sábado, 19 de octubre de 2019

LA SENTENCIA CONTRA EL INDEPENDENTISMO CATALÁN









La ventana indiscreta

Esta semana, casi por obligación, toca hablar de la sentencia condenatoria a parte de la cúpula del independentismo catalán (queda la parte “belga”. Todo llegará.). La sentencia ha dejado en un segundo plano la campaña electoral del 10-N. Más aún, la hermenéutica que se haga de la sentencia por parte de los medios y, sobre todo, las declaraciones de los líderes políticos sobre la misma, reseteará la propia campaña, los sondeos y los resultados electorales. Ahora mismo, la sentencia ocupa toda la pantalla mediática.

No voy a hablar, lógicamente, de la dimensión técnico-jurídica de la sentencia, que me parece justa y equilibrada, sino de algunos aspectos psico-socio-políticos de la misma. Para empezar hay una pregunta clave: ¿Cómo se le dice a un colectivo de dos millones de personas que todo lo prometido durante años es ahora irrealizable sin ser barrido políticamente? Es la pregunta que se hace Guillem Martínez. Y se contesta que lo importante es la sentimentalidad, y no la realidad. Los itinerarios neuronales siguen funcionando aunque la realidad haya cambiado. Ahora es más importante la sensación de grupo que la propia independencia. Ahora hay que luchar por la libertad de los presos y no por la independencia. Y aquí aparece la ventaja de Junqueras (ERC) sobre Puigdemont. Los dos años de prisión preventiva pueden acabar siendo una magnífica inversión política, mientras que la huida puede ser su losa mortuoria. Una buena lección sobre los resultados de asumir las propias responsabilidades y sus consecuencias (la famosa “ética de las consecuencias” de Max Weber). 

Los números de las protestas callejeras de Cataluña son preocupantes: hasta la fecha del jueves, 96 detenidos, 194 agentes heridos (algunos de gravedad), 190 incendios de contenedores (con sus consecuencias en coches y enseres anexos), ambiente de ciudad sitiada en Barcelona Los “chalecos amarillos” franceses y Hong Kong son la referencia de los CDR catalanes y otras hierbas independentistas.

Hoy, jueves 17, se ha celebrado un pleno del Parlamento catalán en el que el Presidente Torra ha afirmado "Yo defenderé que al final de esta legislatura se vuelva a ejercer el derecho de autodeterminación. Si para poner las urnas por la autodeterminación nos condenan a 100 años, se deberá volver a poner urnas para la autodeterminación". Nadie ha aplaudido, contra lo que hasta ahora ha sido normal tras una afirmación como ésta.  Quizás sea éste el hecho más significativo sobre la ingenuidad de este pobre hombre y el reseteo de la clase política catalana. ERC dice que “no es momento de fijarse plazos” ante la insistencia de Torra de volver a “poner las urnas”. El movimiento independentista está dividido como paso previo a su desinflamación. Deben comprender los catalanes, y especialmente sus instituciones, que el nacionalismo, incluso con su horizonte independentista, nunca ha sido condenado, aunque sí combatido políticamente. Pero la práctica independentista, inconstitucional e ilegal, tal como ha puesto en evidencia el Tribunal Supremo, debe ser condenada legalmente, políticamente y moralmente por todos los catalanes y por todos los españoles que sigan la senda democrática que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir. Quien quiera lograr sus objetivos políticos debe conseguir la mayoría parlamentaria pertinente para promover los cambios legales y constitucionales que procedan. 

El gobierno español ha celebrado este jueves una sesión del comité interministerial de la situación de Cataluña. La preocupación  va en aumento. Y todavía falta ver si se cumplen las amenazas para este viernes y fin de semana (huelga general y otras medidas). Añádase a ello la estrecha vigilancia a que están sometidos los Mossos d’Esquadra por el propio gobierno catalán para dilucidar si se han excedido en sus labores de garantizar la convivencia en Cataluña. Es el colmo de las contradicciones.

