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sábado, 24 de noviembre de 2012
Análisis marxista de la actualidad
El avance neoliberal está siendo tan rápido y tan radical que uno tiene que mirar hacia atrás para rearmarse ideológicamente. Y en esta retrospectiva te encuentras con el que nunca debimos olvidar, Karl Marx, al que hay que reivindicar en sus justos términos. Me refiero al Marx filósofo que analiza la realidad que pretende cambiar, cual es la sociedad de su tiempo, y no tanto al Marx al que canonizaron y malinterpretaron en la URSS. Distingamos marxismo y comunismo: el marxismo es un sistema filosófico y el comunismo es un sistema político. Con elementos teóricos comunes pero con objetivos y resultados muy distintos.
Excusándome por la grosera simplificación, Marx elabora una teoría de la realidad social denominada “Materialismo Histórico”. Esta teoría dice que en la base hay una estructura económica donde coexisten dos clases sociales: la de los capitalistas o explotadores y la de los proletarios o explotados. Por encima de la estructura económica está la superestructura ideológica (política, derecho, moral, religión, filosofía y arte) que conforma la “conciencia social”. La estructura económica condiciona la superestructura ideológica y ésta justifica a aquella, a la vez que procura su supervivencia. Los sistemas político, jurídico y religioso forma el esqueleto fundamental de esa conciencia social o superestructura. Y tienen como función justificar y mantener la situación de explotadores y explotados. Que haya individualidades y excepciones entre los profesionales de cada uno de los sistemas no anula que el sistema en su conjunto sirva para lo que sirve.
Extrapolando el análisis marxista a la actualidad, podemos observar multitud de ejemplos que ratifican la veracidad del mismo. Los desahucios se ejecutan por una ley (superestructura jurídica) que los autoriza, incluso, según dicen los jueces, les obliga a ejecutarlos. Los políticos dicen que no les queda más remedio que obedecerlos y que hay que tener cuidado no vaya a ser que el elemento sistémico bancario se venga a abajo y con él el país entero. La Iglesia no dice nada. Incluso para algunos de sus jerarcas es una situación positiva porque potencia la caridad en detrimento de la justicia.
Podemos seguir con más ejemplos: el paro, los despidos laborales, los bajos salarios, el desmantelamiento de lo público… todos tienen su superestructura jurídica y política explicando la justicia legal de los mismos. Y ahora más que nunca gracias a la Ley de Reforma Laboral. En fin, por no ser reiterativo, vayan ustedes repasando cualquier situación de precariedad para unos y de enriquecimiento para otros, y aplíquenle el esquema explicativo de don Carlos.
La situación es tan radicalmente negativa que solo con medicina fuerte puede el enfermo sanar. Como prescripciones médicas pueden servir las siguientes:
1. Que nadie se asuste de los conceptos ni de las teorías, sino de los hechos.
2. Que nadie condene el marxismo si no lo ha leído. Si lo ha leído, que argumente sus tesis y antítesis y las discuta con honestidad.
3. Que los políticos no se justifiquen por la existencia de leyes que autorizan la injusticia moral, que puede ser justicia legal. Los políticos están para cambiar las leyes que no solucionen los problemas sociales. Todas las leyes son humanas y, por lo tanto, modificables y perfeccionables. El sistema religioso habla de leyes divinas que no se pueden modificar porque proceden de dios.
4. La política se inventa para organizar la sociedad de la manera más beneficiosa para la mayoría social. De todas las éticas que ha habido en la historia la más útil ha sido la ética utilitarista (Bentham; Stuart Mill), precisamente por su dimensión política. Dice que las acciones son buenas o malas en la medida en que tiendan a aumentar o disminuir la felicidad general.
5. El cambio social se da cuando se modifica la estructura económica, que es la que genera la superestructura ideológica. Y no al revés, porque los dueños de la economía nunca modificarán las leyes ni la política, a no ser que se les obligue. Véase el paripé lampedusiano (cambiar algo para que nada cambie) que han hecho con los desahucios de viviendas.
Conclusión: Hay que saber analizar y explicar lo que pasa. Luego podremos modificarlo o no, pero intentémoslo al menos. Todo tipo de protestas sociales son bienvenidas, ya que la parálisis social garantiza el fracaso más absoluto. Hasta hace poco tiempo éramos optimistas por sentido del presente, ahora toca ser pesimistas por sentido de futuro.
Mariano Berges, profesor de filosofía
sábado, 10 de noviembre de 2012
La política, la ética y la complejidad Sobran muchos políticos en la política actual y faltan muchos con otro perfil intelectual y moral
Este artículo es un análisis teórico de lo que debería ser la política, porque la política no solo es necesaria sino imprescindible. Por el contrario, la antipolítica es profundamente reaccionaria, por más que muchos de quienes la practiquen se digan progresistas. La política es siempre compleja, como lo es la sociedad, la economía y la gestión. La simplificación del pensamiento político, los mensajes simplistas repletos de obviedades, imposibilitan el intercambio de ideas y convierten la política en un producto típico de mercadotecnia.
La gestión de la complejidad requiere sabiduría y capacidad. Si por sabiduría entendemos la comprensión de la realidad y por capacidad, las estrategias y habilidades para solucionar problemas complejos de esa misma realidad, habremos formulado el perfil idóneo del político como el delegado por la sociedad para solucionar sus problemas. Como la sociedad es plural en sus perspectivas e intereses, existen varios proyectos políticos que intentan dar soluciones a los problemas. Y cada ciudadano vota en función de lo que piensa que son sus intereses.
Aquí entramos en la dimensión compleja de la política. En primer lugar, habrá que identificar bien los problemas a solucionar. Luego habrá que formular las soluciones a dichos problemas. Posteriormente habrá que elaborar un discurso que muestre que esa identificación y formulación son las que interesan a una mayoría social. O dicho de otra manera, que la mayoría de la sociedad se sienta identificada o próxima a ese planteamiento de la complejidad. Y, por último, habrá que ejercer la acción política que sea coherente con el discurso.
