sábado, 23 de febrero de 2019

28A: ELECCIONES GENERALES



La ventana indiscreta

28A: ELECCIONES GENERALES
(Publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 23-02-2019)

El próximo 28 de abril hay elecciones
generales en España. La campaña electoral coincidirá con el final del juicio
contra los separatistas catalanes, por lo que va estar todavía más polarizada
que las últimas elecciones andaluzas por la cuestión catalana.

Además e inmediatamente, se celebran las
elecciones autonómicas, por lo que el juego de pactos va a ser tremendo con
todo tipo de instituciones en el reparto de cromos. Al bipartidismo (PSOE y PP)
le ha sustituido un bipartidismo de bloques (Izquierda y Derecha) con cinco
hubiera dado un resultado mestizo muy positivo, parece ya antiguo. Tengo la
partidos en liza. El ya pretérito pacto transversal entre PSOE y Cs, que
en la oposición. Cs y Pd se tienen un odio visceral y personal entre sus
impresión de que los políticos españoles maduran cuando gobiernan y se infantilizan
líderes. Ahora Rivera parece que tampoco quiere ni ver a Sánchez.  Esto
hasta que Europa nos lo solucione. Cada vez es más cierta la frase de Ortega
parece un colegio de adolescentes con los amores y desamores de cada momento.
Mientras tanto, la política de grandes objetivos y proyectos parece aparcada
“España el problema, Europa la solución”.

La inestabilidad política española es
actualmente muy fuerte y España no es como la Italia de los setenta, que hizo
un arte de los juegos y pactos parlamentarios en el galimatías multipartidista
que entonces ellos tenían. Por lo tanto, elecciones generales el 28-A pero
realicen la autonómicas del 26-M.  Y, aún entonces, será muy difícil
cuyos resultados no permitirán la conformación de un gobierno hasta que no se
conformar los distintos gobiernos.

Los casi nueve meses del gobierno de Pedro
Sánchez han sido, como mínimo, un tiempo entretenido. Opino que el gobierno de
Sánchez lo ha hecho bien. De acuerdo que sin perder nunca de vista la dimensión
electoral de sus actos, pero eso es normal. Su puesta en escena ha sido cuidada
electoral del viernes 15 de febrero. Parece notarse desde el primer momento el
desde la misma configuración del gobierno hasta el momento del adelanto
marketing estratégico de su gurú Iván Redondo. Y eso a un gobierno de nueve
y litúrgico que impulsor de grandes proyectos. Sus tres grandes logros (salario
meses no le va mal. Ha sido un gobierno para ese momento puntual, más estético
mínimo de 900 euros, aumento de las pensiones e incremento del salario de los
horizonte de futuro.
funcionarios) son un buen poster electoral. También pueden contar en el haber
los muchos proyectos que se han quedado a mitad de camino, pues ellos marcan un

Lo que sí merece una lectura distinta es
su relación con los independentistas catalanes. No me cabe la menor duda de la
sana intención de dialogar por parte del gobierno español, sin salir de los
catalana, que, a la mínima, sacaban a escena su derecho de autodeterminación y
cauces constitucionales, a pesar de la difícil interlocución separatista
cierto que la crisis del “relator” fue mal gestionada por la vicepresidenta, a
su referéndum acordado, sabiendo que eso era sabotear el diálogo. También es
pesar de no ser un asunto de gran importancia, salvo lo que añadía a la
victoria parcial del relato catalán.

Y por ahí se rompió la costura. Me cabe la
duda de si la insaciabilidad independentista es posible que prefiera la
inflexibilidad de la derecha para seguir jugando hiperbólicamente su papel de
víctima. Pobres catalanes que se van a pasar otra legislatura en perpetua
funcionarios catalanes, ya que, sin directivos políticos, están haciendo
campaña separatista. Habrá que dar la medalla al mérito profesional a los
estamento político en la gestión administrativa.
funcionar la administración. A ver si van a demostrar la innecesariedad del

La comparecencia de Sánchez para comunicar
el adelanto electoral ha sido el primer mitin de la precampaña electoral. Que
proseguirá en las pocas sesiones parlamentarias hasta el 5 de marzo. Y ése va
ser el discurso socialista durante la campaña. Suena bien. Si, además, excluyen
los exabruptos e insultos personales, le dará buen resultado, pues la gente
prefiere discursos en positivo. El PSOE está en disposición de ganar las
partidos va a hacer muy difícil la gobernabilidad. Los vetos van a tener una
próximas elecciones. Pero otra cosa muy distinta va ser si gobierna o no. En
eso, España tiene poca práctica, y la segmentación del parlamento entre cinco
la responsabilidad de Cs en otorgar carta de ciudadanía a este neofranquismo
gran importancia, sobre todo la animadversión entre Pd y Cs. Y la irrupción de
Vox podría permitir un gobierno a la andaluza. Aquí procede una reflexión sobre
España habrá perdido una nueva oportunidad de romper la política de bloques.
que estaba camuflado en el PP y que ahora campa por libre. El papelón de Cs le
puede pasar una factura difícil de pagar en el futuro. Si Cs abandona su
centralidad liberal y forma parte del núcleo duro de la derecha española,

Y tras formar gobierno (si se forma),
viene la pregunta del millón: ¿qué objetivos y proyectos tendrá el nuevo
gobierno? Porque si de lo que se trata es de ir aguantando y resistiendo las
tarascadas de la oposición, igual da un gobierno que otro. ¿Para cuándo poner
rumbo a la España del siglo XXI? En estos momentos, solo le pediría al nuevo
gobierno, sea cual sea, que elaborase un plan estratégico creíble y viable, con
objetivos, recursos, tiempos y cuadros de mando que permitiesen a la ciudadanía
ir cotejando la verdad y eficacia de la acción política. Nada más. Y nada
menos.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 9 de febrero de 2019

