sábado, 30 de agosto de 2014

LA DIALÉCTICA DE LO VIEJO Y LO NUEVO

Los partidos políticos son instrumentos para transformar la sociedad. No son, pues, importantes por si mismos sino por el objetivo que pretenden. La gente tiene sus ideas que, simplificando el conjunto de ellas, llamamos ideología. Como cada uno en particular no tiene capacidad ni de transformar ni de influir en casi nadie, se organiza o se adhiere a una organización (partidos, sindicatos u otros) que intenta, desde el poder conquistado en unas elecciones democráticas, transformar la sociedad en la dirección de esas ideas que defiende.

Pero las ideas no son abstractas (idealismo) sino que provienen y están en función de una realidad a transformar. Y esa realidad es cambiante, por lo que las ideas transformadoras tienen que ser también cambiantes. Por eso es tan importante la sinergia entre jóvenes y adultos porque son dos formas distintas de mirar y percibir la realidad, compleja y poliédrica siempre. En una sociedad como la española actual (primer mundo, culta, viva), la realidad y la percepción social de esa realidad cambian muy rápidamente. Tan es así que cualquier teoría que no integre el concepto de cambio en su interior está condenada al fracaso.
En estos momentos, el PSOE está en caída libre. Y la caída libre no se neutraliza con programas sino con credibilidad. La credibilidad es fácil perderla y muy difícil conseguirla. ¿Cómo ha perdido el PSOE la credibilidad? Pienso que, fundamentalmente, por dos razones: una externa, la globalización neoliberal que nos rodea y que pone en crisis el modelo de bienestar; y otra interna, su declarada sumisión a los poderes económicos y su pertenencia a la vieja política. Recobrar la credibilidad es harto difícil y nunca sin humildad y paciencia.

Una consecuencia de esa falta de credibilidad socialista se llama PODEMOS. Porque la cuestión electoral no depende solo de las ideologías de votados y votantes. También cuentan, aparte de la credibilidad, las modas, tendencias, coyunturas y la mercadotecnia. El PSOE ya ha renovado su cúpula nacional, que ha quedado rejuvenecida y desconocida. ¿Y qué? El problema real (paro, pobreza, deterioro social) sigue ahí. Solo mejora la macroeconomía (¿qué es eso?). La situación sigue igual y cada vez con menos esperanza. Sigamos la argumentación: si es la gravedad de la situación la que ha posibilitado el 15-M / PODEMOS, éste seguirá existiendo y progresando. ¿Hasta cuándo? Porque se trata de un partido sin organización, lo que hace imposible su continuidad, tras el fogonazo de salida.

En estos momentos, la cuestión electoral no se dilucida en los programas sino que se juega en los vaivenes electorales que aparecen y desaparecen ante situaciones de desesperanza para un paciente que se agarra al mínimo clavo ardiendo que lo mantenga vivo. Pero entre los votantes de PODEMOS no solo hay algunos desahuciados, sino están también los ofendidos, clase media y media-alta, que se han sentido agredidos por la crisis en su confort existencial. Son gente que en su día votaba a partidos convencionales y que su voto frustrado elige a los nuevos no contaminados. Como revulsivo podría funcionar. ¿Llegará PODEMOS a ser el partido de la derecha “ilustrada” española?

Los españoles, desde su profundo escepticismo e incertidumbre, venden caro su voto. Ya no se fían de nadie. Piensan que todos los han engañado. Todos menos los que aún no han gobernado. Ése y no otro es el gran argumento de PODEMOS. Porque su programa es un listado de generalidades y obviedades, recitadas como una lección recién aprendida, y una serie de respuestas simplistas a problemas complejos. Eso sí, y mucha comunicación política de nueva generación. La gente no vota a PODEMOS, vota contra una política que está deteriorando gravemente su vida y sus expectativas. La adecuación de un partido conservador como el PP a la crisis es fácil y hasta cómoda. Su praxis de gobierno está en plena coherencia con su pensamiento. El PSOE lo tiene muy difícil. La política redistributiva socialdemócrata necesita una situación económica holgada, inexistente en la crisis. La competitividad rápida y global que exigen los mercados va contra la línea de flotación socialista. Es el momento de los populistas que nada tienen que corregir porque no han gobernado y todo es futuro aunque sea sin argumentos consistentes. La cultura (o incultura ) política hace el resto.

En una situación difícil, con visos de imposible, hay que cambiar la perspectiva, partiendo del hecho de que las viejas palabras ya no designan las nuevas realidades. Es momento para audaces con argumentos. El PSOE debe seguir profundizando en su renovación, con paciencia, sin urgencias ni presentismos, con argumentos, con estrategia de futuro. El PSOE es un partido necesario, independientemente de quienes sean sus dirigentes.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 16 de agosto de 2014

REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA (y II)

