viernes, 21 de febrero de 2025

50 AÑOS SIN FRANCO

 





Este es el título del programa de actos que el Gobierno de España está celebrando durante el año 2025 para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Franco.  Manifiesta con ello que la muerte del dictador es el momento cero desde el que arranca nuestro Estado democrático. Como los españoles somos de mucho discutir, enseguida salió a la palestra si es ese el punto de partida indicado o si es 1977, año de las primeras elecciones generales en libertad, o si 1978, año de la aprobación de la Constitución Española, o 1979, primeras elecciones generales plenamente democráticas, o 23 de febrero de 1981, superación del golpe de Estado del 23-F.

 

En mi opinión, y respetando todos los gustos, el año 1975 me parece un punto de partida perfectamente válido, pues la muerte de Franco es el momento y condición sine qua non para que el proceso de recobrar las libertades democráticas perdidas con el golpe de Estado de 1936 comience a andar.

 

Los cuarenta años de dictadura, añadidos a los tres de Guerra (in)Civil, fueron una prueba de fuego para la sociedad española, incluidos aquellos españoles que pensaban que eran afortunados. Grave error, pues una dictadura proveniente de un golpe de Estado contra un régimen legal y legítimo, como fue la II República española, nunca es bueno para nadie. Por cierto, que entre los que más sufrieron la dictadura franquista están los militantes de todos los grupos de izquierda: anarquistas, comunistas, maoístas, socialistas …, pero si algún partido puede representar mejor que nadie la lucha antifranquista, ese fue el PCE. No sobraría durante este año, un reconocimiento público al PCE, independientemente de los posicionamientos políticos de cada uno. Su sacrificio y su coste en vidas y sufrimientos bien lo merece. No hay que identificar a los comunistas españoles con el totalitarismo dictatorial y asesino de Stalin. Si acaso, al principio de su existencia, cuando la URSS fue un espejismo para muchos. Y Carrillo fue un personaje clave en el advenimiento de la democracia española.

 

Entre los objetivos que debería tener este año de celebración deberían estar fundamentalmente los jóvenes, pues tienen el peligro de pensar que esto de la democracia es algo gratuito que viene de la nada, por simple nacimiento dentro de unas coordenadas espacio-temporales que les ha caído en suerte. Pues no, y los mayores deberíamos dedicar algo de nuestro tiempo a explicar a los más jóvenes algo de la génesis de esta democracia, sin miedo a caer en batallitas de abuelo cebolleta ni a resucitar enfrentamientos fratricidas ni sectarios. La verdad histórica, con sus precedentes y sus consecuencias, no tiene por qué ofender a nadie. Ni nadie tiene que sentirse culpable por proximidad familiar a unos u otros. Incluso muchos de los combatientes en el bando fascista lo fueron por puro azar geográfico, cronológico o laboral.

 

Especialmente los jóvenes son hijos de la democracia española que brota de la Constitución de 1978 y que algunos de sus mayores peleamos y pusimos nuestro granito de arena para su advenimiento. Actualmente, en sondeos rigurosos, parece ser que un gran porcentaje de jóvenes, acostumbrados a gobiernos democráticos y a una sociedad madura y avanzada, no valora en su justa medida la situación que han heredado. Y van a la contra de sus mayores, haciendo la ola a Vox y similares, por eso de ir en contra de la situación establecida (propio de jóvenes, dirán algunos). Como si eso fuera condición de modernos. Pues no, eso, aparte de un error científico, es un error histórico propio de una sociedad acrítica, bastante huérfana de valores democráticos y con una instalación acomodaticia de los mayores de la tribu, que no somos capaces de mostrar el hilo histórico y procesual de nuestro país. Alguna razón de ello la tiene el fracaso del 11-M y la responsabilidad política correspondiente.

 

Y lo peor aún es que, en el mundo occidental, ese que creíamos el más civilizado, ilustrado y democrático, esas fuerzas ciegas de la ultraderecha, nacidas en los aledaños de una derecha revanchista, cada día son más numerosas e influyentes. Estamos, pues, en un momento de fuerte crisis interna y externa. Con el emperador Trump como jefe máximo de la economía y del poder militar, no estamos para trivialidades. Debemos retomar nuestro orgullo europeo, proveniente de la Ilustración (inglesa y francesa), y volver a indicar el horizonte humanista y progresista que nos hizo merecedores de los mejores años de la humanidad. Eso sí, teniendo en cuenta que el cambio de paradigma mundial por el giro estadounidense es brutal.

