sábado, 19 de diciembre de 2015

20-D, EL FINAL DE UN CICLO

Tras los debates habidos en “El País”, la Sexta y la 1, uno no sabe qué cara poner ni para qué sirven estas cosas. Al día siguiente uno lee la prensa y se pregunta si hemos asistido al mismo debate. Incluso cuando dicen que hay un 41% de indecisos, uno se pregunta si es para dar emoción a una campaña anodina. Porque la pregunta clave es quién habla de proyectos políticos y quién se dedica a lucir palmito o engatusar más y mejor al personal. Empecemos por el último debate, el cara a cara entre Rajoy y Sánchez. Me pareció un combate de boxeo entre un púgil ya maduro y otro joven, con ganas de ascender al estrellato y que ganó el combate por mayor empuje y porque se dedicó a golpear una y otra vez a un rival con poco fondo y mal entrenado. Combate trabado y marrullero. ¿Es boxeo la política? El resultado es que tan apenas hablaron de política ni de proyectos, ni de cómo acabar con el paro ni con la desigualdad creciente, ni de Europa ni de Cataluña, ni de la reforma de la Constitución ni de fiscalidad ni de la regeneración de las instituciones… La única conclusión que quedó plasmada en todos los medios es que Sánchez dijo que Rajoy no era decente y que Rajoy contestó “es usted ruin, miserable y deleznable” ¿Dónde está el contenido político? No sé qué hacen los asesores, pero el guion de Sánchez debería haber sido muy distinto: 1) desmontar la política de Rajoy con cuatro ejemplos de barbaridades legales y sociales cometidas; 2) cuatro propuestas concretas y fundamentales de corte socialdemócrata. Hablar de la corrupción, sí, pero no como asunto único. El debate a cuatro de La Sexta fue menos monótono y, aunque hubo mucho postureo, hubo más política. Pero lo importante es quién daba mejor en la pantalla desde los tres parámetros “importantes”: vestimenta, lenguaje verbal y lenguaje no verbal. Como todos eran jóvenes y de verbo fluido, no hubo grandes vencedores ni vencidos. Supongo que cada espectador siguió apoyando a su equipo. El primer debate, celebrado por Internet y promovido por el diario “El País”, fue un debate fallido ya que los tres comparecientes se dirigían casi siempre al ausente Rajoy, bien representado cinematográficamente por un atril vacío. El hecho de que haya habido varios debates públicos ha servido, al menos, para diluir eso tan antiguo y estéril que son los mítines. A los que solo acuden los “hooligans” con un objetivo tan poco político como que la imagen del telediario dé una imagen de “lleno a rebosar” de incondicionales. Pero en estos momentos la cuestión crucial es que el modelo formal de la política española (llamado bipartito) va a finalizar su ciclo y en su lugar va a aparecer un cuatripartito, con los dos partidos clásicos -PSOE y PP- más dos nuevos -Podemos y Ciudadanos-. Ya la denominación de los mismos cambia radicalmente. ¿Será indicio de algo más serio e importante? Ojalá. Porque si todo estriba en que en vez de dos haya cuatro partidos, viaje inoperante el que hemos hecho. Ninguna campaña ha sacralizado la palabra “cambio” como ésta. Todos los partidos menos el PP, que apadrina la idea de proseguir con la misma política, la instrumentalizan como clave en la instauración de una nueva política. Y, efectivamente, “cambio” es la palabra indispensable en todo discurso porque es lo que demandan la mayor parte de los electores: la gente quiere cambiar de política y de modo de gobernar. Y sí que ha habido cambios en la campaña, al menos formales: ha habido más debates, los votantes van a ser muchos, los indecisos parecen muchos también, las formas y modales han sufrido una fuerte transformación, pero los contenidos de los distintos discursos no parecen tan nuevos como sería necesario. Mucha retórica de “política vieja” y “política nueva” y poco más. Y una cierta obsesión de caras nuevas, jóvenes y bien parecidas. Pero hay poco discurso sobre una nueva dirección política, nuevos proyectos, nuevas instituciones, nuevas estrategias, nueva economía, nuevos directivos… en definitiva, lo que un nuevo ciclo está exigiendo. Parece que todos tienen claro que el viejo ciclo acaba pero no parece estar tan claro cómo debe ser el nuevo. Si no analizamos las causas que exigen el cambio de ciclo no hemos entendido nada. Entre otras, ahí van algunas: la exigencia de profundizar en la democracia, poner las instituciones al servicio de la sociedad, frenar la creciente desigualdad, la creación de más y mejores puestos de trabajos. Y todo ello con una política fiscal radicalmente distinta. No es solo cambiar caras y modales, sino cambiar la política y la manera de ejercerla. Ya no nos podemos quedar en la mera democracia representativa (delegar nuestra capacidad decisoria en manos de nuestros representantes). Debe reducirse la autonomía de los políticos respecto de sus representados, pues la democracia es algo de todos los días y no solo cada cuatro años. Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 5 de diciembre de 2015

