sábado, 30 de noviembre de 2019

LA POLÍTICA-ESPECTÁCULO


La ventana indiscreta


El análisis de los medios de comunicación me produce la misma percepción hoy que en julio pasado, cuando me parecía clarísimo que Sánchez no iba a acordar nada con Iglesias, sino que apostó desde el principio a unas nuevas elecciones que redujeran el peso electoral de Cs, de UP y que aumentara el del PSOE. La jugada le salió mal: Cs se redujo demasiado, UP se redujo pero poco y el PSOE también se redujo. En cambio, aumentaron PP y, especialmente, VOX. Por lo tanto, la situación aún se complicó más, y lo que es peor, amenazó con hacerse ingobernable, o con VOX de árbitro determinante. No me negarán que, como espectáculo, poco suspense más se puede pedir. Y el espectáculo continúa, hoy jueves 28 de noviembre. Ignoro la duración y el final de la teatralización entre PSOE y ERC. Si tentamos más la suerte, la ruina está garantizada. Pero el espectáculo debe terminar para comenzar la realidad

Parece que los bloques han sufrido una cierta modificación, aún sin sumar mayoría ninguno de los dos clásicos (izquierda y derecha) por separado. Siguen necesitando a los nacionalistas para la investidura (otra cosa muy distinta será la gobernabilidad). La fragmentación parlamentaria ha aumentado tanto que hemos pasado de 4 partidos de ámbito nacional a 6, y de 5 partidos de ámbito territorial a 11. Algunos de ellos modelo “viva mi pueblo”, simpáticos para algunos pero negativos para una visión global de España y para una política de prioridades sensata y justa. Y por si fuera poco, los partidos anticonstitucionalistas-independentistas han pasado de 19 a 28 escaños. La centrifugación y la atomización se van apoderando del país y su parlamento. 

Paradójicamente (el miedo guarda la viña), tras el 10-N, en 24 horas se sella, con un cinematográfico abrazo, un preacuerdo entre PSOE y UP. Una vez cumplida la exigencia que casi todo el mundo le exigía a Sánchez antes de septiembre, los demás invitados necesarios se irían sumando con una cierta comodidad. ¿Ha copiado Sánchez a Lambán en su rapidísimo acuerdo con el PAR, que tan buen resultado le ha dado en Aragón?

Pero la abstención de ERC la ponen cara, muy cara, incluso humillante para el candidato a la presidencia. Yo esperaba-deseaba que ERC estuviese trabajando su futuro papel  en  Cataluña. Me refiero a seguir con su nacionalismo tranquilo de otros tiempos, sin jugar a brujos separatistas a corto plazo, y comandando la política, el ritmo y el lugar de Cataluña en España. Pero me temo que no, porque el electoralismo al interior de Cataluña es para ellos más fuerte que el beneficio de todos. Además, de un partido independentista nunca te puedes fiar. Y ERC lo ha demostrado muchas veces, con la República, con la dictadura y con la democracia. Con el propio Sánchez, una vez le da el gobierno y otra se lo quita. ¿Merece la pena la teatralización que va a tener lugar estos días? Seguimos con la política-espectáculo, pero un espectáculo aburrido.

Pero si esa opción no es viable solo queda la opción patriótica (sin ironía), previa ruptura del pacto con UP, lógicamente. ¿Están dispuestos PP y Cs a permitir la gobernabilidad del PSOE? Si así fuera, deberían hacerlo saber con firmeza y con rapidez. El situacionismo posibilista también puede ser ético, y las afinidades electivas pueden cambiar según las circunstancias. Porque si comparamos el documento que el PSOE firmó con Cs y el que ahora ha firmado con UP, es mucho más rico el primero, más concreto y, desde luego, más ambicioso. Por lo tanto, hay que ser rigurosos y alejarnos de los apriorismos, que nos pueden llevar al dogmatismo y al sectarismo.

Como la cultura del pacto es muy extraña en la política española, salvo en la Transición, esta última propuesta puede sonar rara. Pero no tiene por qué  ser así. Puede, y posiblemente sería lo mejor, hacerse un acuerdo constitucionalista (PSOE-PP-Cs) para un tiempo limitado y con unos pocos y básicos objetivos de Estado. Tales como marcar la dirección de la reforma federalista (no confederal) de la Constitución y encauzar el problema territorial de España, amén de mantener lo fundamental de la agenda social, con una política fiscal justa y proporcional. Todo ello con una didáctica explicativa sin trampas e inteligible. Porque ser de izquierdas parece que ahora se mide por la proximidad a los posicionamientos nacionalistas, cuando la izquierda siempre ha sido internacionalista y ha despreciado a los nacionalismos como reaccionarios y peligrosos, supremacistas y xenófobos.

Llevamos demasiado tiempo anclados en la instabilidad política, lo que hace peligrar nuestro futuro, pues no solo no hemos introducido una serie de reformas necesarias en tiempos de bonanza, sino que estamos viviendo de las rentas. En este mismo año 2019 hemos frenado el empleo, bajando de un 3% a un 1,8%, y en 2020 estaremos en el 1%, lo que supone volver al 14% de paro laboral, doble que la media de la UE. Como la desaceleración económica ya está aquí, las familias ahorran, con lo que hay menos demanda interior, poniendo freno al principal motor de la economía. 

Unas terceras elecciones ahora serían un freno difícil de superar.
Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 16 de noviembre de 2019

¿Y AHORA, QUÉ?


La ventana indiscreta

En las elecciones del 10-N hubo dos resultados llamativos: el descalabro de Ciudadanos (Cs), de 57 a 10 disputados, y el ascenso trepidante de Vox, de 24 a 52 diputados. Todo lo demás son matices. Sin embargo, ambos resultados han sacudido la pereza mental de los partidos políticos, especialmente PSOE y UP, que han tenido retrocesos que marcan una dirección a corregir. Lo que en seis meses no se había podido conseguir se ha conseguido en dos días: un preacuerdo para un gobierno de coalición entre ambos partidos. Hacen falta más adhesiones.