SOBRE LA POLÍTICA DE HOY Y DE SIEMPRE


La ventana indiscreta
SOBRE LA POLÍTICA DE HOY Y DE SIEMPRE
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 9-02-2019)
2019 va a ser un año trepidante. Inflación de elecciones en mayo, posibles elecciones generales en mayo u otoño y, sobre todo, el juicio contra los separatistas catalanes, que será televisado en directo. ¿Quién da más? Ojalá todo sea riguroso y no se convierta en espectáculo.
El juicio va a constituir un test de la democracia española ante Europa y el mundo, especialmente de su sistema judicial, puestos ambos en entredicho por el agit-pro catalanista, y que van a ser observados con lupa televisiva. De momento, ya han dicho los reos y su maquinaria propagandística que si la sentencia no es absolutoria esto no es una democracia; que están convencidos (antes de empezar) que va a ser un juicio injusto; que la sentencia ya está dictada. ¡Vaya manera de empezar!
Ha habido muchos comentarios, demasiados, por parte de todas las instancias nacionales. Cierto que las internacionales han sido mucho más respetuosas que nosotros mismos para con nuestro sistema judicial y político. A los españoles nos gusta mucho pontificar. Casi me atrevería a decir que cuanto más leguleyos somos en la materia más hablamos sobre ella. No hay más que ver las tertulias televisivas. Pero hasta ahí casi todo podría ser considerado como normal. Lo más notable es que cuando ves las caras de los contertulios puedes adivinar lo que van a decir sobre el asunto. Pongamos que hablo de Venezuela, por ejemplo. O de Cataluña.
En el fondo, el juicio contra los separatistas es algo tan sencillo como que unas cuantas personas, aprovechando su posición política y/o social, han cometido una serie de supuestas ilegalidades, graves según el auto judicial, por las que van a ser juzgadas. Hasta ahí todo normal. Quizás lo más raro ha sido el encarcelamiento de los investigados durante tanto tiempo previo al juicio. Pero si tenemos en cuenta la gravedad de las acusaciones y, sobre todo, que unas cuantas personas, acusadas de lo mismo, han huido de la justicia y del país, estamos ante una medida prudente y proporcional.
Pero, por deformación profesional, mi ventana mira hacia el porqué de esa conducta separatista. Por qué las autoridades de una región española, posiblemente la más privilegiada de todas, pone en peligro su estatus por no se sabe qué futuro mejor. En contra de todo el país y de, al menos, la mitad de la región catalana. Cualquier mente que funcione normalmente no ve ganancia alguna en esa operación. Entonces habrá que hacerse la pregunta clásica “¿cui prodest?” (a quien beneficia) tal operación. Indudablemente, a los impulsores de la misma. Y no a todos, porque a ERC no lo veo tan claro, pues siempre han vivido con su ideario independentista y les ha ido bien. Han mantenido una situación, si no de privilegio, si muy digna electoral y políticamente. Sin embargo, a la burguesía de derechas, la antigua Convergencia, este salto hacia adelante les ha tapado, de momento, todas sus corrupciones y sus consecuencias judiciales. ¿Desde cuando han sido separatistas los convergentes? Nunca hasta hace unos pocos años. Hay un montón de citas pujolianas del gran papel de Cataluña en la gobernabilidad del Estado español. Cobrando, claro. Colectiva y personalmente. Como dicen que decía el abuelo Pujol, para cuando la política se acabe o para cuando vengan mal dadas.
Otra pregunta es ¿por qué tanta gente, que ni les va ni les viene en este negocio, se deja engatusar? Aquí ya funciona la literatura pseudohistórica, épica, romántica y litúrgica. El gran relato catalán intenta, cual guiñol infantil, rememorar y profetizar las grandes epopeyas catalanas, las de antes y las futuras. Y de la falsedad de esto, los aragoneses sabemos algo. Porque los nacionalismos, aparte de exclusivos, son excluyentes. Son el nuevo pueblo de Israel elegido por los dioses para marcar la senda y el horizonte. No hay nacionalismo sin víctimas, interiores y exteriores, o sea, catalanas y españolas.
La penúltima noticia es que ERC ha entregado en el Registro del Congreso una enmienda a la totalidad a los presupuestos del gobierno, que mantendrá a no ser que el gobierno “no desjudicialice el proceso”. ¿Es una táctica para luego retirarla? ¿Táctica de quién, de ERC o de Sánchez? ¿O de ambos? ¿Es la antesala del adelanto electoral? Porque la última es la aceptación gubernamental de un “mediador” o “relator” o lo que sea en la (s) mesas (s) de negociación entre Cataluña y España. No voy a ser apocalíptico en mi comentario pero el apoyo al triunfo del relato separatista es muy elocuente. En esta batalla, porque es una batalla, ya que los nacionalismos siempre son guerreros, la guerra de los relatos es muy importante.
Fatiga el hecho de estar constantemente adivinando las intenciones ocultas que hay detrás de las palabras de nuestros políticos. Pocos hechos y muchas palabras equivalen a publicidad. ¿Es mera publicidad la política que se hace? Desde mi ventana se ven pocos políticos que hagan propuestas de futuro. El mundo cambia vertiginosamente y la política española sigue estancada. La izquierda tiene que volver a redescubrir la política en el sentido más profundo del término: las grandes ideas, los grandes proyectos, los grandes debates. La izquierda debe volver a encarnar grandes aspiraciones colectivas. Pero para ello hay que buscar la buena perspectiva desde la que mirar. Y desde allí reflexionar. Con humildad y sin aspavientos. Porque, tras la muerte de Dios, los políticos han querido ocupar su lugar. Y así vamos a peor. Dios era más dios.
En el fondo, la gente solo pide que le dejen vivir. Su vida la pone él. ¿Tan difícil es comprender esto? Quizás el político debería preocuparse menos de la gente y más de sí mismo. Quizás así todos nos enteraríamos de quiénes son realmente. A los políticos se les debería juzgar por lo que son y no tanto por lo que hacen. De esta manera podrían dedicarse al ser, y, siendo, estarían posibilitados para hacer algo importante. La hiperactividad es una estafa. Incluso me atrevo a opinar que deberían estar prohibidas las reuniones o concentraciones de masas. El hombre en masa se diluye. El hombre que se dirige a las masas no habla, grita. Sus palabras son huecas y solo sirven para excitar o amansar, nunca para comunicar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 26 de enero de 2019