Crisis sistémica y reforma coyuntural

Hoy vamos a hablar de la tozuda realidad que nos rodea, o sea, de la crisis. Que, por cierto, parece que ya no existe, pues nuestro PIB crece, los puestos de trabajo “aumentan”, los gastos navideños, las rebajas y el Black Friday nos seducen, los viajes del Imserso se agotan en diez minutos… Hay que reconocer que España es diferente: qué alegres somos, qué bien vivimos, no hay quien pueda con nosotros, España es Jauja. Cada vez está más claro que este país y su crisis son duales: hay gente que no puede vivir y hay otra gente para la que la crisis es algo que cuentan en los medios de comunicación y que les pasa a otros. En el fondo, siempre ha sido así. Porque la auténtica realidad es que el paro, la pérdida de poder adquisitivo y la desigualdad son las características de la crisis española, y no el crecimiento del PIB. La realidad que nos rodea es siempre difícil de entender, porque formamos parte de ella y no estamos en condiciones de objetivarla. Y la crisis es un elemento que forma parte de nuestra realidad. Ya han pasado ocho años y, a pesar de los cantos de sirena, esto no parece tener solución. Y lo que es peor, parece que no hemos aprendido nada de qué y por qué ha sucedido. Seguimos añorando la burbuja inmobiliaria, el boom hostelero-playero y los créditos fáciles de los bancos, sin ser conscientes de que la interrelación de esos tres factores ha sido la causante de la crisis. ¿Existe solución a nuestra crisis? Pienso que a corto y medio plazo no existe solución. Cualquier remedio que se proponga es coyuntural, pues es el sistema el que realmente falla. Por lo tanto, habrá que cambiar de sistema para que la solución sea posible. Y después de mucho pensar y dudar, he vuelto la vista a Marx (con perdón). Precisamente la escasez de ideas en la actualidad es la causa fundamental del enquistamiento político que nos rodea. Por mucha honestidad y capacidad que presumamos en nuestros representantes públicos (que ya es presumir), el margen de maniobra que nuestras instituciones tienen es mínimo. Se tienen que reducir a pequeñas cuestiones de maquillaje o caridad para intentar diferenciarse de los anteriores dirigentes, pero sin cambiar la dirección ni la estrategia, que sí supondría cambios significativos y sostenibles. El Estado liberal defiende exarcebadamente la libertad individual y la propiedad privada. Por el contrario, Marx sostiene que el gobierno democrático es esencialmente inviable en una sociedad capitalista y que solo es posible con una transformación de las bases mismas de la sociedad. Puede que el Estado actúe «neutralmente», pero inevitablemente defiende los privilegios de los propietarios. La conclusión central de Marx es que el Estado en una sociedad capitalista no puede dejar de depender de los que poseen y controlan los procesos de producción. Las políticas globales del Estado tienen que ser compatibles a largo plazo con los objetivos de los poderes económicos porque, de lo contrario, se comprometería la sociedad civil y la estabilidad del Estado mismo. Más aún, la acción oculta de los poderes económicos se ha convertido actualmente en una ideología difusa, aceptada inconscientemente por una gran mayoría de la población. Y ésta es su gran fuerza, pues la convierte en inmune a la realidad. Y los partidos políticos de izquierdas, llenos de líderes orgánicos pero faltos de líderes sociales, no saben no contestan. En esta sociedad los que realmente mandan no suelen hablar sino que callan, por lo que el gran arte en política no reside en comprender a los que hablan sino en comprender a los que callan. Si este sistema se ve amenazado (por ejemplo, si un partido accede al poder con la firme intención de promover una mayor igualdad), el resultado inmediato puede ser el caos económico (fuga de capitales) y la aceptación social a ese gobierno puede verse reducida de forma radical. Consecuentemente, una clase económica dominante puede gobernar sin mancharse las manos. Un gobierno actual, por muy izquierdista que sea su discurso, está incapacitado para poder implementar un mandato que vaya contra las bases materiales del capitalismo, llámese a esto mercados, poderes financieros o Unión Europea. Es más, al poder económico no le hace falta sentarse en los consejos de ministros. Los ministros son sus servidores, pues el Estado no es tanto el representante de la sociedad como el de bancos , constructoras o eléctricas. Conclusión. Hay que volver a leer la crítica de Marx a la democracia liberal, para, al menos, ser conscientes de que sin cambiar las bases de esta sociedad es imposible una democracia real. Y, de momento, para ir haciendo boca, militemos en un reformismo radical y gradual hasta que la utopía sea posible.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 21 de noviembre de 2015

¿GUERRA O POLÍTICA?

Es difícil sustraerse al atentado de París en el momento de elegir el contenido de este artículo. También uno quiere evitar ser un mero eco de los medios y, menos aún, una plañidera más de lo malos que son algunos. Pero solo me vienen a la cabeza ideas sueltas e imágenes espeluznantes. No es fácil trazar una conexión causa-efecto y abrirnos a la política como ciencia terapéutica que los humanos hemos inventado para racionalizar y humanizar las tragedias causadas por los dioses.  

La primera idea que se me ocurre es que el acto criminal llevado a cabo por el Estado Islámico (EI), aunque no puede justificarse sí que puede explicarse. El horror recientemente vivido en París es pan de todos los días en Siria. Hay una viñeta de El Roto en la que un soldado occidental reflexiona  a  bordo de un avión: “los días pares les arrojamos bombas, y los impares les suministramos armas”. Trágico y evidente. Lo que sucede es que las vidas de los naturales de unos países son más baratas y anónimas que las de otros. Por eso unas muertes son noticia y otras, no. París es mucho  París.

