PACTO
FISCAL PARA CATALUÑA
Tras el parón veraniego
me reencuentro con los lectores, a los que saludo cordialmente y les deseo lo
mejor para sus vidas. Sin embargo, en este último mes de agosto no ha habido parón
político, sino que han sucedido muchas cosas, frente a otros agostos de otros
años en los que prácticamente no sucedía casi nada. En agosto no pasa nada
llegué a titular yo un artículo.
De entre todos los asuntos ha habido dos muy
destacados: la cuestión migratoria, que amenaza con colapsar Canarias y Ceuta,
mientras el resto de las CCAA se niegan a recibir menores migrantes (los
famosos menas). El PSOE llevó al Congreso una ley que intentaba poner un
orden y una obligación más justos en el reparto de los inmigrantes, pero una
vez más el enquistamiento político del PP, con la ayuda de un tal Puigdemont, lo
ha imposibilitado. Y, en segundo lugar, el asunto del pacto o acuerdo fiscal
firmado entre PSOE y ERC, que ha supuesto la investidura de Salvador Illa como
presidente del gobierno catalán. En este artículo, me centraré en esta segunda
cuestión.
Ambos partidos, PSOE y ERC, se han dado hasta el
primer semestre de 2025 para cerrar la futura financiación singular catalana,
pero hay muchas dudas y divergencias sobre la literalidad del acuerdo, como con
todas las cuestiones que atañen a Cataluña. De entrada, vemos un agravio
comparativo a favor de Cataluña y en contra del resto de las CCAA (salvo
Navarra y País Vasco) y que se circunscribe al hecho de si lo firmado es un concierto
económico o no. En la literatura del acuerdo no aparece la palabra concierto,
pero sí el contenido, con lo que estaríamos ante una cuestión de imposible
cumplimiento, pues el concierto fiscal entre el Estado español y una comunidad
autónoma ni es constitucional ni posiblemente tendría votos suficientes en el
Congreso de los Diputados. Tras la indigestión de la ley de amnistía llega esta
segunda, aún más indigesta, de la financiación singular para Cataluña.
Ya el Tribunal Constitucional (TC)
declaró en 2010 la imposibilidad de la bilateralidad de Cataluña con el Estado
español en materia de financiación, ya que ésta solo se puede dar en la
globalidad del Estado español, para cumplimiento del art. 2 de la Constitución,
como garantía efectiva del principio de solidaridad entre todos los españoles.
En concreto, ninguna CA puede salirse del régimen común, a excepción de Navarra
y País Vasco porque lo ampara la Constitución (grave error de la Constitución)
y, por tanto, no se rigen por el modelo de financiación común sino por su
concierto singular.
Por lo tanto, la llamada soberanía
fiscal de Cataluña es falsa e imposible, pues habría que modificar la Constitución
Española (CE). El propio gobierno socialista admite que no podrá culminar el
pacto con ERC si el PP no apoya reformar la Ley Orgánica de Financiación de las
Comunidades Autónomas (LOFCA). Entonces ¿qué sentido tiene un acuerdo que es
inviable? Una vez más estamos ante otro ejemplo de literatura política “modelo
Sánchez” que junto al otro interlocutor (ERC) se reparten las ganancias
políticas de interpretaciones sobre algo que no admite tal interpretación. Volvemos otra vez al pensamiento Alicia
en el que las palabras significan aquello que quien tiene el poder dice qué
significan. Se me puede decir que tampoco la amnistía era posible y el
taumaturgo Sánchez lo hizo. Respondo que la amnistía no era imposible y pienso
que puede ser constitucional. Otra cosa es que políticamente sea un gravísimo
error.
En definitiva, la relación entre
Cataluña y el Estado español ha sido siempre vidriosa y compleja. Y no va de
ahora. Pero, precisamente ahora, que es cuando el nacionalismo catalán está más
débil, rebajarse el Estado a acuerdos vergonzantes, además de inviables, dice
poco digno de un gobierno, a no ser que nos quieran engañar como dos trileros
que así consiguen sus objetivos respectivos: Sánchez se apalanca en el poder
(aunque los siete votos de Junts los tiene difíciles) y ERC comanda el
nacionalismo catalán. No me sirve eso de que hemos pacificado Cataluña. En
primer lugar, porque es más que dudoso y, en segundo lugar, a qué precio. ¿Al
precio de quebrantar constitucionalmente y políticamente a todo un país? Los autores
del intento secesionista ya fueron indultados. Posteriormente, se aprobó la ley
de amnistía teniendo como damnificado principal a Puigdemont (cuestión que está
todavía en entredicho). Y, en tercer lugar, se acuerda un pacto fiscal inviable
e inconstitucional para Cataluña. Y aún no están conformes los secesionistas.
Mal negocio el de Sánchez.
Mientras tanto, el proceloso camino que le espera al
gobierno de Sánchez con unos presupuestos de 2025 muy difíciles de aprobar y
con casi toda España en pie de guerra, Sánchez se puede jugar el poder político
del gobierno y el orgánico del PSOE. Ahora bien, si la alternativa a Sánchez es
Feijóo, vamos de mal en peor, porque el PP, aparte de descalificar a Sánchez a
todas las horas, no emite ni una sola idea ni proyecto para gobernar España.
Que los dioses sean benévolos con los españoles.
Mariano Berges, profesor de
filosofía

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