”. Pero Europa no es solo una palabra, ni siquiera es solo un territorio, Europa es también un concepto, una idea moral, que inventa la Modernidad, la Ilustración, los Derechos del Hombre, el Estado de bienestar. El modelo europeo es el que ha producido los mejores logros políticos y éticos de la humanidad. Lo más grave de lo que hoy está sucediendo no es tanto la famosa crisis financiero-económica sino todo un cambio de valores, criterios y parámetros que conllevan un radical cambio social hacia un empobrecimiento material y mental.

El riesgo mayor que tiene la UE hoy es la parálisis frente a las grandes potencias. Por lo que debe avanzar desde una sola Europa y no desde sus naciones por separado. Por ejemplo, la transición verde a la que el cambio climático nos obliga. La inversión que ello supone sería un trampolín formidable para el futuro europeo. Eso sí, guardando las cautelas y equilibrios con los sectores productivos más vulnerables, como la agricultura, o los países menos desarrollados. Otra cuestión importantísima para el futuro de la UE es una gestión inteligente de la inmigración. Actualmente, la tendencia poblacional europea es muy negativa y solo una buena planificación de la inmigración puede poner remedio a esto. Todo lo que sean nacionalismos y fuerzas regresivas serán una rémora para el futuro europeo. La extrema derecha y la derecha extrema podrían dar un giro muy peligroso en este sentido.

Incluso la industria militar puede y debe ser un sector estratégico europeo. Ya que estamos en guerra (Ucrania y otras futuras posibles) aprovechemos esta circunstancia para impulsar una verdadera industria armamentística en Europa, con investigación puntera y muchísimos puestos de trabajo. Europa debe abandonar su papel subsidiario en la OTAN e ir caminando hacia un ejército europeo único. De lo contrario, solo EEUU se beneficia económicamente.

Pero donde Europa puede ser líder mundial es como defensor de los valores del Estado de derecho y de las libertades individuales. Y esto es un intangible con muchas derivadas económicas y de liderazgo.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 17 de mayo de 2024

ELECCIONES EN CATALUÑA: GANAR Y GOBERNAR

 


Este 12 de mayo de 2024 se celebraron las elecciones en Cataluña   adelantadas por Aragonés tras no poder aprobar los presupuestos. Está claro quién ha ganado, pero no está tan claro quién va a gobernar. La información habida y la que está por venir es abundante y fomentan la repetición de argumentos. Por mi parte, voy a intentar una perspectiva más propositiva y espero que menos repetitiva.

La sociedad catalana demostró su madurez y votó un auténtico cambio de ciclo: pasar página tras diez años de excesiva y exclusiva liturgia independentista y finalizar el procés. Ahora son los partidos y los políticos los que deben traducir con negociaciones y pactos esa voluntad popular. Cualquier otra maniobra, incluyendo la repetición electoral, será castigada electoralmente por esa misma voluntad popular. Es muy significativo que la ANC (independentismo irredento) propicie la repetición electoral.

Se abre un gran abanico de posibilidades en un parlamento muy fragmentado y sin ninguna mayoría absoluta por parte de ningún partido en solitario. Lo que sí está claro es que ha habido un claro ganador, y no solo en votos y escaños, sino también en posibilidades para liderar un pacto de investidura lógica para la elección del presidente del govern. Parece que lo más lógico,  sería o un gobierno tripartito Gobierno PSC-ERC-Comunes o investidura de Illa (PSC) con los votos de PSC-ERC-Comunes y gobierno de Illa en solitario. O gobierna Illa o hay repetición de elecciones. No parece que haya más alternativas.

Según la normativa catalana, antes del 10 de junio debe elegirse el Parlamento y, posteriormente, comienza el calendario de la investidura para la elección del presidente. Por lo que las elecciones europeas del 9 de junio se realizarán antes de finalizar los acuerdos de investidura. Esto libera a los partidos de los condicionamientos electorales en la campaña europea.