Está claro que la descripción anterior es una operación intelectual de una enorme dificultad, no alcanzable para mucha gente que, sin ningún demérito personal, no está capacitada para ello. Aristóteles decía que todos los ciudadanos son inexcusablemente políticos, porque todos tenían la obligación moral de colaborar en la mejor organización social. La relación entre ética y política era tan estrecha que no podía darse la una sin la otra. Pero los líderes sociales, lo que ahora llamaríamos políticos "profesionales", deberían estar profundamente educados para el noble ejercicio de la política. Platón, en su ensimismamiento filosófico, llega a decir que solo los filósofos podían ejercer la política, que es entendida como la más noble de las artes humanas. Dedicarse a la política es tal honor para los elegidos que su satisfacción, incluso su vanidad, debería ser suficiente salario. Dedicarse a solventar los problemas del conjunto de la comunidad supone el mayor honor y la mayor satisfacción que una persona puede tener. Si alguien entiende que por tal actividad hay que pagar enormes dádivas y salarios, de manera que constituyan una casta diferente del resto de la sociedad, está pervirtiendo la fascinante tarea de la política.
Normalmente, en el ejercicio de la política se diferencian dos dimensiones: la orgánica (prosaica e instrumental pero imprescindible) y la institucional (la que realmente transforma la sociedad). La política orgánica es aquella que se ejerce al interior del partido político y que debería dinamizar al conjunto de los militantes y simpatizantes para que la percepción común que todos ellos tienen de la realidad social se transmita al conjunto de la sociedad. La política institucional es aquella que, desde el gobierno de la institución, traduce y ejecuta lo que el partido político ha elaborado desde la sociedad. Un gran problema en los partidos españoles es que lo orgánico prima sobre lo institucional, cuando debería ser un mero instrumento. Y especialmente preocupante es el hecho de que los políticos españoles parecen vivir en una burbuja al margen de los ciudadanos, lo que les imposibilita elaborar el discurso y la acción política pertinentes.
El 15-M recobró algo del espíritu griego saliendo a la plaza pública a hablar de los problemas de la comunidad. Nos dimos cuenta de que la política nos concierne a todos y que, por tanto, todos somos políticos. Imposible no coincidir con la mayoría de sus reivindicaciones, aunque me resulte imposible aprobar el mensaje antipolítico que a menudo emana de ese movimiento. Negar las fronteras entre derecha e izquierda es, en la práctica, hacer política de derechas.
En definitiva, la política es gestión de la complejidad. Lo que exige una inteligencia estratégica y conocedora de los procesos. Como puede deducirse de todo lo dicho, sobran muchos políticos en la política actual y faltan muchos otros políticos con otro perfil intelectual y moral.
Profesor de filosofía
sábado, 27 de octubre de 2012
¿CRISIS ECONÓMICA O CRISIS IDEOLÓGICA?
Parece
cada vez más claro que las políticas que se están haciendo en Europa son
exclusivamente políticas de recortes drásticos, de manera que los únicos
paganos de la crisis son las clases medias y populares. Del único objetivo que
se habla es del déficit y de la deuda. Además, todo ello debe hacerse en un
cortísimo espacio de tiempo. Y como receta dogmática se publicita y practica la
bajada de salarios y los despidos. Así, dicen, haremos más competitiva la
economía. Sin embargo, la bajada de salarios y los despidos están deprimiendo
la demanda y el consumo interno, lo que provoca la recesión.
¿Si
esto parece tan simple por qué no se hace? ¿Quién tiene interés en que esto
funcione así? Tiene que haber una razón no explícita que explique la causa de
tal comportamiento. Mi teoría es que la crisis económica es una estrategia para
reorganizar los sistemas sociales europeos en una dirección distinta a la que
ha sido hasta ahora seña de identidad europea. Me estoy refiriendo al
desmantelamiento del denominado Estado de bienestar. Que las clases
conservadoras lo intenten parece lógico, pues sus beneficios son mayores en un
sistema injusto que tenga su fundamento en la explotación de una mano de obra
barata y abundante. La famosa troika (Bruselas, BCE y FMI) es el instrumento
disfrazado de técnica económica para llevar a cabo tal proceso. Pero la
complicidad de los partidos progresistas no tiene sentido.
¿Cuál
es la alternativa? Flexibilizar el déficit con un espacio mayor de tiempo y
relanzar el crecimiento con créditos baratos y abundantes en el mercado, lo que
crearía inmediatamente puestos de trabajo y relanzaría el consumo y las
exportaciones.
¿Quién
lo tiene que hacer? En nuestro contexto, deben ser los órganos democráticos
europeos, sin el hiperliderazgo alemán, y con el firme consenso de todos los
Estados europeos, autoobligándose cada país a cumplir las obligaciones de eficiencia
gestora y demás reglas del juego. También debe aprovecharse esta crisis para
configurar las estructuras europeas necesarias que nos conduzcan a la formación
de los Estados Unidos de Europa.
El
intento neoconservador de desmantelar el Estado de bienestar ya fue puesto en
marcha por la pareja Reegan-Tatcher
en los años ochenta. Y fue precisamente la Europa socialdemócrata la que
consiguió frenar su avance. Ahora son más los coaligados conservadores y mayor
su poder por la globalización económica y tecnológica actual. Por eso mismo,
debe hacer acto de presencia de manera urgente la política, porque la
desafección política también está provocada por los mercados. Pero la política
la deben hacer los políticos capaces de hacer política, no los que ya han
demostrado su incapacidad. Para ello hay que elaborar un discurso realista y
audaz, con una vuelta a los principios éticos y políticos que han hecho potente
a Europa y España, y que sea capaz de ilusionar a la sociedad. Todo esto urge
porque la gente más valiosa, aunque solo sea por razones biológicas (me refiero
a los jóvenes), no puede aguantar mucho más en esta situación. Necesitan un
mínimo horizonte para respirar y algún atisbo de esperanza para no caer en
situaciones irreversibles.
