sábado, 27 de febrero de 2016

EL PODER DE LAS PALABRAS

¡Vaya follón que tiene Pedro Sánchez! No sé si es peor el lío interno o el lío externo. Con la firma del pacto PSOE-Ciudadanos (C`s) se ha abierto la caja de Pandora.

Empecemos por el pacto, aunque no es el pacto en si sino el contexto del pacto lo que hay que considerar, tanto el contexto interno como el externo. Porque el pacto dice cosas interesantes, más con estilo de programa electoral que de pacto de gobierno. Pero si tenemos en cuenta que todavía quedan más de dos meses hasta el 3 de mayo (fecha de caducidad del tiempo hábil para pactar), hay que interpretar que dicho pacto es ampliable a otras fuerzas políticas y, por lo tanto, abierto y modificable. Por esta misma razón, la consulta a los militantes del PSOE no tiene mucho sentido. Fue una propuesta “hábil” de Sánchez frente a sus barones, que se puede volver contra él. Porque con la supresión de las diputaciones provinciales (no todas, siempre ha habido clases) los aparatos regionales del PSOE han aprovechado la ocasión para, “en defensa de nuestros pequeños pueblos”, cargarse el trabajo de Sánchez y su comisión negociadora. También es verdad que el pacto se les ha puesto “a huevo”. Si en vez de la palabra “supresión” hubiesen puesto “transformación”, todo hubiese sido distinto, al menos por ahora. Porque a nadie sensato y con un mínimo conocimiento de la cuestión se le escapa que las diputaciones provinciales deben ser objeto de una transformación radical para cumplir su función hacia los pequeños pueblos, sin discriminaciones ni clientelismo políticos. De las comarcas aragonesas ya ni hablamos, porque, como dijo Lambán, ni se tenían que haber creado ni dan valor añadido significativo a la gestión de los pequeños pueblos. En Aragón, en Andalucía, y supongo que en otros muchos lugares, se ha levantado el hacha de guerra por la palabra “supresión” (de las diputaciones). De todas formas, recuerdo que ya estaba en el programa electoral de Rubalcaba y no se armó tanto revuelo. Seguramente porque nadie se lo creía.

El PSOE ha pactado con C´s, o sea, con la derecha. Y no ha pactado con Podemos (POD), o sea, con la izquierda. Aquí la razón de la rebelión es eso de izquierda-derecha. Otra vez habría que volver a los documentos. Repito que el documento del pacto PSOE-C´s no está mal, es posibilista y razonable. Y lo que sí es viable. Pero el documento de POD no es viable. El referéndum de Cataluña ni es ni debe ser asumible por el PSOE. Y casi todas las propuestas con traducción económica son, hoy por hoy, inviables. Por lo tanto, la pregunta básica es ¿quería POD pactar o lo que quería era justificar su no-pacto?

A veces, da la impresión de que todos han empezado una especie de precampaña electoral para las elecciones del 26 de junio. Y que la palabra clave aquí es “culpa”. ¿Quién ha tenido la culpa de que se tengan que repetir las elecciones? Todos van a la búsqueda de la coartada. Una vez más el lenguaje sirve para engañar más que para decir la verdad. Ahora bien, para que haya realmente engaño hacen falta dos requisitos: engañador y engañado. El primero tiene que ser listo y el segundo, ¿tonto? Me viene a la mente un título precioso del filósofo Gómez de Liaño, La mentira como cohesión social. ¿Es posible nuestro tipo de sociedad sin mentira, propalada y aceptada por todos y entre todos? ¿Podríamos vivir sin publicidad (engañosa), medios de comunicación (parciales e interesados), mentiras cotidianas (otro título precioso de Monserrat Roig, Dime que me quieres aunque sea mentira), mentiras “salvadoras”, mentiras “terapéuticas”, elocuentes silencios…? Imposible. No hay tópico más ruinoso que ése de “no se debe mentir”. Hasta la moral católica, tan sabia como siempre, tiene en su catálogo salvífico la restricción mental, que es una forma de mentir sin que sea pecado. ¿Y qué decir del secreto de la confesión en caso de delitos?

Yo, como militante del PSOE, voy a ir a votar el sábado 27. Y votaré que SÍ a este pacto imperfecto, incompleto y fundamentalmente desiderativo. Porque no puede haber pacto real de gobierno si no hay un pacto embrionario del que partir. Otra cosa es para qué va servir esta consulta, que no es vinculante para nadie y va a ser instrumentalizada como arma arrojadiza de todos (internos y externos) contra todos.  Sánchez y Rivera han demostrado voluntad política para pactar. Otros todavía no. Yo espero y deseo que haya pacto. Entre otras razones porque si se repiten las elecciones, el resultado va ser muy parecido, y estaremos otra vez igual pero peor. En Europa nos ningunearán todavía más porque la interlocución con Bruselas bajará enteros y la confianza de los mercados con España quedará dañada. Es una barbaridad tomarse tanto tiempo para constituir gobierno.  


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 13 de febrero de 2016

HAY VIDA FUERA DE LA POLÍTICA

Tras tres capítulos sobre los pactos posibles entre los diversos partidos políticos con el objetivo de configurar un gobierno en España, uno se queda seco y extenuado sobre la cuestión. Llevamos una larga temporada de casi dos meses haciendo quinielas, desencriptando declaraciones generales y huecas y vetando unos a otros con argumentos solo válidos para los fans de cada cofradía. Lejos de patriotismos rancios y de fundamentalismos  que nadie cree, todos estamos en la obligación moral y política de configurar un gobierno decente que garantice un mínimo Estado de bienestar.

Pero hoy me interesa la vida cotidiana, esa cosa tan vulgar como son los pequeños placeres de cada día y las penas inevitables que dimanan de nuestra condición de seres humanos que tienen la obligación moral de vivir. Ese bien vivir y bien morir que predica la ética, contigo y con los demás. Porque sí, hay vida fuera de la política: la salud, los afectos, la amistad, la cultura, el arte, el sol, los paseos, la conversación, la lectura, la contemplación, la reflexión, el trabajo bien hecho… y muchas más cosas.

