jueves, 26 de junio de 2025

LA CORRUPCIÓN SE SOLUCIONA CON MÁS DEMOCRACIA

 


Mucha gente hemos escrito artículos sobre la corrupción política en muchos momentos distintos a lo largo de nuestra historia democrática. Y repasándolos, uno está tentado a repetir la misma tesis y casi la misma redacción. Porque un escándalo de corrupción política acaece en nuestro país cada cierto tiempo y casi siempre con las mismas características. Y siempre ligado a uno de los partidos políticos centrales, bien estatales bien regionales. Estas cosas solo son posibles en la maraña del poder. En la España democrática posfranquista la corrupción ha estado siempre en los entresijos de PP, PSOE, PNV y CDC, que han sido los partidos vertebradores del poder en sus respectivas demarcaciones. ¿Es la corrupción algo normal en las democracias representativas? Con alguna excepción, parece que sí. Y aparece también otra pregunta: ¿Es una acción de sujetos individuales o una red de financiación irregular-ilegal de un partido político? ¿O las dos cosas?

Y siempre se repite la misma trama: políticos con poder y capacidad de decisión, con la colaboración de empresas beneficiadas por las decisiones políticas. Añádase cargos públicos y altos funcionarios, necesarios para dar apariencia de normalidad y legalidad. Cambian los nombres, ahora son Cerdán-Ábalos-Koldo. En otro momento fueron Bárcenas, Roldán, Pujol, el del 3% catalán de CDC, etc. Anteriormente, otros nombres, pero siempre la misma historia. En los países autocráticos, autoritarios y dictatoriales, la corrupción llama menos la atención porque esa es la situación normal y los hechos pasan desapercibidos porque forman parte de la estructura social y política del país.

En mi artículo anterior había un párrafo que, aunque largo, no me resisto a transcribir porque es causa imprescindible de lo acaecido estos días en España: “Una de las causas del pobre nivel político español es la estructura imperante en los partidos políticos. Y en esto, todos los partidos son prácticamente iguales. Son excesivamente endogámicos, el debate interno es inexistente, el poder de los dirigentes es oligárquico: el que manda manda y el resto no pinta nada; el nivel intelectual-político del militante medio es muy pobre; se confunde la política con el maniobrerismo: el más astuto es el mejor político; el bien común es un concepto escaso, priman más los intereses personales. Negro panorama el de unos partidos políticos que se han engordado demasiado tras el ayuno de 40 años de dictadura”.

Todo el mundo mira a Sánchez. Es lógico. Es el que manda y el que teledirige las grandes decisiones. Ningún Secretario General del PSOE ha tenido tanto poder. Para ello son necesarios muchos corifeos que le hagan la ola y ejecuten sus deseos. En todo acontecimiento de corrupción política suelen ser tres los niveles: el nivel individual, el nivel orgánico del partido y el nivel institucional de la Administración. A veces funcionan por separado y a veces funcionan conjuntamente. Unas veces se trata del enriquecimiento ilícito de personas individualmente y otras, se trata de una financiación irregular-ilegal del partido político. Y otras veces de ambas, pues el que reparte se suele quedar con la mejor parte.

Y, por último, quedan las repercusiones político-sociales que todo esto deja en la sociedad: escándalo, desmoralización, desafección hacia la política y los políticos, aparición de partidos extremistas salvadores, etc. Malos tiempos para la lírica. En estos momentos, parece que Sánchez está maniatado por sus propios socios de investidura, que intentan rentabilizar aún más las promesas hechas: completar la amnistía; ejecutar la financiación catalana singular; progresar en el independentismo vasco, etc. Pero el crédito de Sánchez parece agotado. Se nota en la línea que siguen algunos medios: “El Confidencial” sigue en su línea antisanchista; “El País” es más crítico con Sánchez que antes; igualmente “elDiario.es” y “La Sexta”. Y los últimos sondeos parecen ir en esa dirección: todos los partidos bajan menos Vox que casi dobla el número de diputados. Parecía que España era la excepción en el advenimiento de la extrema derecha, pero no, parece que hay extrema derecha para rato.  

Pienso que la solución que hay que estudiar no es ni personal ni coyuntural, sino estructural. Hay que volver a rearmar una socialdemocracia potente, sin urgencias ni personalismos, con propuestas a favor de la mayoría social y con gestos y decisiones que favorezcan el bien general, independientemente de quien lidere cada momento. La gente está harta de falsas soluciones y de peleas barriobajeras. El partido se juega en la centralidad y no en los extremos. En fin, lo que exige el momento es reflexión y generosidad, pues la política democrática se basa en el diálogo y la cooperación. Solo así volverá la confianza de los ciudadanos hacia los políticos, pues la confianza es la clave de todo sistema democrático.