Tras la sentencia entraremos en el “pos-proceso”, menos convulso aunque nada pacífico. Cataluña ha cambiado radicalmente y la famosa “conllevancia” orteguiana es más inviable que nunca. La brecha que se ha abierto en la convivencia catalana es tan difícil de coser que se ha convertido en un problema generacional. Con el agravante de que la mayor parte de las masas independentistas son jóvenes, aunque los gurús que los han guiado no sean tan jóvenes. Lo que hace mayor su tropelía, más propia de irresponsables que de políticos maduros. Cataluña ha pasado a ser, aun sin proceso independentista, una fuente de inestabilidad en España. Se ha acabado el seny por mucho tiempo. 

Dejo fuera, por falta de espacio, las consecuencias económicas y turísticas que todo esto va a tener en Barcelona y Cataluña. Estos últimos días ya han supuesto un aperitivo negativo muy significativo. Esperemos que todo se calme.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 5 de octubre de 2019

… ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO






La ventana indiscreta
En los últimos días ha habido dos
cuestiones aparentemente importantes: la irrupción de Errejón
en el tablero electoral español y la detención de nueve miembros de los CDR
independentistas catalanes. Ambas cuestiones están relacionadas con dos
sentencia del juicio a los independentistas catalanes, que parece ser que
acontecimientos próximos: las elecciones del próximo 10 de noviembre y la
grandes protagonistas del circo español, políticos y medios de comunicación,
saldrá en octubre. Ambos hechos generarán el ruido suficiente para que los dos
tengan munición de subsistencia para una temporada.

Si yo fuera Errejón me recluiría en un
monasterio a pensar. Sobre todo a intentar responder toda una batería de
interrogantes que su presencia abre. ¿Se presenta o lo presentan? ¿Se trata de
España, perdón “país”, o de él? ¿Se presenta para paliar el hartazgo o para
perdió en Vistalegre II. Va ser una campaña hueca y con desideratas futuribles
capitalizarlo? Parece ser que Errejón descubrió el pluralismo político cuando
para comentarlas.
difíciles de cumplir. De Cataluña, esperaremos la sentencia y sus consecuencias

Pero nada de esto es la auténtica
realidad, sino que es la economía mundial la que marca el futuro inmediato. Ya
hace tiempo que no son los países los que imponen las condiciones de vida de
sus gentes, sino las grandes corporaciones mundiales que operan transnacionalmente
con una impunidad total. Es la famosa globalización. Los partidos políticos se
desgañitan en hacer creer a los votantes que es la vida de la gente la que les
posibilidades de formar parte de la auténtica realidad de los ciudadanos. 
preocupa. Pero los programas que presentan, en el caso de que así sea, no pasan
de ser una colección de frases, más o menos biensonantes, que tienen pocas

¿Qué es lo importante para los ciudadanos
españoles? Fundamentalmente, una cosa muy simple: si van a poder vivir con una
mínima dignidad. Lo que no parece sencillo ni claro con la perspectiva que se
va por delante de la media europea, cuando la realidad es que España suele ir
vislumbra. Nuestros políticos se llenan la boca con que el desarrollo español
energética, el resultado es otro muy distinto. En economía, cada uno maneja los
por detrás tanto en la aceleración como en la desaceleración de la economía. Si
observamos la deuda española, el porcentaje de paro y la dependencia
parámetros que le cuadran con el resultado al que quiere llegar.