La vida cotidiana debe tener un sentido, el que cada uno le quiera dar. Y nuestras conversaciones con los familiares y amigos no son valiosas por el contenido propiamente dicho, sino por el sentido que le damos en cada momento. Permitidme que en este momento os trate como amigos a los que me apetece contar una experiencia gratificante que hace que la vida tenga sentido.

Hace poco tiempo estuve en Lanzarote, la isla de César Manrique, y aunque ya lo conocía superficialmente, lo redescubrí un poco más intensamente. En la actualidad, Lanzarote no se entiende sin César Manrique. Cada lugar de la isla lo vas viendo con los ojos de Manrique. Su obra y su espíritu están en cada rincón y en cada elemento, por ligero o efímero que sea. Su voluntad transformadora ha refundado la isla y la isla es la manifestación más elocuente de su sensibilidad acerca del hombre, la naturaleza y el arte. Hace bueno a Hegel en su concepción de la estética como estado superior del hombre y de la concepción ética del artista como obligación moral de defender el medio ambiente como contribución a la felicidad individual y colectiva de la humanidad.

La imposición de banderas, nacionalidades, religiones o sistemas políticos tienen poco que ver con saber ver la humilde felicidad en la naturaleza, el ser humano, la contemplación, la serenidad, la solidaridad. Ver la naturaleza explotada por el excesivo cemento que la esconde bajo su monotonía gris y esas alturas babélicas que nos esconden el sol, las estrellas y el horizonte, nos desquician y conducen a la humanidad a la confusión.

César Manrique no es solo un artista plástico, sino que es un poeta visual y, aunque no tiene obra escrita, sí que ha impartido conferencias y ha concedido entrevistas en las que se puede detectar su cosmovisión. Algunos de sus pensamientos o manifestaciones son dignos de retener por su sencillez y su profundidad. Veamos algunos ejemplos en sus pensamientos:

“Hay un fenómeno que tenemos la obligación de difundir, que es, sencillamente, enseñar a VER”. Cómo me recuerda a esa pequeña joya que es “Modos de Ver” de John Berger, donde el autor nos recuerda que el niño primero ve y mira y luego habla. Ya de mayores, no paramos de hablar. Manrique nos evoca el elocuente y profundo silencio.

“Creo que lo único inteligente es tener una conciencia del instante de una vida, para jugar con ese maravilloso y fantástico experimento y poderse reír de las ingenuidades, de lo llamado importante”. El eterno juego de la persona y el personaje, de lo real y lo aparente, del ruido y el silencio, de las palabras y los conceptos. En definitiva, de la verdad y la falsedad en la vida.

“Ya sabemos sencillamente del bien y del mal. Todo es demasiado simple. Hacer bien es crear felicidad. Hacer mal es crear dolor”. Cuando los principios no están claros, por su abstracción o por nuestra incapacidad, podemos elevarnos desde las consecuencias. La inducción es más científica que la deducción. Y en todo caso, ambas son complementarias.

Hasta con la muerte es creativo. No solo no la teme sino que se recrea en ella, la necesita. No puede entenderse la vida sin la muerte. Es más, sería algo insufrible vivir eternamente. “Saber que me voy a morir me permite crear el momento, porque no tengo la responsabilidad de seguir existiendo”.

Gracias por esta conversación. Me he sentido bien. El mayor negocio de un país es su educación: enseñar a mirar, a guardar silencio productivo, a no distraerse en lo trivial, atreverse a pensar, aprender a vivir. Los llamados contenidos son una mera herramienta en la educación.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 30 de enero de 2016

PACTOS POLÍTICOS PARA UN TIEMPO NUEVO (III)

En mi artículo anterior hablaba de póker y tacticismos. Ya ha empezado la partida y los tacticismos son muchos e interdependientes. Todas las fórmulas posibles de pacto tienen al PSOE (y a Pedro Sánchez) como eje central: puede pactar con la derecha, con la izquierda, con Ciudadanos, se puede abstener, puede intentar que otros se abstengan a su favor, etc. Y en todas las fórmulas se presenta un endiablado escenario para el PSOE, cuyas consecuencias pueden ser determinantes en su futuro próximo como partido. La sabiduría política va a ser fundamental en este envite tan importante para España y los españoles (y para el PSOE).

No voy a repetir todas las fórmulas posibles, por conocidas, ni voy a elucubrar sobre intenciones ocultas de unos y otros, por intuidas. Sino que voy a situarme en una perspectiva de interés general y de viabilidad posible. Hablo de España y Europa. Una visión general sobre ambas y sus posibilidades reales son las que mejor nos mostrarán el camino a seguir.

He repetido muchas veces que los partidos políticos son meros instrumentos para configurar una convivencia estable y satisfactoria para los ciudadanos de un Estado. Ése es el objetivo y lo demás es secundario. Pues bien, el escenario macro, mundial y europeo, nos lleva a hablar de dos dimensiones estrechamente interrelacionadas: economía y política. No se puede hablar de la una sin la otra, y ninguna de las dos debe ser fagocitada por la otra. Y en este escenario, España es una pieza de tamaño medio que no tiene autonomía plena para decidir. Por lo tanto, sin sumisiones ni prepotencias, debemos razonar qué es posible y deseable, ya que el margen de maniobra de cualquier gobierno español es muy reducido. Desterremos un concepto metafísico de la libertad (hacer lo que uno quiera sin depender de nada ni de nadie), y ejerzamos un concepto real de la libertad (hacer lo que uno quiera de entre lo que pueda). Una concepción metafísica de la política es ruina garantizada.