Todos los medios de comunicación corren presurosos a la búsqueda del porqué de este cambio de conducta política. Tanto las declaraciones despectivas y humillantes de ambos líderes antes de las elecciones, como los abrazos de ahora, no son más que una consecuencia de “hacer de la necesidad virtud”, vulgarmente miedo. Como casi siempre, El Roto lo explica perfectamente en su viñeta: hay dos varones abrazándose, con el siguiente texto “parecía que se abrazaban, pero era para no caerse”. Los 52 diputados de Vox han generado una auténtica conmoción en la política española. Y el descenso a los infiernos de Cs, no menos. Dos argumentos recorren transversalmente la política española: el conflicto territorial de España y la agenda social de los españoles. Y ambos exigen, si no una respuesta ya, al menos una dirección clara y una hoja de ruta en la que quepan la mayoría de los partidos políticos. En estos momentos, el acuerdo PSOE-UP marca esa dirección pero será la abstención en segunda vuelta de Cs o ERC lo que posibilitará la investidura de Sánchez. Aunque caben también otras opciones. Es la hora de la responsabilidad de todos para encauzar el futuro.

En mi opinión, tiene más trascendencia el descenso de Cs que el ascenso de Vox, pues estos últimos son votos que ya estaban anteriormente en el PP, mientras que la casi desaparición de Cs ha dejado a España sin ese partido bisagra tan presente y necesario en casi todas las democracias consolidadas. La mayoría absoluta que el 28-A había otorgado a PSOE + Cs (180 diputados) fue dilapidada por Cs en aras de un objetivo (liderar la derecha) imposible para él y malo para el país. Los españoles, consecuentemente, han mandado a Cs a la papelera. Vox, en cambio, representa la impaciencia y el cabreo de la gente  menos acomodada de la derecha del PP, que ha explotado contra el separatismo y la lentitud de la recuperación social, pero que es recuperable encauzando la dirección.

En estos momentos de calculadora para sumar los votos positivos y las abstenciones necesarias para hacer posible y viable un gobierno, los 10 escaños de Cs podrían posibilitar lo que no han sido incapaces de evitar anteriormente: la existencia de un gobierno sin interferencias ni dependencias independentistas. ¡Qué gran logro hubiese sido! Ése fue el origen de Cs y ése puede ser su último servicio, o su vuelta a los orígenes. También el PP demostraría su cacareado patriotismo con una abstención técnica.

Pero si la vía más sencilla no prospera, queda la vía ERC. Los republicanos catalanes están deshojando la margarita sobre si hacer causa común con el de Waterloo y su locura unilateral, por eso de que puede haber elecciones catalanas pronto y los podrían llamar traidores, o volver a su senda tranquila de catalanidad sin estridencias más agenda social, que es lo que siempre ha hecho y le ha ido bien. La literatura, que lo aguanta todo, puede cambiar el punto nueve del texto del preacuerdo PSOE-UP y garantizar diálogo sin salirse de la Constitución. El Estado español es suficiente fuerte para no caer en las provocaciones separatistas e ir modelando una España única, plural y diversa. Para eso inventamos la política. Si fuera todo blanco o negro, no haría falta la política.

Está claro que mi humilde opinión es pura intuición derivada de los muchos años y algo de conocimiento que, aunque sea por viejo, tengo. Pero la opinión o la decisión de cada uno están causadas por la información que maneja. Y son las directivas de los partidos, y especialmente sus líderes, los que manejan la información real que subyace tras las fotos y las declaraciones que aparecen en los medios. Y bien está que así sea, pues la discreción es herramienta necesaria en toda negociación.

Pues bien, mi intuición me dice que habrá gobierno, a un precio más o menos caro, pero, en cualquier caso, más barato que unas terceras elecciones. Que no nos obliguen a nuevas elecciones, pues los españoles podríamos optar por una mayor fragmentación parlamentaria, peligrosa y difícil de gestionar. La política es el arte de lo posible. Hagamos real lo posible.

Mariano Berges, profesor de filosofía

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Rivera, como paradigma del error político

Siempre he pensado que la sociedad española es muy sabia votando. Y en estas elecciones repetidas del 10-N también lo ha sido, independientemente de que nos guste más o menos el resultado, que no tiene por qué ser calificado de catastrófico sino de lógico. El no hacer uso por parte de Cs de su gran victoria en Cataluña, más la foto de Colón, más los desaires al PSOE de Sánchez, han arruinado su gran potencialidad. Es imposible renunciar tanto a su vocación de origen en tan corto espacio de tiempo. Si Rivera no entiende de política se le retira. El colectivo es más importante que su líder.

Parece evidente que Ciudadanos (Cs) y Rivera son el exponente más significativo de estas últimas elecciones. Un partido que se definió de centro, liberal y reformista, y que sumaba con el PSOE una mayoría absoluta, parecía la solución más lógica y natural para garantizar un gobierno estable. Y no fue así. Ignoro por qué.Uno ya está fatigado depracticar psicoanálisis barato. Tras el 28-A, todos esperábamos que la necesidad de la situación generaría una mínima virtud en Rivera. Pero no fue así. Cs es el partido que lo ha tenido todo pero se ha equivocado en la ocupación del espacio. Su lugar no era liderar la derecha, ahí estaba el PP, su lugar era el reformismo que predicó en sus orígenes. Y los votantes españoles así lo entendieron, creando una situación verdaderamente espectacular: 180 escaños respaldando un gobierno, libre de ataduras nacionalistas de todo tipo y ocupando un lugar de centro izquierda que es el lugar que la mayoría de la gente prefiere. Ya lo decía Castilla del Pino: uno no puede elegir lo que quiera absolutamente, sino lo que quiera de entre lo que pueda. Esta es la idea de la libertad real. Su dimisión, al menos, ha tenido dignidad.

domingo, 3 de noviembre de 2019

ELECIONES, CATALUÑA Y FEDERALISMO


La ventana indiscreta


 Entre la codicia de Iglesias y la radicalidad de Rivera, al PSOE solo le queda el PP como apoyo en la investidura. Aunque difícil, podría ser posible. Pero una cosa es la investidura y otra muy distinta es conformar un gobierno para gobernar cuatro años. Para eso se necesita aliados de sesgo político semejante y leal. Difícil papeleta para el PSOE tras el 10-N. ¿Otra vez elecciones?