Niño Becerra es
uno de los economistas que más y antes ha escrito sobre la gran crisis de 2008.
En su último libro, “El crash. Tercera fase” (Roca
Editorial), mantiene que la crisis no ha finalizado,
sino que estamos en la tercera fase de una crisis que
nos va a llevar a otro modelo económico donde habrá una "nueva
normalidad", caracterizada por la desaparición de la clase media,
el desempleo estructural, subempleo elevadísimo y una alta desigualdad.
Esta fundada opinión contradice a la opinión reinante entre los políticos
españoles de que la crisis ha finalizado. Sin la cosmética del Banco Central
Europeo (BCE), que tiene en su poder un cuarto de billón de euros de la deuda
española, no se podría mantener esa opinión. Algunos llegan a decir que como la
deuda es impagable, lo que es cierto, ya se solucionará políticamente con
la deuda está en el pago de los intereses. España paga al año 30.000 millones
quitas y compensaciones. Sin embargo, no piensan en que el verdadero negocio de
Yo pienso que es por dos razones, porque no se atreven y porque no saben.
de euros por los intereses de su deuda. Sin embargo, nadie habla de economía.

Nadie, por ejemplo, se atreve a decir
que, con los parámetros económicos actuales, las pensiones son insostenibles,
que gracias a los miserables salarios se sostienen muchas empresas, que el
pluriempleo va a ser la tónica reinante, que la omnipresencia de
la tecnología definirá un nuevo modelo productivo que ya no necesitará la masa
de individuos y que se traducirá en desigualdades y en la desaparición de la
una mísera realidad obligatoria para los que no tengan otros ingresos y así
clase media, que la renta básica no será una opción política progresista sino
mantener la paz social.

Tras esta tenebrosa perspectiva da risa
pensar en el papel de Errejón y en los problemas del identitarismo catalán.
¿Cuándo acabaremos con los entretenimientos infantiles? Ojalá Niño Becerra se
equivoque y yo con él, pero pintan bastos y aquí parece no pasar nada.

Mariano Berges, profesor de filosofía

domingo, 22 de septiembre de 2019

PSOE, PODEMOS Y LOS DEMÁS



La ventana indiscreta

Por razones de agenda personal escribo este artículo el sábado 14, aunque salga publicado el sábado 21. Esta circunstancia hace que ignore lo que sucederá en la semana 16-21 en lo concerniente al culebrón de “investidura sí o no”. Pero, independientemente de lo que suceda, proclamo que no hay derecho a esta escenificación de baja estrofa que nos han ofrecido nuestros máximos líderes políticos, todos, ante el silencio culpable del resto de dirigentes y, en segundo nivel de responsabilidad, de los afiliados de cada partido y hasta de los votantes. La democracia es cosa de todos. Y todos, desde nuestro humilde rincón, podemos-debemos cooperar: opinando, criticando, sugiriendo.

En realidad, parece ser que nos están obligando a aceptar que el dilema es: gobierno de coalición PSOE-Podemos o nuevas elecciones. Aunque también han dejado deslizar que, en el último momento, Podemos podría aceptar un gobierno de acuerdo programático común, con el PSOE gobernando en solitario. O lo que sería más surrealista, los 42 votos positivos de Podemos sin nada a cambio. Con una oposición posterior dura e implacable.

Entrar a considerar las razones ocultas de los líderes creo que es una pérdida de tiempo. Además de estar debilitando las energías democráticas de toda una sociedad que comienza a estar fatigada y harta de esta obscena coreografía. En la partida de póker que nos han ofrecido Sánchez e Iglesias, PSOE y Podemos, nunca ha habido propuestas u ofertas serias y propias de una negociación. Ha habido amagos y faroles, y cuando, al parecer (final de julio), hubo un gobierno de coalición, con una vicepresidencia y tres ministerios para Podemos, éste lo rechaza. Sánchez respiró y ya no volvió a la escena. Ahí se truncó la peligrosa partida de póker. Lo de ahora es ya una prolongación artificial. De hecho, en la sesión del martes 10 hubo ya aroma de campaña: el PSOE presenta su oferta progre de la legalización de la eutanasia (a sabiendas de que hay elecciones y, por tanto, decaerá y tendrá que volver a ser presentada) y el PP ha jugado con la asfixia económica de las autonomías criticando que el Gobierno no les adelanta el dinero necesario para la sanidad y educación. Ambos han iniciado ya la campaña.