Hay muchas preguntas sueltas que nadie va a contestar. Por ejemplo, ¿quién financia el Estado Islámico? Putin ha arrojado una afirmación de que hay países del G-20 que financian al EI. Supongo que será a través de la compra de petróleo que vende el propio EI. ¿Existe una financiación explícita por parte de los países del Golfo, especialmente Arabia Saudita? Con Al Qaeda sí que la hubo. El doble juego de algunos países lo explica mejor la viñeta de El Roto que mi texto.
Un atentado como el de París es relativamente fácil de ejecutar. Cuando hay personas capaces de inmolarse todo es posible. Y parece ser que no faltan. Es más, la reacción militar de Francia contra el EI alimenta la estrategia yihadista y aumentará su número de mártires y cruzados. ¿Quién no recuerda aquello de que “la sangre de los cristianos es semilla de nuevos cristianos”? Cuando la religión está por el medio sobran la lógica y la política. La espiral de la violencia se hace indefinida y eterna. Una organización terrorista sin verdaderos ejércitos pero con heroicos kamikaces, es capaz de mantener en jaque al resto del mundo. ¿Es ajustada, conveniente y eficaz la rápida respuesta de Francia bombardeando Siria? En cualquier caso, insuficiente como guerra, pues hacen falta también intervenciones por tierra, e insuficiente políticamente. En esta cuestión de la “guerra contra el EI”, observamos que la política está totalmente ausente. Nuestros dirigentes no gestionan las causas de la realidad sino sus consecuencias. Esto les hace analizar los acontecimientos a posteriori y, por lo tanto, no inciden en ellos. La sociedad asiste impertérrita al espectáculo, con las emociones a flor de piel y con la tragedia a la puerta de casa. La guerra es la negación de la política.
Porque la historia del terrorismo yihadista no es de hoy, sino que comienza en la cárcel americana de Camp Bucca (Irak) en 2003 y se consolida en la cárcel de Abu Graib, también americana. De ellas salieron los líderes de Al Qaeda y del actual EI. Solo han aprovechado el caldo de cultivo actual de la guerra de Siria para conseguir el territorio que cualquier Estado precisa. En 2011 surge el EI, que ha superado a Al Qaeda en poder, eficacia y número de militantes. Su capital está en Raqqa, convertida en capital del califato, que cuenta con más de 30.000 soldados, que han emigrado desde todo el planeta. (200 proceden de España). Ocupan un tercio de Siria e Irak y sueñan con expandirse por el mundo, incluido Al`Andalus. Además, saben usar las nuevas tecnologías con una gran eficacia publicitaria y emocional. Los auténticos damnificados son la población civil del EI, presos de una violencia fascista y objetivo de las bombas “liberadoras” occidentales.

Últimamente me ha llamado la atención un video que funciona por la red y cuya tesis es que las migraciones de los islámicos (invasión lo llaman), con su prolífica descendencia, van a constituir la mayoría en las poblaciones europeas dentro de pocos años. Independientemente de que sea acertada o no tal profecía , está clara su autoría ideológica. Pero todavía está más clara su eficacia en las emociones y credos de la gente de a pie. ¿Qué hacer con las migraciones? El último acuerdo de la UE en La Valetta parece una toma en consideración de la tesis del video. Cualquier decisión es complicada, pero, a veces, el criterio ético es, además del más válido moralmente, el más eficaz. Industrialicemos el tercer mundo. Incluso puede ser un buen negocio para ciertos países occidentales, además de solucionar un montón de problemas. Aunque esta postura tendría una gran resistencia por parte de los fabricantes de armamento (30 % de la industria USA).


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 7 de noviembre de 2015

LENGUAJE Y POLÍTICA

El lenguaje es un instrumento, y como tal instrumento puede ser usado y abusado. Entiendo por usado cundo se hace un uso correcto de él, o sea, que sirva para comunicar el pensamiento del hablante. Entiendo por abuso del lenguaje cuando se pervierte  su uso y el lenguaje se usa para mentir, o sea, para ocultar el pensamiento de quien habla o para trasmitir algo falso o incoherente.

Entre el uso y el abuso hay muchos grados intermedios, dependiendo, además del propio lenguaje, de otros muchos factores como el lenguaje gestual, el contexto, las metáforas, los segundos sentidos, las jugadas del inconsciente cuando se cuela en una frase que no se controla, etc., pero sobre todo hay un elemento abusivo o mentiroso en el uso de las obviedades. ¿Qué quiere trasmitir un orador cuando se pasa el rato diciendo obviedades del tipo “hay que buscar el bien general”, “un plato es un plato y una taza es una taza”… Sencillamente está ocultando su pensamiento (si lo tiene) tras palabras huecas o retóricas.

Por eso, en estos momentos de filibusterismo político, son más necesarios que nunca verdaderos expertos en comentarios de textos, hermeneutas de lo que se dice y de lo que se calla, saber ver la relación entre lo que se dice y lo que se hace. Porque es en la praxis y no en la teoría donde está la verdad. El discurso, aunque muy importante, es un elemento necesario pero insuficiente. Porque, aun siendo difícil y necesario traducir al que habla, es más difícil y más necesario traducir al que calla. Porque tanto callar cuando hay que hablar como hablar sin decir nada es uno de los grandes fraudes de la política. “La verdad se corrompe o con la mentira o con el silencio”, decía Cicerón. Las declaraciones públicas de los políticos, con frecuencia son puramente retóricas. No reflejan los anhelos de la sociedad, sino que son eco del posicionamiento hueco y retórico de sus líderes. Se dice lo que no se piensa y se piensa lo que no se dice. Todo ello supone un grave problema político pues la gente no tiene auténticas referencias, los partidos hacen un ejercicio puramente onanista y, como consecuencia, la política sigue ausente. El lenguaje político, con mucha frecuencia, en vez de transformar la realidad sirve para enmascararla.