CATALUÑA, EL ESTADO Y LAS ELECCIONES






La ventana indiscreta
CATALUÑA, EL ESTADO Y LAS ELECCIONES
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 26-01-2019)
En breves fechas comenzará el juicio más importante en la reciente historia de la democracia española. En él están imputados el núcleo duro del independentismo catalán, no por sus ideas (Esquerra Republicana las ha defendido siempre) sino por sus hechos contra la Constitución Española con el ánimo de quebrar la estructura del Estado español. La aplicación del artículo 155 de la CE desde la unidad de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE y Cs) supuso el freno al uso espurio de la autonomía catalana para un fin no previsto en su normativa, ni estatutaria ni constitucionalmente. Pero el separatismo sigue insistiendo. Y los constitucionalistas siguen sin tener las cosas claras. Es más, la izquierda española paga la factura que genera el separatismo catalán mientras la derecha hace caja electoral, tanta que ahora son tres para repartirla.
Desde entonces hasta ahora han sucedido muchas cosas en el Estado español, en sus tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. La cantidad de maniobras habidas es impresionante, algunas realmente importantes y hasta posiblemente determinantes en el resultado final del juicio. En mi opinión, la más notable es la moción de censura contra el gobierno del PP presidido por Rajoy y que concluyó con Pedro Sánchez en la Moncloa. Aunque el gobierno de Sánchez es nominalmente monocolor, en la práctica se podría hablar del fatídico gobierno Frankenstein denunciado anticipadamente por Rubalcaba.
La dulce armonía del gobierno con los independentistas catalanes es noticia cotidiana. El intento de incidir en el poder judicial (firme y con sentido de Estado en este asunto) ha sido clamoroso. El papel del juez Marchena en su ida y vuelta de la presidencia del Tribunal Supremo puede ser clave. La ambigüedad de Podemos, las declaraciones y   hechos (fuga al extranjero) de los independentistas catalanes, el silencio interesado del PNV y el amarillismo de la Sexta, han creado una atmósfera proclive a la levedad de la rebelión, sedición y malversación separatistas. ¿Se está preparando un ambiente favorable al indulto en el caso de una más que probable condena? ¿O se está justificando el levantamiento de la condena por parte de Estrasburgo?
Mi concepto de la democracia y del Estado me obliga moralmente a ser crítico en un escenario confuso y difuso. Desde mi déficit de especialidad jurídica me atrevo a reflexionar buscando el bien general, independientemente de los beneficiarios a corto plazo. Como he repetido muchas veces, el Estado es la construcción política más importante desde la Ilustración inglesa, con Locke y Hume, que trajeron la democracia un siglo antes que en el continente europeo, por  mucho que los franceses y su Revolución  quieran vender la Ilustración como propia. Es, pues, el Estado lo primero a defender, por ser  el fundamento estructural de nuestra organización sociopolítica. Después vienen las distintas tendencias u opciones (modelos, sistemas, partidos, ideologías) desde las que se puede organizar la sociedad. Sin embargo, los partidos buscan defender otras cosas antes que el Estado. ¿Por ignorancia o por mezquino interés? Me viene a la mente una cita muy perversa de Schopenhauer: “Hay ineptos muy entusiastas. Gente muy peligrosa”.
Claro está que en una democracia representativa los gobiernos se derivan de las elecciones. De ahí que sea tan tentador jugar al carácter electoral(ista) en la acción política por parte de los partidos, y más aún más por parte de los jefes de cada partido. Ser presidente de gobierno de tu país supongo que alimenta  la autoestima y la vanidad (y hasta la bolsa) para todo lo que te queda de vida. Pero, desde una perspectiva moral, hay que hacer lo que hay que hacer, que no es otra cosa que lo que indica el cumplimiento de las leyes democráticamente elaboradas. Ya sé que es muy romántico hacer la revolución, pero, como decía un buen amigo, intentamos la revolución, menos mal que no lo conseguimos.
Precisamente, el surgimiento actual de una derecha radical, cuyo nombre no cito para evitar la publicidad, radica en su discurso simplista pero supuestamente moral (patria, religión, identidad), aunque sea a costa del olvido de la infraestructura material más izquierdista (trabajo, salario, vivienda). Los españoles parece ser que no tenemos genes muy filosóficos y nos gusta más la discusión binaria que los matices serenos y poco apocalípticos. Y en esa discusión, los radicalismos tienen mucho a ganar con su simplismo bipolar: blanco-negro, izquierda-derecha, sí-no, arriba-abajo, bueno-malo. Pero no hay que olvidar que la formación de los gobiernos se deriva de la configuración de mayorías parlamentarias en torno a un partido que concite poca animadversión y sea flexible en la práctica política. Los radicalismos sirven para “quedarse a gusto” pero para nada más. Incluso si llegan a gobernar, duran poco.
Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 12 de enero de 2019

2019: AÑO ELECTORAL




La ventana indiscreta
2019: AÑO ELECTORAL
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 12-01-2019)
Este año 2019 va a ser un año intensamente electoral: el domingo 26 de mayo habrá elecciones europeas, autonómicas (en casi todas  las CCAA de España) y municipales. Y pudiera ser que también haya elecciones generales (dependerá de presupuestos y de sondeos). Por tanto, no sobra una mirada sobre los distintos actores y escenarios que operan políticamente en la actualidad española.   
Las elecciones europeas deberían ser mucho más importantes de lo que son. Lo que pasa es que los propios partidos políticos son los primeros que no le dan la importancia debida. El pobre papel que hace el Parlamento Europeo (directamente elegido por los ciudadanos europeos) frente a la ejecutividad de la Comisión Europea (donde operan directamente los 27 gobiernos), hace que en las listas electorales no vayan políticos importantes en sus partidos. Si tuviéramos en cuenta la importancia que las decisiones de Europa, incluyendo el Banco Central Europeo, tienen en cada país, estas elecciones cobrarían mucha mayor importancia. Es una manera sibilina de sustraer el poder a la ciudadanía para otorgarlo a las oligarquías económica y política.
El panorama de la política general española cuenta ahora con un invitado más que se llama Vox. Ahora son cinco, el citado más las cuatro organizaciones anteriores: PSOE, PP, Cs y UP. Tanto los sondeos como los propios resultados electorales siempre están haciendo sumas de escaños por bloques: derecha e izquierda, eso que algunos decían que había desaparecido. Porque según la Constitución Española los gobiernos los configuran los Parlamentos y no los electores directamente. Con frecuencia gobierna, no quien más votos tiene sino quien menos rechazos genera. Esto, que es evidente, algunos no lo entienden. Esto es lo que hace que el poder siempre tienda hacia el centro como punto equidistante entre adhesiones y repulsiones. Hay partidos buenos para ganar elecciones y los hay buenos para ganar discusiones. Y para gobernar hay que ganar elecciones. Por eso las clases medias mandan en las sociedades maduras. Y por eso, también, en la actualidad, hay más incertidumbre porque las clases medias están bastante desestructuradas y el ascensor social de las personas sube y baja en función de cada coyuntura social y personal. En estos momentos, según los sondeos, ninguno de los dos bloques tiene clara la mayoría de gobierno. La formación de gobierno va a depender más de la versatilidad de los partidos que de sus votos. Y los dos partidos más versátiles son PSOE y Cs. Si los dos se alían, se harían con casi todos los gobiernos, general, autonómicos y locales. Cs se puede jugar su futuro si no resuelve pronto su decisión de ser un partido liberal de centro o un partido de derechas. Hasta ahora ha podido mantener su ambigüedad porque no ha gobernado, pero ya se le ha terminado su virginidad. ¿Gobernará Cs con el PSOE o con el PP (y con Vox)? Ésa es la cuestión.
En las elecciones autonómicas, hasta ahora ha sido la alianza PSOE-UP la que ha primado con ligera ventaja sobre PP-Cs. Pero ahora se van posicionando, ya que la aparición de Vox modifica las equidistancias entre unos y otros. Véase Andalucía como paradigma posible. En Aragón, mi tierra, el futuro es incierto, a pesar de la buena gestión institucional del gobierno de Javier Lambán. Por capacidad de trabajo, por progresista, por moderación y por patriotismo constitucional, Lambán se merece seguir. Veremos.
El ámbito local es otro mundo que, aunque interrelacionado con  los otros dos, funciona con una cierta autonomía. Ejea, mi pueblo, está en buenas manos. La ciudad de Zaragoza va a ser un enigma y la política de alianzas va a estar estrechamente relacionada con la autonómica. Todo ello, lógicamente, en función de la aritmética de los resultados. El espectáculo que han dado Zaragoza en Común (ZEC), con su esterilidad gobernante, y el PSOE, con su quiero y no puedo o puedo y no quiero, ha sido patético.
Llegando ya al final del artículo percibo que he caído en el defecto que siempre intento evitar: hablar más del carácter electoral que del gestor de cada gobierno. Ahora ya es tarde, pero prometo hablar próximamente de la acción política rigurosa y no solo ni fundamentalmente de su dimensión electoral(ista). La pregunta es muy sencilla: ¿Qué debe hacer un gobierno, hacer lo que hay que hacer para el bien de su país o hacer lo que hay que hacer para ganar las próximas elecciones? Parece lo mismo pero no lo es. Una pequeña muestra sería concretar la fiscalidad necesaria para hacer frente a todas las promesas programáticas. Porque no hacerlo es abusar del cuerpo electoral y obligarle a hacer un enorme acto de fe. Y la gente ya no está para hacer apuestas en el vacío.         Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 29 de diciembre de 2018