La verdad es que los partidos hablan más de desbloquear la investidura que de conformar mayorías estables para gobernar. Y el auténtico problema es de gobierno no de investidura, que podría llegar a ser una auténtica encerrona para el partido gobernante. Incluso muchos analistas dan por seguro que no se volverán a repetir las elecciones. Si esto fuera cierto, o están pensando en una mera investidura o en la gran coalición PSOE-PP. Porque UP sigue sin estar por la labor de apoyar un gobierno sin formar parte de él, y el PSOE no quiere a UP porque le quita el sueño. Y sin dormir no se puede vivir.

Cuando, tras la sentencia independentista y sus violentos epígonos por parte de los comandos secesionistas, la paz social y la serenidad de ánimo llegue a Cataluña, habrá llegado la hora de la política para todos. Y en esta cuestión, el famoso diálogo que todos reclaman y nadie concreta, se llama diálogo federal. 

En esta eterna precampaña electoral en que estamos inmersos desde hace más de un año, Cataluña es la cuestión omnímoda que todo lo fagocita. Cataluña está contaminando la política española Y la consecuencia más negativa de esto es que no existe nada más: ni economía, ni trabajo, ni vivienda, ni pensiones, ni sanidad, ni educación. Todo se reduce a si estamos de acuerdo o no con un referéndum de autodeterminación para Cataluña. Si nos fijamos mínimamente en los términos del no-diálogo, éstos son 1) Autodeterminación para Cataluña votada solo por los catalanes; 2) La autodeterminación no es posible dentro de la Constitución. Por lo tanto, o salimos de esta pseudodialéctica o todo es una farsa. Y esta farsa nos lleva a la inanidad. Porque la independencia de Cataluña es imposible, y el Estado español nunca la va a permitir. Y Europa, tampoco. Como esta evidencia es conocida por todos, ¿qué esconde esa demanda de independencia? Conseguir el poder. Y en ello están tanto el nacionalismo catalán como el nacionalismo español. Mientras tanto, nadie habla de las cosas de comer.

Para salir de este embrollo, que cada día es más insoluble, solo existe una solución: reformar la Constitución en una línea federal. Federalismo es la continuación natural del autonomismo que ya rige nuestra Constitución del 78. Sin embargo el autonomismo que tenemos, a veces, parece un reino de taifas, y, sobre todo, imprime poca cohesión a las distintas partes de España: la desigualdad de salarios y rentas, los distintos tipos impositivos, la desigualdad de servicios, las distintas posibilidades laborales y de promoción entre los jóvenes de las distintas autonomías, etc.

 El federalismo te garantiza una mayor cohesión y lealtad entre las distintas partes de la federación, a la vez que te posibilita una mayor descentralización sin causar graves desigualdades económicas, jurídicas ni políticas. Pero federalismo es un concepto muy rico y complejo, y hay muchos modelos. Por lo tanto, es muy difícil de articular política y jurídicamente. Independientemente del modelo federal que se elija, sí que deben estar claros desde el comienzo los principios federales de lealtad institucional, unidad y autogobierno, cooperación, solidaridad interterritorial y subsidiariedad. Se puede hablar incluso de plurinacionalidad española, siempre que esas nacionalidades queden restringidas a su dimensión cultural. En definitiva, estamos hablando de la modificación de nuestra Constitución de 1978, tras cuarenta años muy productivos pero que están exigiendo una actualización.

No es que tengamos que reformar la Constitución por encajar a Cataluña en España, sino que Cataluña ha sido la espita que nos ha hecho ver que nuestra Constitución necesita una reforma. Tenemos que activar la cooperación entre las diferentes comunidades autónomas y favorecer la presencia y el papel de Cataluña en una España plural y diversa, como expresión de su diversidad y de la dimensión social del Estado. Para ello necesitamos en ambos lados dialécticos, interlocutores capaces intelectualmente, válidos políticamente y valientes para intentarlo. La propuesta federal no contraviene la Constitución sino que profundiza en los instrumentos y principios que ya están presentes en su actual estructura autonómica. Estamos hablando, ni más ni menos, que de una segunda Transición.

La primera premisa es: ¿están nuestros partidos y nuestros políticos preparados para ello?  
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 19 de octubre de 2019

LA SENTENCIA CONTRA EL INDEPENDENTISMO CATALÁN









La ventana indiscreta

Esta semana, casi por obligación, toca hablar de la sentencia condenatoria a parte de la cúpula del independentismo catalán (queda la parte “belga”. Todo llegará.). La sentencia ha dejado en un segundo plano la campaña electoral del 10-N. Más aún, la hermenéutica que se haga de la sentencia por parte de los medios y, sobre todo, las declaraciones de los líderes políticos sobre la misma, reseteará la propia campaña, los sondeos y los resultados electorales. Ahora mismo, la sentencia ocupa toda la pantalla mediática.