¿Por
qué no se hace? Porque no hay suficiente resistencia civil frente a la manera
de solventar la crisis. Los partidos políticos, que son los traductores
políticos de las necesidades sociales, no están a la altura de las
circunstancias. Más bien están siendo instrumentalizados por las auténticas
fuerzas reales para, bajo la apariencia de “solo se puede hacer lo que se puede
hacer”, proseguir el proceso regresivo de empobrecimiento popular. Y los
sindicatos, la pequeña y última resistencia que nos queda, no están para muchos
trotes. Hay que inventar otra forma de hacer política más participativa
realmente, con políticos y sindicalistas que salgan de su burbuja y hagan
política desde la sociedad que los ha elegido. También los ciudadanos deben
ejercer su obligación política participando, resistiendo y proponiendo.
¿Que
todo esto que acabo de exponer es retórica literaria? Lo que nadie puede
discutir es que desde mayo de 2010 esto va cada día peor. Cada vez hay más
parados y más pobres. Los derechos sociales y laborales están hechos añicos. Neutralizar
la actual e ignominiosa Reforma Laboral va a costar no menos de veinte años.
Crear los puestos de trabajo destruidos va a costar un esfuerzo ingente y una
reformulación política y sindical que parece fuera del alcance de los actuales
dirigentes. Y todos, organizaciones y ciudadanos, tenemos que modificar
profundamente nuestros paradigmas y nuestras conductas.
Mariano Berges, profesor de filosofía
sábado, 13 de octubre de 2012
¿Quo Vadis, Cataluña?
La
situación actual de crisis no es el mejor momento para tratar del eterno
problema territorial español
Para empezar, dos referencias:
una de tipo filosófico y otra de tipo existencial: Kant (s. XVIII)
fue el máximo ilustrado en el país menos ilustrado (Alemania) de la Europa de
entonces. Kant soñaba con la desaparición futura de los Estados soberanos, las
guerras y las fronteras, sustituido todo por una federación internacional de
poderes que implantaría una "paz perpetua". La paz sería la victoria
del "progreso de la razón" frente a las emociones irracionales y
ancestrales. Ahora, con la crisis, la UE está ocupada por los egoísmos
nacionales que segregan brotes etnológicos prefascistas e independentismos
irracionales fuera de contexto y tiempo.
La
segunda referencia es de tipo existencial. Los que tenemos una cierta edad
recordamos cuando Barcelona era una ciudad cosmopolita y la punta de lanza de
la modernidad en España. Era el final del franquismo y el principio de la
transición. En Cataluña había más editoriales que en toda España y las primeras
traducciones de cualquier título imposible de encontrar en el resto de España
salían en alguna editorial catalana. Luego llegó el provincianismo identitario
y Barcelona se transformó en una ciudad normal con menor proyección exterior y
muchos problemas internos, incluso económicos. Fue entonces, el 11 de
septiembre de 1977, cuando un millón de personas pedían en la calle
"Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía". Además de la bandera
catalana, había muchas banderas rojas (PSUC y PSC) y banderas sindicales (CCOO,
UGT, CNT). ¡Cuánto han cambiado las banderas y los gritos! Ahora el nacionalismo
identitario actúa como un magma fagocitador de ideologías y reivindicaciones
políticas y sindicales, que han pasado a ser mera crónica histórica. Barcelona
era una ventana al exterior en el franquismo español.
PARA
SOLUCIONAR todo aquello los constituyentes españoles elaboran una Constitución
con un Título Octavo que configura un Estado de las Autonomías, cuyo objetivo
fundamental era dar una salida a las diferencias y especifidades catalana y
vasca (también gallega), que siempre las ha habido, y con una posibilidad
semejante a las demás autonomías, hasta 17, del resto de España. Nunca
Cantabría (antes Santander), Rioja (antes Logroño), Murcia (sin Albacete),
Asturias, Extremadura, Madrid (capital de España) y otras, habían soñado con
ser unos cuasi Estados autónomos. Pienso que el famoso "café para
todos" está en el origen del confusionismo y la inviabilidad del actual
modelo autonómico español. Aunque es verdad que la generalización de las
autonomías fue acordado por todas las fuerzas políticas, desde Fraga hasta Carrillo,
pasando por todo tipo de nacionalismos representativos.
¿Y
ahora, qué? ¿Qué hacemos con las legítimos sentimientos y emociones
independentistas de muchos catalanes, exarcebadas por algunos partidos con el
objetivo de la rentabilidad electoral? Tienen derecho a intentarlo dentro del
marco establecido por la CE. Ya se ha dicho con claridad que
constitucionalmente es imposible por ser el pueblo español el único sujeto
político soberano en España. Pero eso no soluciona totalmente la cuestión,
porque Cataluña (y el País Vasco), efectivamente, tiene diferencias específicas
a las que hay que dar una salida política madura que vaya encauzando una
solución federal para todo el Estado español.
Pero
la situación actual de crisis no es el mejor momento para tratar del eterno
problema territorial que España ha tenido desde que es Estado moderno. La
famosa conllevancia de Ortega (al que Azaña acabó dando la
razón) ya se ha estirado mucho y quizás haya llegado el momento de empezar a
hacer otro traje. Además el cambio de traje que se hizo con las autonomías,
especialmente con su desarrollo uniforme e insaciable, ha devenido en inviable.