No sería un mal ejercicio periodístico recoger y comentar algunas frases de las que frecuentemente dicen nuestros políticos. Ahí van algunos ejemplos:

-         Echenique (líder de Podemos-Aragón) dijo hace poco tiempo lo siguiente: “El PSOE cada vez se aleja más de la gente, o sea, de Podemos”. Esto solo tiene una traducción: Podemos es el monopolio de la representación popular. Jamás había visto tanta prepotencia.
-         “Paco, yo creo en ti  estoy seguro que nadie podrá demostrar que no ese inocente (Rajoy, defendiendo a Camps). Para entender su oculto significado (lo que Rajoy realmente pensaba) solo hay que cambiar el orden de las palabras: Paco no es inocente, seguro que nadie podrá demostrarlo.
-         El debate entre Iglesias y Rivera, en el programa de televisión “Salvados”, dio mucho de sí en cuanto a la interpretación de los comentaristas. En primer lugar, la manía de compararlo al boxeo o al futbol y declararlos vencedor y vencido. Lo que convierte a la política en un espectáculo épico y futbolístico. En mi opinión, hubo mucha fuerza física y mental por parte de Rivera. Se le nota lanzado por los sondeos favorables. Sin embargo, yo encontré un Iglesias más maduro y reflexivo, un político que duda y matiza. Qué raro es encontrar matices en la política. Leí en un periódico que “Iglesias llegó a darle la razón a Rivera, lo que selló su derrota”. Poco que añadir. Está claro que no se debe dar la razón al contrario, aunque la tenga. Esa afirmación supone una radical negación del diálogo. Así nos va.
-         Tras la propuesta de resolución de la declaración del inicio de independencia de Cataluña presentada para su trámite parlamentario, dijo Rajoy “Mientras yo sea presidente del Gobierno de España seguirá siendo una nación”. Tras la aparente obviedad, se trata de su primer mitin de la precampaña del 20-D y posiblemente constituirá su idea fuerte de aquí a las elecciones. Ante las ambigüedades y matices de los demás, Rajoy se autopresenta como el único capaz de frenar el independentismo catalán. En ese momento, comenzó a ganar las elecciones.
-         Para finalizar, y como antítesis, la respuesta de El Roto ante la pregunta sobre el lenguaje de los políticos: “Yo hago lo que me dicta la conciencia a través del pinganillo”, dice el político de su viñeta. Todo un tratado sobre lo que se piensa y lo que se dice.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 24 de octubre de 2015

DEFENSA DE LO PÚBLICO

Hoy nos centramos en el concepto de “lo público” y su defensa a ultranza ante el desguace que nos amenaza. Advierto que me moveré dentro del escenario capitalista, único existente y en el que, de momento, sólo cabe una postura fuertemente reformista. El socialismo, en la actualidad, desborda nuestros límites de posibilidad, lo que no impide que funcione como idea motora de la utopía y como referencia directiva.
El concepto moderno y occidental de “lo público” se deriva de la creación del Estado de bienestar como  una nueva concepción del capitalismo que atribuía al Estado un papel central. Se trata de actuar sobre la demanda por medio de instrumentos fiscales, la intervención pública y la política de empleo. El instrumento para su realización fue un pacto entre los sindicatos, las organizaciones empresariales y el Estado, que adquirió vigor entre aquellos países en los que los partidos socialdemócratas accedieron al gobierno. En este llamado “consenso socialdemócrata” el movimiento obrero renunciaba a cuestionar las relaciones de producción basadas en la propiedad privada a cambio de la garantía de que el Estado intervendría en el proceso redistributivo, a los efectos de asegurar condiciones de vida más igualitarias, seguridad y bienestar a través de los servicios, pleno empleo y la defensa de una distribución más equitativa de la renta nacional. 

En la actualidad, hay teóricos de la globalización que abogan por desmantelar los logros del Estado de bienestar. En el lado contrario están quienes, en nombre de la primacía de la política, se enfrentan a la vigencia de ese “pensamiento único”. La idea central es que la defensa del Estado de bienestar constituye un elemento clave en el comportamiento eficiente de una economía capitalista, puesto que no sólo mejora el capital humano de la sociedad (en educación, sanidad y acción social) sino que contribuye a la cohesión social y a la participación de los ciudadanos, factores más incentivadores de la productividad que la inestabilidad que generan las políticas neoliberales. Por lo tanto, la continuidad del Estado de bienestar, apuntalada por un poder político fuerte y coherente en sus objetivos, constituye un componente fundamental para el funcionamiento de una economía de mercado capitalista gestionada democráticamente.

Por el contrario, la insistencia en la aplicación a ultranza de políticas neoliberales potencia la conformación de sociedades fuertemente polarizadas en el terreno social, escenario favorable al cuestionamiento de la legitimidad y credibilidad del sistema político. Con la irrupción del PP y su mayoría absoluta en 2011, España ha comenzado el desmantelamiento de lo público y el desguace del Estado de bienestar de una manera rápida y sistemática. Los logros conseguidos durante los gobiernos socialistas van siendo sustituidos por sistemas y mecanismos funcionales donde lo privado impera sobre lo público y el bien común. La política neoliberal está usando la crisis como coartada y excusa para un retroceso en los derechos civiles, económicos y sociales y su modelo de Estado de bienestar. El cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento se usa como un instrumento “legal” en el desguace del modelo social.

Hay que tener en cuenta que los servicios de interés general no solamente son buenos para una política de igualdad social sino que también son fuente de desarrollo económico, creación de empleo, prosperidad y cohesión social. El bien común, expresión genérica que marca el objetivo del Estado de bienestar,  es un concepto que puede ser entendido como que el conjunto de los sistemas sociales, instituciones y medios socioeconómicos  funcionen de manera que beneficien a toda la sociedad. Sostener la equidad y mejorarla debe resultar irrenunciable para un Estado Social de Derecho. Sin embargo, la crisis económica y el cambio de modelo social han acrecentado las desigualdades, haciendo que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

La crisis económica también ha puesto al descubierto una crisis de valores, destapando las carencias de un espíritu cívico. Aunque la irrupción de los movimientos sociales ha supuesto una corrección en ese déficit de valores ciudadanos. La libertad, la igualdad y la solidaridad son valores fundamentales a preservar en estos momentos de convulsión. Pero para llevar a cabo una política institucional que restaure estos valores, es necesario que nuestros representantes públicos tengan tres virtudes: capacidad, honestidad y una ideología progresista. Traducir el “argumentario” del partido a la práctica política no está al alcance de cualquiera. ¿Trabajan los partidos para que los componentes de sus listas sean idóneos para esta función? ¿O más bien las listas están básicamente configuradas por gente sumisa y obediente al líder de turno?