¿AÑO NUEVO VIDA NUEVA


Hay pocas cosas tan castizas como los refranes. Por cierto, muchos son casposos y pelín reaccionarios. Uno de ellos es el del título. Veamos cómo van los asuntos ya clásicos de los últimos tiempos. Hoy renunciamos a la trascendencia y aterrizamos en la inmanencia.
Aunque ya he escrito varias veces sobre Cataluña, ahora, desde mi ventana, quizás ha cambiado mi perspectiva. Ahora no pienso tanto en los políticos independentistas sino en el común de los catalanes. Tienen que estar hasta los… Todos los días con la misma matraca. Si los españoles no catalanes estamos exhaustos con la información sobre Cataluña, no quiero ni pensar en los pobres catalanes. No entiendo como no hay un plante ciudadano a consumir noticias sobre la cuestión. Si los “indepes” catalanes lograran su objetivo máximo se aburrirían. Sin el enemigo español se tendrían que mirar a sí mismos y se hastiarían. No los quiero tan mal.
Podemos y su caudillo Iglesias también dan para mucho. Hay que reconocerle su resistencia al desaliento. No para. Hace de gobierno, de oposición, de comentarista, de animador, de presentador, de politólogo. Yo creo que hay que subirle el sueldo sustancialmente. Y no solo para ayudarle en el mantenimiento doméstico, que también, sino para que no pare en su productividad multisectorial. Otros cobran mucho más en la tele y no dan tanto de sí. Ahora bien, sin la Sexta sería menos.
Sánchez también se afana en lo suyo. Cada día nos sorprende con una novedad. Se va, se queda, no lo sabe, depende. Eso sí, qué bien le sientan los trajes. En eso hemos ganado. Adolfo no estaba mal. Felipe tenía un punto meridional que flipaba. José Luis tenía su palmito. Pero Pedro supera a todos. ¿Qué no importa la planta? Qué ingenuos.
Como se habrá podido observar solo hablo de varones o de colectivos territoriales. No me atrevo a hablar de mujeres. ¡Con lo que en este país hemos hablado de mujeres los varones! Pero ahora es peligroso. Se ha impuesto una autocensura que casi deja pequeña a la de los cuarenta años. Entre feministas, animalistas, ecologistas… estamos rodeados. Tradicionalmente, el sufijo ismo era peyorativo pero ahora se ha transformado en un título de excelencia. Repaso este párrafo por si he cometido algún desliz. Juro que si lo hay es sin intencionalidad.
Otro asunto que llena nuestros vacíos existenciales son las pensiones. Nunca una cuestión tan compleja había sido tan simplistamente tratada. “Hay que aumentar las pensiones”. Depende de cuáles. “Yo he cotizado cuarenta años y me quedan cuatrocientas euros”. Mentira. Hay que tener en cuenta que las pensiones son una contraprestación a las cotizaciones de toda la vida laboral. Y muchos han cotizado muy poco. Lo que pasa es que los pensionistas son diez millones y todos votan. Ocupan más espacio mediático las pensiones de los jubilados que el trabajo de los jóvenes. Nadie dice nada sobre lo último. Ni ellos mismos. El individualismo y la supervivencia se han convertido en su peor defensa. Los asuntos importantes hay que pelearlos, jóvenes. Y el trabajo es el factor que dignifica la vida (Marx dixit).
Yo siempre he pensado que mi generación, al menos en España, ha sido muy peligrosa para la sociedad. Cuando comenzamos a ser adultos ocupamos todos los sitios y lugares posibles, pues todos estaban democráticamente vacíos. Luego, con la esperanza de vida que disfrutamos y unas dignas pensiones, seguimos ocupando muchos sitios y la mayor parte de los restaurantes. Pienso que cuando nos muramos, esta sociedad dará un paso adelante muy importante, pues el vacío a ocupar será grande. Ya lo decía el clásico, no merece la pena sufrir ni pelear, todo es cuestión de unas cuantas defunciones. Pues eso, a esperar.
Vox es ya un asunto no solo de presente sino de futuro. Nos va a dar muchos días de gloria. Por sí mismo y por sus colaterales, que van a dudar entre abrazarlos o insultarlos. Éramos pocos que parió la abuela. Ahora somos cinco. Menos mal que IU se ha diluido en Podemos, si no, seríamos seis. Y esto na da ni para tanto ni para tantos. Ahora que Italia se ha simplificado, España se ha hace más compleja. ¿Seguirá siendo cierto eso de “España es diferente”? Una de las perlas más políticas de Vox es la desaparición de las autonomías. Yo siempre he sido un jacobino. En la Transición siempre pensé que en nuestra cantonalista España un gobierno central democrático, un reconocimiento cultural e idiomático a vascos y catalanes y una descentralización inteligente y profunda, sería más que suficiente. Ahora ya es una cuestión irreversible aunque muy mejorable en lo relativo a la igualdad de todos los españoles.
Bueno, hasta aquí llegó mi subjetivo caleidoscopio. No banalizo, relativizo. Feliz año nuevo 2019 y que nuestros asuntos, inmanentes todos, no nos amarguen la existencia, que solo hay una, como España.
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 15 de diciembre de 2018