Este artículo complementa y concreta mi artículo anterior.
En primer lugar, comencemos por la palabra de moda: federalismo. Como dice el profesor Manuel Zafra, el Estado federal nace pero no se hace. Es muy difícil convertir un Estado ya formado en un Estado federal que presupone la existencia e independencia previa de los Estados. El federalismo siempre ha sido el subconsciente del Estado autonómico, bien para criticar sus presuntos excesos, bien para señalar sus supuestas debilidades. Pero convertir España en un Estado federal es algo muy complejo que exige previamente una elaboración teórica y técnica muy profunda. El inicio podría ser la creación consensuada de una comisión de trabajo con personas independientes y de prestigio que elaborasen una propuesta técnica. Esa propuesta, más un debate profundo y coordinado, podría ser una buena solución. Es un proceso que requiere una modificación constitucional profunda y compleja. Sentido de Estado, grandeza de miras, consenso social y político, son algunos requisitos imprescindibles.
La regeneración democrática que España requiere tiene un gran objetivo: la defensa real y efectiva de una democracia de calidad y el progreso económico y social frente a la creciente fragmentación territorial y social. Y necesita un gran instrumento: el relevo en las instituciones de poder y en la articulación de la nueva sociedad por parte de las nuevas generaciones, como así lo prescriben la lógica y la biología. Como medidas concretas, no en plan recetas sino como elementos de discusión, citaría las siguientes:
En primer lugar, un pacto estructural por el empleo y las pensiones, con la participación de Gobierno, partidos políticos, centrales sindicales y organizaciones empresariales. La Reforma Laboral del PP debe ser cambiada por directrices de la UE que hagan semejantes para todos los países miembros, sueldos mínimos (y máximos), condiciones laborales y derechos humanos en general. El Estatuto de los Trabajadores, desnaturalizado por la última Reforma Laboral del PP, sería un buen punto de partida. Es también necesaria una reforma en profundidad del sistema de pensiones que tenga en cuenta la mayor esperanza de vida de la población. En esta cuestión, las propuestas técnicas de los expertos y el consenso político de los partidos es requisito imprescindible para su sostenibilidad.
En segundo lugar, es urgente una reforma y modernización de las diversas Administraciones públicas: eliminando la duplicación de estructuras y funciones hasta conseguir un Estado eficaz y eficiente, en función de las nuevas demandas de España y la UE. Una buena herramienta sería una aplicación operativa del Estatuto Básico del Empleado Público que contribuya a profesionalizar la dirección de la gestión, limitando la designación política de altos cargos para protegerlos de interferencias. También es necesario garantizar un acceso adecuado a la información sobre la gestión de las Administraciones, que facilite la rendición de cuentas de los gestores y el juicio crítico por parte de los administrados.
Como medida de alto voltaje social es imprescindible un pacto por la educación y la sanidad públicas, como soportes fundamentales de un Estado mínimo de bienestar. La formación de capital humano e investigación no puede estar al albur de cambios de gobierno ni reclamos electorales. La igualdad de oportunidades y el premio al esfuerzo individual deben ser criterios básicos. Lo mismo cabe decir sobre la sanidad pública, donde el Estado debe garantizar la cobertura universal, independientemente del lugar donde se resida.
La tercera pata del Estado democrático de derecho, el poder judicial, todavía no ha sido objeto de una transformación democrática rigurosa. La igualdad de los ciudadanos ante la ley es papel mojado dada la lentitud e ineficacia en el funcionamiento de los tribunales.
Todo ello no sería económicamente posible sin una reforma fiscal justa y equitativa, sin exenciones que conviertan en papel mojado cualquier normativa existente. Y con una inspección rigurosa e independiente de elementos y “precauciones” políticos. En España no hay ética ni conciencia políticas porque se ha cultivado la opinión de que pagar a Hacienda es de tontos o despistados. O de pobres, porque los ricos no suelen pagar.
Dos medidas más directamente políticas. Una Ley de Partidos que garantice la democracia interna y la transparencia de las formaciones políticas. Y una Ley Electoral que modifique algunos elementos de la normativa actual, de manera que armonice una proporcionalidad real de la representatividad popular con una gobernabilidad eficaz.
Faltan más medidas que mis inteligentes lectores suplementarán.

Mariano Berges, profesor de filosofía

viernes, 8 de agosto de 2014

REGENERACION DEMOCRÁTICA

La crisis actual no está finalizando sino que está consolidando el nuevo modelo social que el neoliberalismo buscaba: trabajo precario, salarios bajos, servicios públicos deteriorados y copagados, desigualdad creciente, exclusión social. Con ser muy grave la crisis económica por la que atraviesa España, con su dramática consecuencia de más de cinco millones de parados y un empeoramiento general del nivel de vida, pienso que es más difícil de superar la crisis política e institucional que el país afronta. La corrupción, que ya no es puntual ni coyuntural sino permanente y estructural, y que afecta a todos los partidos que han gobernado, aunque en grados distintos, es su característica más sintomática, aunque no sea la causa sino la consecuencia. Coincide esta situación con el final de un ciclo histórico y la apertura de una nueva etapa llena de incertidumbres.

Pero aparquemos la crisis económica por suficientemente analizada y centrémonos en la crisis política e institucional. Crisis de gobernabilidad (déficit de modelo de Estado y de Administración; 17 CCAA sin coordinar; incumplimiento de la Constitución; partidos políticos con una baja calidad democrática) y crisis de liderazgo político y de credibilidad. Aunque la sociedad española aguanta bien, a pesar de todo. En el fondo, sigue creyendo en la política, en otra política. Por eso sigue votando, a otros distintos de los habituales, prueba con otras alternativas. En definitiva, lo que está pidiendo a gritos es una regeneración democrática. Critica a los políticos, pero para que cambien (de personas y de conductas). Y hablar de regeneración es hablar de cultura y de educación, no de un mero cambio de decorado.