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 10 de octubre de 2015

LOS REFUGIADOS, LA ÚLTIMA MODA

Parece mentira que a los que ya tenemos una edad nos cojan desprevenidos con las olas de novedad mediática, con envoltorio caritativo y creándonos un complejo de culpa personal. ¿No llevamos toda nuestra vida con la cuestación del cáncer para lucimiento de aristócratas y notables, que suele acabar con algún desfalco cada cierto tiempo por parte de algún directivo?   ¿Ya no nos acordamos de cuando nos disfrazábamos de chinitos para pedir limosnas para la santa infancia, mientras Mao hacía su revolución? Pues eso, que esto no ha cambiado. Ahora son los sirios, como antes fueron los niños de Biafra, etc. “Los refugiados como arma de invasión” titulaba acertadamente Shangay Lily su artículo en Público.
Y, efectivamente, El País decía en su portada del día 7 de septiembre “La crisis de los refugiados obliga a planear bombardeos en Siria”. Primero bombardeamos, con las consecuencias de muertes, refugiados y destrucción. En segundo lugar enviamos nuestras empresas a reconstruir lo destruido. Mientras tanto, acogemos selectivamente  a los refugiados (solo a los cualificados) en nuestros países, explotando gratis el talento que tanta falta hará a sus países de origen. Ah! se me olvidaba, habremos matado al dictador que nos sirvió de coartada para poner en marcha todo el proceso esquilmador. ¿Y qué pasa con los otros dictadores que hay en el mundo y que no los tocamos? No recuerdo que la España del dictador Franco fuese invadida nunca por los americanos en los casi cuarenta años que duró.
Lo que ha pasado en Siria es exactamente lo mismo que sucedió antes en Afganistán, Irak, Libia y todas las primaverales revoluciones norteafricanas, ejemplo sospechoso de la globalización cibernética, controlada y manipulada por el capital financiero. Las crisis no aparecen por generación espontánea sino que las creamos cuándo y dónde interesa. Las vidas humanas fuera del primer mundo van realmente baratas: son pura estadística para lavar conciencias y generar nuevos negocios. La ayuda humanitaria como coartada para invadir países por meros intereses económicos. Los verdugos se transforman en benefactores con el coro de los medios de comunicación trasmitiendo u ocultando, según la oportunidad informativa,  las tragedias de cada momento. Y también hay categorías de refugiados. Ahora son los sirios, antes eran los subsaharianos, los negros, los palestinos, luego los del Este europeo. Y, aunque con otro cariz económico, también hoy intentan ser refugiados nuestros jóvenes sin trabajo en España. Porque la crisis es otra guerra financiera. Los medios de comunicación nos dictan por qué raza, grupo, etnia o nacionalidad hay que compadecerse cada temporada.
Kant, en su obra “La paz perpetua”, ya decía que la paz solo sería posible con un gobierno mundial ejecutivo. La ONU, creada tras la 2ª Guerra Mundial con el objetivo fundamental de impedir cualquier guerra y de implantar los derechos humanos en todo el planeta (la Declaración Universal de Derechos Humanos es de 1948), es un instrumento fallido por el control de los cinco grandes países con derecho a veto y se ha convertido en el foro donde se escenifican los intereses geoestratégicos de las grandes potencias y sus países satélites. Y ya en los años sesenta, Sartre escandalizó a los bienpensantes europeos cuando escribió en el prólogo de la obra de Franz Fanon (“Los condenados de la tierra”) que el alto confort europeo era gracias a la explotación colonialista europea con el tercer mundo. Al final, descubrimos algo tan elemental como que los pobres son condición imprescindible para la existencia de los ricos.
Acabemos con todas las guerras, dejemos de explotar el negocio de las armas, industrialicemos el tercer mundo, especialmente África. Y entonces veremos que no hay refugiados ni top-manta, ni pateras. Nadie abandona su país por capricho. Y, de hecho, la mayoría de los que vienen son los más capacitados, biológica y académicamente, porque son los únicos con fuerza mental suficiente para tan gran sacrificio personal. Porque es Europa, bajo el liderazgo de los Estados Unidos, y Rusia, los que han intervenido militarmente en los países de los que huyen los refugiados. No atajemos las consecuencias sino las causas, como principio básico de cualquier ciencia o filosofía que se precie. Y no seré yo quien niegue la bondad moral y material de la solidaridad de las gentes de los países prósperos, pero el problema solo se resolverá con soluciones reales y duraderas en los países de origen, como es el fin de las guerras y la instauración de una democracia real y una industrialización justa. El cumplimiento de los derechos humanos no es posible sin una mínima dignidad material.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 26 de septiembre de 2015

CATALUÑA, 27-S

Por obligación de opinador hoy toca Cataluña, aunque me resulta ya una cuestión axfisiante y hasta un tanto apática. No hay derecho a que una cuestión artificialmente creada por cierta clase política desasosiegue a la población española residente en Cataluña. Ya desde el principio, afirmo que yo votaría cualquier opción no independentista, ya que la independencia de Cataluña es un problema artificial, o como mucho meramente sentimental, falsamente histórico y que no solo no solventaría los problemas de los catalanes sino que los complicaría. La única situación que mejoraría sería la de la casta burguesa catalanista, que manejarían a su antojo la economía y los sentimientos de un pueblo magnífico con muchas virtudes y algunos defectos.