¿Quién es Illa, el posible presidente catalán? Es evidente que solo puedo hablar por la información de los medios sobre él. Pues bien, parece una persona tranquila, responsable y dialogante. Así lo reflejó en su experiencia como ministro de Sanidad durante la pandemia y, posteriormente, como jefe de la oposición en el Parlamento catalán. Su personalidad nada estridente y su tono sereno en palabras y gestos, sería algo muy conveniente para que Cataluña vuelva a ser esa región pujante en economía, ciencia y cultura que habitualmente ha sido. Y, sobre todo, va a garantizar una gestión de la realidad, cosa que desde hace muchos años no existe en Cataluña. La gente de Cataluña ha entendido mayoritariamente que la independencia, además de ser una tontería, es inviable. El Estado español tiene mecanismos de sobra, como lo ha demostrado, para imposibilitar la secesión, que ni es conveniente para Cataluña ni para España. Parece que los vascos ya lo han entendido, al menos de momento. Bienestar frente a bronca permanente.

¿Quién es Puigdemont? Por lo que ha demostrado en su nula gestión pública como presidente y su posterior andadura como delincuente europeo, es un iluminado peligroso y tendente al caudillismo. Con Puigdemont la ruina está garantizada. Una vez que ha conseguido “su” amnistía al módico precio de sus siete votos del Congreso, está constantemente amenazando con su retirada del pacto que hizo posible el cambalache. Tras las elecciones tiene la desfachatez de decir que se piensa presentar a la investidura para retomar el caudillaje de su época anterior y que tan caro le salió a Cataluña. Puigdemont o el independentismo estéril.

También un recadito para Comunes Sumar. Bien está que auspicien un gobierno de izquierdas, pero ello no exige su presencia en ese gobierno. Con solo seis escaños, y en claro descenso, no está en condiciones de exigir sino de ayudar. Además, no creo que políticamente sea conveniente para ellos, pues lo que primero tienen que hacer es vertebrar una verdadera estructura política de frente amplio a la izquierda del PSOE. Otra cosa es que convenga a algunos individuos personalmente. Pero ésa es otra historia.

Y ERC, ¿qué papel debe jugar? Pienso que Aragonés tiene razón cuando dice que su sitio está en la oposición. Y también tiene razón en retirarse de la política, pues ha demostrado su ineficiencia como gestor. Su retirada constituye su mejor gesto político. Sin embargo, ERC tiene un deber moral y político en apoyar una investidura progresista como es la de Illa. ERC es un viejo partido republicano y de izquierdas, con suficiente tradición como para saber afrontar momentos difíciles y esperar otros mejores. No se me ocurre pensar que fuerce una repetición electoral, pues sería su ruina política. ERC siempre ha sabido armonizar su ensueño soberanista con la paciencia histórica.

El resto de figurantes en esta obra, son personajes secundarios que cuentan poco.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

viernes, 3 de mayo de 2024

LAS MEMORIAS DE JAVIER LAMBÁN

 


Javier Lambán acaba de publicar Una emoción política: Memorias de un servicio a Aragón y España. Una biografía que desde el año 1983 en que es elegido concejal del Ayuntamiento de Ejea (su pueblo) hasta mayo de 2023 en que tiene que abandonar la Presidencia de Aragón por el tsunami electoral del 28-M, supone una experiencia de 40 años en la que, menos ministro y presidente del gobierno central, ha sido todo. Pienso que, independientemente de ser más pro o anti-Lambán, merece la pena leerlas y pensar sobre ellas o a propósito de ellas. En mi caso, confieso mi estrecha amistad con Javier Lambán, y confieso que he tenido que hacer un esfuerzo para huir de la hagiografía.

En primer lugar, hay que decir que las memorias están muy bien escritas. El libro tiene muchos datos y es ameno. Su intencionalidad manifiesta es la lucha contra el tiempo y el olvido y un manifiesto contra el desprestigio de la política. Pero, sobre todo, yo destacaría que, por debajo de los datos autobiográficos, late en todo momento un pensamiento político bien argumentado. Su referente Azaña suele aparecer con frecuencia y siempre bien traído.

Se trata de un ejercicio intelectual de memoria y reflexión, y tiene una rara honestidad intelectual: pensar y hablar (escribir), incluso un tanto impúdicamente, para que los demás lean y juzguen. Digo esto porque unas memorias siempre suenan a una cierta vanagloria personal. No es éste el caso, pues se trata de unas memorias que tienen una cierta propedéutica, incluso desde una mirada crítica hacia ellas.

Las distintas situaciones, instituciones, épocas, amigos… son él, y siempre tienen un hilo conductor, él, a través de su pensamiento. Independientemente de estar de acuerdo o no con él, hay que reconocer que Lambán sabe mucho de política y es coherente. Siempre mantiene su voz propia. Y, además, nos hace pensar, que es lo mejor que se puede decir de un libro.