ACONTECIMIENTOS INESPERADOS


La ventana indiscreta
ACONTECIMIENTOS INESPERADOS
Desde mi ventana se ven los acontecimientos desde una perspectiva distinta a cómo se ven desde la calle. Ni peor ni mejor, distinta. No te involucras pero tampoco te evades; se te escapan los particularismos pero globalizas mejor; lo ves a posteriori y así reflexionas más acertadamente; no participas en ellos pero puedes influir en los siguientes. En definitiva, no participas en los acontecimientos que ves pero puedes prever lo que va a suceder. Porque la vida, y la política es parte de la vida, es un  proceso que fluye, donde el presente condiciona el futuro, si tu perspectiva es la adecuada.
La vida parlamentaria española transcurre con más anécdotas que hechos serios, sus discusiones suceden sin hablar del fondo de las cuestiones y lo que queda en la retina son aspectos formales poco significativos, si no chascarrillos. Las declaraciones públicas de los dirigentes sociales son casi siempre huecas y a la defensiva. Como mucho descriptivas, casi nunca proféticas. Pero de vez en cuando sucede algo inesperado: la revuelta de los “chalecos amarillos” en Francia o la irrupción de Vox en Andalucía, por ejemplo. Y no estabas preparado para ello, no lo esperabas, no lo entiendes. Pero si reflexionas percibes una cierta lógica entre el antes y lo ocurrido. Cosas a las que no habías dado importancia, protestas que no parecían importantes, comentarios entre gente no ilustrada, pensamientos que no parecían propios de ti, temores de los llamados infundados. Todos esos hechos sucedían simultáneamente y no percibías ninguna conexión entre ellos. Y de pronto estalla lo inesperado y te pones a cubierto, no vaya a ser que te cause algún problema.
Pero la política debe tener, según Aristóteles, una virtud primordial, la prudencia. Palabra cuya etimología latina es pro-videre, que significa ver antes de que sucedan las cosas, adelantarte a los acontecimientos, prever lo que va a pasar. Por eso son tan importantes los políticos. Por eso la política es el mejor instrumento que los humanos han inventado para garantizar la convivencia y mejorar la vida de sus conciudadanos. Por eso los políticos deben ser respetados y hacerse respetar. Porque se deben dedicar a preparar el futuro de todos. Y por eso Platón decía que los políticos deben ser elegidos de entre los mejores de la comunidad, ya que solo ellos están preparados para ser políticos.
Los políticos se lanzan, en los días siguientes de ocurrir lo inesperado, a un análisis desenfrenado. Algunos se las dan de profetas; otros, más humildes, se intentan defender de las consecuencias; otros, más prácticos, se resitúan ante el futuro. Pero casi nadie modifica su conducta. Como mucho, cambian de discurso, dicen tomar nota, pero, a los pocos días, todo vuelve a ser igual. Los políticos no están ni en la calle ni en la ventana. Están en su burbuja, hablando entre ellos y nada más que entre ellos, sobre cómo lo ocurrido les va a afectar a ellos.
Cuando los políticos se sobreponen y vuelven a hablar, cargan contra los culpables. Siempre hay culpables de lo sucedido. Distintos de nosotros y de los nuestros, claro. Y nos ponemos a contarlo a la gente, que se enteren qué ha pasado, por qué ha pasado y quién ha sido el causante. Si todos hubiesen hecho lo que yo decía nada de esto hubiera sucedido. Pero uno no puede estar en todo. Y nos ponemos a predicar otra vez la buena nueva, la misma nueva que antes de los últimos sucesos. A ver si esta vez me escuchan y todo se reconduce.
Pero la mayoría de la gente no está dentro de mi burbuja y, por lo tanto, hace uso de otra lógica distinta de la mía. Y casi nadie es político, por lo que no miran al futuro sino al presente. Y quieren que su presente cambie a mejor. Están hartos de falsas promesas y ven que cada día están peor. Por eso se apuntan a cualquier novedad que aparezca. Prueban a ver qué (les) pasa. A veces optan por aquello que más duele a los que han gobernado, a ver si espabilan y cambian de una vez. Pero muchos políticos, en vez de escuchar y reflexionar, aún se enfadan más y los castigan. Y así les va. A los políticos.
Ya se sabe que los votos “en la línea equivocada” provienen siempre de ignorantes o malvados. Lo que pasa es que cada día hay más. Pero siempre queda una última explicación: se trata de una reacción coyuntural pero todo volverá a su ser, o sea, que me vuelvan a votar a mí. A veces, efectivamente, es una reacción coyuntural, pero otras veces esos sucesos están indicando un cambio de época. El 15-M y Vox parecen una reacción semejante, por la izquierda y por la derecha, por parte de aquellos que no les va bien (a ellos y/o a la sociedad). Pero vemos que lo sucedido no es solo en España. Más aún, España era la excepción (junto con Portugal) de este populismo que nos rodea. Ya estamos en la frecuencia general. ¿Y ahora, qué? Seguiremos informando.            Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 1 de diciembre de 2018

ENVEJECIMIENTO ACTIVO









Hace tres años escribí en este mismo periódico un artículo titulado “Envejecimiento activo”. Vuelvo sobre el tema, pues, aparte de ser mi problemática existencial del momento, pienso que es una cuestión realmente importante para los interesados y para los “no interesados”, porque la sociedad somos todos y una interrelación positiva  de unos con otros nos aporta bienestar a todos.  