La situación actual es un buen punto de partida para la reflexión y la acción
política federal (la única posible). Es también una buena ocasión para
replantearse los conciertos vasco y navarro. En definitiva, ir caminando hacia
aquel hermoso principio marxiano "de cada uno según sus capacidades, a
cada uno según sus necesidades", que garantizaría la unidad económica y
política española.
La
situación actual tiene muchos causantes. Desde el propio nacionalismo, pasando
por CIU y su deriva independentista, de la que muchos dudan, llegando al
ambiguo PSC-PSOE, especialmente la fracción burguesa-catalanista (Maragall) y
finalizando con el PP, tibio siempre por su necesidad de los nacionalismos para
gobernar y por su aversión al federalismo.
Entre
el nacionalismo separatista y el nacionalismo centralista, el federalismo
español. ¿Están los partidos españoles maduros para ello?
Profesor
de filosofía
sábado, 29 de septiembre de 2012
El debate autonómico y más cosas El mayor problema que tiene España es que no es un país serio. Y esa es la condición que nos pone Europa
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El debate
autonómico de Aragón lo seguí este año más intensamente dado que los dos
líderes importantes aragoneses, Rudi y Lambán, se examinaban
ante el Parlamento y ante los aragoneses, y suponía que iban a dar lo mejor de
sí mismos. No defraudaron. Ambos superaron el listón anterior y confrontaron
correctamente sus beligerantes posiciones ideológicas. Desde mi perspectiva
personal, Lambán ganó en la fase de discurso y Rudi ganó en la fase de réplica,
ya que los datos los tenía ella y finalizaba los turnos de palabra.
Las acusaciones de
ambos fueron las esperadas: que Rudi estaba alejada de la realidad aragonesa y
que Lambán manejaba la demagogia con excesiva alegría. Comprensibles ambos
ataques y lógicas las mutuas defensas. ¿Y ahora, qué? Los aragoneses pensarán
que han visto un debate político de entidad (no es lo de menos) pero seguimos
sin indicios serios de futuro. Esta es la cuestión que hay que analizar y ante
la que hay que posicionarse a partir de ahora. Un debate parlamentario es
suficiente si aporta claridad y credibilidad. Y pienso que los dos líderes
ofrecieron suficientes elementos de juicio como para que los oyentes sacasen
conclusiones. Yo sí que las saqué.
1. El PP y Rudi
son unos buenos seguidores de Rajoy y su gobierno en todo lo que actualmente
está haciendo y el futuro que nos acecha.
2. El PSOE
aragonés estrena un líder que no está de acuerdo con Rajoy (lógico) pero que
tampoco comulga con lo hecho hasta ahora por el PSOE en su tratamiento de la
crisis. Su texto "No defenderé aquí al gobierno de Zapatero, que
cometió errores de bulto en el tratamiento de la crisis. Pero es que, a los
problemas heredados, ustedes han añadido otros y más graves" supone un
inteligente equilibrio político ante una situación difícil de encarar, entre
una herencia familiar no fácil (Zapatero) y un presente hostil (Rajoy). Los
partidos minoritarios (IU y CHA) lo tenían francamente fácil. Como nunca serán
el eje de ningún gobierno, sus críticas y sus propuestas no están ni estarán
sujetas a verificación alguna. Su pureza es tan fuerte que te puede embriagar,
y embriagados somos poca cosa. Y el PAR, más que difícil lo tenía imposible.
Pero como vive de lo imposible, con la derecha y con la izquierda, siempre sale
adelante. Ya sabrán ustedes que el gobierno aragonés se suele componer del PAR
y otro más.
3. Los objetivos
de un debate de estas características siempre son varios. Los líderes se examinan
ante el Parlamento, ante la sociedad, ante su partido y ante sí mismos. No es
fácil contentar a todos. Precisamente en esto falló el debate, que fue más un
examen de líderes que un conjunto de propuestas transformadoras reales y
creíbles. Algo así como un guión previsible y unos protagonistas solventes.
Repito, no es poco. Pero el momento exige más. No hubo ni indicios de pactos
entre los mayoritarios. Hubo más táctica que estrategia. Y más obviedades que
propuestas rigurosas.
4. Una cosa quedó
clara: que las cuestiones importantes no se solucionan en Aragón. Algunas ni en
España. Europa es el horizonte de la solución. Y los partidos aragoneses
mayoritarios deben presionar y convencer a sus cúpulas estatales para que
pacten los grandes asuntos de Estado: economía, empleo, arquitectura
institucional y el núcleo básico del Estado de Bienestar. Y juntos, negociar en
Europa qué papel queremos jugar, garantizando nuestro rigor y lealtad en los
objetivos a cumplir.
5. Pero hay que
ser optimistas y futuristas, si no por convicción sí por necesidad. Por
ejemplo, en la cuestión rescate sí/no, es menos importante el qué que el cómo.
Ni es causa única de nuestra situación nuestra fama lúdico-mediterránea ni
tampoco la dureza alemana. La cosa es más compleja. Lo primero que hay que
hacer es identificar el problema, que es el modelo de Estado inviable que
España tiene, nepótico y corrupto, y su origen que radica en las estructura
oligárquica de los partidos, la economía, las finanzas, el poder judicial y,
prácticamente, toda estructura de cualquier organismo o sociedad que tenga
poder y/o influencia. La reforma administrativa es urgente pero debe ser muy
estudiada y debatida por académicos y políticos, con fuerte participación
social, y consensuada por los grandes partidos, sin partidismos.
6. La situación es
de emergencia. No es solo el empobrecimiento de las clases medias-bajas ni el
adelgazamiento del Estado de Bienestar. Es sobre todo, la desaparición pública
de dos generaciones de jóvenes y el envilecimiento moral de todo un país.
Conclusión: El
mayor problema que tiene España es que no es un país serio. Y ésa es la mayor
condición que nos pone Europa.