Parto de una convicción: ni Rajoy ni Mas (o sea, ni el PP ni Convergencia) quieren la independencia de Cataluña. Lo único que quieren ambos es su permanencia en el poder, de España y Cataluña respectivamente. De ahí la rigidez de ambos en sus respectivos posicionamientos: para Mas el posicionamiento independentista es una huida hacia adelante como sublimación ocultadora de su fracaso sociopolítico, y para Rajoy su enquistamiento centralista es el intento de rentabilizar electoralmente una imagen política de ser el único que puede frenar la independencia catalana frente a la ambigüedad y claroscuros de los demás partidos políticos. Por lo tanto, el diálogo no les interesa a ninguno de los dos, y ambos necesitan el posicionamiento fuerte y polarizado de España y Cataluña, porque su dialéctica encarnizada de España Una y de Cataluña Libre esconde el fracaso de ambos como políticos incapaces de solucionar socialmente la crisis que tiene postrados a los ciudadanos españoles y catalanes. La independencia de Cataluña se convierte así en la coartada ideal para los intereses políticos de ambos. Simplemente es la antítesis del sueño de una España federal en una Europa federal. Ése sí que sería un magnífico escenario para la regeneración democrática que la sociedad exige y necesita.
De alguna manera, el embrión de esta tendencia separatista está en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, previa impugnación del PP, y el uso demagógico que los catalanistas-soberanistas-independentistas han hecho de la sentencia (efecto buscado). La liturgia victimista catalana comenzó en ese momento. Todo lo anterior había sido puro mercantilismo de Pujol.
Mañana, domingo 27 de septiembre-15, los catalanes votan no se sabe qué: un simple parlamento autonómico, un plebiscito abortado, una fase más en la escalada independentista, un pacto vergonzoso entre Convergencia y Esquerra Republicana que consolide sus objetivos indeclarables, o de todo un poco. Por un lado están los de la lista de Junts pel Sí, con el complemento de la CUP (más coherente ideológicamente aunque yo no comparta su proyecto), y por el otro lado, el popurrí del resto de los partidos con matices diferenciadores entre si y que, entre todos, van a volver locos a los votantes. Una vez más el relato político ha construido una realidad ficticia que no va en línea con los problemas sociales de la ciudadanía.

De todas las posturas partidistas la más lógica es la socialista, aunque pudiera ser una simple declaración de intenciones. El federalismo (igualitario y solidario por definición) es una postura racional y equitativa para todos los españoles, pero también es una fórmula de mucha dificultad técnica, con poca tradición en España y, lo que es peor, que llega en un momento en que a los independentistas todo les parece poco, y a los no independentistas todo les parece mucho. Por eso, la cuestión está francamente difícil, ya que al día siguiente de las elecciones no existirá ningún mandato popular más que para constituir un parlamento autonómico, exactamente igual que el de Aragón o Extremadura. Todo lo demás será puramente subjetivo, emocional y virtual. Pero cuidado con los actos simbólicos, que son peligrosos. Lo racionalmente político que habría que hacer al día siguiente de las elecciones es constituir una comisión de notables para que desde la honestidad y eficacia política y con un sentido de Estado fuera de toda duda, se empezase a configurar un consenso para, en un plazo prudente, sin urgencias histéricas ni relajaciones tramposas, se abordase la reforma constitucional. Eso serenaría los ánimos y los políticos podrían dedicarse a lo auténticamente importante, los problemas de los ciudadanos españoles (y catalanes). Pero debería tratarse de una reforma constitucional con el objetivo de solucionar los problemas de España y no solo los de Cataluña, que los tiene como el resto de España.

Mariano Berges, profesor de filosofía


lunes, 14 de septiembre de 2015

ENVEJECIMIENTO ACTIVO

La UJP-UGT (los jubilados y pensionistas de UGT-Aragón) hemos celebrado en Orihuela del Tremedal unas jornadas de tres días sobre Envejecimiento Activo (EA). Son los típicos días de convivencia y debate en un tiempo-espacio agradables y con gente interesante. El resultado ha sido muy positivo. Analizar las principales dificultades de las personas mayores tras la crisis económica y sus demandas más acuciantes, reflexionar sobre el papel de las personas mayores en el espacio social y analizar las posibilidades de incidencia en el amplio colectivo de jubilados y pensionistas, son algunos de los objetivos que perseguían  estas jornadas.

En 1999, la OMS adoptó el término “Envejecimiento Activo” como el proceso de optimización  de la vida a medida que las personas envejecen. En el mundo hay 600 millones de personas mayores de 60 años, cifra que se duplicará en 2025, según la OMS. En España hay 10.547.340 (22,7%) y en Aragón 348.524 (26,30%), de los que 301.311 son jubilados o pensionistas. Son datos suficientemente poderosos como para dejar de pensar en los viejos como simple objeto de atención. Los mayores deben ser considerados como sujetos autónomos, incluso como personas que desarrollan críticamente esa autonomía. Hay que darle la vuelta a la vieja percepción caritativa y construir nuevos relatos y nuevas políticas con y para los mayores, pues el envejecimiento de la población es uno de los mayores triunfos de la humanidad y también uno de nuestros mayores desafíos. Autonomía, Independencia, Calidad de vida y Esperanza de vida saludable para las personas mayores deben pasar a ser objetivos políticos prioritarios de los diversos gobiernos. Los derechos ciudadanos de los mayores deben sustituir a la caridad asistencial. La salud, la vivienda y las prestaciones sociales deben aparecer en la Constitución Española (CE) como derechos reales y ejecutables, como ya los considera teóricamente el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el artículo 14 de la Carta Social Europea y el artículo 50 de la CE. Pero no solo eso, sino que la sociedad debe aprovechar el talento y disposición de los jubilados en pos de la transformación social.