En principio formularé, a manera de criterios básicos, tres principios: 1) Las personas mayores quieren participar activamente y de manera integral en la sociedad española, por lo que la sociedad debe estimular y reconocer la contribución de los mayores al bienestar del país. 2) En nuestra sociedad se considera a los mayores como objeto de atención más que como sujetos autónomos, y aún menos como como personas que desarrollan críticamente esa autonomía.  Y 3) Hay que darle la vuelta a esta percepción y construir nuevos relatos y nuevas políticas con y para los mayores.

En 1999, la OMS adoptó el término “Envejecimiento Activo” (EA) como el proceso de optimización  de la vida a medida que las personas envejecen. Si tenemos en cuenta que en el mundo hay más de 600 millones de personas mayores de 60 años, y que, con la esperanza de vida disparada, en 2025 serán 1.200 millones, estamos hablando de un asunto mucho más importante de lo que parece. No es solo cosa de viejos. Y si somos de los que solo vemos importante la economía, tendremos que pensar que la sanidad, las pensiones y los servicios sociales son la parte del león en nuestro Estado de bienestar y tienen en las personas mayores su mayor coste. Por lo tanto, o “matamos” a los viejos o les hacemos un hueco. Y este hueco que los mayores deben tener, puede y debe ser mucho más eficiente si la sociedad (y el poder) los trata como sujetos activos y no solo como objetos a cuidar.

Uno de los tópicos más inoperante que solemos usar en esta cuestión es la improductividad de los viejos. Y nos referimos siempre al trabajo profesional y/o físico. Pero si observamos el número de parados en la actualidad española, y más aún, en que el paro no tiene remedio para mucha gente, bien sea por falta de cualificación, por robotización de ciertos trabajos o por improductividad de ciertos medios tradicionales, podríamos pensar que la sociedad del ocio que Marcuse predicaba en los años sesenta (“Eros y civilización”) había llegado, tanto para los laborales como para los jubilados. Y en esta sociedad del ocio no es el trabajo el problema principal, sino cómo ocupar el tiempo libre. ¿Tiene el hombre de hoy la capacidad intelectual para estar sin trabajar? Como siempre, unos sí y otros no, independientemente de su edad. Y el problema de los salarios tampoco sería un grave problema, pues la Renta Básica Universal (y otros productos existenciales que aparecerán en el futuro inmediato) será algo tan elemental que dejará de ser una demanda política para convertirse en un principio básico de convivencia. Los cambios en la manera de organizarse la sociedad son vertiginosos y aún lo serán más.

Esta nueva perspectiva de ciudadanía que pido para los mayores debería tener tres características importantes:

1) El valor de la autonomía personal: ni ser viejo significa ser inútil ni trabajo y jubilación tienen que ser obligatoriamente términos irreconciliables. Se puede seguir trabajando al mismo tiempo que se jubila si entendemos el trabajo como generación de valor y de utilidad social, aunque no necesariamente incluya salario. Lo importante es conseguir que el capital humano, social e intelectual acumulados, sus conocimientos y experiencias, no se pierdan ni se dejen de lado.

2) El valor de la igualdad y las condiciones de vida. Aunque España ha mejorado muchísimo las desigualdades siguen existiendo. He aquí algunos datos: el 20 % de la población son mayores; el 60 % son mujeres; el 30 % de los mayores de 65 años tienen alguna clase de discapacidad; el riesgo de pobreza es casi el doble entre los mayores que en otra edad; vivir solos no tiene el mismo significado de viejos que de jóvenes. Por lo tanto, evitar la discriminación y la exclusión de los mayores es un objetivo primordial, pues su vulnerabilidad es mayor.

3) El valor de la diversidad. No todo el mundo llega a la vejez en las mismas condiciones económicas, culturales y sociales. Tratar de manera diversificada las situaciones de desigualdad es una garantía de igualdad para todos. Y esto vale también para las diversas opciones vitales, sexuales, culturales y religiosas de los mayores. Hay que dar voz a los que no tienen voz.

Como conclusión final me atrevo a ir un poco más lejos reivindicando un papel activo de los mayores en las dinámicas sociales y políticas de cada ciudad y comunidad. Se debe aprovechar sus potencialidades, fuerzas y capacidades. Un ejemplo de esto podría ser el concepto de “emérito” que se usa en las universidades para sus profesores jubilados, que debería dejar de ser una situación de privilegio universitario y pasar a ser una consideración social generalizada.                                 
Mariano Berges, profesor de filosofía


















sábado, 17 de noviembre de 2018

La ventana indiscreta EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA POLÍTICOS


 
El ritmo de los acontecimientos es trepidante: moción de censura, exhumación de Franco, siempre Cataluña, el omnipresente Villarejo, el asunto de las hipotecas, el estado de campaña electoral permanente, etc. Añadamos la reiteración de los informativos, que siembran la percepción de que aún pasan más cosas de las que realmente pasan.

Ciertamente el empacho del español que quiera estar informado es tal que para procesar tanta imagen repetida y tantas noticias huecas y estériles tiene auténticos problemas de digestión mental y hasta material. El cansancio y la reiteración esterilizan la mente, que necesita oxigenarse para estar en disposición de asimilar algo de lo que le cuentan.

¿Y si lo que cuentan son cuentos? Habrá que analizar la intención de los contadores de cuentos. ¿Para qué nos cuentan cuentos? ¿Para entretenernos, tal como se hace con los niños? ¿Para distraernos? ¿De qué? Porque no solo nos distraen de algo sino también para algo: para no dedicar nuestra atención a lo que realmente nos interesa: la vida real, la sociedad real, la gente real, los intereses reales.

Si últimamente se habla mucho de burbujas (económica, inmobiliaria…) habría que extender más el ámbito y hablar de la burbuja de los políticos. El político al uso vive realmente en una burbuja. Solo habla con políticos o con periodistas sobre política. Si habla con gente normal es tratado como político y su vanidad es halagada incluso cuando es insultado. Le insultan aquellos que le envidian, piensa el político al uso. Y su termostato son las elecciones, internas o externas. Y si no gana es porque a veces el pueblo se equivoca y hasta es desagradecido.

En el ámbito católico era habitual hacer de vez en cuando (una vez al año era lo típico) unos ejercicios espirituales, tiempo en el que uno analizaba si su vida era conforme a los principios ortodoxos o correctos de su religión. Pues bien, no les iría mal a los políticos unos ejercicios espirituales para analizar si ese principio rector de la política, que es la transformación de la sociedad en que vives, rige realmente su acción política. Quizá se encontrarían que el auténtico principio rector son las elecciones, para lo que es conveniente hacer o decir lo que la gente “distraída” quiere ver u oír. En definitiva, el populismo en su versión peyorativa, ése que consiste en analizar y resolver simplistamente asuntos o cuestiones difíciles y complejos. Un ejemplo que nos sirve es lo sucedido con el “hipotecazo”.