No voy a hablar, lógicamente, de la dimensión técnico-jurídica de la sentencia, que me parece justa y equilibrada, sino de algunos aspectos psico-socio-políticos de la misma. Para empezar hay una pregunta clave: ¿Cómo se le dice a un colectivo de dos millones de personas que todo lo prometido durante años es ahora irrealizable sin ser barrido políticamente? Es la pregunta que se hace Guillem Martínez. Y se contesta que lo importante es la sentimentalidad, y no la realidad. Los itinerarios neuronales siguen funcionando aunque la realidad haya cambiado. Ahora es más importante la sensación de grupo que la propia independencia. Ahora hay que luchar por la libertad de los presos y no por la independencia. Y aquí aparece la ventaja de Junqueras (ERC) sobre Puigdemont. Los dos años de prisión preventiva pueden acabar siendo una magnífica inversión política, mientras que la huida puede ser su losa mortuoria. Una buena lección sobre los resultados de asumir las propias responsabilidades y sus consecuencias (la famosa “ética de las consecuencias” de Max Weber). 

Los números de las protestas callejeras de Cataluña son preocupantes: hasta la fecha del jueves, 96 detenidos, 194 agentes heridos (algunos de gravedad), 190 incendios de contenedores (con sus consecuencias en coches y enseres anexos), ambiente de ciudad sitiada en Barcelona Los “chalecos amarillos” franceses y Hong Kong son la referencia de los CDR catalanes y otras hierbas independentistas.

Hoy, jueves 17, se ha celebrado un pleno del Parlamento catalán en el que el Presidente Torra ha afirmado "Yo defenderé que al final de esta legislatura se vuelva a ejercer el derecho de autodeterminación. Si para poner las urnas por la autodeterminación nos condenan a 100 años, se deberá volver a poner urnas para la autodeterminación". Nadie ha aplaudido, contra lo que hasta ahora ha sido normal tras una afirmación como ésta.  Quizás sea éste el hecho más significativo sobre la ingenuidad de este pobre hombre y el reseteo de la clase política catalana. ERC dice que “no es momento de fijarse plazos” ante la insistencia de Torra de volver a “poner las urnas”. El movimiento independentista está dividido como paso previo a su desinflamación. Deben comprender los catalanes, y especialmente sus instituciones, que el nacionalismo, incluso con su horizonte independentista, nunca ha sido condenado, aunque sí combatido políticamente. Pero la práctica independentista, inconstitucional e ilegal, tal como ha puesto en evidencia el Tribunal Supremo, debe ser condenada legalmente, políticamente y moralmente por todos los catalanes y por todos los españoles que sigan la senda democrática que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir. Quien quiera lograr sus objetivos políticos debe conseguir la mayoría parlamentaria pertinente para promover los cambios legales y constitucionales que procedan. 

El gobierno español ha celebrado este jueves una sesión del comité interministerial de la situación de Cataluña. La preocupación  va en aumento. Y todavía falta ver si se cumplen las amenazas para este viernes y fin de semana (huelga general y otras medidas). Añádase a ello la estrecha vigilancia a que están sometidos los Mossos d’Esquadra por el propio gobierno catalán para dilucidar si se han excedido en sus labores de garantizar la convivencia en Cataluña. Es el colmo de las contradicciones.

Tras la sentencia entraremos en el “pos-proceso”, menos convulso aunque nada pacífico. Cataluña ha cambiado radicalmente y la famosa “conllevancia” orteguiana es más inviable que nunca. La brecha que se ha abierto en la convivencia catalana es tan difícil de coser que se ha convertido en un problema generacional. Con el agravante de que la mayor parte de las masas independentistas son jóvenes, aunque los gurús que los han guiado no sean tan jóvenes. Lo que hace mayor su tropelía, más propia de irresponsables que de políticos maduros. Cataluña ha pasado a ser, aun sin proceso independentista, una fuente de inestabilidad en España. Se ha acabado el seny por mucho tiempo. 

Dejo fuera, por falta de espacio, las consecuencias económicas y turísticas que todo esto va a tener en Barcelona y Cataluña. Estos últimos días ya han supuesto un aperitivo negativo muy significativo. Esperemos que todo se calme.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 5 de octubre de 2019

… ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO






La ventana indiscreta
En los últimos días ha habido dos
cuestiones aparentemente importantes: la irrupción de Errejón
en el tablero electoral español y la detención de nueve miembros de los CDR
independentistas catalanes. Ambas cuestiones están relacionadas con dos
sentencia del juicio a los independentistas catalanes, que parece ser que
acontecimientos próximos: las elecciones del próximo 10 de noviembre y la
grandes protagonistas del circo español, políticos y medios de comunicación,
saldrá en octubre. Ambos hechos generarán el ruido suficiente para que los dos
tengan munición de subsistencia para una temporada.

Si yo fuera Errejón me recluiría en un
monasterio a pensar. Sobre todo a intentar responder toda una batería de
interrogantes que su presencia abre. ¿Se presenta o lo presentan? ¿Se trata de
España, perdón “país”, o de él? ¿Se presenta para paliar el hartazgo o para
perdió en Vistalegre II. Va ser una campaña hueca y con desideratas futuribles
capitalizarlo? Parece ser que Errejón descubrió el pluralismo político cuando
para comentarlas.
difíciles de cumplir. De Cataluña, esperaremos la sentencia y sus consecuencias

Pero nada de esto es la auténtica
realidad, sino que es la economía mundial la que marca el futuro inmediato. Ya
hace tiempo que no son los países los que imponen las condiciones de vida de
sus gentes, sino las grandes corporaciones mundiales que operan transnacionalmente
con una impunidad total. Es la famosa globalización. Los partidos políticos se
desgañitan en hacer creer a los votantes que es la vida de la gente la que les
posibilidades de formar parte de la auténtica realidad de los ciudadanos. 
preocupa. Pero los programas que presentan, en el caso de que así sea, no pasan
de ser una colección de frases, más o menos biensonantes, que tienen pocas

¿Qué es lo importante para los ciudadanos
españoles? Fundamentalmente, una cosa muy simple: si van a poder vivir con una
mínima dignidad. Lo que no parece sencillo ni claro con la perspectiva que se
va por delante de la media europea, cuando la realidad es que España suele ir
vislumbra. Nuestros políticos se llenan la boca con que el desarrollo español
energética, el resultado es otro muy distinto. En economía, cada uno maneja los
por detrás tanto en la aceleración como en la desaceleración de la economía. Si
observamos la deuda española, el porcentaje de paro y la dependencia
parámetros que le cuadran con el resultado al que quiere llegar.