Europa representa nuestro modelo de sociedad. Con progresiones y regresiones. Actualmente estamos en una situación de crisis de modelo, pero Europa tiene capacidad intelectual, política y económica para superarla. Faltan líderes y voluntad política. Debemos, pues, estar en concordancia con el modelo europeo, como ha estado siempre la España progresista y avanzada de las distintas épocas. Y tras el excursus teórico en que fundamento mi opinión, la opción de pacto más fructífera que tiene España en estos momentos es un Pacto de gobierno (no solo de investidura) entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del PP. Esta opción posibilitaría una política reformista durante un tiempo, que produciría efectos positivos en la estabilidad y progreso de la economía española. El impulso de un gobierno reformista y modernizador, controlado por un Parlamento con fuerzas a su derecha y a su izquierda, podría situar a España en un lugar tranquilo del inmediato futuro europeo.

Todo ello es posible si todos los partidos políticos juegan a lo mismo: al interés general de España y de los españoles. Porque la situación actual y lo que yo propongo no se diferencia mucho del intento modernizador que Azaña se proponía para España en la II República. Y todos sabemos cómo fracasó este intento, por el poco sentido patriótico de las derechas y el poco sentido político de las izquierdas. Indudablemente, el hoy es muy diferente en todos los sentidos, pero la historia siempre es buen recordatorio.

En mi planteamiento está el interrogante de si el PP, siendo el partido más votado, lo aceptaría. Si es inteligente, esta fórmula le interesa para su propia renovación y regeneración, independientemente de los intereses personales de Rajoy y otros. Tras los cuatro años de corrupción continuada, si el PP gobernase en minoría, con la abstención de Ciudadanos y PSOE y el voto en contra de todos los demás, su mandato sería un tiempo de desgaste estéril frente a un Parlamento hostil, que haría caer al gobierno más pronto que tarde. Con lo que estaríamos casi en la misma situación que si se volviesen a repetir ahora mismo las elecciones. Y repetir unas elecciones es, además del fracaso de los políticos, decir a la gente que se ha equivocado votando como ha votado.

La otra opción posible es PSOE.-Podemos-IU más lo que haga falta. Legítimo y teóricamente progresista, aunque dudoso por la postura de Podemos. Decía Aristóteles que entre la nada y el ser está el poder ser. Y Podemos, hoy por hoy, es una entelequia que “no puede ser”. La ambigüedad, prepotencia, demagogia y vanidad infantiloide de Iglesias y sus muchachos hacen de Podemos un riesgo incalculable. Tienen que demostrar una entidad que todavía no tienen. Yo me considero de izquierdas y, como buen materialista, prefiero el ser a la nada y la ontología a la metafísica.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 16 de enero de 2016

PACTOS POLÍTICOS PARA UN TIEMPO NUEVO (II)

Cada vez más, esto se parece a una partida de póker, en la que los factores internos y personales tienen más importancia que los factores generales y sociales. Cada cual (personas y organizaciones) juega desde la defensa de sus intereses sin tener muy en cuenta los resultados sociales finales.

En estos momentos, y teniendo en cuenta que la mayoría para ser investido la dan 176 diputados, se definen tres grupos posibles: 1) Grupo de derechas (PP + C´s =163); 2) Grupo de izquierdas (PSOE + POD (y sus socios) + IU =161); 3) Grupo de nacionalistas (PNV + EC + DiL + Bildu + CC = 26).  Una vez más los nacionalistas tienen la capacidad de otorgar la mayoría a la derecha y a la izquierda. Aunque también C´s, una vez comprobado que no tiene mayoría con el PP, podría pactar o abstenerse a favor del PSOE. Hay que tener en cuenta que a C´s no le interesa la repetición de elecciones. Parece, pues, más probable un pacto de izquierdas, con apoyo o abstención de los nacionalistas y/o de C´s, que un pacto de derechas. En cualquier caso, la capacidad de acuerdos y de bloqueos va estar en el Parlamento y no en el Gobierno. Aunque para una reforma constitucional, el acuerdo PP-PSOE es condición imprescindible. 

Como se puede observar, los supuestos son muchos y el tacticismo  es infinito. Seguimos con el cálculo de posibilidades. Si PSOE y POD no pactan, habrá que poner sobre la mesa las razones reales (casi seguro que ocultas) de cada uno. Yo pienso que hay una razón general y social para que el pacto de izquierdas sea posible y real: que es la única posibilidad de un gobierno progresista y alternativo a la derecha. Si añadimos razones de tipo táctico o interesado, Sánchez parece obligado a intentarlo porque, de lo contrario, sus enemigos internos lo descabalgan. Ya se sabe que los políticos de otros partidos son adversarios y los de tu partido son enemigos. En el caso de POD, puede pensar que unas nuevas elecciones podrían suponerle el sorpasso al PSOE, independientemente del perjuicio social general para los españoles y el fracaso político general. La famosa “línea roja” del referéndum catalán no deja de ser una coartada que justificaría la voluntad de no pactar e ir a una nuevas elecciones, pues el referéndum es imposible sin reforma constitucional, y ésta es imposible sin acuerdo PP-PSOE. Lo mismo se puede decir sobre la petición de cuatro grupos parlamentarios por parte de POD, que es una presión de los socios sobre POD y no un deseo propio. Cada vez está más claro que POD tiene solo 42 escaños y que los otros 27 son confluencias coyunturales y tácticas. Difícil equilibrio el de POD: nacionalistas-soberanistas en la periferia y social-españoles en la meseta. De momento no les va mal, pero este juego no se sostiene por mucho tiempo.

