viernes, 27 de diciembre de 2024

QUÉ DECIR AQUÍ Y AHORA

 



El final de año siempre es una tentación hacer balances analíticos y propósitos de enmienda. Y el principio de año, el 1 de enero, es una fecha mítica que parece dotarnos de un impulso adánico y transformador de toda la vulgaridad que ha sido el contexto en que nos hemos movido hasta ahora.

Bueno, pues por qué no cumplir con el tópico y, de paso, cumplir con mi obligación de articulista quincenal. Veremos qué sale.

Desde mi perspectiva de jubilado profesional, ya fuera del mercado, aunque con cosas por contar, me sorprendo con una biografía de cuarenta años de vida pública, veinte como docente y otros veinte como cargo público en distintas instituciones (ayuntamientos, Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Zaragoza, Universidad de Zaragoza). Nunca olvido ni renuncio de mi profesión. Mi docencia de la filosofía en el Instituto de Ejea y en el mítico Mixto 4 de Zaragoza la recuerdo con emoción y agradecimiento. No sé si mis alumnos aprendieron algo de mí, espero que sí, pero yo sí que aprendí de mis alumnos, de mi esfuerzo por comunicarme con ellos y de sus preguntas-respuestas hacia lo que yo daba por sentado, pero que a ellos no les parecía tan sentado.

Sobre mi alter-ego político, mi visión es algo más poliédrica. Empezaré diciendo que me siento un político fracasado. Mis intenciones platónicas de convertirme en un filósofo-político quedaron en eso… buenas intenciones. Puede ser que alguien recuerde algún indicio prometedor, pero la falta de continuidad en la ajetreada vida política y la ausencia total de coordinación y planificación institucionales dejan un saldo raquítico para el común de la sociedad.

¿Quiere esto decir que mi vida (u otras vidas semejantes) sea una vida sin sentido? No lo sé. Tendría que profundizar en qué es eso de la vida y, sobre todo, qué es una vida con sentido. Para ayudarme en tan ardua tarea vuelvo una y muchas veces a los Ensayos de Montaigne. ¡Qué humildad, sentido común y sabiduría rezuman! Y, aunque toda autobiografía es siempre selectiva, favorablemente selectiva, hay que evitar cualquier mínimo sesgo hagiográfico. Aunque siempre te viene a la cabeza esa cita de Hölderlin: “Si me analizo, un enano, pero, si me comparo…”. Al final, siempre te agarras a un clavo ardiendo. Un poco de autoestima es imprescindible para sobrevivir.

Pero a lo que íbamos. De mi presencia a lo largo de cuarenta años en la vida pública ¿ha quedado algo? Y aquí llega, para mi sorpresa, lo novedoso. Sí, ha quedado algo, ha quedado mi vida. Lo que yo he aprendido y que me ha permitido vivir con una calidad mínima. De lo que yo he dicho y hecho, ignoro si ha servido para alguien, pero a mí sí que me ha servido. Mi vida se ha hecho “golpe a golpe, verso a verso” a través de mi experiencia. Una experiencia, siempre consciente y reflexionada, que me ha impulsado al tramo vital siguiente. Al final, me atrevo a sostener que he tenido una vida interesante en su sentido etimológico de inter-est, lo que está en mí, lo que me afecta, lo que me da sentido. El gran escultor Chillida decía que solo se hace bien lo que no se sabe hacer, mientras uno aprende. Luego, cuando ya lo sabe, se repite y se oxida. La creatividad ha desaparecido.

Quizás eso sea la vida, ir aprendiendo y experimentando. Quizás la enseñanza sea pensar en voz alta y oír tu eco en los demás. Quizás no existen los finales, y menos los finales felices. Si algo son las utopías son horizontes lejanos, u-tópicos y u-crónicos (fuera de lugar y de tiempo), imposibles de alcanzar, pero cuya visión y referencia te indican el itinerario. Y ese itinerario, balbuceante, imperfecto, inacabado y siempre futuro, constituye tu vida.

Bueno, pues aquí estoy, intentando autodefinirme sartrianamente, en un proyecto de libertad inacabada. Si el hombre son sus actos, cuya definición solo es posible al final de tu vida, esta es mi vida, lo que soy, el resto es excipiente literario.

Y colorín colorado este artículo se ha acabado.

¡Ah! Feliz año 2025. Sigamos con nuestras vidas, que es nuestro único tesoro. Luego, ya muertos, alguien nos recordará. Y mientras eso ocurra, mi vida seguirá existiendo como referencia para otros. Esa y no otra es la única inmortalidad.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 13 de diciembre de 2024

LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA (CE)

 


Parece de obligado cumplimiento hablar de la Constitución España, en su 46 cumpleaños. Lógicamente, no voy a hablar técnicamente, sino          que voy a desgranar algunos hitos que me parecen interesantes.