Este tipo de libros autobiográficos tiene antecedentes históricos. Desde Las Confesiones de Agustín de Hipona, un modelo de biografía interior. Dice el autor en ellas: no son mis actos los que yo describo, sino a mí: es mi esencia. Constituyen un magnífico ejemplo de introspección como elemento literario. También Montaigne en sus Ensayos dice: yo soy el objeto de mi libro. Íntimo y desnudo. Dudoso de todo, solo cree en la verdad y en la libertad. Sin olvidar a Descartes, que existe pensando. Su pensamiento constituye el argumento fundamental de su existencia. Y llegando a Sartre que, huyendo de toda retórica y como manifestación plena de su existencialismo, define al hombre como la suma de todos sus actos. Bueno, pues Lambán, al final de su extensa vida política, tiene el momento y el derecho a definirse. Y eso es lo que hace en este libro de memorias.

El libro desgrana todo lo que Lambán entiende como digno de destacar a lo largo de su vida, sean aspectos emotivos o políticos. Desde su infancia y juventud en Ejea, Zaragoza y Barcelona hasta el mismo día de su despedida de la Presidencia de Aragón. Desde sus inicios anarquistas hasta su archiconfesada militancia socialdemócrata, siempre argumentada y secuenciada. Desde sus afectos juveniles hacia Cataluña, más bien Barcelona, hasta su profunda aversión hacia el independentismo catalán (nunca hacia Cataluña). Sus reconversiones personales hacia la Monarquía, Iglesia, Ejército y Empresa. Su descubrimiento y amor por Aragón, desde donde predica la unidad territorial de España y la igualdad de los españoles, criticando la discriminación a favor de vascos y catalanes. En mi opinión, quizás el capítulo mejor técnica y políticamente, sea el dedicado al problema catalán hoy. Con muchos datos, algunos de ellos poco conocidos, bien secuenciados y bien argumentados.

Cierra el libro con un claro propósito de concordia mientras caminamos hacia la fecha de España 2036 (centenario da la obscena guerra civil), repitiendo, una vez más, su preocupación por la convivencia pacífica de los españoles, el problema territorial de España, cuya solución piensa que sería la modificación de la CE hacia una España federal, y reivindicando el prestigio y la imprescindibilidad de la política. En su colofón final, habla de su enfermedad y de su familia, encomendándose a la racionalidad y serenidad epicúreas.

En definitiva, estamos ante un libro muy bien escrito, de una recomendable lectura, incluso para los no politizados, pues, al fin y al cabo, se trata de una autobiografía de una persona apasionada por la política y que expone sin ningún pudor sus hitos más sobresalientes para que nosotros ejerzamos de voyeurs y valoremos su validez y utilidad.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 19 de abril de 2024

LEY PARA LA TRANSFORMACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

 


El pasado 2 de abril apareció una noticia en los medios de comunicación que para mucha gente pasaría desapercibida y que a mí me parece de una gran importancia. El título era “Escrivá prepara la mayor revolución de la Administración pública de la democracia”. Y subtitulaba “El Gobierno propondrá este año tres leyes para asemejar el funcionamiento de la AGE (Administración General del Estado) al de una empresa: orientación a resultados, evaluación, organización por funciones, directivos...”. Esperemos que este enésimo intento acabe por fin con la Administración del siglo XIX, pues ni siquiera la Nueva Gestión Pública (NGP), que aparece tras la 2ª Guerra Mundial, tuvo eco en la Administración española. Ojalá mis sospechas se evaporen.

El paquete se concretará en tres leyes que se aprobarán durante este año, según figura en el Plan anual normativo 2024. Ello significa que la Administración va a dejar de funcionar exclusivamente por departamentos y pasará a funcionar también por funciones y procesos. Lo que dará unidad y claridad a los objetivos que se intentan conseguir. Esta nueva manera de funcionar exigirá equipos interdisciplinares frente a la rigidez y desconexión actual. Junto a todo ello, aparecerá la evaluación en el desempeño de los funcionarios como herramienta que garantice el cumplimiento de las metas. Y se desarrollará, por fin, la figura del directivo profesional, que ya hace años que duerme el sueño de los justos en el EBEP (artículo 13). Su designación estará basada en los principios de mérito, capacidad, idoneidad y mediante procedimientos que garanticen la publicidad y concurrencia, evaluación con arreglo a criterios de eficacia y eficiencia, responsabilidad por su gestión y control de resultados en relación con los objetivos que le hayan sido fijados. Se trata de una figura clave en la nueva Administración.