No hay que olvidar que, tras cuarenta años de dictadura franquista, los españoles supimos organizar la convivencia de nuestra sociedad para darle un potente impulso de prosperidad y libertad. Hoy, no solo estamos mejor que ayer sino que gozamos ya de una breve tradición que nos permite seguir, con la herramienta del consenso, dando forma a las modificaciones necesarias que nos permitan una convivencia justa y solidaria. El pesimismo, con frecuencia, no es más que la coartada para la negación de la participación política. Existen suficientes recursos humanos e institucionales, pero faltan liderazgos que dirijan los procesos de este nuevo impulso.
Somos conocedores de las consecuencias (positivas y negativas) de la globalización, que se visualiza especialmente a partir de 1989 (desaparición del modelo comunista) y que facilita la aparición de un nuevo modelo social neoliberal y tecnocrático. Pero también es cierto que España está sufriendo con mayor intensidad una crisis propia y más grave que tiene otras causas específicas. Los ya bastantes años de democracia han esclerotizado a nuestras instituciones y a nuestros líderes, de manera que es urgente la modificación de actitudes y contenidos, a fin de establecer un modelo político más acorde con las nuevas exigencias del nuevo ciclo que ya ha empezado.
El punto de partida debería ser un diagnóstico de situación y su correspondiente etiología. Debería ser un análisis descarnado que posibilitase una terapia real, aunque fuese traumático para muchos de sus protagonistas. Hay cuestiones generales que hay que solventar con nuestros socios: la globalización y la competitividad, Europa y el euro…, pero hay otras cuestiones propias de España que nadie las va a solventar por nosotros. Especialmente grave son los sentimientos de escepticismo e incredulidad respecto a la capacidad de nuestros líderes para atender a las demandas de los ciudadanos. La corrupción generalizada por parte de todo tipo de dirigentes, el descrédito de la clase política, las violaciones de derechos que se consideraban adquiridos de forma permanente, hacen crecer la desafección popular de los españoles hacia el sistema que ha generado mayores niveles de bienestar, democracia y libertad en toda la historia de España. Si a ello añadimos la llamada ruptura generacional por las enormes dificultades de los jóvenes para encontrar empleo y la nueva facilidad y virulencia con que se expresa su justificado descontento en las redes sociales, describiremos un escenario de muy difícil recomposición.
Algunos simplifican la solución con una modificación de la CE en clave federal. Sin embargo, todo es mucho más complejo, pues si bien es cierto que una modificación constitucional podría dar un nuevo impulso (¿segunda transición?), previamente hay que modificar radicalmente muchas actitudes y planteamientos sin los que es imposible un cambio serio. Dejamos para una próxima entrega algunos de estos cambios y su metodología.



Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 19 de julio de 2014

NUEVO PSOE (y II)








Esperando que, tal como se exponía en el artículo anterior, el PSOE cambie la estructura del negocio y no solo de gerente, intentaré en esta reflexión apuntar algunas notas que podrían irle bien al nuevo PSOE como aspirante que es a partido de gobierno.

La primera cuestión, la más importante y la más difícil, pero también la prueba de fuego de la convicción y eficacia de un partido socialdemócrata. es la cuestión fiscal Una fiscalidad moderna, suficiente y justa es la clave para poder aspirar a un Estado de bienestar suficiente y equilibrado. La última seudorreforma del Gobierno PP ni es suficiente, ni justa ni equilibrada, sino una propuesta que, con tintes electoralistas, no aborda un cambio de fondo del sistema tributario sino que consolida los problemas existentes y sigue beneficiando a los que más tienen. Nuestro país necesita un sistema que garantice más recaudación de forma estable para atender los compromisos sociales y financieros que requiere una economía avanzada; un sistema más justo, que aumente las aportaciones del capital y de quienes poseen más riqueza y reduzca la de aquellos que menos ingresos tienen; y atacar con decisión el fraude y la elusión, que están minando la recaudación y la justicia de los impuestos.

En segundo lugar, es fundamental una política clara de defensa de lo público, frente a los teóricos de la globalización que abogan por desmantelar los logros del Estado de bienestar. Estos “globalizadores” defienden la flexibilidad laboral, la baja presión impositiva, la libertad absoluta de capitales y, sobre todo, la idea de que no se puede actuar contra los mercados sin correr riesgos a manos de las multinacionales. Frente a esto, el PSOE debe recuperar la primacía de la política contra la vigencia del pensamiento único. Para ello, no estaría de más derogar el art.135 de la CE y la Reforma Laboral. Dejemos al descubierto a todos los que usan la crisis como coartada para desmantelar los servicios públicos y los valores de igualdad, solidaridad y libertad, imprescindibles en estos tiempos de convulsión. No hay que subestimar la crisis pero hay que salir de ella de una manera justa y solidaria. Si para ello es necesario un calendario más amplio para la recuperación hagámoslo. Y no abusemos de la deuda porque ello supone la hipoteca de las futuras generaciones.

En tercer lugar, es de vital importancia la regeneración institucional. Empezando por recuperar el concepto de Estado, que hace iguales a todos los españoles, y poner orden en la realidad autonómica de España, evitando las desigualdades y las discrecionalidades y coordinando el funcionamiento de las autonomías. En un Estado casi federal como el nuestro, caben muchas singularidades, pero siempre sin ventajas jurídicas ni económicas para nadie. El concierto vasco y navarro no ha sido un buen ejemplo y ha dado pie a catalanes (¿y por qué no a otros?) a demandar “lo suyo” y, aprovechando la debilidad del Estado, ir más lejos hasta llegar a extremos independentistas. El nuevo PSOE debe trabajar por un Estado federal con pasos seguros y pacientes, con argumentos sostenibles en el tiempo y en el espacio, y con una política de Estado que nunca debió abandonar. Otro de los aspectos fundamentales en la regeneración institucional es introducir el concepto de independencia de poderes y el de una gestión moderna y eficaz propia de toda organización del siglo XXI.