Profesor de
filosofía
miércoles, 19 de septiembre de 2012
POLÍTICA Y PERIODISMO, PRODUCTOS CULTURALES
Mario Vargas Llosa acaba de publicar un libro, La civilización del espectáculo (Alfaguara),
cuyo título y, en algún sentido, su contenido no está lejano de La sociedad del espectáculo, de Debord,
libro de culto de los años sesenta. Aunque solo fuese por el debate que debería
de crear -ojalá- merece la pena su
publicación. Aparte de otros muchos valores que siempre aporta Vargas Llosa:
buena literatura, argumentaciones sólidas
y, siempre, honestidad intelectual. Recomiendo vivamente su lectura.
Vargas habla de que en materia cultural le asaltaba desde
hacía algún tiempo la incómoda sensación de que le estaban tomando el pelo, de
que no hay manera de saber qué es cultura, todo lo es y ya nada lo es; del
triunfo de la frivolidad, del reinado universal del entretenimiento; de que el
empuje de la civilización del espectáculo ha anestesiado a los intelectuales,
desarmado al periodismo y, sobre todo, devaluado la política. En definitiva,
defiende la llamada “alta cultura”, la de siempre, la conseguida a base de
esfuerzo, muchas lecturas, audiciones y exposiciones, la que escasea tanto.
La política es un producto cultural en su más profundo
sentido. Si la etimología de cultura es el cultivo del hombre, la política es el
cultivo del hombre en su dimensión colectiva o social. Y ambas, cultura y
política, no solo son un derecho sino una obligación de cualquier ser humano
que quiera mejorar la sociedad en que vive y la que van a heredar sus hijos.
Porque la sociedad ni es una entelequia ni una herencia intocable, sino un
proyecto abierto y perfeccionable que estamos todos los días construyendo. Y
dependerá del concepto que tengamos de cultura y de política para que nuestro
proyecto de sociedad que intentamos implantar sea uno u otro. Conscientes de
que debe ser siempre la mayoría social la que refrende el modelo social
resultante, como final de la tensión dialéctica entre los distintos proyectos
existentes.
Uno de los proyectos posibles, en mi opinión el más
sólido, es el proyecto socialdemócrata, síntesis del viejo socialismo y del
primigenio liberalismo político, defensor de una democracia plena en la que los
derechos humanos sean el canon de su construcción. Y como todo producto
cultural, está a expensas de la transformación social y los conceptos que la
representan. Y ambos, la sociedad y sus conceptos representativos, están en una
constante evolución teórico-práctica, de manera que hay que estar
constantemente revisando la traducción social de los conceptos y el anquilosamiento
de los conceptos que ya no representen a la sociedad.
Y aquí aparece el periodismo, otro producto cultural que
actúa como una gran pantalla global y
que funciona como un espejo universal y poliédrico. Los periodistas ofician
como profetas en nombre de Jehová, unos transmitiendo correctamente la voluntad
de Jehová, o sea, la realidad social, y otros tergivesando o manipulando esa
realidad por intereses espurios, sean propios o ajenos.
Ha habido mejores momentos que el actual para el
periodismo español, por ejemplo el momento de la transición, al final del
franquismo, cuando la competitividad de los medios era por ver quien colaboraba
más y mejor en la consolidación democrática. Actualmente, entre la crisis
económica y la crisis tecnológica, el periodismo anda triste y depresivo, lo
que le ayuda poco en su función profética de contar la realidad correctamente y
con la verdad como objetivo fundamental. Está, como todos los productos
culturales, en una situación de descrédito profesional y de déficit funcional.
La gente se pregunta ¿Qué es la cultura? ¿Para qué sirven los políticos? ¿Para
qué sirven los medios de comunicación? ¿Son independientes los medios? Una
visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber
tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Esto es falso y engañoso.
La verdad en periodismo existe, es la verdad de los hechos. Sin embargo,
potentes medios se dedican a falsear la realidad. Más que informar desinforman.
Y no entremos en el mundo Internet, eso es una selva. Es el lector quien debe
ser inteligente para interpretar lo que lee. Los periódicos hay que
interpretarlos.
Sin embargo, y a pesar de todo, la cultura, la política y
el periodismo son tres elementos inexcusables y necesarios en una sociedad
moderna y democrática. Pero lo serán si sus miembros ejercientes garantizan la
calidad de sus contenidos y cumplen con las normas deontológicas que todo
profesional tiene como obligación moral y material.
Mariano Berges,
profesor de filosofía
domingo, 2 de septiembre de 2012
¿LEGALIZACION DE LAS DROGAS?
Con
la cuestión de la crisis uno se cansa del monotema y de la trampa de que ya no
hay más realidad que la crisis. Sin embargo, la vida sigue y los problemas
siguen, y algunos, como la droga, siguen enquistados en la sociedad, en las
leyes y en las mentes. Si algo frena el progreso social es el miedo al debate
sobre cualquier cuestión tranversal en la vida humana y social. Por todo ello,
en este artículo sobre la droga me propongo dudar y reflexionar en voz alta con
todos ustedes. ¡Qué miedo los absolutismos y la mera posibilidad del absoluto!
De
momento, ha vencido la teoría de que la
represión de la producción y el consumo es la mejor manera de combatir el uso
de estupefacientes, lo que conlleva las trágicas consecuencias que tiene el
narcotráfico en la vida de muchas naciones. Por eso hay que aplaudir la
valentía de muchos dirigentes sudamericanos en, como mínimo, llevar al foro de
la discusión la cuestión de la legalización de las drogas. Especialmente habría
que citar aquí a José Múgica,
presidente de Uruguay, por proponer al Parlamento una ley legalizando el
cultivo y la venta de cannabis. De aprobarse (el Frente Amplio, el partido del
presidente, tiene mayoría absoluta) supondría todo un pulso a las mafias del
narcotráfico y una referencia para muchos países que están empezando a
cuestionarse la postura tradicional meramente represiva. La prohibición de la
droga sólo ha servido para convertir al narcotráfico en un poder económico y
criminal impresionante, capaz de poner de rodillas a los Estados legítimos. Los
sudamericanos hablan ya de narcoestados. El problema de la droga es tan
importante que concierne a la misma supervivencia de la democracia.