Niño Becerra es
uno de los economistas que más y antes ha escrito sobre la gran crisis de 2008.
En su último libro, “El crash. Tercera fase” (Roca
Editorial), mantiene que la crisis no ha finalizado,
sino que estamos en la tercera fase de una crisis que
nos va a llevar a otro modelo económico donde habrá una "nueva
normalidad", caracterizada por la desaparición de la clase media,
el desempleo estructural, subempleo elevadísimo y una alta desigualdad.
Esta fundada opinión contradice a la opinión reinante entre los políticos
españoles de que la crisis ha finalizado. Sin la cosmética del Banco Central
Europeo (BCE), que tiene en su poder un cuarto de billón de euros de la deuda
española, no se podría mantener esa opinión. Algunos llegan a decir que como la
deuda es impagable, lo que es cierto, ya se solucionará políticamente con
la deuda está en el pago de los intereses. España paga al año 30.000 millones
quitas y compensaciones. Sin embargo, no piensan en que el verdadero negocio de
Yo pienso que es por dos razones, porque no se atreven y porque no saben.
de euros por los intereses de su deuda. Sin embargo, nadie habla de economía.

Nadie, por ejemplo, se atreve a decir
que, con los parámetros económicos actuales, las pensiones son insostenibles,
que gracias a los miserables salarios se sostienen muchas empresas, que el
pluriempleo va a ser la tónica reinante, que la omnipresencia de
la tecnología definirá un nuevo modelo productivo que ya no necesitará la masa
de individuos y que se traducirá en desigualdades y en la desaparición de la
una mísera realidad obligatoria para los que no tengan otros ingresos y así
clase media, que la renta básica no será una opción política progresista sino
mantener la paz social.

Tras esta tenebrosa perspectiva da risa
pensar en el papel de Errejón y en los problemas del identitarismo catalán.
¿Cuándo acabaremos con los entretenimientos infantiles? Ojalá Niño Becerra se
equivoque y yo con él, pero pintan bastos y aquí parece no pasar nada.

Mariano Berges, profesor de filosofía

domingo, 22 de septiembre de 2019

PSOE, PODEMOS Y LOS DEMÁS



La ventana indiscreta

Por razones de agenda personal escribo este artículo el sábado 14, aunque salga publicado el sábado 21. Esta circunstancia hace que ignore lo que sucederá en la semana 16-21 en lo concerniente al culebrón de “investidura sí o no”. Pero, independientemente de lo que suceda, proclamo que no hay derecho a esta escenificación de baja estrofa que nos han ofrecido nuestros máximos líderes políticos, todos, ante el silencio culpable del resto de dirigentes y, en segundo nivel de responsabilidad, de los afiliados de cada partido y hasta de los votantes. La democracia es cosa de todos. Y todos, desde nuestro humilde rincón, podemos-debemos cooperar: opinando, criticando, sugiriendo.

En realidad, parece ser que nos están obligando a aceptar que el dilema es: gobierno de coalición PSOE-Podemos o nuevas elecciones. Aunque también han dejado deslizar que, en el último momento, Podemos podría aceptar un gobierno de acuerdo programático común, con el PSOE gobernando en solitario. O lo que sería más surrealista, los 42 votos positivos de Podemos sin nada a cambio. Con una oposición posterior dura e implacable.

Entrar a considerar las razones ocultas de los líderes creo que es una pérdida de tiempo. Además de estar debilitando las energías democráticas de toda una sociedad que comienza a estar fatigada y harta de esta obscena coreografía. En la partida de póker que nos han ofrecido Sánchez e Iglesias, PSOE y Podemos, nunca ha habido propuestas u ofertas serias y propias de una negociación. Ha habido amagos y faroles, y cuando, al parecer (final de julio), hubo un gobierno de coalición, con una vicepresidencia y tres ministerios para Podemos, éste lo rechaza. Sánchez respiró y ya no volvió a la escena. Ahí se truncó la peligrosa partida de póker. Lo de ahora es ya una prolongación artificial. De hecho, en la sesión del martes 10 hubo ya aroma de campaña: el PSOE presenta su oferta progre de la legalización de la eutanasia (a sabiendas de que hay elecciones y, por tanto, decaerá y tendrá que volver a ser presentada) y el PP ha jugado con la asfixia económica de las autonomías criticando que el Gobierno no les adelanta el dinero necesario para la sanidad y educación. Ambos han iniciado ya la campaña.

Se está poniendo de moda un término, posdemocracia, que se pregunta por qué en una sociedad que ha progresado tanto en las características propias de una sociedad avanzada (libertades, progreso, sanidad, educación, igualdad, elecciones, economía de mercado…) existe tanta desafección hacia el sistema político. Dicho de otra manera: la posdemocracia sería una degeneración de la democracia representativa. Algo parecido a lo que ya el viejo Aristóteles decía sobre que todo sistema político tenía una posible degeneración. Así, si se abusa de la democracia se caería en la demagogia. El populismo no es más que la consecuencia de esta posdemocracia ocupando el lugar de la auténtica democracia. ¿Acaso no es esto, exactamente, lo que está pasando? El populismo juega con una escenificación muy plástica y colorista, de las de “verdades como puños”, frente a una democracia gris, humilde, costosa, y que se mantiene con el esfuerzo de cada uno y de cada día. La democracia, como la utopía, es un horizonte al que nunca se llega pero que sirve de estímulo y de continuo progreso.