Y, por último, Europa, que debe ser una referencia imprescindible para España y para el nuevo PSOE. La Europa que ha parido el Estado de bienestar ha sido la Europa socialdemócrata. Es cierto que el siglo XXI ha aportado unas características nuevas a nuestra sociedad: la globalización, las nuevas tecnologías, la movilidad internacional de capitales, bienes y personas y, como consecuencia de todo ello, el cambio radical de las mentes. Pues bien, sin renunciar al modelo socialdemócrata genuino, el nuevo PSOE debe adaptarse a la nueva situación con la integración en su discurso y en su praxis de nuevas personas, herramientas y estrategias, de manera que la política vuelva a primar sobre la economía. La alineación española debe ser con los países del sur, exigiendo con el norte un equilibro actualmente inexistente. Para ello, la participación política de sus ciudadanos es vital, porque la democracia no es sólo una técnica de gobierno, o un mecanismo de selección de representantes, sino un modo de organizarse políticamente. Una forma de vida entre ciudadanos que reivindican el derecho a participar en un debate informado, y a deliberar sobre las exigencias de justicia que cualquier poder está obligado a cumplir. El momento democrático no se condensa en la votación sino en la deliberación

Mariano Berges, profesor de filosofía


jueves, 17 de julio de 2014

La impunidad del discurso




Un discurso es impune si no se compara. El discurso de Rudi no aguanta un mínimo contraste con la realidad. Su optimismo cósmico deriva de la fanfarronería de Aznar y del cinismo de Rajoy. Oyendo a Rudi uno duda de si miente o se cree lo que dice. Ha constatado el "final de la crisis" y ha añadido que Aragón aún está mejor que la media española. No solo no hay final de la crisis sino que hay que aclarar que Aragón ha mantenido tradicionalmente una situación algo mejor que la media nacional. Pero esta ventaja va disminuyendo con el Gobierno de Rudi. Solo un ejemplo: la desigualdad está creciendo el doble de rápido en Aragón que en España (6,5 puntos en Aragón, 3,1 en España) y el riesgo de pobreza y exclusión social (7 puntos en Aragón y 2,5 en España).



sábado, 5 de julio de 2014

NUEVO PSOE (I)








La situación actual del PSOE recuerda a aquel letrero de los escaparates de las tiendas pre-electrónicas que decía “cerrado por balance”. Porque, efectivamente, el PSOE está haciendo una fuerte revisión o balance de su acción política de los últimos años y la correspondiente percepción ciudadana.
El primer momento crítico hay que situarlo al final del “felipismo”. Las cuatro legislaturas de Felipe González transformaron España y los españoles comenzamos a saborear qué era aquello del Estado de bienestar. España se puso de moda en Europa y en el mundo. ¡Qué peligrosas son las modas! Y aunque muchos atribuyen el final del “felipismo a la corrupción, yo siempre he pensado que los españoles estaban aburridos de ver siempre la misma cara y decidieron cambiar. Un rasgo muy español eso de cambiar por cambiar.
A partir de la generales de 2000 el PSOE entra en crisis. Almunia, Secretario General, es vencido en primarias por Borrell como candidato a la Presidencia de Gobierno y se entra en una bicefalia que el aparato de Ferraz hizo descarrilar. El batacazo para la izquierda fue de nota y el PP de Aznar consiguió su primera mayoría absoluta. Por cierto que en esas elecciones PSOE e IU (Almunia y Frutos) hicieron listas conjuntas para el Senado y apoyaban la supuesta investidura de Almunia. O sea, que eso de juntarse las izquierdas en un cartel común ni es nuevo ni garantiza el éxito.
Tras ocho años de “aznarismo”, en 2004, con la guerra de Irak mediante, irrumpe el joven Zapatero que abruma con un primer cuatrienio lleno de nuevos derechos civiles como nunca había soñado España, que se pone a la cabeza mundial en derechos de minorías y de género. Y se aprueba la ley de la Dependencia que, aunque deficitaria de presupuesto, marcó un hito en la política social. Pero el segundo cuatrienio lo comienza Zapatero con las reiteradas negaciones de la crisis y finaliza su crédito el 12 de mayo de 2010 con el inicio de las políticas de ajuste. Es curioso como la sociedad ha hecho pagar al PSOE un final puntualmente negativo frente a todo un balance global enormemente positivo. Desde una perspectiva racional me atrevo a proclamar la injusticia de tal ajuste de cuentas. En la actualidad, y aunque no lo sepan, los movimientos reivindicativos de calle están reivindicando la restauración de la situación anterior al 12 de mayo de 2010, o sea, el modelo social de la socialdemocracia que nunca debió abandonar el PSOE.
A partir de noviembre de 2011, con la mayoría absoluta del PP, España avanza con paso militar en el desguace del Estado de bienestar. La gente cree eso de que no hay alternativa posible y que si nos portamos bien los mercados nos premiarán y volverán las oscuras golondrinas, perdón, las inversiones extranjeras, porque España volverá a estar de moda. El PSOE, tras las derrotas municipales-autonómicas-generales de 2011, y que otorgaron al PP el mayor poder que nunca un partido político ha tenido en España, toma conciencia de su fracaso y celebra un Congreso en Sevilla que no cierra bien las heridas orgánicas. Su contenido programático se enriquece notablemente con la Conferencia Política de Granada, cerrando con una propuesta de reforma constitucional que, aunque deficitaria de concreción y de modelo federal, supone un estimulante punto de partida del que ningún partido ha acusado recibo.
En éstas estábamos cuando las elecciones europeas del 25-M han manifestado que el conformismo no se adueñado de nuestra sociedad. Todavía no sabemos cómo enfocarlo pero los resultados electorales fueron un aldabonazo a quien empezó con las políticas de ajuste y a quién las ha proseguido con una ingente energía, digna de mejor causa. Los nervios están tan a flor de piel que hasta el PP pide regeneración democrática. Surrealista. Y los nuevos “triunfadores” (alístese quien quiera) sienten el vértigo del vacío programático y de una mínima arquitectura de configuración social e institucional.
El PSOE ha terminado el balance y se dispone a cambiar la estructura del negocio. El gerente se ha jubilado y tres prometedores herederos están educadamente porfiando por la herencia. Pero, claro, no se trata solo de cambiar de gerente sino de negocio, que ha quedado un tanto obsoleto por la rapidez de las nuevas tecnologías y de los correspondientes procesos mentales de la clientela. La demanda ha cambiado y los demandantes han madurado y se atreven a pedir lo que antes no se atrevían. ¿Gustará el nuevo negocio PSOE a los potenciales clientes-electores?
Cuidado con cambiar solo de imagen, aunque a veces el mercado solo pida eso. Sería mortal para el PSOE y para España, que siempre ha necesitado al PSOE como elemento fundamental y necesario de modernidad y progreso.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 21 de junio de 2014