Desde esta perspectiva, la diferencia entre empresa pública y empresa privada ya será tan grande, pues, aunque son distintos los intereses y los objetivos, la dimensión técnica que ambas exigen tiene un sustrato común y una metodología semejante. Hablar hoy de gestión empresarial no es sinónimo de empresa privada, ya que la empresa ya no puede interpretarse sólo como una unidad económica, sino que ha pasado a ser un concepto de organización. Gestionar mal es un peligro para la libertad, porque eso significa dejar que una fuerza distinta de la razón condicione la realidad.

Lo dicho anteriormente no supone un cambio de bando vergonzante de los intereses sociales. Hoy es posible y necesario superar la tradicional relación hostil y un tanto esquizofrénica entre técnica organizativa (gestión eficiente) y progreso de los trabajadores. Esta dicotomía ha sido generada tanto por la presencia de elementos ideológicos no depurados (corporativismo sindical) como por la ausencia de análisis dialéctico. Actualmente se dibuja un perfil de técnico y de funcionario con talento, la posibilidad de un conocimiento culto y humanista de la gestión, libre de contingencias mecánicas por la explosión de la informática, y liberado también de la beligerancia social, ya que no tiene porqué plantearse en términos de conflicto sino de diálogo y comunidad de intereses. Una empresa, ya sea privada o pública, se administra, en su especificidad, según algunos principios comunes: organización, estrategia, poder y control. Cada empresa se articula en torno a su propia misión. Y el gestor tiene que saber siempre quién es, dónde está y dónde va, antes de lanzarse a la acción.

Posiblemente este artículo sea excesivamente teórico y el lector exija una mayor concreción. Pues bien, pienso y digo que la administración pública actual es, en general, una empresa sin jefes y sin organización; está deficitaria de planificación y de objetivos claros. Sin embargo, hay funcionarios magníficos insuficientemente motivados y otros funcionarios, los menos, incumplidores de su función y profesionales del “escaqueo”. Lo perverso del sistema es que ambos grupos de funcionarios son igualmente tratados, lo que desmotiva aún más al probo funcionario. Una de las causas de esta situación es la indefinición del concepto y de la función del directivo profesional en la Administración pública. Otro factor incidente es la excesiva politización de la administración, lo que resta posibilidades a la implantación de una más eficaz y eficiente profesionalización. Y, por último, no es menos perjudicial para este reto la corrupción (de políticos y funcionarios), y lo que aún es peor, la excesiva tolerancia social con la corrupción.

La falta de eficacia-eficiencia (hacerlo bien optimizando los recursos) es una consecuencia de la ausencia de auténticos directivos, y de una inexistente coordinación político-administrativa que nos arrastra a la estéril compartimentación de servicios, que sirve para justificarse los políticos y funcionarios pero que deja a la sociedad sin una respuesta rigurosa a sus demandas.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 5 de abril de 2024

CATALUÑA Y LOS CATALANES

 


Algunos ya estamos hartos de la identificación de Cataluña con la totalidad de los catalanes, santo y seña de los separatistas catalanes. Los catalanes, como todos los habitantes de todas las CCAA, son de todos los pelajes políticos y culturales, y tienen nociones distintas sobre Cataluña y tratamientos políticos distintos para Cataluña.

Cataluña (el conjunto de todos los catalanes) es una parte muy importante de España:  supone el 20 % de la economía española y es la segunda comunidad más poblada después de Andalucía. Y siempre ha sido muy querida por el resto de los españoles, a pesar de los brotes separatistas en momentos históricos concretos. Los españoles queremos tanto a Cataluña que no deseamos que se separe y haremos todo lo posible para que así sea.

La situación actual, desde 2017, es uno de esos momentos de exacerbada sensibilidad independentista por parte de algunos catalanes. Cierto que, en estos últimos años, tras los indultos a los líderes del intento separatista de 2017, ha habido un desinflamiento y la situación se ha normalizado bastante. Tan es así que la ley de amnistía, en trámites de aprobación, no existiría si los 7 votos de Junts no hubiesen sido necesarios para la investidura de Sánchez. Y ésta es una cuestión ya muy debatida desde las elecciones del 23-J, por lo que no me parece oportuno entrar en ella. Aunque sí mencionaré algunos matices que pueden ser interesantes de cara a las elecciones del 12 de mayo en Cataluña.