Si acudimos a la lectura de los distintos medios de comunicación, la guerra de intereses ideológicos y económicos es brutal. A los pocos días de la investidura del Presidente de Cataluña, la presión sobre Sánchez y el PSOE es tremenda para que apoye o permita la investidura de Rajoy. Sin tener en cuenta la legitimidad democrática que tiene Sánchez para intentar pactar un gobierno progresista y reformista con POD, sin hacer caso al grito de “que viene el lobo” por parte de los medios de la derecha (casi todos). Viene al caso recordar que Pepe Múgica, expresidente de Uruguay, procede de la guerrilla uruguaya y se ha convertido en el paradigma universal de la ética, la austeridad y el sentido común de un gobernante. Cuando a uno le toca gobernar en serio, sabe que todos los ojos están sobre él y que sus decisiones y explicaciones (o la ausencia de ellas) van a ser examinadas con lupa. Por lo tanto, dejémonos de tonterías y hablemos en serio de lo conveniente o inconveniente desde la perspectiva de la sociedad en su conjunto, y no usemos coartadas engañosas que lo único que buscan es la supervivencia de cada cual. Lo que realmente le interesa a la sociedad española es el contenido programático de una coalición de izquierdas.

Y si pareciera que unas nuevas elecciones son inevitables, porque a POD le interesa, tras todo el espectáculo teatral que vamos a ver durante dos meses, yo aconsejo al PSOE que, con su abstención unida a la de C´s, permita la investidura de Rajoy. La lista de razonamientos será larga y dolorosa, pero si se hace bien podría ser un ejemplo de responsabilidad política y sentido de Estado. No olvidemos que el Parlamento tendrá, como nunca ha tenido, toda la capacidad para bloquear los excesos del PP. Y entonces, o el PP hace una política reformista o el gobierno tendrá una vida muy corta. En cualquier caso, es la hora de la responsabilidad por parte de los políticos y también es la hora de la inteligencia por parte de los ciudadanos. Ya vale de cuentos.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 2 de enero de 2016

PACTOS POLÍTICOS PARA UN TIEMPO NUEVO

Cual si fuera un clásico futbolístico Barcelona-Madrid, nos encontramos sin gobierno tanto en Cataluña como en España, y con muchas posibilidades de que no lo haya, pues todo depende de pactos difíciles, complejos e inestables.

1. Hay una teoría aparentemente surrealista pero posible, aunque necesitaría de más tiempo para su maduración: tanto el gobierno de Cataluña como el gobierno de España dependen de la CUP. El desarrollo es muy sencillo. Si la CUP no inviste a Mas, Convergencia (CDC) vuelve a su origen, que nunca debió abandonar: partido de derecha burguesa sin ínfulas independentistas. En esa situación, PP (123) + Ciudadanos (40) + PNV (6) + CDC -ahora Democrácia i Llibertat (DiL) (7) = 176 escaños, o sea, mayoría absoluta. ¿Qué les parece? Tiene lógica racional pero no emocional, debido al último recorrido de CDC. Y sería un partido de derechas con toda la legitimidad democrática. Impensable en estos momentos, pero tres meses son mucho tiempo de cocción.

2. Pero pasemos a otro escenario, donde el PP no contaría con PNV y, sobre todo, con DiL. Y sí contaría con la abstención de Ciudadanos, pero no con la del PSOE. Resultado: 123 + 40 = 163. No llega a la mayoría suficiente.

3. Otro escenario: PSOE (90) + Podemos (42) + Socios de Podemos (27) + IU (2) + ERC (9) + EH Bildu (7) = 177. Resultado: mayoría absoluta. Si le sumamos PNV (6) y DiL (8) y Coalición Canaria (1), podrían prescindir de Bildu, incómodo socio por sus antecedentes familiares. Imposible coalición de investidura, a no ser que muchos renunciaran a su independentismo territorial respectivo, que es la esencia de su política.

4. Y si todos los escenarios anteriores fallan, y el tiempo va transcurriendo ante la impaciencia de los españoles, el nerviosismo de los mercados, el estupor de la UE, las presiones del BCE y el FMI y las guerras internas de los propios partidos (especialmente PSOE, pero también PP), podría salir un gobierno PP con la abstención de Ciudadanos y del PSOE (que tendría que elaborar una buena batería de argumentos para no cavar su tumba electoral). Este pacto de investidura, que no de gobierno, debería sostenerse sobre, al menos, cuatro puntos básicos: 1) La unión territorial española; 2) La igualdad de todos los españoles; 3) La reforma constitucional; 4) La regeneración institucional y política española. Y, además, ese gobierno tendría una característica especial: que en el Parlamento habría más noes que los síes del partido del gobierno, con lo que el Parlamento tendría la sartén por el mango en todas las decisiones importantes. No sería mala solución.

5. Porque el último escenario es repetir las elecciones. Lo que conllevaría un excesivo tiempo de espera, una gran incertidumbre y, especialmente, un enorme cansancio de los españoles ante el fracaso de los políticos, incapaces de traducir la voluntad del cuerpo electoral.

Independientemente de los intereses partidistas, la perspectiva correcta siempre es la política y no la de los partidos, mera herramienta de la política. Y desde esta perspectiva, hay que saber traducir la voluntad de la sociedad española, que se mueve entre lo viejo y lo nuevo, más que entre la izquierda y la derecha. Y que ha dicho que prefiere lo nuevo aunque incierto, antes que lo de siempre y conocido, enterrando el viejo y reaccionario aforismo de “más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer”. Esta situación, aparentemente complicada e inédita en nuestro período democrático, puede ser el principio de otro tipo de práctica política y la resurrección del poder legislativo (Parlamento), hasta ahora secuestrado por el poder ejecutivo (Gobierno) y, como consecuencia, podría también suponer la independencia del poder judicial, secuestrado también por los dos grandes partidos políticos. Solamente por recobrar la independencia de los tres poderes del Estado merece la pena el resultado electoral habido.