MONARQUÍA O REPÚBLICA

Comienzo con dos autores de mi devoción. Sócrates: “La ley está para cumplirla, sea oportuna o inoportuna”. El segundo es una viñeta de El Roto: un mendigo responde a una pregunta sobre Monarquía o República, “un trabajo”. Tanto si nos situamos en el cumplimiento de la ley como en la cotidiana realidad, no toca ahora discutir sobre monarquía o república. Es más, pienso que ni siquiera toca en este artículo ni en este momento, hacer gala ni de republicanismo ni de monarquismo. A mí no me interesa, en estos momentos, el debate sobre la Jefatura del Estado, sino el debate sobre el Estado. ¿Qué queda del Estado de la Constitución de 1978 y de sus grandes principios políticos? Parece, como decía Azaña, que en España cada generación tiene que descubrir el fuego. Pero escribo sobre el tema de moda para que no se me interprete evasivamente.
Puede haber dos baterías de argumentos para defender una postura y la otra. Y posiblemente ambas sean igual de brillantes pero no igual de eficaces. Y una política democrática, si algo debe ser, es legal y eficaz. Conscientes de que la legalidad puede ser meramente formal y la eficacia ineficiente, hay que intentar realizar el concepto material (no solo el formal) de la ley y la dimensión eficiente de la eficacia. De lo contrario, no habría una buena política democrática

¿Cuál es la esencia de un Estado social de derecho? El cumplimiento exquisito de las leyes, especialmente de la Constitución, y una línea progresiva y continua en el cumplimiento de los derechos humanos por parte del Estado para con sus ciudadanos. Y ello no se puede lograr sin un funcionamiento legal y eficaz de nuestras instituciones. Si nos fijamos bien, en lo dicho no aparece ni la forma de ejercer la Jefatura del Estado ni los partidos políticos. Ambas son dos entidades instrumentales aunque muy importantes, que se ejercen convencionalmente, o sea, como la mayoría social a través de sus representantes haya establecido. El establecimiento legal de ese convencionalismo son las leyes, especialmente la ley de leyes. Y hasta que esas leyes no sean modificadas legalmente no cabe otro planteamiento.

¿Caben los debates? Absolutamente todos. Imprescindibles la argumentación, el respeto y la pluralidad. ¿Para qué sirven los debates? Para crear opinión y procurar una mayoría social a favor de mi posicionamiento, suponiendo que lo que yo creo es lo más correcto socialmente. ¿Cabe un debate sobre monarquía y república? Cabe y procede. También sobre otros temas, p.e. el modelo autonómico y su relación con el Estado y la igualdad de todos los españoles. Comience, pues, la sesión. Con serenidad, sin urgencias y con la vista siempre puesta en la dignidad y, a poder ser, en la felicidad de nuestros conciudadanos. Aporto el primer envite: la república es pura racionalidad frente a la teocracia monárquica. Sin embargo, caben circunstancias históricas que hagan aconsejable esta última, aunque siempre entre paréntesis. Mi posicionamiento personal es que hoy procede la sucesión y procede también el debate. No son contradictorios ambos hechos. La realidad no está configurada por el blanco y el negro, sino por grises de la más diversa tonalidad. Y hoy, entre monarquía y república, hay que optar por una democracia de alta calidad que garantice los derechos de todos los españoles.