Resulta que durante veinte años los gastos derivados de las hipotecas o actos jurídicos documentados -AJD- los ha venido pagando el ciudadano hipotecado, además de pagar los intereses del negocio bancario. Resulta que en la normativa no estaba muy claro que esto tuviera que ser así. Y de hecho, el Tribunal Supremo decide que esto era un error y que tenía que ser el banco quien lo pagara. Lo cual suponía una devolución al conjunto de los ciudadanos hipotecados en los últimos cuatro años (tiempo hábil en la prescripción de los procesos tributarios) de 5.000 millones de euros, según la ministra de Hacienda Pero no los devolvían los bancos sino las Comunidades Autónomas (CCAA), que son las que habían ingresado tal impuesto autonómico, aunque luego los bancos tendrían que pagar al menos parte.  

Pero a los quince días de esa sentencia el propio Tribunal Supremo se desdice y señala a los ciudadanos hipotecados como los pagadores de esos 5.000 millones. Que ya los ha pagado. Con lo cual todo queda como si no hubiera pasado nada.

Pero al día siguiente sale el Presidente del Gobierno y dice que no, que son los bancos los que tienen que pagar y no los ciudadanos. Y esto ya será así definitivamente. Como si el mundo se acabara con sus palabras. Eso sí, sin la retroactividad de los cuatro años, o sea sin pagar nada los bancos ni devolver los 5.000 millones las CCAA. Con lo cual los ciudadanos hipotecados no recuperan lo indebidamente pagado. Y los bancos se resarcirán de lo que tengan que pagar de aquí en adelante repercutiéndolo en el cliente, diga lo que diga el Presidente.

¿Fin de la historia de las hipotecas? No creo. Desde mi ventana esto se ve como un teatrillo con tres personajes: bancos, Gobierno y jueces. Y un espectador anonadado: el ciudadano, que ha pagado y no lo va a recuperar. De momento: paz, nadie paga, nadie cobra. Y a partir de ahora, veremos. Porque el PP y Cs quieren quitar el impuesto, o sea empobrecer al Estado; el PSOE aparece como el justiciero, y UP monta unas manifestaciones contra no se sabe qué. Populismo a cuatro bandas. Me viene a la memoria aquella definición de demagogo: “aquel que predica doctrinas que sabe falsas a hombres que sabe idiotas”.

Como colofón una pregunta: ¿Son estos jueces y este Gobierno los que van a resolver al contencioso judicial más importante de la democracia española, el juicio a los independentistas catalanes? Difícil papeleta. Si con el “hipotecazo” nos hemos mareado, con el juicio al separatismo catalán nos podemos asfixiar. Preparémonos para degustar diariamente estos conceptos: rebelión, sedición, malversación, inhabilitación, desobediencia. ¿Y tras la sentencia, otro nuevo: indulto?

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 3 de noviembre de 2018

LEGALIZACIÓN DE LA EUTANASIA

Parece que esta vez va en serio. Tras la moción de censura con la votación favorable al candidato Sánchez, el derecho a morir de manera digna ha entrado con paso firme en la agenda política española. El Congreso va a tramitar una proposición de ley sobre la eutanasia o buena muerte (de eu –buena- y tánatos –muerte), con el voto favorable de todos los grupos parlamentarios salvo el PP. Ojalá que el debate se haga alejado de prejuicios y sectarismos religiosos y/o ideológicos.
En la legislación comparada se plantean dos posibilidades: la eutanasia directa, que consiste en provocar la muerte del paciente, normalmente mediante inyección de fármacos que le aseguran una muerte dulce, y la ayuda al suicidio, en la que se le facilitan los medios para que él mismo ponga fin a su vida. Lo ideal sería la aprobación de la eutanasia sin cortapisas artificiales. Y en el caso del suicidio asistido, no penalizar a la persona que ayuda al enfermo, si se demuestra la libertad y voluntariedad  del enfermo.
La muerte sigue siendo un tabú. Por eso no hablamos de ella. Pero cuando a alguien se le pregunta si la teme, suele contestar que a lo que en realidad teme es al sufrimiento. El griego Epicuro (s.IV) lo expresó  y argumentó magistralmente en su Carta a Meneceo. Merece la pena leer lo que queda de esta obra clásica. Y el temor es al dolor físico, por supuesto, pero también al dolor psicológico de tener que seguir viviendo en condiciones insoportables. Morir bien es seguramente el deseo más universal pero el concepto de buena muerte no es igual para todos. Con los avances actuales de la medicina se puede alargar la vida muchísimo pero, con frecuencia, a costa de un gran sufrimiento o la pérdida irreparable de la mínima calidad de vida, bien sea por pérdida de facultades físicas o mentales. La perspectiva de un largo y penoso deterioro hace que muchos ciudadanos quieran decidir por sí mismos cuándo y cómo morir. Hay que decir que ya se dio un gran avance con la Ley de Autonomía del Paciente de 2002 que  garantiza que el enfermo pueda rechazar los tratamientos y soportes vitales que le mantienen con vida, pero esto no es eutanasia, pues solo adelanta el final irreversible en horas o días.
Sobre la eutanasia querría recomendar un título: Cartas desde el infierno de Ramón Sampedro (Edit.Planeta). En 1968 Ramón Sampedro quedó postrado en la cama por culpa de un accidente fatal. Se definía a sí mismo como “una cabeza viva en un cuerpo muerto”. Y en 1998 consiguió aquello por lo que luchaba legal e infructuosamente desde hacía treinta años: su propia muerte. Se trató de un suicidio asistido aunque no se pudo identificar a la persona que lo ayudó. El libro es un estremecedor testimonio de un hombre que buscó la libertad a través de la muerte. Se trata de un auténtico tratado de filosofía empírica. Sus reflexiones nos ilustran sobre el hecho de que la muerte no es más que una parte del proceso natural de la vida. En palabras de Sampedro “existe el derecho a la vida, pero no la obligación de vivir a cualquier precio”. Este es el principio del que parten quienes proponen despenalizar la eutanasia. Tener acceso a una muerte médicamente asistida supondría una extensión de los derechos civiles.
El libro es poético y duro y lo componen una serie de reflexiones, cartas y poemas que ponen la carne de gallina. Ya en el prólogo, Sampedro se queja de que si él “hubiese sido un animal habría recibido un trato acorde con los sentimientos humanos más nobles” y que “el Estado y la religión, por su intolerancia, son los enemigos naturales de la vida y los responsables de la destrucción del hombre como individuo”. En su poema ¿Por qué morir? dice que “Morir es un acto humano de libertad suprema. / Es ganarle a Dios la última partida. / Es un corte de mangas que democráticamente le / hacemos al dolor por amor a la vida.”. Para los que propugnan el sufrimiento como expiación dice que “justificar el sufrimiento como un medio de purificación moral solo se le puede ocurrir a un ser moralmente degenerado por una conciencia culpable. Y quien se siente culpable, o bien es injusto o idiota.”. Cómo no reconocer en este texto a Nietzsche.
Hay quien sostiene que si se pudiera garantizar a todos los enfermos unos buenos cuidados paliativos, la eutanasia no sería necesaria. Pero los mejores cuidados no pueden garantizar que un paciente no sufra y desee morir. La medicina paliativa no cubre ni todos los casos ni todos los tipos de sufrimiento. Eutanasia y cuidados paliativos no son opciones excluyentes.
La idea de fondo en la discusión sobre la eutanasia es que unos piensan (creen) que el dueño de la vida de uno es Dios y, por tanto, el hombre no puede disponer de ella. Mientras que otros piensan (no creen) que la vida es propiedad de cada uno y, por tanto, pueden disponer de ella cómo y cuándo quieran. No es justo que un principio de índole religiosa obligue  a todo el mundo. Los que estén en contra de la eutanasia que piensen que a ellos no les obliga, pero que no obliguen a los demás a seguir la misma pauta.  
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 20 de octubre de 2018