Estamos, pues, en un momento políticamente muy interesante. El toque de atención al PP, me interesa menos, por razones personales obvias, pero sí que me interesa mucho el toque de atención al PSOE, que ha sacado el peor resultado de su historia democrática, aunque en un contexto muy distinto por la aparición vertiginosa de Podemos. Pues bien, el PSOE tiene un problema, no solo de presente, sino, sobre todo, de futuro. Su triunfo, aunque disminuido, en la España analógica, rural y pobre de Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha, y su derrota en la España digital, urbana y rica de Madrid, Cataluña y Valencia, es algo más que una tendencia. Si, recordando a Bob Dylan, la respuesta está en el tiempo, el tiempo nuevo ya ha comenzado, aunque el futuro no está escrito.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 19 de diciembre de 2015

20-D, EL FINAL DE UN CICLO

Tras los debates habidos en “El País”, la Sexta y la 1, uno no sabe qué cara poner ni para qué sirven estas cosas. Al día siguiente uno lee la prensa y se pregunta si hemos asistido al mismo debate. Incluso cuando dicen que hay un 41% de indecisos, uno se pregunta si es para dar emoción a una campaña anodina. Porque la pregunta clave es quién habla de proyectos políticos y quién se dedica a lucir palmito o engatusar más y mejor al personal. Empecemos por el último debate, el cara a cara entre Rajoy y Sánchez. Me pareció un combate de boxeo entre un púgil ya maduro y otro joven, con ganas de ascender al estrellato y que ganó el combate por mayor empuje y porque se dedicó a golpear una y otra vez a un rival con poco fondo y mal entrenado. Combate trabado y marrullero. ¿Es boxeo la política? El resultado es que tan apenas hablaron de política ni de proyectos, ni de cómo acabar con el paro ni con la desigualdad creciente, ni de Europa ni de Cataluña, ni de la reforma de la Constitución ni de fiscalidad ni de la regeneración de las instituciones… La única conclusión que quedó plasmada en todos los medios es que Sánchez dijo que Rajoy no era decente y que Rajoy contestó “es usted ruin, miserable y deleznable” ¿Dónde está el contenido político? No sé qué hacen los asesores, pero el guion de Sánchez debería haber sido muy distinto: 1) desmontar la política de Rajoy con cuatro ejemplos de barbaridades legales y sociales cometidas; 2) cuatro propuestas concretas y fundamentales de corte socialdemócrata. Hablar de la corrupción, sí, pero no como asunto único. El debate a cuatro de La Sexta fue menos monótono y, aunque hubo mucho postureo, hubo más política. Pero lo importante es quién daba mejor en la pantalla desde los tres parámetros “importantes”: vestimenta, lenguaje verbal y lenguaje no verbal. Como todos eran jóvenes y de verbo fluido, no hubo grandes vencedores ni vencidos. Supongo que cada espectador siguió apoyando a su equipo. El primer debate, celebrado por Internet y promovido por el diario “El País”, fue un debate fallido ya que los tres comparecientes se dirigían casi siempre al ausente Rajoy, bien representado cinematográficamente por un atril vacío. El hecho de que haya habido varios debates públicos ha servido, al menos, para diluir eso tan antiguo y estéril que son los mítines. A los que solo acuden los “hooligans” con un objetivo tan poco político como que la imagen del telediario dé una imagen de “lleno a rebosar” de incondicionales. Pero en estos momentos la cuestión crucial es que el modelo formal de la política española (llamado bipartito) va a finalizar su ciclo y en su lugar va a aparecer un cuatripartito, con los dos partidos clásicos -PSOE y PP- más dos nuevos -Podemos y Ciudadanos-. Ya la denominación de los mismos cambia radicalmente. ¿Será indicio de algo más serio e importante? Ojalá. Porque si todo estriba en que en vez de dos haya cuatro partidos, viaje inoperante el que hemos hecho. Ninguna campaña ha sacralizado la palabra “cambio” como ésta. Todos los partidos menos el PP, que apadrina la idea de proseguir con la misma política, la instrumentalizan como clave en la instauración de una nueva política. Y, efectivamente, “cambio” es la palabra indispensable en todo discurso porque es lo que demandan la mayor parte de los electores: la gente quiere cambiar de política y de modo de gobernar. Y sí que ha habido cambios en la campaña, al menos formales: ha habido más debates, los votantes van a ser muchos, los indecisos parecen muchos también, las formas y modales han sufrido una fuerte transformación, pero los contenidos de los distintos discursos no parecen tan nuevos como sería necesario. Mucha retórica de “política vieja” y “política nueva” y poco más. Y una cierta obsesión de caras nuevas, jóvenes y bien parecidas. Pero hay poco discurso sobre una nueva dirección política, nuevos proyectos, nuevas instituciones, nuevas estrategias, nueva economía, nuevos directivos… en definitiva, lo que un nuevo ciclo está exigiendo. Parece que todos tienen claro que el viejo ciclo acaba pero no parece estar tan claro cómo debe ser el nuevo. Si no analizamos las causas que exigen el cambio de ciclo no hemos entendido nada. Entre otras, ahí van algunas: la exigencia de profundizar en la democracia, poner las instituciones al servicio de la sociedad, frenar la creciente desigualdad, la creación de más y mejores puestos de trabajos. Y todo ello con una política fiscal radicalmente distinta. No es solo cambiar caras y modales, sino cambiar la política y la manera de ejercerla. Ya no nos podemos quedar en la mera democracia representativa (delegar nuestra capacidad decisoria en manos de nuestros representantes). Debe reducirse la autonomía de los políticos respecto de sus representados, pues la democracia es algo de todos los días y no solo cada cuatro años. Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 5 de diciembre de 2015