Un concepto que aparece frecuentemente en esta discusión es el de la Transición y el pacto o consenso que hizo posible la Constitución de 1978. En la Constitución del 78 se prevé como forma de Estado la monarquía parlamentaria y los correspondientes mecanismos de sucesión. El pacto constitucional lo rubricaron, entre otros, UCD, PSOE y PCE. Ciertamente que han transcurrido ya treinta y cinco años y que sería conveniente una actualización de la CE por los procedimientos que ella misma establece, aunque yo siempre he mantenido que es más urgente el cumplimiento de la Constitución vigente que su modificación. Algunos afirman que el pacto constitucional ya está roto de facto en su dimensión social. Aunque trágico, discutible, ya que el momento crítico actual es reversible con la ley en la mano. Solo hace falta una mayoría social plasmada en una mayoría parlamentaria progresista y su correspondiente cumplimiento político.

Otra cuestión es la evaluación que pueda hacerse del reinado de Juan Carlos I. Aunque no es éste el lugar, puede hablarse de luces y sombras: grandes luces públicas y no pocas sombras privadas. Esperemos (más le vale) que el sucesor se tiente más la ropa, pues en ello le va su supervivencia política. No cabe duda que el reinado de Juan Carlos I ha coincidido con la mejor época de la historia española (a pesar de la crisis actual). La causalidad del éxito hay que compartirlo entre muchos agentes, el rey entre ellos.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 7 de junio de 2014

TRAS EL 25-M: PERCEPCIONES Y REALIDADES


Esto ya no es rapidez, esto es puro vértigo. Desde la noche del domingo 25 hasta el momento en que usted lea este artículo, han sucedido infinidad de cosas, o dicho más propiamente, los españoles hemos tenido tal número de sensaciones que esto parece un vendaval. Si de las sensaciones pasamos a las percepciones (lo que implica una mayor racionalidad) podemos llegar a pensar que estamos en un final de ciclo. Yo, al menos, tengo esa percepción.

Sobre las elecciones europeas del 25M es prácticamente imposible decir algo original, pero vamos a arriesgarnos. Hay dos preguntas que me hago constantemente. La primera es ¿por qué el PP sigue ganado elecciones tras dos años de duros recortes al Estado de bienestar y a los derechos básicos de los españoles? Lógicamente, hay que pensar que sigue teniendo una cierta credibilidad, pues la gente vota interesadamente al partido con el que piensa que le irá mejor en el futuro. Y si los dirigentes del PP tienen credibilidad es porque su discurso es mínimamente creído. ¿Qué dice básicamente el PP? Que lo que está haciendo es, aunque duro, necesario para volver a crecer después y poder crear empleo; que el PSOE ha malgastado a manos llenas y eso de la herencia recibida. Y este discurso hay gente que lo cree, al menos los que votan al PP. Cuesta creerlo pero así es.

La segunda pregunta es ¿por qué el PSOE, estando en la oposición, no solo no se beneficia de los votos que pierde el PP, sino que sigue perdiendo votos? Lógicamente, porque tiene poca credibilidad. Y ¿cómo tiene poca credibilidad un partido que ha liderado la mayor y mejor transformación histórica de España? Porque el Estado de bienestar que ahora se reivindica en las manifestaciones de la calle y de los centros de trabajo es algo que se consiguió en España fundamentalmente con el PSOE de los gobiernos de Felipe González (educación, sanidad y pensiones) y de Zapatero (libertades individuales y civiles). Insisto ¿por qué el PSOE no tiene credibilidad? Porque Zapatero abrió el melón de la austeridad impuesto por la Troika. Melón que Rajoy ha desarrollado con una saña infinita. ¡Y qué mal explicó Zapatero lo que hizo! Ni en la calle ni en el Parlamento ni en su partido.

Y llegamos al concepto que explica casi todo: la crisis. La gente, que no acostumbra a pensar a medio y largo plazo, sino que todo lo procesa según le vaya a él, piensa que todos los políticos son unos corruptos porque él está muy mal. Si profundizamos un poco, veremos que el español se había acostumbrado a estar muy bien durante los treinta años que van desde 1986 (año de entrada de España en la UE) y 2008 (comienzo de la crisis). Y ese bienestar proveniente de los fondos europeos y de la gestión socialista constituye, por comparación, el punto de referencia de su actual malestar.

Deductivamente, si todos los políticos son unos corruptos y causantes de lo mal que yo estoy, hay que probar con políticos nuevos a ver qué tal nos va. Ésa, y no otra, es la cuestión clave, desde la perspectiva de los partidos y su traducción electoral. De ahí el éxito de Podemos, UPyD, Ciudadanos y no tanto de IU porque, según la nueva terminología, también IU son casta aunque casi no hayan gobernado.

Otra cuestión muy distinta es que nos pongamos a pensar en la realidad objetiva y en los indicios del futuro próximo que nos acecha. Aquí se impone pensar la complejidad: economía, política, globalización, energía, demografía, educación, sociología, poderes emergentes y hasta filosofía. Y en esta inflexión es donde procede hablar de final de ciclo. Las mentes que hasta ahora han servido, mejor o peor, quizás no sirvan para gestionar el nuevo ciclo. Pero los cambios hay que hacerlos con sabiduría: ni lo nuevo es bueno por nuevo ni lo viejo es malo por viejo. Está demostrado que todo cambio de paradigma viene de una nueva forma de mirar, y por tanto de gestionar, la realidad. Eso solo lo pueden hacer mentes nuevas o mentes que hayan integrado en su estrategia el concepto de cambio permanente. El cambio es la mejor forma de permanecer (no pensar en Lampedusa).