Mariano Berges, profesor de filosofía

 

jueves, 12 de junio de 2025

ESPAÑA: DE SU ECONOMÍA Y DE SU POLÍTICA



El presente de la política española es paradójico y caótico. Al contrario de lo que es habitual, la economía va bien y la política va mal. Sería muy interesante indagar las causas de lo uno y lo otro, pero quizás no es este el momento ni un artículo de estas características el lugar apropiado. Aunque algo se colará en este artículo. De entrada, ya digo que el asunto es muy complejo y difícil de analizar. Los argumentos que se usan por una y otra parte tienen el objetivo fundamental de negar al otro más que buscar la verdad. Es muy difícil hacer política hoy día. ¿Es culpa de la mediocridad de los políticos? ¿O es que la situación es tan poliédrica que dificulta en gran manera su solución?

“La economía española sigue fuerte” suele ser una consideración normal en todos los foros económicos mundiales: el PIB español encabeza la UE; el empleo también aumenta, a pesar de un subempleo estructural casi imposible de resolver; los agoreros catastrofistas fallan una y otra vez en sus previsiones sobre la economía española. Las causas del éxito parecen ser, aparte del siempre salvador turismo, el auge de las renovables en España y la fuerte inmigración (explotada con salarios de hambre y condiciones esclavistas).

“La polarización y crispación de la política española va en aumento” opinan casi todos los comentaristas sobre la actual situación política española. Y aquí siempre hay que mirar a la centralidad que ocupan los dos grandes partidos políticos españoles: PSOE y PP. Siempre hemos mirado con envidia la facilidad de las coaliciones de gobierno alemanas y de otros países europeos. Aquí eso es imposible. Ambos partidos, en la actualidad, rezuman una bilis repelente en ambas direcciones. Podríamos poner muchos ejemplos, pero para no aburrir al lector me ceñiré a última Conferencia de Presidentes.

La Conferencia de Presidentes fue una fórmula bien ideada para la España de las autonomías, pero por unas causas o por otras casi nunca ha funcionado. En la actualidad, porque el Gobierno central lo gobierna el PSOE, y de las 17 CCAA (sin contar Ceuta y Melilla), 11 están gobernadas por el PP, 4 por el PSOE, 2 por nacionalistas. El diálogo no existe y todo es crispación y agresividad. En los medios, ya hace tiempo que más que noticias políticas aparecen noticias judiciales o prejudiciales. La corrupción, fundada o presunta, verdadera o falsa, campa por sus fueros. Los debates e invectivas entre políticos son espeluznantes: “Ud. forma parte de una organización criminal: el gobierno de España” (Miguel Tellado -PP- a la ministra Sara Aagesen -PSOE-). Feijóo convoca una manifestación para el domingo 8 de junio contra la “mafia” del PSOE. En estas condiciones, desde el momento cero, la Conferencia estaba abortada. ¿Culpable el PP? Honestamente pienso que sí, al menos, el culpable fundamental. ¿Que el PSOE tampoco hizo mucho por que resultase fructífera? También. A esto se le debe añadir el florero de siempre, Ayuso, que ya boicoteó la reunión antes de empezar. Esta mujer le va a impedir a Feijóo que llegue al gobierno. Al tiempo.

Lógicamente, el partido en el gobierno es el más visible en sus errores: sin presupuestos, con poca presencia en el Parlamento, con muy pocas ruedas de prensa, con pocas explicaciones reales. A veces, parece que hace la oposición a la oposición. Y, sin embargo, este Gobierno ha hecho muchas cosas positivas. Eso sí, siempre ninguneadas por el PP, que no se ha mostrado nunca como partido de gobierno. Una oposición sin proyecto ni alternativa. La muestra de que ninguno de los dos partidos convence al votante medio es que, según los sondeos más importantes, el criterio de los votantes cambia muy poco, a pesar del ruido mediático. Da la impresión de que los ciudadanos tienen más sentido común que los políticos.

Una de las causas del pobre nivel político español es la estructura imperante en los partidos políticos. Y en esto todos los partidos son prácticamente iguales. Son excesivamente endogámicos, el debate interno es inexistente, el poder de los dirigentes es oligárquico: el que manda manda y el resto no pinta nada; el nivel intelectual-político del militante medio es muy pobre; se confunde la política con el maniobrerismo: el más astuto es el mejor político; el bien común es un concepto escaso, priman más los intereses personales. Negro panorama el de unos partidos políticos que se han engordado demasiado tras el ayuno de 40 años de dictadura.

Y no hablamos de las instituciones, que son la madre del cordero en una sociedad democrática. Todo lo bueno y lo malo que le llega al ciudadano proviene de las instituciones públicas. Los partidos son un mero, pero imprescindible, instrumento para su configuración. Si los partidos se creyesen más su papel instrumental elegirían para su representación institucional a los mejores de sus filas, pues el buen funcionamiento institucional es el verdadero objetivo de una sociedad democrática. ¿Pasa eso? No. Más bien lo contrario. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Mariano Berges, profesor de filosofía