Crisis sistémica y reforma coyuntural

Hoy vamos a hablar de la tozuda realidad que nos rodea, o sea, de la crisis. Que, por cierto, parece que ya no existe, pues nuestro PIB crece, los puestos de trabajo “aumentan”, los gastos navideños, las rebajas y el Black Friday nos seducen, los viajes del Imserso se agotan en diez minutos… Hay que reconocer que España es diferente: qué alegres somos, qué bien vivimos, no hay quien pueda con nosotros, España es Jauja. Cada vez está más claro que este país y su crisis son duales: hay gente que no puede vivir y hay otra gente para la que la crisis es algo que cuentan en los medios de comunicación y que les pasa a otros. En el fondo, siempre ha sido así. Porque la auténtica realidad es que el paro, la pérdida de poder adquisitivo y la desigualdad son las características de la crisis española, y no el crecimiento del PIB. La realidad que nos rodea es siempre difícil de entender, porque formamos parte de ella y no estamos en condiciones de objetivarla. Y la crisis es un elemento que forma parte de nuestra realidad. Ya han pasado ocho años y, a pesar de los cantos de sirena, esto no parece tener solución. Y lo que es peor, parece que no hemos aprendido nada de qué y por qué ha sucedido. Seguimos añorando la burbuja inmobiliaria, el boom hostelero-playero y los créditos fáciles de los bancos, sin ser conscientes de que la interrelación de esos tres factores ha sido la causante de la crisis. ¿Existe solución a nuestra crisis? Pienso que a corto y medio plazo no existe solución. Cualquier remedio que se proponga es coyuntural, pues es el sistema el que realmente falla. Por lo tanto, habrá que cambiar de sistema para que la solución sea posible. Y después de mucho pensar y dudar, he vuelto la vista a Marx (con perdón). Precisamente la escasez de ideas en la actualidad es la causa fundamental del enquistamiento político que nos rodea. Por mucha honestidad y capacidad que presumamos en nuestros representantes públicos (que ya es presumir), el margen de maniobra que nuestras instituciones tienen es mínimo. Se tienen que reducir a pequeñas cuestiones de maquillaje o caridad para intentar diferenciarse de los anteriores dirigentes, pero sin cambiar la dirección ni la estrategia, que sí supondría cambios significativos y sostenibles. El Estado liberal defiende exarcebadamente la libertad individual y la propiedad privada. Por el contrario, Marx sostiene que el gobierno democrático es esencialmente inviable en una sociedad capitalista y que solo es posible con una transformación de las bases mismas de la sociedad. Puede que el Estado actúe «neutralmente», pero inevitablemente defiende los privilegios de los propietarios. La conclusión central de Marx es que el Estado en una sociedad capitalista no puede dejar de depender de los que poseen y controlan los procesos de producción. Las políticas globales del Estado tienen que ser compatibles a largo plazo con los objetivos de los poderes económicos porque, de lo contrario, se comprometería la sociedad civil y la estabilidad del Estado mismo. Más aún, la acción oculta de los poderes económicos se ha convertido actualmente en una ideología difusa, aceptada inconscientemente por una gran mayoría de la población. Y ésta es su gran fuerza, pues la convierte en inmune a la realidad. Y los partidos políticos de izquierdas, llenos de líderes orgánicos pero faltos de líderes sociales, no saben no contestan. En esta sociedad los que realmente mandan no suelen hablar sino que callan, por lo que el gran arte en política no reside en comprender a los que hablan sino en comprender a los que callan. Si este sistema se ve amenazado (por ejemplo, si un partido accede al poder con la firme intención de promover una mayor igualdad), el resultado inmediato puede ser el caos económico (fuga de capitales) y la aceptación social a ese gobierno puede verse reducida de forma radical. Consecuentemente, una clase económica dominante puede gobernar sin mancharse las manos. Un gobierno actual, por muy izquierdista que sea su discurso, está incapacitado para poder implementar un mandato que vaya contra las bases materiales del capitalismo, llámese a esto mercados, poderes financieros o Unión Europea. Es más, al poder económico no le hace falta sentarse en los consejos de ministros. Los ministros son sus servidores, pues el Estado no es tanto el representante de la sociedad como el de bancos , constructoras o eléctricas. Conclusión. Hay que volver a leer la crítica de Marx a la democracia liberal, para, al menos, ser conscientes de que sin cambiar las bases de esta sociedad es imposible una democracia real. Y, de momento, para ir haciendo boca, militemos en un reformismo radical y gradual hasta que la utopía sea posible.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 21 de noviembre de 2015

¿GUERRA O POLÍTICA?

Es difícil sustraerse al atentado de París en el momento de elegir el contenido de este artículo. También uno quiere evitar ser un mero eco de los medios y, menos aún, una plañidera más de lo malos que son algunos. Pero solo me vienen a la cabeza ideas sueltas e imágenes espeluznantes. No es fácil trazar una conexión causa-efecto y abrirnos a la política como ciencia terapéutica que los humanos hemos inventado para racionalizar y humanizar las tragedias causadas por los dioses.  

La primera idea que se me ocurre es que el acto criminal llevado a cabo por el Estado Islámico (EI), aunque no puede justificarse sí que puede explicarse. El horror recientemente vivido en París es pan de todos los días en Siria. Hay una viñeta de El Roto en la que un soldado occidental reflexiona  a  bordo de un avión: “los días pares les arrojamos bombas, y los impares les suministramos armas”. Trágico y evidente. Lo que sucede es que las vidas de los naturales de unos países son más baratas y anónimas que las de otros. Por eso unas muertes son noticia y otras, no. París es mucho  París.