Como final, insistiré en que los partidos políticos son meros instrumentos para la organización de la sociedad, y que la ideología es un esquema de una serie de ideas, mucho más importantes que el propio esquema (la ideología) en que están encerradas. Desde la perspectiva de la sociedad, lo que de verdad importa son las instituciones, tanto públicas como privadas, que son desde donde emanan las decisiones que benefician o no al común de la sociedad. Son las instituciones el ámbito donde se muestra la verdad o falsedad de los partidos y los políticos. Y una institución bien gestionada no suele tener frutos a corto plazo. De ahí la paciencia, la serenidad y la prudencia (pro-videre: ver antes o más allá que los demás) de todo buen político.

Mariano Berges, profesor de filosofía



martes, 27 de mayo de 2014

VARAPALO AL BIPARTIDISMO

Como aperitivo, algunos titulares de prensa:
“Gana el PP, pierde el bipartidismo” (EL PA“Golpe al bipartidismo en España y Aragón” (EL PERIODICO DE ARAGÓN) –el titular más objetivo-.

“El PP gana al PSOE, pero ambos sufren un duro castigo en las urnas” (HERALDO DE ARAGÓN)

“Rubalcaba tira la toalla y convoca un congreso extraordinario para julio.” (EL PAÍS)

“Pablo Iglesias (Podemos): Nuestro objetivo es echar del poder a PP y PSOE” (EL PAIS)



Parece claro que en las elecciones europeas ha habido dos perdedores, PP y, especialmente, PSOE. Ambos han sufrido la desafección ciudadana de una manera dura e indubitable. No les sirve decir que han sido los primeros y los segundos. El resultado hay que analizarlo con perspectiva y prospectiva. Bajar del 80% al 50% es un varapalo grave. Y aún queda recorrido por ver, porque, si no cambian su manera de interpretar la política, la bajada puede ser un descenso a los infiernos. Hay ejemplos de desaparición de grandes partidos muy cercanos en tiempo y espacio: el Partido Socialista italiano, el Partido Comunista francés, de alguna manera también el Partido Comunista italiano. El domingo bajaron el Partido Socialista francés y el español vertiginosamente. Por otro lado, parece un gran triunfo de partidos pequeños y/o emergentes: IU, UPyD, Ciudadanos y, especialmente, Podemos. Y así es si analizamos los datos en sí y de una manera absoluta.



Sin embargo, toda elección lleva en sí una carga de espectáculo mediático y litúrgico. La política, realidad más prosaica de lo que parece, empieza a funcionar una vez desaparecida la liturgia mediática. Y vemos que en el Parlamento europeo va a haber una mayoría clara semejante a la que ya había anteriormente, o sea, la coalición que ha venido funcionando entre los populares y los socialistas europeos. El resto, incluidos los antieuropeos, meterán ruido pero acordarán poco.



Al llegar aquí hago dos preguntas-respuestas nada retóricas: 1) La gran coalición popular-socialista ¿seguirá haciendo en Europa la misma política que hasta ahora? 2) Si es que sí, el descenso a los infiernos de los dos partidos mayoritarios está garantizado. Si es que no, el gran varapalo del domingo habrá surtido efecto y la política habrá vuelto a triunfar.



Esto sucederá en Europa. ¿Y en España? Algo parecido, aunque con matices, porque ni el PP español es homologable con la derecha europea (es peor), ni el PSOE español tiene una situación interna como la socialdemocracia/socialismo/laborismo europeos. Añádase a ello, el proceso soberanista catalán y la incógnita del nacionalismo vasco, aún por ver. De momento, el PSOE anuncia cambios radicales, mientras que el PP (Rajoy) dice que no hay nada que cambiar.



Remontando un tanto la vista, me viene a la mente un problema de tipo filosófico: ¿qué es más real, la apariencia o la realidad? Ontológicamente, la realidad; perceptivamente, la apariencia. La gente, sobre todo cuando vota, funciona por la percepción (que es su realidad subjetiva). Y, en España, yo he llegado a la conclusión de que la gente vota correctamente, o sea, que marca la tendencia del momento. ¿Qué nos ha dicho la gente en las elecciones europeas? Que sigue amando la política, pero otra política. La gente no tiene que concretar más. La gente marca la tendencia, y son los partidos, consecuentemente con los resultados, los que tienen que hacer política. A veces, parece que dos partidos –PP y PSOE- van de la mano y la gente los castiga semejantemente, como si ambos gobernaran juntos. Pero esto es apariencia. La ontología (realidad objetiva) nos dice que son muy distintos, por historia y por ideología. Otra cosa es que en la globalización económica, los intereses multinacionales los obligue a ir de la mano. Por eso, si la política se impone a la economía, volveremos a ver las diferencias entre los dos. Si la economía sigue mandando sobre la política, ambos partidos se asemejarán.



Dentro de un año (municipales y autonómicas) y dentro de año y medio (generales) habrá nuevas elecciones. ¿Se pueden extrapolar los resultados? Depende de lo que haga cada partido en este tiempo. Si todo sigue igual, puede suceder lo mismo pero más agudizado. Si la práctica política cambia (radicalmente) la situación puede cambiar. Rubalcaba ha dado un ejemplo: ha dimitido aún siendo la mejor cabeza política del PSOE. Los sondeos, las elecciones, la gente, no lo quiere. ¡Que los dioses iluminen a los socialistas! ¿Y en Aragón? Lambán, también la mejor cabeza del PSOE aragonés, va a tener problemas. Un partido es el líder y los acompañantes. Tendría que pensar seriamente en depurar a gran parte de sus acompañantes.