En los próximos comicios hay tres líderes importantes: Illa, Aragonés y Puigdemont, citados en el orden preferencial de las últimas elecciones. Los tres representan distintas propuestas e intereses, según ya han declarado ellos mismos. Illa, socialista, se autopresenta como el único que garantiza que los catalanes pasen página de lo acontecido en los últimos años, que abandonen la retórica épica del separatismo y que se dediquen a las cosas, o sea, a gobernar, o lo que es lo mismo, que los catalanes aspiren a que su estado de bienestar sea lo más pujante posible. Puigdemont, líder de una fuerza derechista como es Junts, apela a la vieja retórica caudillista y separatista, sin mencionar para nada cómo sería su gobierno, ya que no aspira a gobernar sino a trabajar en favor de la independencia de Cataluña. Insiste en “lo volveremos a hacer”. Y dejo en tercer lugar a Aragonés, líder de ERC, porque presenta un discurso ambiguo en el que habla algo de gestión, pero también declara su “lo volveremos a hacer”, que plasma en su reivindicación del referéndum de autodeterminación. Su informe presentado este martes 2 de abril, justificando la constitucionalidad de un referéndum consultivo sobre la independencia de Cataluña, así lo atestigua. Pero el artículo 92 de la CE que esgrimen lo manipulan, y esconden que el único sujeto político para decidir sobre España es el conjunto de todos los españoles. El discurso de Aragonés es difícil, pues ERC es un viejo partido nacionalista que quiere pasar al ámbito de la gestión, pero teme que se le escapen muchos votos independentistas por no subrayar suficientemente ese referéndum de autodeterminación. Poco confían en la racionalidad de los catalanes.

A esos tres líderes citados, habría que añadir un cuarto, que no es otro que el omnipresente Sánchez, sin cuya ley de amnistía todo hubiese sido distinto. ¿Qué habría pasado si, tras el 23-J, se repiten las elecciones generales, despreciando los 7 votos de Junts? ¿O no estando dispuesto a pagar con algo que no le pertenece, como es la unidad territorial y la igualdad de los españoles? No lo sé. Lo que sí sé es que no hubiese habido esta esquizofrenia nacional que afecta al presente y futuro de España y a la identidad del propio PSOE. Si ya había polarización en nuestro país desde el 11-M de 2004, con el intento separatista de 2017 se acrecentó, y con la ley de amnistía se incrementó todavía más. Si la amnistía hubiese sido con el objetivo de pacificar la situación catalana, podría haber estado justificada. ¿Pero era ése el objetivo? ¿O era la investidura de Sánchez, ahora con el argumento añadido de que no gobierne la extrema derecha? La postura del PSOE de Sánchez no está nada clara, aunque la del PP de Feijóo, vistas las primeras medidas de sus gobiernos autonómicos, todavía están menos claras. ¿O sí lo están? Posiblemente, la Cataluña que aparece tras los indultos hubiese sido suficiente para el apaciguamiento catalán, pues se demostró que el Estado español es demasiado fuerte para que un intento separatista sea posible. Lo que no entiendo es que las soflamas indepes sigan arraigando en los corazones catalanes. Yo pensaba que eran más inteligentes y no tan crédulos con unos dirigentes que enmascaran sus intereses y sus corruptelas en el engaño-promesa de una independencia inviable y que, además, no produciría un mayor bienestar en sus vidas.

Lo que tiene que hacer el Estado español es tener una mayor presencia en Cataluña, pues el “horror vacui” alimenta el independentismo catalán y, como reacción, el patriotismo español. No olvidemos que el Estado democrático, a pesar de sus imperfecciones, es el mejor invento de la modernidad.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 22 de marzo de 2024

NÁUSEA POLÍTICA

 


Me disculpo por el título, pero ése es el estado psicológico en que yo me encuentro en este momento.