Se está poniendo de moda un término, posdemocracia, que se pregunta por qué en una sociedad que ha progresado tanto en las características propias de una sociedad avanzada (libertades, progreso, sanidad, educación, igualdad, elecciones, economía de mercado…) existe tanta desafección hacia el sistema político. Dicho de otra manera: la posdemocracia sería una degeneración de la democracia representativa. Algo parecido a lo que ya el viejo Aristóteles decía sobre que todo sistema político tenía una posible degeneración. Así, si se abusa de la democracia se caería en la demagogia. El populismo no es más que la consecuencia de esta posdemocracia ocupando el lugar de la auténtica democracia. ¿Acaso no es esto, exactamente, lo que está pasando? El populismo juega con una escenificación muy plástica y colorista, de las de “verdades como puños”, frente a una democracia gris, humilde, costosa, y que se mantiene con el esfuerzo de cada uno y de cada día. La democracia, como la utopía, es un horizonte al que nunca se llega pero que sirve de estímulo y de continuo progreso.

Si todos los partidos políticos se están moviendo de lugar (solo de lugar y solo nominalmente), hacia ese mítico centro, es que los principios no existen, o son como los de Groucho Marx. Ya saben eso de “éstos son mis principios y si no le gustan tengo otros”. En la posdemocracia, la demagogia y el populismo campan libremente. Dicen respetar las reglas pero es pura formalidad, se ataca el fondo del sistema. 

En el caso de que haya elecciones el 10-N, ¿qué puede cambiar? Prácticamente nada: repetirán los dos bloques de izquierda y derecha. Con la incógnita de quién sumará más. O sea, que quizás volveremos a tener el ya casi olvidado “gobierno Frankestein” (perla de Rubalcaba). Para este viaje… ¿Y si introducimos un elemento de ruptura, por ejemplo, que ninguno de los líderes repita como aspirante a la jefatura de gobierno? No sería tan descabellado, puesto que todos han suspendido en su tarea de configurar un gobierno para España.

Esperemos que a alguien decisorio le entre, aunque sea al final, un poco de inteligencia política, y convenza a su entorno de que tiene que haber un gobierno estable y duradero, que gobierne y lidere los enormes retos y desafíos que España y Europa tienen ante sí.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 7 de septiembre de 2019