Hay muchas preguntas sueltas que nadie va a contestar. Por ejemplo, ¿quién financia el Estado Islámico? Putin ha arrojado una afirmación de que hay países del G-20 que financian al EI. Supongo que será a través de la compra de petróleo que vende el propio EI. ¿Existe una financiación explícita por parte de los países del Golfo, especialmente Arabia Saudita? Con Al Qaeda sí que la hubo. El doble juego de algunos países lo explica mejor la viñeta de El Roto que mi texto.
Un atentado como el de París es relativamente fácil de ejecutar. Cuando hay personas capaces de inmolarse todo es posible. Y parece ser que no faltan. Es más, la reacción militar de Francia contra el EI alimenta la estrategia yihadista y aumentará su número de mártires y cruzados. ¿Quién no recuerda aquello de que “la sangre de los cristianos es semilla de nuevos cristianos”? Cuando la religión está por el medio sobran la lógica y la política. La espiral de la violencia se hace indefinida y eterna. Una organización terrorista sin verdaderos ejércitos pero con heroicos kamikaces, es capaz de mantener en jaque al resto del mundo. ¿Es ajustada, conveniente y eficaz la rápida respuesta de Francia bombardeando Siria? En cualquier caso, insuficiente como guerra, pues hacen falta también intervenciones por tierra, e insuficiente políticamente. En esta cuestión de la “guerra contra el EI”, observamos que la política está totalmente ausente. Nuestros dirigentes no gestionan las causas de la realidad sino sus consecuencias. Esto les hace analizar los acontecimientos a posteriori y, por lo tanto, no inciden en ellos. La sociedad asiste impertérrita al espectáculo, con las emociones a flor de piel y con la tragedia a la puerta de casa. La guerra es la negación de la política.
Porque la historia del terrorismo yihadista no es de hoy, sino que comienza en la cárcel americana de Camp Bucca (Irak) en 2003 y se consolida en la cárcel de Abu Graib, también americana. De ellas salieron los líderes de Al Qaeda y del actual EI. Solo han aprovechado el caldo de cultivo actual de la guerra de Siria para conseguir el territorio que cualquier Estado precisa. En 2011 surge el EI, que ha superado a Al Qaeda en poder, eficacia y número de militantes. Su capital está en Raqqa, convertida en capital del califato, que cuenta con más de 30.000 soldados, que han emigrado desde todo el planeta. (200 proceden de España). Ocupan un tercio de Siria e Irak y sueñan con expandirse por el mundo, incluido Al`Andalus. Además, saben usar las nuevas tecnologías con una gran eficacia publicitaria y emocional. Los auténticos damnificados son la población civil del EI, presos de una violencia fascista y objetivo de las bombas “liberadoras” occidentales.

Últimamente me ha llamado la atención un video que funciona por la red y cuya tesis es que las migraciones de los islámicos (invasión lo llaman), con su prolífica descendencia, van a constituir la mayoría en las poblaciones europeas dentro de pocos años. Independientemente de que sea acertada o no tal profecía , está clara su autoría ideológica. Pero todavía está más clara su eficacia en las emociones y credos de la gente de a pie. ¿Qué hacer con las migraciones? El último acuerdo de la UE en La Valetta parece una toma en consideración de la tesis del video. Cualquier decisión es complicada, pero, a veces, el criterio ético es, además del más válido moralmente, el más eficaz. Industrialicemos el tercer mundo. Incluso puede ser un buen negocio para ciertos países occidentales, además de solucionar un montón de problemas. Aunque esta postura tendría una gran resistencia por parte de los fabricantes de armamento (30 % de la industria USA).


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 7 de noviembre de 2015

LENGUAJE Y POLÍTICA

El lenguaje es un instrumento, y como tal instrumento puede ser usado y abusado. Entiendo por usado cundo se hace un uso correcto de él, o sea, que sirva para comunicar el pensamiento del hablante. Entiendo por abuso del lenguaje cuando se pervierte  su uso y el lenguaje se usa para mentir, o sea, para ocultar el pensamiento de quien habla o para trasmitir algo falso o incoherente.

Entre el uso y el abuso hay muchos grados intermedios, dependiendo, además del propio lenguaje, de otros muchos factores como el lenguaje gestual, el contexto, las metáforas, los segundos sentidos, las jugadas del inconsciente cuando se cuela en una frase que no se controla, etc., pero sobre todo hay un elemento abusivo o mentiroso en el uso de las obviedades. ¿Qué quiere trasmitir un orador cuando se pasa el rato diciendo obviedades del tipo “hay que buscar el bien general”, “un plato es un plato y una taza es una taza”… Sencillamente está ocultando su pensamiento (si lo tiene) tras palabras huecas o retóricas.

Por eso, en estos momentos de filibusterismo político, son más necesarios que nunca verdaderos expertos en comentarios de textos, hermeneutas de lo que se dice y de lo que se calla, saber ver la relación entre lo que se dice y lo que se hace. Porque es en la praxis y no en la teoría donde está la verdad. El discurso, aunque muy importante, es un elemento necesario pero insuficiente. Porque, aun siendo difícil y necesario traducir al que habla, es más difícil y más necesario traducir al que calla. Porque tanto callar cuando hay que hablar como hablar sin decir nada es uno de los grandes fraudes de la política. “La verdad se corrompe o con la mentira o con el silencio”, decía Cicerón. Las declaraciones públicas de los políticos, con frecuencia son puramente retóricas. No reflejan los anhelos de la sociedad, sino que son eco del posicionamiento hueco y retórico de sus líderes. Se dice lo que no se piensa y se piensa lo que no se dice. Todo ello supone un grave problema político pues la gente no tiene auténticas referencias, los partidos hacen un ejercicio puramente onanista y, como consecuencia, la política sigue ausente. El lenguaje político, con mucha frecuencia, en vez de transformar la realidad sirve para enmascararla.