En las actuales
circunstancias, la primera prioridad no es poner fin a la producción y al
consumo de drogas sino acabar con la criminalidad que depende de estas
actividades. Y para ello no hay otro camino que la legalización. Desde luego
que legalizar las drogas implica riesgos, que deben ser tomados en cuenta y
combatidos. Por ello, la medida de la legalización debe ir acompañada de un
esfuerzo paralelo para informar, rehabilitar y prevenir el consumo de
estupefacientes perjudiciales para la salud. Se ha hecho en el caso del tabaco
y con bastante éxito. El consumo de cigarrillos ha disminuido y los ciudadanos
saben los riesgos a los que se exponen fumando. Si quieren correrlos es su
derecho hacerlo.
En España hay un nombre propio, pionero en reivindicar
la despenalización de las drogas. Se trata de Antonio Escohotado (profesor de filosofía en la UNED),
desmitificador y analista del problema de las drogas en su impagable Historia general de las drogas. La obra
contempla un recorrido multidisciplinar sobre las drogas, abordando aspectos
históricos, culturales, mitológicos, antropológicos, sociológicos, políticos,
químicos y médicos. Defiende las drogas como un camino hacia el
autodescubrimiento, la maduración, el diálogo o la simple recreación. Denuncia
también lo que considera una campaña demonizadora contra las sustancias
psicoactivas que nace a mediados del siglo XX.
Otro nombre más actual es Araceli
Manjón-Cabeza, autora del libro La solución, donde mantiene tres tesis
fundamentales: 1) que el prohibicionismo ha fracasado; 2) que hay que cambiar
el paradigma porque seguir con el prohibicionismo planetario es una locura; 3) que
la prohibición ha generado muchos otros problemas no inherentes al consumo de
droga, problemas que son hijos de la prohibición. Y, por último, no me resisto citar a un
último nombre, no sólo literato Nobel sino también un gran pensador, como es Mario Vargas Llosa, gran defensor de la
legalización de las drogas, como mal menor.
Legalizar
las drogas no eliminaría los problemas de drogodependencia, enfermedades
asociadas, conflictos sociales y mortalidad. Tampoco que el alcohol o el tabaco
sean legales evita tales efectos. Pero, al menos, pondría freno a las mafias
que siembran el terror y amasan fortunas a costa del mercado ilegal. Incluso
admitiendo como posible un aumento inicial del número de consumidores de las drogas
ya legales, habría otros efectos beneficiosos: control de calidad, lo que
evitaría los males asociados al consumo; venta en dosis correctas de consumo,
lo que evitaría las sobredosis accidentales; disminución de precios, lo que
reduciría drásticamente la cifra de delincuencia drogoinducida; cambiar los
ambientes marginales y peligrosos por un mercado legal y controlado.
Asunto
vidrioso. Al menos, dejémonos de hipocresías y embustes y entremos a fondo en
el debate. Sin absolutismos ni tabúes. La historia solo avanza con cambio de
paradigmas.
Mariano Berges, profesor de filosofía
sábado, 18 de agosto de 2012
LA POLÍTICA: PRAXIS Y RELATO
La
política tiene praxis y relato. La praxis es de toda la vida. El relato es
propio de la era de los grandes medios de comunicación de masas. Hoy una
política puede fracasar por la inexistencia de una praxis propia que demande su
ideología y sus votantes o puede también fracasar por la inexistencia de un
relato o discurso que le otorgue presencia mediática y reconocimiento por parte
de la ciudadanía.
Por
ejemplo, el momento que actualmente le toca lidiar al PP y a Rajoy es malo
económicamente pero bueno políticamente. Como el momento álgido de la crisis
coincide con el principio del mandato de Rajoy, cuando comience a remontar -que
remontará- todo el mérito se le atribuirá al método reduccionista con que el PP
ha desmontado el mínimo Estado de bienestar que había en España. Igual que ya
pasó en el 2000 con Aznar y su “milagro económico”.
La
economía va por ciclos y la política incide muy poco en la reversión de esos
ciclos. Cuando Zapatero hizo su harakiri el 12 de mayo de 2010 con un 10 % de
lo que Rajoy ha hecho posteriormente, la cuestión importante es que lo que hizo
Zapatero iba contra la línea de flotación del ideario socialista, mientras que
lo que hace Rajoy es la esencia del más crudo neoliberalismo conservador. Y es
ahí donde aparece el relato de la política. Zapatero se queda sin relato y
Rajoy se mueve como pez en el agua en el suyo. A Rajoy le ha tocado el momento
oportuno para contar la narrativa más coherente con su ideario: adelgazamiento
del Estado de bienestar, negación de lo público, destrucción de los derechos
laborales (la Reforma Laboral del PP va a ser la cuestión más difícil de
neutralizar en el futuro), desprestigio de los partidos políticos y de los
sindicatos... Item más, existe el tópico político que dice que las políticas
conservadoras gestionan mejor las crisis. Falso. No hay más que ver el modelo
social europeo gestado por la socialdemocracia y su destrucción por parte del
neoliberalismo conservador.