Si todos los partidos políticos se están moviendo de lugar (solo de lugar y solo nominalmente), hacia ese mítico centro, es que los principios no existen, o son como los de Groucho Marx. Ya saben eso de “éstos son mis principios y si no le gustan tengo otros”. En la posdemocracia, la demagogia y el populismo campan libremente. Dicen respetar las reglas pero es pura formalidad, se ataca el fondo del sistema. 

En el caso de que haya elecciones el 10-N, ¿qué puede cambiar? Prácticamente nada: repetirán los dos bloques de izquierda y derecha. Con la incógnita de quién sumará más. O sea, que quizás volveremos a tener el ya casi olvidado “gobierno Frankestein” (perla de Rubalcaba). Para este viaje… ¿Y si introducimos un elemento de ruptura, por ejemplo, que ninguno de los líderes repita como aspirante a la jefatura de gobierno? No sería tan descabellado, puesto que todos han suspendido en su tarea de configurar un gobierno para España.

Esperemos que a alguien decisorio le entre, aunque sea al final, un poco de inteligencia política, y convenza a su entorno de que tiene que haber un gobierno estable y duradero, que gobierne y lidere los enormes retos y desafíos que España y Europa tienen ante sí.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 7 de septiembre de 2019

VIEJOS PARTIDOS, NUEVA SOCIEDAD



La ventana indiscreta
Primera semana de septiembre y seguimos igual que a finales de julio: sin gobierno de España. Ni indicios. El próximo día 23 expira el tiempo hábil para que no haya repetición de elecciones generales. Salvo sorpresa de última hora (que todo puede pasar) habrá elecciones el 10 de noviembre. Lo que supondría un fracaso de la política y los políticos, y un cuestionamiento de los partidos políticos. Tras la rapidez cómo en Italia han solventado la crisis de gobierno, aún chirría más la lentitud inoperante de la política española frente a la profesionalidad de los políticos italianos. 
Es obvio que la política española ha cambiado, y no solo porque ha finalizado el bipartidismo, reemplazado por un “bi-bloquismo” izquierda-derecha, más el eterno posicionamiento voraz y oportunista de los nacionalismos catalán y vasco. En el fondo, no es grande el cambio. Yo creo que el mayor cambio reside en el perfil de los nuevos líderes políticos. Los cuatro son jóvenes y con un perfil político menos ideológico y más mercadotécnico. Y si los líderes son así es porque los afiliados y electores así lo han querido. Lo que nos lleva al profundo cambio de la sociedad española. Quizás rascando por ahí podamos entender mejor la situación de bloqueo actual. 
Los dos parámetros más significativos de la sociedad actual son la globalización y la digitalización. Ambos refuerzan al mercado como el factor casi exclusivo de cualquier decisión, personal o colectiva. El pensamiento abstracto o el papel tradicional del intelectual han perdido importancia en el devenir de los acontecimientos. Las cosas ya no son así porque deben ser así sino que son así porque son así. Esta tautología la uso para dar a entender que desconocemos las causas de los cambios, aunque causas siempre hay, aunque solo detectemos los cambios.
Si analizamos el advenimiento del partido Podemos (POD), observamos que fue un exabrupto de la juventud española, harta del lánguido transcurrir de los partidos tradicionales. POD supuso el despertar de una esperanza para mucha gente y el miedo para mucha otra. Este segundo grupo de gente temerosa era mucho más poderosa que el primer grupo. Era gente de orden, del orden de siempre. Tan poderosa que pulsó las teclas correspondientes para configurar otro partido joven, Ciudadanos (Cs), que trasmitiera la esperanza de otra gente joven más derechista pero también distinta de los partidos tradicionales. Para ello usó los mismos mecanismos que usa el mercado para vender sus nuevos productos: la novedad que te promete una mejor respuesta a tus deseos y necesidades.
Ya tenemos dos nuevos partidos que compiten con los viejos PSOE y PP. Ambos tienen tintes de modernidad. Hubo un tiempo (2014) en que POD asustó al PSOE y todo lo que él implicaba. El estatus de la izquierda tradicional tembló y el PSOE crujió. Recuérdese toda la crisis orgánica de la vieja guardia socialista frente a un advenedizo Sánchez, que se levantó de la lona y venció por juventud, arrogancia y buena planta, contando con el cansancio de la militancia socialista. Algo parecido sucedió con Cs. Hizo temblar al viejo PP y hasta el IBEX 35 apostó por el nuevo producto (claro, era su producto). Nos vendieron la imagen de un nuevo partido liberal de centro, regeneracionista, que iba a resolver la vieja corrupción y el clientelismo de la derecha.
Ya tenemos lo mismo de siempre pero en cuatro envases. Pero algo ha fallado, posiblemente los dos líderes nuevos no han seguido la partitura que para ellos habían escrito, su caudillismo personal ha quebrado la fe que en ellos había depositado mucha gente. No han caído en la cuenta de que un partido político es un proceso lento, con avances y retrocesos, pero debe tener una coherencia que le dé credibilidad a corto y medio plazo. No han sabido esperar y van a pinchar. En cambio, los dos viejos partidos han modificado el perfil de sus jóvenes líderes y los han adaptado al nuevo mercado. Añádase a ello la fidelidad de los viejos militantes que garantizan un suelo mínimo en los peores momentos.
¿Qué tiene que ver todo esto con el bloqueo político actual? Pues que los criterios que se usan para resolver la crisis ya no son los de antes: antes, lo importante era el país y lo demás era instrumental. Ahora son criterios aparentemente más leves pero realmente más férreos. Porque los líderes que los encarnan miran más el (su) futuro que el presente. Dicho de otra manera, con sus aciertos y errores los políticos anteriores habitaban en una ortodoxia más duradera y menos flexible. Hoy la política forma parte del mercado de una manera más estrecha que nunca, de manera que, aunque siempre ha sido así, ahora se nota más. Sánchez, por ejemplo, es un gran actor que cuenta con un gran guionista. Ante los poderosos modelos de comunicación y demás redes digitales, su poder de persuasión es muy fuerte. Más la adulación y vasallaje de casi todos hacia el que manda. No necesita de un gran aparato ideológico. 
Los que nos hemos politizado hace ya mucho tiempo, no estamos cómodos en estas coordenadas, pero hay que intentar entenderlas y aceptarlas como nuevas reglas de un nuevo juego al que hay que jugar. De lo contrario, nos tendremos que dedicar a jugar al dominó.
Mariano Berges, Profesor de filosofía