De repente, una vorágine de acontecimientos se precipitan sobre la política española sin saber a ciencia cierta si sobreviviremos a los designios de los dioses de la fortuna. En muy poco tiempo hemos aprobado una ley de amnistía (mejor dicho, estamos en proceso, aunque parece inevitable), tendremos elecciones en Euskadi, después en Cataluña, después en Europa. Todo ello de aquí a Junio. Acompaña un ruido de fondo de recriminaciones mutuas (el ya famoso y barriobajero “y tú más”) por corruptelas especialmente nauseabundas por tratarse de enriquecimientos ilícitos aprovechándose de la pandemia del covid y la venta de mascarillas. Las sesiones del Congreso y Senado son irrespirables, con miradas y palabras de auténtico odio sin que la calidad de los argumentos acompañe a tal desgaste de fondo y forma. Se tiene la percepción de que la política española se rompe y que la antipolítica se ha instalado en nuestras mentes con una desconexión apática de la ciudadanía hacia nuestros representantes, más propia de las dictaduras que de una sociedad democrática. ¿Y aún nos extraña la desafección política del ciudadano medio?

El ruido va por barrios, siendo más sonoro el que proviene de Cataluña. Da la impresión de que la energía que Cataluña ha consumido en la discusión pública española es totalmente inoperante para el bienestar público de los españoles. La desproporción entre el ruido catalán y el beneficio general es tan exagerada que da ganas de abandonarlos a sus cuitas egoístas y estériles, con una melodía supremacista y puramente retórica, que supeditan los intereses, ya no de los españoles sino de los propios catalanes, a los caprichos interesados de los políticos independentistas, que lo único que hacen es una huida hacia adelante con la única intención de esconder sus corrupciones económicas en el populismo patriotero de su pequeño país. Hay que reconocer que el ruido vasco es más silencioso y más eficaz para ellos, pues, sin tanta algarabía, su concierto económico cabalga a lomos del resto de los españoles, con un gobierno y otro, sin miramiento de colores o signo político. Si alguna semejanza tienen los nacionalismos vasco y catalán es la deslealtad hacia lo español. Y esto no es de ahora sino de siempre. Lo predican constantemente, venga o no a cuenta. Mientras tanto, los dos grandes partidos políticos, PSOE y PP, en vez de intentar racionalizar la política, procurando que la rentabilidad política de los votos nacionalistas no sea tan desproporcionada como para estar en disposición de chantajear a unos y otros, y con ello a la totalidad de los españoles. ¿Qué es eso de los pactos transversales? ¿Alguna vez existieron los Pactos de la Moncloa y el consenso de la Transición?

El caos se ha apoderado de la situación política española: sin presupuestos generales, sin aprobación de leyes que hagan avanzar socialmente el país, con una hemorragia de ayudas y subvenciones públicas que suscitan más que dudas sobre su rentabilidad social. Y, sobre todo, con una polarización política y emocional a lo largo de todo el país, que una vez más me trae a la convicción de la futbolización de la política: lo importante es que gane mi equipo-partido político, aunque ello tenga una consecuencia nula en el interés público y en el bienestar social. La bronca se ha instalado en la realidad española y la racionalidad ha desparecido de las mentes y de las conversaciones. Todo es ruido y exabruptos. Da auténtico asco ver las sesiones parlamentarias, que en nada se diferencian de cualquier discusión de bar en las que lo importante es ganar la pelea, sin importar sus consecuencias.

Y la irracionalidad mundial poco ayuda a cualquier solución, bien sea general o particular. La guerra de Ucrania tiene toda la pinta de prolongarse en el tiempo sin ningún atisbo de solución. ¿Es que alguien duda que la única solución es un alto el fuego con las fronteras tal como estaban al principio de la guerra y con una Ucrania desmilitarizada, para seguir negociando sin muertos y sin el auténtico y terrible negocio de la producción y venta de armamento? ¿Qué Rusia es imperialista? Sí. ¿Y USA? ¿Y la Europa colonialista empezando por Reino Unido? La conducta de explotación hacia nuestros semejantes es pareja en todos los sitios. ¿Y el genocidio palestino, con la coartada del terrorismo sospechoso de Hamás y la política sionista de Israel y la esterilidad de la ONU? ¿Hasta cuándo?

El nihilismo político está agazapado a las puertas de unas sociedades que hasta hoy considerábamos ilustradas y progresistas y que basta escarbar un poco para ver con horror que todo sigue basándose en la explotación de los pobres de siempre y en el ombliguismo de los que nos llamamos salvadores de la civilización.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

sábado, 9 de marzo de 2024

POLÍTICA LÍQUIDA



En un artículo anterior reciente hablaba yo de Pedro Sánchez a la luz de la modernidad líquida de Bauman y me preguntaba si sería Sánchez la representación de un objeto político cuya única dimensión es ser consumido, pues el presentismo nos rodea y es prácticamente imposible escapar a él.