Pero
cualquier lego en economía sabe que la capacidad de un Gobierno europeo para
incidir en la economía de su país es muy limitada. Dice Joseph
Nye en su recomendable Las cualidades del líder, “los líderes son como
surfistas en espera de grandes olas”. En política nada es del todo real ni nada
puramente artificioso pero, al menos, hay que mantener un relato de tus
presupuestos y su viabilidad. Recordando a Castilla del Pino, que decía que la libertad no es hacer lo que uno
quiere sino “hacer lo que uno quiere de entre lo que puede”, la comunicación pública
consiste básicamente en saber captar el estado de ánimo de una población y
ajustarte a los márgenes dentro de los cuales puedes contar tu historia de la
manera que te permita hacer lo que quieres dentro de tus posibilidades.
La oposición del
PSOE, se encuentra aún noqueada: independientemente de su alejamiento del
poder, no ha elaborado aún su relato, lo que le resta credibilidad y liderazgo social.
Precisamente ahora, en la oposición, tiene una oportunidad para cambiar de
registro. Yo siempre he pensado que Zapatero evitó el rescate que Rajoy va
aceptar con la sonrisa en los labios. Lástima que el líder socialista no se
atreviese a ir más lejos. Aunque la partida la tenía políticamente perdida ya
que su relato era contradictorio con sus señas de identidad e inverosímil.
Posiblemente debería haber adelantado elecciones generales con un relato nuevo
y posible que, al menos, ilustrase a la ciudadanía española de lo que se estaba
jugando y qué opciones había en el tablero político español y europeo.
Si nadie corrige
esta visión de las cosas, en un par de años nos van a entregar una economía
débil, trabajadores con menos derechos, un Estado maltrecho y con menos
libertades. No ejerzo de profeta sino de cronista: no hay más que observar las
medidas tomadas o anunciadas en economía, reforma laboral, educación, sanidad, dependencia,
sueldos, aborto… Y, además, todo nos lo muestran como necesario y con un
gobierno valiente y disciplinado “al que
lo queda más remedio”. Si los progresistas no cambiamos el relato nos va a
costar mucho quitarnos ese pesado arquetipo de destructores de la economía, mientras
los conservadores se estarían dejando la piel en levantar el país. El
socialismo debe salir de su aletargamiento y debe recuperar la credibilidad a
través de una política clara y rotunda, sin matices confusos ni ambigüedades
calculadas. Debe revisar su pasado reciente, identificar sus errores y elaborar
un discurso claro y con líderes creíbles que lo expliciten. Al socialismo español
le falta relato. Y praxis.
Mariano
Berges, profesor de filosofía
sábado, 4 de agosto de 2012
LA ADMINISTRACIÓN LOCAL (II)
Procedemos a la segunda entrega del
artículo anterior sobre la Administración Local (más propio sería decir
Gobierno Local) exponiendo un análisis somero del anteproyecto de Ley para la
racionalización y sostenibilidad de la Administración Local.
En este documento se percibe una
vez más la volatilidad y contingencia del Gobierno de Rajoy. Piensan que con una declaración de intenciones plasmada en
el BOE, los mercados y Bruselas van a hacer un acto de fe en España. Esto no
funciona así. Las reformas estructurales no deben ser fagocitadas por
coyunturas económicas, por muy apremiantes que éstas sean. Ya Aristóteles decía que la virtud del
gobernante debe ser la prudencia, cuya etimología latina es pro-videre, o sea, prever, ver más lejos
que los demás. Justo lo contrario del coyunturalismo actual, que nos lleva a un
cortoplacismo preñado de estéril inmediatez.
Esta reforma dice pretender
una mayor racionalización de la Administración Local y una clarificación de las
competencias municipales para ganar en eficiencia. Para ayudar a ello refuerza
la figura del interventor local y lo saca de la libre designación presidencial
para convertirlo en un auténtico fiscalizador extramunicipal. ¿Un regreso a los
cuerpos estatales y a la despolitización de los ayuntamientos?
Para conseguir
este objetivo se fortalece a las diputaciones provinciales, que asumirán
algunas (o muchas) competencias de los ayuntamientos. Las diputaciones ya no se
dedicarán solo a sus funciones tradicionales de asistencia y cooperación con
los ayuntamientos. Si esto se plasma en la realidad institucional, transformaría
toda la organización provincial en aspectos tan esenciales como recursos,
estructura y gobierno. Y los ayuntamientos serán vigilados respecto a sus propias
competencias, que les serán sustraídas y transferidas a las diputaciones si no
demuestran su capacidad económica y técnica para llevarlas a cabo. Lo que les
sucedería a casi todos los ayuntamientos de Aragón. Desaparece también
cualquier otra figura de gobierno intermedio como las mancomunidades. ¿Y las
comarcas? Parece lógico que también desapareciesen ya que, además de subsumir
las funciones de las mancomunidades, constituyen un gobierno intermedio
innecesario, caro y redundante. Asturias y Aragón (las únicas con comarcas
funcionando) no parecen regiones importantes como para evitarlo. Otra cosa muy
distinta es lo que propone el anteproyecto sobre la desaparición o agrupación
de los municipios menores de 20.000 habitantes. Esto es materialmente imposible.
La reducción de servicios (más que de competencias) o la encomienda de
funciones, podría ser una solución más ajustada a la realidad.
Luego aparecen en el documento otras medidas
de gobierno local. Limitación del personal eventual y una completa funcionarización
de la dirección institucional. Fuera cargos de confianza y de libre designación.
El anteproyecto confunde gobierno con administración. Lo mismo sucede con la
reducción del 30 % del número de concejales y el límite de los sueldos de los
alcaldes. Todo vale en la continua labor de desprestigio de la política y los
políticos. Llegaremos a aquella expresión genial del Caudillo “Haga usted como yo, no se meta en política”.