No sería un mal ejercicio periodístico recoger y comentar algunas frases de las que frecuentemente dicen nuestros políticos. Ahí van algunos ejemplos:

-         Echenique (líder de Podemos-Aragón) dijo hace poco tiempo lo siguiente: “El PSOE cada vez se aleja más de la gente, o sea, de Podemos”. Esto solo tiene una traducción: Podemos es el monopolio de la representación popular. Jamás había visto tanta prepotencia.
-         “Paco, yo creo en ti  estoy seguro que nadie podrá demostrar que no ese inocente (Rajoy, defendiendo a Camps). Para entender su oculto significado (lo que Rajoy realmente pensaba) solo hay que cambiar el orden de las palabras: Paco no es inocente, seguro que nadie podrá demostrarlo.
-         El debate entre Iglesias y Rivera, en el programa de televisión “Salvados”, dio mucho de sí en cuanto a la interpretación de los comentaristas. En primer lugar, la manía de compararlo al boxeo o al futbol y declararlos vencedor y vencido. Lo que convierte a la política en un espectáculo épico y futbolístico. En mi opinión, hubo mucha fuerza física y mental por parte de Rivera. Se le nota lanzado por los sondeos favorables. Sin embargo, yo encontré un Iglesias más maduro y reflexivo, un político que duda y matiza. Qué raro es encontrar matices en la política. Leí en un periódico que “Iglesias llegó a darle la razón a Rivera, lo que selló su derrota”. Poco que añadir. Está claro que no se debe dar la razón al contrario, aunque la tenga. Esa afirmación supone una radical negación del diálogo. Así nos va.
-         Tras la propuesta de resolución de la declaración del inicio de independencia de Cataluña presentada para su trámite parlamentario, dijo Rajoy “Mientras yo sea presidente del Gobierno de España seguirá siendo una nación”. Tras la aparente obviedad, se trata de su primer mitin de la precampaña del 20-D y posiblemente constituirá su idea fuerte de aquí a las elecciones. Ante las ambigüedades y matices de los demás, Rajoy se autopresenta como el único capaz de frenar el independentismo catalán. En ese momento, comenzó a ganar las elecciones.
-         Para finalizar, y como antítesis, la respuesta de El Roto ante la pregunta sobre el lenguaje de los políticos: “Yo hago lo que me dicta la conciencia a través del pinganillo”, dice el político de su viñeta. Todo un tratado sobre lo que se piensa y lo que se dice.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 24 de octubre de 2015

DEFENSA DE LO PÚBLICO

Hoy nos centramos en el concepto de “lo público” y su defensa a ultranza ante el desguace que nos amenaza. Advierto que me moveré dentro del escenario capitalista, único existente y en el que, de momento, sólo cabe una postura fuertemente reformista. El socialismo, en la actualidad, desborda nuestros límites de posibilidad, lo que no impide que funcione como idea motora de la utopía y como referencia directiva.
El concepto moderno y occidental de “lo público” se deriva de la creación del Estado de bienestar como  una nueva concepción del capitalismo que atribuía al Estado un papel central. Se trata de actuar sobre la demanda por medio de instrumentos fiscales, la intervención pública y la política de empleo. El instrumento para su realización fue un pacto entre los sindicatos, las organizaciones empresariales y el Estado, que adquirió vigor entre aquellos países en los que los partidos socialdemócratas accedieron al gobierno. En este llamado “consenso socialdemócrata” el movimiento obrero renunciaba a cuestionar las relaciones de producción basadas en la propiedad privada a cambio de la garantía de que el Estado intervendría en el proceso redistributivo, a los efectos de asegurar condiciones de vida más igualitarias, seguridad y bienestar a través de los servicios, pleno empleo y la defensa de una distribución más equitativa de la renta nacional. 

En la actualidad, hay teóricos de la globalización que abogan por desmantelar los logros del Estado de bienestar. En el lado contrario están quienes, en nombre de la primacía de la política, se enfrentan a la vigencia de ese “pensamiento único”. La idea central es que la defensa del Estado de bienestar constituye un elemento clave en el comportamiento eficiente de una economía capitalista, puesto que no sólo mejora el capital humano de la sociedad (en educación, sanidad y acción social) sino que contribuye a la cohesión social y a la participación de los ciudadanos, factores más incentivadores de la productividad que la inestabilidad que generan las políticas neoliberales. Por lo tanto, la continuidad del Estado de bienestar, apuntalada por un poder político fuerte y coherente en sus objetivos, constituye un componente fundamental para el funcionamiento de una economía de mercado capitalista gestionada democráticamente.

Por el contrario, la insistencia en la aplicación a ultranza de políticas neoliberales potencia la conformación de sociedades fuertemente polarizadas en el terreno social, escenario favorable al cuestionamiento de la legitimidad y credibilidad del sistema político. Con la irrupción del PP y su mayoría absoluta en 2011, España ha comenzado el desmantelamiento de lo público y el desguace del Estado de bienestar de una manera rápida y sistemática. Los logros conseguidos durante los gobiernos socialistas van siendo sustituidos por sistemas y mecanismos funcionales donde lo privado impera sobre lo público y el bien común. La política neoliberal está usando la crisis como coartada y excusa para un retroceso en los derechos civiles, económicos y sociales y su modelo de Estado de bienestar. El cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento se usa como un instrumento “legal” en el desguace del modelo social.

Hay que tener en cuenta que los servicios de interés general no solamente son buenos para una política de igualdad social sino que también son fuente de desarrollo económico, creación de empleo, prosperidad y cohesión social. El bien común, expresión genérica que marca el objetivo del Estado de bienestar,  es un concepto que puede ser entendido como que el conjunto de los sistemas sociales, instituciones y medios socioeconómicos  funcionen de manera que beneficien a toda la sociedad. Sostener la equidad y mejorarla debe resultar irrenunciable para un Estado Social de Derecho. Sin embargo, la crisis económica y el cambio de modelo social han acrecentado las desigualdades, haciendo que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

La crisis económica también ha puesto al descubierto una crisis de valores, destapando las carencias de un espíritu cívico. Aunque la irrupción de los movimientos sociales ha supuesto una corrección en ese déficit de valores ciudadanos. La libertad, la igualdad y la solidaridad son valores fundamentales a preservar en estos momentos de convulsión. Pero para llevar a cabo una política institucional que restaure estos valores, es necesario que nuestros representantes públicos tengan tres virtudes: capacidad, honestidad y una ideología progresista. Traducir el “argumentario” del partido a la práctica política no está al alcance de cualquiera. ¿Trabajan los partidos para que los componentes de sus listas sean idóneos para esta función? ¿O más bien las listas están básicamente configuradas por gente sumisa y obediente al líder de turno?

Mariano Berges, profesor de filosofía