lunes, 26 de agosto de 2019

AGOSTAR EN AGOSTO




La ventana indiscreta
Agostar, derivado de agosto, significa, entre otros usos, marchitar, secar, languidecer, agotar, consumir, debilitar, decaer… “Nuestros políticos agostan”, podría ser una frase para Sánchez e Iglesias. En cualquier caso, Agosto es un tiempo distinto, pues supone un paréntesis en la normalidad. Y todo lo que sea huir de la normalidad es una evasión hacia la nada. Lo que no quita que ese sentimiento adolescente del verano, que a todos nos sigue tentando, sea placentero sin llegar a dañino, siempre que seas consciente de que eso no es la normalidad, aunque sea real. Porque la percepción de la realidad es discontinua, como los hechos son progresivos y regresivos. Todo puede servir si la razón cohesiona y da sentido, incluso a lo sinsentido. Las relajaciones del espíritu también son bienvenidas y sirven para tomar carrerilla, sin angustias ni represiones. 
En la política española el sopor agosteño ha implantado sus reales. Todos volveremos para septiembre, como los malos estudiantes. ¿Seguirá en septiembre la falsa estética escénica e ideológica? ¿Seguirá la guerra de relatos? Y lo que es más importante ¿seguirá España y sus problemas pospuesta a los intereses bastardos de unos pocos, líderes los llaman? ¿Son solo intereses o también son incapacidades?
UP y PSOE, PSOE y UP, siguen con su partida de póker y sus faroles en los envites. El tacticismo puede ser válido y recomendable siempre que sea un instrumento supeditado a la realmente importante. Si el sujeto político es, por antonomasia, la ciudadanía española, y no tanto los partidos políticos y sus líderes, no estaría de más que los profesionales de la política escucharán el clamor de sus propios votantes. “Con mi voto que no cuenten” se oye en todos los ámbitos. A decir verdad, más en la izquierda que en la derecha. La superabstención está servida.
Si fuésemos a elecciones en noviembre, más el tiempo muerto que sucede a todas las elecciones generales, nos situaremos con Sánchez de Presidente provisional durante año y medio. Pero no es eso lo peor, sino que toda la estructura política, legal y económica del Estado ha sido construida por la derecha en los años anteriores, con la excusa de la crisis. Pensemos en el paro, la desigualdad económica, la ley mordaza, la reforma laboral, las pensiones congeladas, las autonomías infradotadas, sin olvidar el eterno problema territorial, más todo lo que está por hacer y todavía sin empezar: garantizar el empleo y unos sueldos dignos, elaborar (y aprobar) una estructura fiscal justa y socialmente progresista, garantizar unos ingresos suficientes a la Seguridad Social, apuntalar la sanidad que se empieza a oxidar, dar el salto cualitativo en la educación y universidad, despejar el futuro a la juventud y, si es posible, liderar Europa en su cambio de rumbo político, económico y social, … España se encuentra en un momento de inflexión tan importante que no es conveniente agostar ni sestear ni posponer decisiones fundamentales. Por lo tanto, todo lo que no sea tener un gobierno estable es altamente nocivo.  
Si a todo lo que está pendiente se le añade  un estado de ánimo ciudadano pusilánime y sin confianza en sus políticos, como lo atestiguan los sondeos, España está en peligro. Ya hace tiempo que a España la salva el formar parte del cogollo de la exquisita Europa. Pero cada vez la inercia negativa se implanta más. Y si no hemos aprovechado, como así ha sido, los años de bonanza para hacer las reformas necesarias, la próxima crisis será de campeonato. Porque el precio de no tomar decisiones es altísimo, aunque no se aprecie en el corto plazo. Un sistema sin planificación estratégica no tiene futuro, y todo lo bueno que acaece es pura casualidad que viene y se va. En España seguimos con el turismo como fundamento económico, con la hostelería como derivada y sus sueldos de miseria, y vuelve a aparecer la construcción, de cuya burbuja pasada dudo que hayamos aprendido algo. Solo falta la emigración de los sesenta para reconquistar la tríada clásica de la economía del franquismo. ¿No íbamos a cambiar de modelo económico?
En agosto, pues, nos vamos de vacaciones, intentando ambos, Sánchez e Iglesias, haber aprovechado este paréntesis para estigmatizar al otro como culpable de que no haya gobierno. No vamos a repetir los argumentos de uno y otro, pues ya estamos hartos de oírlos y repetirlos. Solamente sugerir que si el otro, con el que tengo que acordar, no lo seduzco sino que lo intento acorralar y derrotar, ahí no hay posibilidad de acuerdo. Y si no hay acuerdo político, siendo inevitablemente necesario, no hay política. Y si no hay política, nos sobran los políticos. 
Para los que piensan que España funciona sin el impulso de los políticos, deben también pensar que eso se debe a la profesionalizada administración de los funcionarios, pero esa nave no tiene rumbo, solo se mantiene. Y cuando un país va sin rumbo, la crisis ya no es coyuntural sino que es una crisis de Estado. Y el Estado es el invento más importante de la Humanidad para su convivencia pacífica y de progreso.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 10 de agosto de 2019