Es curioso que las CCAA no aparecen casi a
lo largo del documento. Es como si ya hubiesen sido recortadas sus competencias
respecto a la Administración Local. Quizás el inconsciente sea más significativo
que la letra. Pero lo que verdaderamente asusta es el despojo competencial de
los ayuntamientos, rozando si no lesionando la CE. Que es necesaria una nueva
Ley de Régimen Local está claro. De hecho hay un borrador anterior a la crisis
durmiendo el sueño de los justos. Pero también hay que tener en cuenta que no
es bueno legislar a golpe de ocurrencia y de coyuntura. La planta institucional
de un país es algo muy serio como para improvisar. Su elaboración tiene que
venir precedida por profundas reflexiones y debates por parte de expertos en la
materia, que hay muchos y competentes. Si la Ley quiere permanecer en el
tiempo, servir para cohesionar la sociedad y organizar la convivencia política,
tiene que contar inevitablemente con una gran
mayoría política y social, al menos un gran pacto de Estado entre los
dos partidos mayoritarios.
Concluyendo, el margen de mejora del
anteproyecto es amplio y no difícil de consensuar si se trabaja desde el
sentido de Estado que todo representante público debe tener. Una sociedad es lo
fuerte que son sus instituciones. La crisis pasará y las instituciones
permanecerán. Sobran corporativismos, partidismos y electoralismos de corto
vuelo.
Mariano Berges, profesor de
filosofía
domingo, 22 de julio de 2012
La Administración Local (I) Está claro que lo fundamental es el municipio: oír a los municipios, o sea, a los ciudadanos
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Mi periódico (EL PERIÓDICO DE ARAGÓN) escribía el 7 de julio un editorial titulado "Un mal camino para apoyar a los ayuntamientos", donde decía que el Gobierno español pretendía eliminar las mancomunidades y reforzar funcionalmente las diputaciones provinciales. Lo decía así: "Los detalles que se conocen de los planes gubernamentales conducen a un reforzamiento muy importante de las estructuras provinciales, contrariamente a lo que hasta ahora se consideraba como la consecuencia lógica de la consolidación del Estado de las autonomías. Las diputaciones dejan de tener sentido, además de encarecer la gestión, en la medida en que los gobiernos autonómicos ganan en eficacia".
Posteriormente, el
Consejo de Ministros del pasado 13 de julio conoció "en primer
vuelta" del anteproyecto de ley para la Racionalización y Sostenibilidad
de la Administración Local. El anteproyecto recoge en su enunciado los
cacareados términos de racionalización y sostenibilidad. Implícitamente se está
diciendo que hasta ahora había poca racionalidad en el panorama institucional.
Ni niego ni afirmo, solo digo que la actual histeria reformista del gobierno
del PP es poco racional y nada sostenible. No debemos confundir la calidad de
nuestro sistema institucional con las conductas poco éticas de los titulares de
esas instituciones. Ni pretender solucionar la devastadora crisis
económico-financiera y fiscal por la que atraviesa el sector público con
reformas que poco tienen que ver con lo que estamos hablando, entre otras
razones porque cuando estas disposiciones se plasmen ya nadie se acordará de la
crisis.
Siento disentir con el
editorial de mi periódico. Y como este asunto tiene mucha enjundia, lo
trataremos en varias sesiones. Sirva esta primera para clarificar conceptos e
intenciones. En otras sesiones seguiremos con el análisis del anteproyecto.
En Aragón hay cuatro
términos-realidades que debemos aclarar y diferenciar: ayuntamiento,
mancomunidad (subsumida en las comarcas, de reciente creación), comarca y
diputación. Aparte de las comunidades autónomas, también de reciente creación y
que funcionan cual nuevo Estado, sin ningún tipo de federalismo que las
coordine. Cada una tiene sus características, funciones y diferencias. Y todas
ellas, de alguna manera, se interactúan y a veces se solapan.
Los ayuntamientos son,
junto al Estado, la institución más antigua y la más próxima al ciudadano. En
la Atenas clásica, ciudad y Estado coincidían. Todas las demás instituciones
son posteriores y algunas de muy reciente y dudosa creación. Las mancomunidades
se crearon en 1870 con un objetivo: que los municipios más pequeños se
agruparan en función de su proximidad para compartir servicios (especialmente
basuras y abastecimiento de agua) y pagar, entre todos, sus costes. En Aragón
han funcionado perfectamente, tanto funcional como económicamente, hasta la
aparición de las comarcas, que han absorbido sus funciones y han encarecido
desproporcionadamente su coste. Las comarcas son casi especificidad de Aragón.
Han sido propuestas por el PAR para consolidar su implantación territorial, y
tanto el PSOE como el PP no han tenido más remedio que aceptar el chantaje, ya
que ambos lo necesitan para conformar mayorías de gobierno.
Hoy, las diputaciones
provinciales están funcionando bien, actuando como verdaderos consejos
comarcales o, mejor dicho, como deberían actuar los consejos comarcales. Estos
entes locales desarrollan sus competencias sobre una población y actúan en
función de unas fórmulas de representación política y de una estructura
administrativa que, paradójicamente, deberían constituir los parámetros idóneos
de cualquier proceso descentralizador que aspire a administraciones locales
dotadas de autonomía gerencial, sin presupuestos condicionados y con medios
suficientes.
Casi 40 leyes han sido
necesarias para regular y crear el entramado comarcal aragonés. Treinta y dos
comarcas creadas de treinta y tres previstas y, sin embargo, más de 700.000
aragoneses (Zaragoza y municipios limítrofes) están sin comarca. Está claro que
lo fundamental es el municipio: oír a los municipios, o sea, a los ciudadanos y
crear unas estructuras claras y distintas en beneficio del municipio. Y
habilitar un órgano decisional que articule las decisiones a tomar, que evite
solapamientos de inversiones y decisiones, que optimice y equilibre las
inversiones y que genere sinergias entre todos los ámbitos.
Profesor de Filosofía
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