También se le entiende todo a P.Iglesias (Podemos). No quiere tanto transformar la sociedad como barrer a PP y PSOE. No entiende mucho de política y se le nota mucha prisa por estar en el poder.



Mariano Berges, profesor de filosofía



sábado, 24 de mayo de 2014

JOSÉ MÚJICA, PRESIDENTE DE URUGUAY



El domingo día 18 de mayo de 2014, en el Programa “Salvados” de La Sexta, Jordi Évole nos presentó una entrevista con José Mújica, Presidente de Uruguay. Como siempre, el periodista Évole nos ofreció un documento interesantísimo, a lo que unía en este caso un ejemplo singular de político.

El Presidente Mújica se nos ofrece como una persona normal que, por circunstancias diversas, ha llegado a ser Presidente de su país. Lo inusual del caso es que el sustantivo persona no es alterado en su esencia ni en su conducta por un adjetivo tan potente como presidente. España, por ejemplo, es un país en el que se usan poco los sustantivos y mucho los adjetivos; se nota que se valora poco la sustancia. Pepe (así lo llaman en Uruguay) sigue siendo Pepe, pero con un oficio distinto, que lo ejerce con la misma coherencia y profundidad con las que ha ejercido otros oficios (ciudadano, guerrillero, preso, parlamentario…). Su aspecto, su hábitat, sus costumbres, su sentido de la vida, su relación con los otros, siguen siendo los mismos. Y todo ello, que debería ser lo habitual, resulta extraordinario porque lo ordinario, en todos los casos semejantes al suyo, ha desaparecido.

Ante la pregunta de qué siente cuando los políticos europeos lo reciben con el protocolo ceremonioso con que lo hacen y con la retórica habitual hacia un presidente de otro país, Mújica responde que “los políticos europeos son vacíos. Todos usan la misma retórica vacía”. Y lo dice con sencillez. Nadie se siente insultado porque lo dice desde la normalidad de su persona y su sentido de la verdad. “Hay que decir siempre la verdad. La verdad es la mejor comunicación”, sostiene nuestro persona-je, sin engolar la voz y con una sonrisa de niño pícaro que conoce perfectamente su disontonía con “lo normal”.

Ante el escándalo de su “modus vivendi” como Presidente, que muchos lo tildan de nuevo marketing, contesta que simplemente es la sobriedad que ha ejercido durante toda su vida. No usa la palabra austeridad porque dice que Europa la ha prostituido. Ironía profunda.

Évole hace una pregunta con carga dialéctica. Le pregunta al Presidente Mújica si con su “no consumo” no estará destruyendo el crecimiento económico y el progreso de la sociedad, que se basa en la producción y consumo de artículos. La respuesta es que lo que habría que hacer es universalizar el consumo (también para asiáticos y africanos). De esta manera, el capitalismo ampliaría su negocio hasta niveles nunca vistos. Frente al consumo de unos pocos que consumen mucho y no necesario, el consumo de todos, que consumirían artículos básicos y necesarios. El negocio sería redondo y, de paso, aliviamos el problema de la emigración. Lección epicúrea.

Su concepto de Europa es magnífico, a pesar de la crisis que está padeciendo. Predice que Europa se salvará por el mucho talento que tiene, a pesar de sus políticos. Por el bien del mundo, Europa tiene que volver a ser la referencia universal de todo lo mejor que la humanidad ha construido.

Es curioso cómo reconoce sus fracasos como Presidente, por ejemplo en la educación, y cómo analiza las causas de los mismos. Esgrime como causa fundamental el pensamiento reaccionario de la gente normal, que posibilita todas las resistencias al cambio por parte de la oligarquía. De ahí la importancia de la educación. Es sibilino cuando él no se reconoce como revolucionario. Incluso habla de su gran error “revolucionario”. Se reconoce como una persona normal en una sociedad capitalista a la que poco a poco, pero con mucha decencia y dignidad, se puede ir transformando. Entiende que la patología de la izquierda es el infantilismo, que no es otra cosa que confundir los deseos con la realidad. Cuando el periodista le comenta que lo pueden tildar de conservador, contesta que ser conservador no es negativo, que lo malo es ser reaccionario, que no es más que una patología de ser conservador.

Ante la reiteración de su modo de vida “provocador”, que incluso mucha gente lo puede percibir como “indigno” en la representatividad de todo un país, Mújica no responde con una reivindicación ampulosa de su verdad-testimonio. Con una enorme sencillez, y casi con vergüenza, contesta “vivo como pienso; de lo contrario, acabaría pensando como vivo”.

Que Uruguay está lejos; qué vas a esperar de un guerrillero; que España-Europa es otra cosa, otra cultura, otra civilización. Incluso que “hay gente pa tó”. En definitiva, que no es extrapolable. Incluso un mal ejemplo que no “viste” el cargo. Mi asombro no fue tanto por su “modus vivendi”, sino por la coherencia entre sus ideas y su conducta. Pensé en nuestra desafección por la política y sonreí.

Tras la entrevista me desperté y el dinosaurio seguía allí.


Mariano Berges, profesor de filosofía