El consenso entre todas las formaciones políticas de 1978 es quizás la característica más notable de la CE. Justamente lo contrario que en la actualidad, en que la mayoría compite por ver quién la dice más gorda en la réplica al adversario. Se constituyó una comisión constitucional encargada de redactar el proyecto de Constitución. Y se decidió que los ponentes fueran siete: Jordi Solé Tura (por el grupo parlamentario comunista), Miquel Roca Junyent (por la minoría catalana), José Pedro Pérez-Llorca, Gabriel Cisneros y Miguel Herrero de Miñón (por la Unión de Centro Democrático), Gregorio Peces-Barba (por el PSOE) y Manuel Fraga Iribarne (por Alianza Popular). Son conocidos como los siete padres de la Constitución.

A pesar del deseo general de dejar atrás la dictadura, el contexto de aquella época era atroz: los asesinatos de ETA (100 al año), el ruido de sables en los cuarteles, el asesinato de cinco abogados laboralistas por parte de grupos de extrema derecha… Urgía poner en marcha una sociedad democrática y la Constitución era el imprescindible punto de arranque.

Por descontado que las discusiones fueron el pan nuestro de cada día. Por eso el consenso logrado por los siete ponentes (y los partidos que los respaldaban) tuvo un gran valor cívico. Las más fuertes discusiones fueron en torno al modelo económico, educativo y autonómico. Y los puntos clave de la ponencia eran: forma de Estado, forma de Gobierno, competencias del Rey o Jefe del Estado. Sin duda ninguna, el dilema monarquía o república era la cuestión más llamativa. Y aquí fue Carrillo el que lanzó una advertencia que fijó la posición de todos: “Si en las condiciones concretas de España pusiéramos sobre el tapete la cuestión de la república, correríamos hacia una aventura catastrófica en la que, seguro, no obtendríamos la república, pero perderíamos la democracia”. También se discutió mucho el artículo 57.1, que consagró la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono. Y aún sigue sin modificar. Tampoco fue fácil la elaboración de asuntos tan importantes como las nacionalidades, la religión o la pena de muerte.

Y como foto icónica del momento hay que elegir esa de La Pasionaria y Rafael Alberti bajando de sus escaños para tomar posesión de la mesa de edad del Congreso. Era la mejor imagen de la reconciliación en España.

La elaboración de la Constitución fue relativamente rápida: 25 sesiones   entre los meses de agosto y diciembre de 1977. Luego, transcurrió todo el proceso aprobatorio hasta llegar a la votación final en el Congreso (31 de octubre de 1978). La votación final en el Congreso fue: 258 votos a favor, 2 votos en contra y 14 abstenciones. El mismo día 31 de octubre se vota en el Senado: 226 votos a favor, 5 votos en contra y 8 abstenciones. Y, por último, el 6 de diciembre de 1978, se aprobó en Referéndum la Constitución Española: votaron sí: 15.706.078 (88,54%); no: 1.400.505, (7,89%); en blanco: 632.902 (3,57%).

Tras 46 años de vigencia de la Constitución, flota en el aire desde ya hace muchos años la oportunidad de actualizarla y reformarla en aquellos aspectos envejecidos o perfeccionar el modelo territorial, la Ley electoral, la prevalencia del varón en la sucesión, adecuarla a nuestra pertenencia a la Unión Europea, que entonces no existía, reformar el Senado para que cumpla con su función territorial, blindar las leyes importantes en torno a la igualdad de los españoles. Pero el momento actual no posibilita un consenso, ni de lejos, parecido al de 1978. Una pena. Porque la reforma fortalecería a la Constitución y la haría válida para otro tiempo futuro. Sin embargo, los tiempos se han encanallado, los políticos ya no discuten, se agreden. Y los partidos están en perpetua campaña electoral.

Como corolario. La Constitución es un documento de concordia. No resuelve todos los problemas, pero marca las reglas de juego comunes para avanzar en el camino de la prosperidad y la libertad. El aspecto más importante de la CE es la articulación de los derechos sociales. Quizás el segundo aspecto más importante sea la descentralización territorial del poder. Pero hay que perfeccionar el modelo autonómico, a pesar del intento de golpe de Estado en Cataluña en 2017, o precisamente por eso. Y, sobre todo, yo pondría el acento en el consenso que posibilitó que en España haya una de las constituciones más progresistas y modernas de Europa y del mundo. Hoy, con la polarización política existente y el populismo reinante, eso sería imposible.

Mariano Berges, profesor de filosofía