Hay que huir de dos percepciones falsas por excesivamente polarizadas: la del viejo frágil, improductivo y dependiente, y la percepción de la madurez dorada. La realidad es diversa, poliédrica y muy compleja. Las situaciones realmente existentes son muy diversas, desde los que tienen una calidad de vida envidiable hasta los excluidos y marginales. Todos son ciudadanos y con todos hay que actuar desde los poderes del Estado. A los desiguales hay que tratarlos desigualmente, que es el principio de igualdad equitativa. Porque si entre las personas jóvenes y adultas hay una gran diversidad de situaciones, entre los viejos la diversidad puede llegar a límites trágicos. ¿Qué hay de común entre un jubilado rico, con buena salud y con grandes posibilidades de viajar y divertirse respecto de un viejo marginal?: Que les queda poco tiempo de vida. Pero la diferencia de la calidad de la vida que les queda es abismal. Añádase a esta diferencia otras como salud, cultura, afectividad, integración, etc. Cuando se habla o se escribe hay que generalizar, pero sin olvidar nunca los matices.

Desde la perspectiva de los viejos se entiende mejor la cuestión de la eutanasia, que no es más que un ejercicio individual de libertad respecto a la cantidad y calidad de vida que uno desea para sí mismo. Sin interferencias inventadas o impuestas. También se entiende mejor la realidad de las residencias de mayores: la necesidad de una amplia cobertura y de precios políticos y distributivos. Igualmente las guarderías infantiles, cuyos precios prohibitivos y horarios reducidos y poco flexibles, impiden el necesario trabajo de los dos componentes de una pareja joven y/o justifican la explotación de los abuelos.

Para finalizar, un decálogo sobre la vejez: 1) Ser viejo no significa ser un inútil. 2) Trabajo y jubilación no son términos irreconciliables. 3) Los conocimientos y experiencias de los viejos no deben perderse (formación intergeneracional). 4) Las NN.TT. juegan un papel muy importante entre los viejos. 5) Evitar la exclusión de los viejos es una obligación de la sociedad. 6) Cuidado con la explotación de los abuelos con la coartada de los nietos. 7) Los viejos siguen siendo sujetos dignos y ciudadanos productivos. 8) Si la salud es básica, para los viejos es imprescindible. 9) La sociedad debe tratar de manera desigual las situaciones de desigualdad. 10) Los medios de comunicación deben modificar radicalmente su relato sobre los viejos, ya que la realidad es una construcción social de los medios.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 29 de agosto de 2015

NOTAS PARA UNA REFORMA LOCAL EN ARAGÓN (II)

Seguimos reflexionando sobre Aragón. No trato de dar consejos no solicitados, sino de pensar en voz alta algunas ideas susceptibles de ser discutidas mínimamente. Presumo que el nuevo gobierno de Aragón está con las pilas cargadas y con enormes ganas de redefinir la política aragonesa. En esta segunda parte mi reflexión gira en torno a la reforma local pendiente en Aragón, tras la fallida Ley del gobierno central.

La Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la administración local (LRSAL) constituye una involución contra la autonomía municipal. Prueba de ello es la interposición de los muchos recursos de inconstitucionalidad  puestos desde todos los ámbitos públicos. Es necesario otro modelo de reforma local que entienda el municipio como la base de la democracia, como la administración que presta los servicios más próximos y básicos a los ciudadanos y como el  instrumento más eficaz y eficiente en la defensa del territorio, tanto productivamente como medioambientalmente. Además es el único medio para fijar la población rural. No es tiempo de experimentos creando nuevos niveles de gobierno (las comarcas) que, generando más gasto de personal y gasto corriente, no mejoran los servicios públicos al ciudadano.

En Aragón, la cobertura de servicios básicos a los municipios más pequeños, que son casi todos, solo la realiza, mejor o peor, las diputaciones provinciales, pues el gobierno de Aragón, al menos hasta ahora, no entra en esas cuestiones. Y si existe algún solapamiento funcional es con las comarcas. ¿Para qué queremos una nueva estructura administrativa, la comarcal, sin tradición, sin personal, sin estructura, y con la práctica fundamental de repartir subvenciones a los municipios de su incumbencia? La existencia de las comarcas en Aragón, como mínimo, desorienta y confunde por el solapamiento y redundancia funcional. Las comarcas son casi especificidad de Aragón. Han sido propuestas por el PAR para consolidar su implantación territorial, y tanto el PSOE como el PP no han tenido más remedio que aceptar el chantaje, ya que ambos lo necesitaban para conformar mayorías de gobierno.

