Entre mayo de 2023 y junio de 2024, en solo un año, ha habido en España seis procesos electorales: municipales y autonómicas, generales, gallegas, vascas, catalanas y europeas. Una auténtica locura. Porque, independientemente del gasto económico que conlleva, mientras hay elecciones no hay gestión ordinaria, lo que significa un año entero de vacío institucional para llevar a cabo la ejecución de las cosas ordinarias (y extraordinarias) para las que está pensada la política.
En estos momentos, tras
las elecciones europeas nos encontramos en una situación realmente endiablada,
con un desarrollo y un final no apto para cardiacos. Toda la energía política se
va en la pura retórica electoral, que, en una situación como la española, dada
la polarización y fragmentación políticas, se traduce en palabrería, insultos y
futbolización de algo tan serio como es la acción política. Y todavía faltan consecuencias
sustanciales como es la formación de varios gobiernos derivados de dichos
procesos electorales: falta constituir el gobierno vasco, el gobierno catalán y
el gobierno europeo.
Puesto que el gobierno
vasco ya está enfilado con una coalición entre el PNV y el PSE, que garantiza
la mayoría absoluta, las incógnitas se centran en la constitución del gobierno
catalán y del gobierno europeo. Comenzaremos por el primero.
El gobierno catalán
está pendiente de muchos interrogantes, tantos que podría acabar con la repetición
de las elecciones. De momento, y tras la reciente puesta en marcha de la ley de
amnistía, los indepes catalanes lo han vuelto a hacer. Haciendo caso
omiso de la voluntad popular, han configurado una mesa parlamentaria mayoritariamente
independentista, una mesa antirrepresiva la llaman (los represores son
los que les han concedido a la carta los indultos y luego la amnistía), con
cinco componentes independentistas y dos del PSC, partido claramente vencedor
en las elecciones. Ya la mesa de edad del Parlamento catalán comenzó haciendo
caso omiso de una reciente sentencia del Tribunal Constitucional, que negaba el
voto de tres parlamentarios independentistas huidos de España para evitar el
juicio y consiguiente condena por parte de la justicia española. La mesa,
especialmente el presidente, tiene unas funciones importantísimas en el
funcionamiento del parlamento, entre otras, establecer el orden de la
investidura del presidente catalán.
Desde un punto de vista
numérico y lógico, un acuerdo entre PSC, ERC y Sumar-comunes garantiza la
mayoría absoluta, independientemente de si ERC y Sumar-comunes entran o no en
el gobierno. O sea, que podría haber un tripartito o un gobierno en solitario
del PSC con apoyo externo de los otros dos partidos. Cualquiera otra fórmula
estaría fuera de la lógica política. Aunque, viendo lo sucedido con la
constitución de la Mesa, todo es posible. Otro efecto indeseado pero posible
puede ser la repercusión que la composición del gobierno catalán pudiera tener
en la estabilidad o desestabilización del gobierno de España.
Sigamos con Europa. La
constitución del parlamento y gobierno europeos está pendiente de multitud de
posibilidades negociadoras entre las distintas familias políticas europeas,
entre las que han tenido un notable ascenso las de extrema derecha, claramente
antieuropeas, y lo que ello conlleva de negacionismo de los valores humanos y
democráticos del, llamémosle, modelo Europa.
De las elecciones
habidas en todos los países de la UE, hay dos resultados que destacan
negativamente sobre todos: Francia y Alemania. También Italia, con Georgia
Meloni como clara vencedora. En Francia ha ganado las elecciones con mayoría
aplastante el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional de Marine
Le Pen y en Alemania el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania
(AfD) ha quedado en segundo lugar tras la conservadora CDU/CSU (democracia
cristiana), muy por encima de la coalición gubernamental en estos momentos,
comandada por los socialdemócratas alemanes. Hay que tener en cuenta que el
tándem Alemania-Francia ha sido el motor de los avances en la UE desde su
fundación. Y también de los momentos de retroceso, como sucedió con el referéndum
fallido en Francia de 2005, que paralizó el proyecto de la Constitución
europea. Si Francia o Alemania, o peor aún las dos, caen en manos de fuerzas de
extrema derecha, la paralización de la UE está garantizada. En Francia, cuyas
elecciones generales ha adelantado Macron, el suspense ya lo tenemos encima.
Los proyectos de los políticos italianos Letta y Draghi, que, de llevarse a
cabo, supondrían un salto cualitativo en el porvenir de la UE, están en
evidente peligro.
Mariano
Berges, profesor de filosofía


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