GOBIERNO DE COALICIÓN O ELECCIONES ANTICIPADAS


La ventana indiscreta


La verdad es que con este calor apetece poco analizar la política del momento. En ello están de acuerdo los medios de comunicación, que durante el mes de agosto salen ayunos de contenido informativo. Así es que este artículo posiblemente salga algo veraniego, o sea, ligero. 
Por mi ubicación vital hay dos ámbitos de importancia para mí: la constitución de gobierno en Aragón y la no constitución de gobierno en España.
En Aragón, el líder socialista utilizó la baza del pacto con el PAR, arrebatándoselo a una posible (y lógica) coalición de derechas. Al PAR se le abrió el cielo y, haciendo ostentación de aragonesismo y centralismo, aceptó la oferta socialista. Premio: la única vicepresidencia del gobierno aragonés es para el PAR. Con ello, Lambán imposibilitaba la coalición de derechas. Pero faltaba la adhesión de todas las izquierdas: UP, CHA e IU, aunque esta última no era necesaria. Y esto se decidió abriendo el futuro gobierno aragonés a todas las fuerzas firmantes. Fue un final feliz pues todos ganaban visibilidad y poder. La habilidad del veterano Lambán había ganado por la mano a la derecha. 
Si para llegar al poder se necesita pragmatismo, éste es un ejemplo perfecto. Otra cosa es que elucubremos ideológicamente. ¿Es posible un gobierno con el PSOE, UP y PAR juntos? Difícil de entender, aunque ya el PSOE aragonés gobernó durante doce años con el PAR. Al final todo es posible materialmente, forzando ciertas políticas sensibles. Por ejemplo, la educación, donde la coexistencia de la concertada y la pública rechinarán. Otra prueba de fuego será la fiscalidad y el contrapeso entre ingresos y gastos. Y, por favor, que no nos mancillen la joya de la corona, la sanidad. A no ser que todo nos dé igual con tal de estar en el gobierno. En fin, todo está por ver, pues, de momento, el objetivo fundamental era que PP-Cs-Vox no gobernaran. En los momentos poéticos y litúrgicos del poder, los discursos aguantan todo: la centralidad, la transversalidad y otros conceptos justificadores de la nueva criatura, sustituyen a los conceptos de izquierda, progresista y sentido de lo público. Porque convertir al PAR en partido progresista es difícil de digerir. Pero, en cualquier caso, se trata de un gobierno atípico donde todo está por ver. Esperemos.
La constitución del gobierno de España es asunto de mayor calado. Hasta ahora, aun siendo cierto eso de que lo importante es gobernar, la desconfianza entre Sánchez e Iglesias es muy fuerte y hasta reconocida por ambas partes. Con lo que es cierta la posibilidad de la coexistencia de dos gobiernos en uno. Las razones que esgrimen los dos líderes son justificadas. El PSOE prefiere un gobierno en solitario por sospechas de graves interferencias podemistas en cuestiones de gravedad política. Y UP reclama un gobierno de coalición por la necesidad de sus votos parlamentarios. A ello habría que añadir el precio a pagar a los partidos nacionalistas, pues en política nada es gratis. La conclusión parece clara: o gobierno de coalición o nuevas elecciones.
En septiembre, ambos partidos tendrán necesariamente que volver a negociar. Ambos empezarán con los argumentos ya esgrimidos anteriormente, pero tendrán que abrirse a otras posibilidades, si de verdad quieren que haya gobierno. Unas elecciones anticipadas, aparte del cabreo abstencionista, peligroso para una democracia frágil, no configurarán un escenario muy diferente. Con lo que estaríamos igual pero peor.
En el fondo, lo que hay es una ausencia grave de política, de una visión patriótica y no patriotera de España. Vista la imposibilidad de que  PSOE y Cs configuren un gobierno conjunto, lo que desautoriza a sus dos líderes, y de que el PP se abstenga tal como hizo el PSOE anteriormente (el PSOE, no Sánchez), solo deja como posibilidad un gobierno de coalición PSOE-UP. Luego llegará la hora de gobernar y ahí debería de jugar un papel preponderante el Parlamento, con una dialéctica de altura y unos pactos con criterio de bien general. 
Que todo esto es difícil. Claro, para eso se inventó la política. Lo que no puede ser es que cualquiera se autoproclame político, sin los avales personales mínimos. Con las herramientas de gestión de la empresa moderna, quien no obtiene los objetivos planificados es despedido. No muy distinta debería ser la política. Pero ¿quién es el sujeto político? ¿La sociedad? Eso es muy amplio y excesivamente general. ¿Los partidos políticos? Esa es una realidad poco democrática en su gestión y poco clara en sus objetivos. El mando en los partidos lo tiene, y cada vez más a pesar del “descubrimiento” de las primarias, su cúpula orgánica y, especialmente, su líder. Los afiliados ni tienen poder ni tampoco lo exigen. Con lo que llegamos a la situación actual de una realidad compleja y difícil de gestionar y unos líderes con pies de barro y con un poder desproporcionado a su capacidad intelectual, política y moral.
La solución, aunque difícil, pasa por un paradigma nuevo y un fuerte sistema de contrapesos políticos y económicos, que asegure un método con el menor margen de error posible a la hora de tomar decisiones. Y esto es una nueva forma de hacer política. La vieja política ya no sirve, pero la nueva aún no existe.
Mariano Berges, profesor de filosofía