Nos podemos situar en dos escenarios:
1. Escenario en el que la Constitución Española (CE) se modifica y, como consecuencia, también se modifica el estatuto de Aragón. En este escenario, hay que diluir las comarcas como nivel de gobierno. Además, hay que solucionar definitivamente la financiación municipal desde exigencias constitucionales y estatutarias. También hay que revisar y modificar radicalmente el funcionamiento de las diputaciones provinciales.
2. El segundo escenario es la no modificación de la CE ni del Estatuto. O, en el caso de modificación, el tiempo que transcurre hasta la modificación de ambos, que será largo, dada la dificultad de consenso existente en la actualidad. En este escenario, hay que reducir el papel de las comarcas y el de las diputaciones provinciales. La Administración Autonómica y los municipios deben constituir la base fundamental sobre la que opera la reforma local.
En el segundo escenario plasmado anteriormente, el más realista, deberían de tenerse en cuenta los siguientes criterios:
- Las competencias, salvo las estatales, han de corresponder bien a la administración autonómica bien a los municipios aragoneses como competencias propias, sin más servicios obligatorios que los demandados por los propios ayuntamientos.
- No deben existir niveles intermedios de gobierno con competencias propias. Deben ser los propios municipios los que indiquen las bases de colaboración entre ellos, conformando así espacios de gestión voluntarios e intermunicipales.
- La comarcalización debe reconducirse en Aragón mediante una enérgica reforma de la normativa que la regula eliminando las competencias propias de las comarcas, que han de ser distribuidas entre los municipios y la propia administración autonómica.
- Desde esta perspectiva, la comarca ha de reconducirse hacia un simple ámbito intermunicipal de gestión de servicios municipales o autonómicos, estimulado desde la administración autonómica y las diputaciones provinciales, pero dependiente de la decisión política y de gestión de los municipios incluidos en tal ámbito.
- Hay que modificar radicalmente la función de las diputaciones provinciales en el entramado institucional. La provincia debe asumir única y exclusivamente un papel de apoyo y asistencia a los municipios que la recaben y de estímulo de la intermunicipalidad. Las comarcas constituirán los ámbitos en que se desarrolle la cooperación provincial con los municipios.
Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 15 de agosto de 2015

ARAGÓN 2015 (I)

Tras las recientes elecciones autonómicas en Aragón, y constituido su primer gobierno con el presidente Lambán a la cabeza, procede empezar a marcar las líneas fundamentales de reflexión y, consecuentemente, de actuación. Este texto es el primero de una humilde y colaboradora aportación, por si es de interés para alguien.
En primer lugar hay que hablar de “la herencia recibida” (nada original pero imprescindible, y solo como elemento de referencia, nunca como justificación de nuestra impotencia). Pues bien, debe hacerse constar que Aragón ha mantenido tradicionalmente una situación algo mejor que la media nacional en la mayor parte de indicadores. Pueden identificarse múltiples causas: la actividad económica concentrada en las regiones de su entorno, la amplitud del territorio, una mayor concentración urbana de la población, un nivel formativo algo superior… Y tradicionalmente los gobiernos de todos los colores han apelado a esa mejor situación para justificar el éxito de su acción. Sin embargo, en los últimos años, aunque Aragón sigue manteniendo cierta ventaja sobre la media nacional, esta ventaja se ha ido está reduciendo cada vez más aceleradamente. Ya no se trata de si estamos mejor o peor que otros, sino de la velocidad con que otros nos están adelantando y nosotros estamos perdiendo las ventajas que durante tanto tiempo tuvimos, y que habrían de servirnos para salir antes de la crisis. Se está acabando la inercia, y si no se le da a los pedales acabaremos quedándonos parados o cayéndonos.
Así, por ejemplo, tenemos una tasa de actividad levemente superior a la española, pero se destruye empleo a mayor velocidad. Tenemos menos paro en Aragón, pero crece mucho más rápidamente. Tenemos menos paro juvenil en Aragón, pero va reduciéndose hasta un solo punto porcentual, y los jóvenes aragoneses mejor preparados se están yendo de Aragón para buscar un trabajo. En los últimos 5 años, los hogares con carencias materiales severas han crecido significativamente. Como consecuencia final, aunque todavía estemos algo mejor que la media, están creciendo el doble de rápido en Aragón que en España la desigualdad y el riesgo de pobreza y exclusión social.
Y mientras los problemas han crecido, las soluciones han disminuido  y los servicios públicos se han ido deteriorando. Hay menos personal sanitario, menos gasto en salud, menos inversión en hospitales y centros de salud. Hay menos maestros y profesores. Hay menos beneficiarios de la dependencia.
Los presupuestos de estos últimos años han sido meramente indicativos (los de 2015 tienen 600 M. de euros de desajuste deficitario y un déficit importante del PIB de Aragón), pero las consecuencias las pagamos todos los aragoneses: las consecuencias de una deuda pública que no para de crecer, supone casi 1 de cada 5 euros del gasto del Gobierno de Aragón (973 millones en 2014) y crece el doble de rápido que en el conjunto nacional (+13 % en el primer trimestre de 2014, frente a una media nacional del 7%, que ya es una barbaridad).
Con estos datos, la victoria de la izquierda en Aragón parecía cantada. Como así ha sido
El nuevo gobierno de Aragón debe volver la mirada a recobrar el incipiente Estado de bienestar que había en años anteriores (con gobiernos socialistas). Para ello debe impulsar una fuerte defensa de lo público y una gestión institucional ortodoxa y participativa. Hay que ser conscientes que los años anteriores al comienzo de la crisis marcaron una tendencia hacia una especie de “barra libre”, sin preocuparse por estructurar un modelo de gestión institucional para cuando llegaran las vacas flacas. El modelo territorial era pura discusión bizantina pues había pasta gansa para todo y para todos. No hubo ningún sentido de futuro, creando burbujas de todo tipo sin rendir cuentas a nadie, ya que los órganos fiscalizadores estaban adormecidos, sin entrar en otros considerandos peores.
Actualmente, la situación ha cambiado radicalmente. Ya no es que, al despertar del sueño megalománico, el dinosaurio siga ahí, sino que estamos rodeados de dinosaurios. La crisis ha modificado el paisaje tan bruscamente que la mera intención, aun presumiéndola buena, es poco  bagaje para una buena gestión de lo público. El contexto y el modelo sociales creados por los generadores de la crisis es una trampa continua tan potente que solo mentes muy despiertas e ideológicamente bien pertrechadas podrían ser capaces de modificar la situación de una manera duradera y sostenible. O, al menos, iniciar la buena dirección.
Seguiremos reflexionando.


Mariano Berges, profesor de filosofía