 

 

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

jueves, 6 de febrero de 2025

TRUMP vs EUROPA



Sobre TRUMP se ha dicho de todo: epítetos tan descalificatorios que da vergüenza escribirlos. Y tan impropios del mandatario mundial más poderoso, que uno piensa si no serán artimañas del nuevo marketing de la época. Es imposible que Trump sea tan inculto y tan primario como nos dan a entender. Lo que sí parece cierto es que es un nacionalista trasnochado en un mundo globalizado. Aunque su nacionalismo sea en la nación más poderosa del planeta. Intentaremos analizar algunas cuestiones relativas a Trump que nos afecten en nuestro rincón de Europa.

 

La llegada de Trump, por segunda vez, a la Casa Blanca va a modificar la escena internacional en todos sus aspectos. La geoestrategia mundial ya está cambiando a los pocos días de su toma de posesión. Es indudable que los Estados Unidos de América es, todavía, la primera potencia del mundo, aunque China esté muy cerca de ella. Como señaló un reciente informe del think tank International Crisis Group, “el mundo parece abocado a un cambio de paradigma. La cuestión es si ocurrirá en mesas de negociación o en campos de batalla”.

 

El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda, amenazas y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más concretamente en la UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que habrá que poner en marcha de manera acelerada, con una visión política que nos vaya dirigiendo a la configuración de la vieja idea de Delors de los Estados Unidos de Europa. Si hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y sus decisiones iban encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en adelante es urgente y necesario que la proa política dirija los pasos de sus actos y decisiones.

 

La cosmovisión de Trump sobre el mundo en general y Occidente en particular, nos va a obligar, para bien y para mal, a un análisis DAFO de urgencia. Los próximos cuatro años van a suponer un test de resistencia para la Unión Europea. Casualmente ha coincidido la reunión anual de Davos con la toma de posesión de Trump. La vieja globalización económica que se iba a traducir en una gobernanza global de un mundo más pacífico y próspero, ha recibido un golpe que puede ser mortal de necesidad, si al huracán Trump no se le encauza hacia nuestros intereses.  O nuestros intereses europeos se concilian con los de EEUU. En cualquier caso, la UE debe funcionar como un solo ente y no como 27 países. En concreto, en el ámbito de Defensa, independientemente de cuál sea nuestro pensamiento, no pueden existir 27 presupuestos y estrategias, sino que debe ser una sola UE la que rentabilice y planifique sus recursos de una manera armónica y única. Actualmente, operar desde 27 compartimentos estancos conduce a la ineficiencia de nuestros recursos.

Ya no vale con esa especie de optimismo cósmico que Europa siempre se ha aplicado a sí misma: somos los mejores, los más cultos, los más civilizados, y siempre hemos salido adelante. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca amenaza con revolucionar unas relaciones internacionales ya sacudidas por la invasión rusa de Ucrania y la tensión que no ha finalizado aún en el Oriente Próximo. Añádase Siria, Irán, y todas las guerras africanas que ni las nombramos. Todo apunta a profundos cambios en conflictos, alianzas, comercio, lucha contra el cambio climático y, en definitiva, en el futuro de la democracia. Política, economía, comercio y poder militar son los cuatro vectores que hay que cultivar y gestionar de una manera integrada por parte de la UE. La Unión Europea podría tener un importante papel como promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de Trump.  Podría representar cierto protagonismo en la estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a los valores democráticos, aspectos negados por Trump.

Pero hay que confiar en la fortaleza de la democracia estadounidense. Su sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado ejemplo en dos sentencias federales que han echado abajo dos decretos de urgencia del emperador Trump. Todos los epítetos que se han dicho hasta la saciedad de Trump son excesivamente hiperbólicos como para ser reales en la práctica política. Por ejemplo, los famosos aranceles a diversos países, que ya han creado un caos en las bolsas, son impuestos de ida y vuelta, encarecerán los productos a los propios americanos, generará inflación y supondría la quiebra del mercado internacional. ¿Todo esto es posible? Sí en un principio, pero dudo que dure mucho tiempo sin llegar a una solución más o menos compartida. O también pueden ser un chantaje mafioso para otro beneficio. En cualquier caso, va a ser (ya está siendo) China el factor de equilibrio en el mercado internacional.

Mariano Berges, profesor de filosofía