IZQUIERDAS Y DERECHAS


La tesis que defiendo en este artículo es que la vieja dicotomía ideológica de izquierdas y derechas es insuficiente para explicar la complejidad del mundo actual. Tesis que no es de izquierdas ni de derechas sino un análisis que intenta entender qué pasa y qué nos pasa en la sociedad actual. Ya sé que esta tesis se ha defendido siempre desde la derecha para camuflar sus valores y preservarlos de cualquier derrota dialéctica. Pero ahora, al menos desde mi ventana, se observa una evolución social y humana que la vieja dialéctica es incapaz de explicar y aún menos de solventar. Los cambios en la forma de pensar y de vivir de los ciudadanos de hoy se modifican de una manera acelerada en progresión geométrica.
Fue Norberto Bobbio quién en su librito “Derecha e izquierda” (1994) clarificó la diferencia entre ambos términos. Decía que, aceptando ambas tendencias tradicionales los grandes valores ilustrados de libertad e igualdad, las derechas ponen un mayor acento en la libertad y las izquierdas en la igualdad. En teoría podría ser válida tal diferencia. Sin embargo, en la actualidad, la evolución un tanto caótica de ambos conceptos hace insuficiente esta diferencia. Por ejemplo, hay una izquierda que se declara antiglobalizadora, proteccionista, antieuropea y partidaria de la democracia directa. Valores que coinciden con cierta extrema derecha. Véase una cierta coincidencia entre el actual gobierno italiano y las últimas declaraciones de Anguita respecto a estos términos. Quizás debamos abandonar los antiguos prejuicios y esforzarnos en pensar. Con frecuencia recuerdo aquellos tiempos de mi juventud que, en plena orgía metafísico-política, zanjábamos la discusión con aquello de “lo importante no es creer o no creer sino pensar o no pensar”. La dicotomía derecha-izquierda todavía sirve, pero es  insuficiente para entender la complejidad del mundo actual. Despojémonos de muchos clichés izquierdistas sin que ello suponga renegar de ciertos principios
Habría que hablar menos de izquierdas y derechas y más sobre democracia. La democracia es la el auténtico fundamento de una sociedad justa y moderna, y supone implícitamente la prevalencia del gobierno de las leyes frente al gobierno de los hombres. Teniendo muy claro que las leyes, en una democracia de calidad, las hacen los hombres por consensos de mayorías y minorías.
En un universo como el político, constituido sobre todo por relaciones de antagonismo entre partes contrapuestas (partidos, grupos de intereses, facciones, pueblos, relaciones internacionales, naciones, ciudadanos…), la manera más propia de representarlas no es solo mediante la dicotomía izquierda-derecha.  Por ejemplo, hay, ha habido y habrá un fuerte debate sobre la gestión pública o privada (más propiamente “gestión por concesión administrativa”) de ciertos servicios públicos. Una izquierda tradicional apoya la gestión pública universal y una derecha también tradicional apuesta por una gestión privada también universal. Realmente se trata de una cuestión altamente controvertida que depende de muchos aspectos y perspectivas. No es éste el momento-espacio de su discusión, aunque yo defiendo alguna gestión privada para algunos servicios públicos siempre que la vigilancia pública sobre la eficacia y la eficiencia sean operativas.
Otro ejemplo es el concepto y la realidad sobre Europa: más o menos nación, más o menos austeridad, más o menos política, más o menos control europeo, más o menos parlamento europeo, etc. Otro ejemplo sería nuestra posición sobre la Renta Básica Universal y su relación con la desaparición de muchísimos puestos de trabajo que, por su obsolescencia, han desaparecido y/o desaparecerán para siempre: cuánto, a quién, derechos y obligaciones de los perceptores, control e inspección, etc. Otro ejemplo son las pensiones, que no es algo tan sencillo como algunos dicen verlo. Y qué decir sobre las migraciones.
En definitiva, la izquierda ha puesto mucho más el acento en los derechos que en los deberes o la responsabilidad que todos tenemos para con la comunidad en que vivimos. Ahora que hay un momento intenso sobre los presupuestos para 2019 y ha tenido lugar el pacto PSOE-Unidos Podemos, para que el resultado sea viable y sostenible habrá que guardar un equilibrio entre ingresos y gastos; habrá que pactar con los adversarios, lo que implica ceder, siempre que no sea humillante la cesión y cuando es el único medio de obtener algún resultado.  En una sociedad democrática, donde la dimensión electoral es de suma importancia, los moderados tienen mayores posibilidades de éxito y los ciudadanos castigan a los extremistas, por mucho ruido que metan.
En fin, anochece y ya casi no se ve desde mi ventana.          
Mariano Berges, profesor de filosofía