 

Sigamos con la idea de la modernidad líquida. Bauman distingue entre dos fases de la modernidad: la sólida y la líquida. La modernidad sólida se basa en estructuras estables, duraderas y jerárquicas, como el Estado-nación, la clase social, la familia o la religión. La modernidad líquida se caracteriza por la disolución de esas estructuras y la emergencia de una sociedad fluida, flexible y dinámica, donde todo es temporal, efímero y contingente. Parece que ya no sirven los conceptos más rígidos de un pensamiento fuerte que procede del XIX y orienta la conducta y el discurso del XX hasta 1989, con la caída del muro de Berlín, fecha en que finaliza el siglo XX y comienza la posmodernidad y el pensamiento débil.

 

¿Quiere esto decir que lo de ahora es mejor o peor que lo anterior? No, en absoluto. Ni es mejor ni peor, sino distinto. No son dicotomías sino perspectivas lo que diferencian un tiempo de otro. Es nuestra manera de estar y percibir lo que nos hace distintos. Hace cuarenta años los jóvenes tenían un esquema mental que los guiaba a lo largo de su vida: casarse, tener un trabajo para toda la vida, constituir una familia para toda la vida, tener un mínimo confort más o menos sostenible. Ahora, el trabajo y el matrimonio para toda la vida se han desvanecido, y todo pasa a ser precario y provisional, con el agotamiento existencial que ello provoca.  Somos más libres que nunca y, a la vez, más impotentes que nunca. El sistema nos fagocita y ni en él ni fuera de él nos podemos realizar. Ya no hay sueños sino solo emociones efímeras.

 

El concepto de modernidad o sociedad líquida solo describe la mayoritaria conducta social en la actualidad. Y, coherentemente, también esa cosmovisión se diluirá tarde o temprano. De una sociedad sólida hemos pasado en la actualidad a una sociedad líquida, maleable, escurridiza, que fluye, en un capitalismo y consumismo livianos. Pero a lo que el ser humano nunca puede renunciar es a la reflexión, partiendo de lo que observa y tras un análisis pormenorizado. Nada es definitivo, y el concepto de liquidez tampoco. Cosa distinta es que en cada momento primen unas ideas u otras, unas modas u otras. En definitiva, nuestra reflexión sobre lo que (nos) pasa y nuestra libertad para actuar sobre la realidad que nos envuelve es algo que constituye nuestra obligación moral y política.

 

Si escuchamos a la oposición política, parece que en España todo se desmorona. La esfera pública está cada vez más polarizada. Se insultan y ningunean quienes deberían ponerse de acuerdo para construir la política de este país. Los problemas de los ciudadanos deben ser el objetivo político de todos los partidos. La buena política ya no tiene por qué enfrentarse a los problemas del pasado, sino a los del futuro, a los del siglo XXI, que son los que exigen capacidad de gestionar la complejidad social.

Ya hace bastantes años, el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky en su obra “El imperio de lo efímero” entra en los dominios de la sociedad contemporánea infectados por la moda y contemporiza con ella. Para él, la idea de la contemporaneidad es un fluido caprichoso que hace tiempo ha prendido en las conciencias; es una invitación a reconciliarse con la nueva realidad en la que vivimos, caracterizada por el declive ideológico y el ascenso del mercado y el consumo.

 

Mucho más críticamente, Antonio Muñoz Molina, en su obra “Todo lo que era sólido”, nos alerta al ver cómo sus ideales han encallado en una política estéril y populista. Y así lo describe: tenemos una banca especuladora, nos invade el fetichismo paleto de los nacionalismos y la irresponsable gestión de los recursos de todos en beneficio de unos cuantos plutócratas; la carrera política funciona como una agencia de colocaciones donde lo de menos son los méritos y la capacidad; se devalúa el esfuerzo; se mantiene la intromisión de la religión en los ámbitos públicos; se promociona la desaforada cultura del pelotazo… Nos hemos dejado anestesiar por políticos frívolos, cargados de cautivadoras promesas incumplidas y por ciertos chamanes y tertulianos de la tele y medios de comunicación, cargados de ideas líquidas. Nos consideramos modernos, pero no lo somos. Análisis demoledor. Y no se detectan muchos remedios.

 

Mariano Berges, profesor de filosofía