VIEJOS PARTIDOS, NUEVA SOCIEDAD



La ventana indiscreta
Primera semana de septiembre y seguimos igual que a finales de julio: sin gobierno de España. Ni indicios. El próximo día 23 expira el tiempo hábil para que no haya repetición de elecciones generales. Salvo sorpresa de última hora (que todo puede pasar) habrá elecciones el 10 de noviembre. Lo que supondría un fracaso de la política y los políticos, y un cuestionamiento de los partidos políticos. Tras la rapidez cómo en Italia han solventado la crisis de gobierno, aún chirría más la lentitud inoperante de la política española frente a la profesionalidad de los políticos italianos. 
Es obvio que la política española ha cambiado, y no solo porque ha finalizado el bipartidismo, reemplazado por un “bi-bloquismo” izquierda-derecha, más el eterno posicionamiento voraz y oportunista de los nacionalismos catalán y vasco. En el fondo, no es grande el cambio. Yo creo que el mayor cambio reside en el perfil de los nuevos líderes políticos. Los cuatro son jóvenes y con un perfil político menos ideológico y más mercadotécnico. Y si los líderes son así es porque los afiliados y electores así lo han querido. Lo que nos lleva al profundo cambio de la sociedad española. Quizás rascando por ahí podamos entender mejor la situación de bloqueo actual. 
Los dos parámetros más significativos de la sociedad actual son la globalización y la digitalización. Ambos refuerzan al mercado como el factor casi exclusivo de cualquier decisión, personal o colectiva. El pensamiento abstracto o el papel tradicional del intelectual han perdido importancia en el devenir de los acontecimientos. Las cosas ya no son así porque deben ser así sino que son así porque son así. Esta tautología la uso para dar a entender que desconocemos las causas de los cambios, aunque causas siempre hay, aunque solo detectemos los cambios.
Si analizamos el advenimiento del partido Podemos (POD), observamos que fue un exabrupto de la juventud española, harta del lánguido transcurrir de los partidos tradicionales. POD supuso el despertar de una esperanza para mucha gente y el miedo para mucha otra. Este segundo grupo de gente temerosa era mucho más poderosa que el primer grupo. Era gente de orden, del orden de siempre. Tan poderosa que pulsó las teclas correspondientes para configurar otro partido joven, Ciudadanos (Cs), que trasmitiera la esperanza de otra gente joven más derechista pero también distinta de los partidos tradicionales. Para ello usó los mismos mecanismos que usa el mercado para vender sus nuevos productos: la novedad que te promete una mejor respuesta a tus deseos y necesidades.
Ya tenemos dos nuevos partidos que compiten con los viejos PSOE y PP. Ambos tienen tintes de modernidad. Hubo un tiempo (2014) en que POD asustó al PSOE y todo lo que él implicaba. El estatus de la izquierda tradicional tembló y el PSOE crujió. Recuérdese toda la crisis orgánica de la vieja guardia socialista frente a un advenedizo Sánchez, que se levantó de la lona y venció por juventud, arrogancia y buena planta, contando con el cansancio de la militancia socialista. Algo parecido sucedió con Cs. Hizo temblar al viejo PP y hasta el IBEX 35 apostó por el nuevo producto (claro, era su producto). Nos vendieron la imagen de un nuevo partido liberal de centro, regeneracionista, que iba a resolver la vieja corrupción y el clientelismo de la derecha.
Ya tenemos lo mismo de siempre pero en cuatro envases. Pero algo ha fallado, posiblemente los dos líderes nuevos no han seguido la partitura que para ellos habían escrito, su caudillismo personal ha quebrado la fe que en ellos había depositado mucha gente. No han caído en la cuenta de que un partido político es un proceso lento, con avances y retrocesos, pero debe tener una coherencia que le dé credibilidad a corto y medio plazo. No han sabido esperar y van a pinchar. En cambio, los dos viejos partidos han modificado el perfil de sus jóvenes líderes y los han adaptado al nuevo mercado. Añádase a ello la fidelidad de los viejos militantes que garantizan un suelo mínimo en los peores momentos.
¿Qué tiene que ver todo esto con el bloqueo político actual? Pues que los criterios que se usan para resolver la crisis ya no son los de antes: antes, lo importante era el país y lo demás era instrumental. Ahora son criterios aparentemente más leves pero realmente más férreos. Porque los líderes que los encarnan miran más el (su) futuro que el presente. Dicho de otra manera, con sus aciertos y errores los políticos anteriores habitaban en una ortodoxia más duradera y menos flexible. Hoy la política forma parte del mercado de una manera más estrecha que nunca, de manera que, aunque siempre ha sido así, ahora se nota más. Sánchez, por ejemplo, es un gran actor que cuenta con un gran guionista. Ante los poderosos modelos de comunicación y demás redes digitales, su poder de persuasión es muy fuerte. Más la adulación y vasallaje de casi todos hacia el que manda. No necesita de un gran aparato ideológico. 
Los que nos hemos politizado hace ya mucho tiempo, no estamos cómodos en estas coordenadas, pero hay que intentar entenderlas y aceptarlas como nuevas reglas de un nuevo juego al que hay que jugar. De lo contrario, nos tendremos que dedicar a jugar al dominó.
Mariano Berges, Profesor de filosofía

lunes, 26 de agosto de 2019

AGOSTAR EN AGOSTO




La ventana indiscreta
Agostar, derivado de agosto, significa, entre otros usos, marchitar, secar, languidecer, agotar, consumir, debilitar, decaer… “Nuestros políticos agostan”, podría ser una frase para Sánchez e Iglesias. En cualquier caso, Agosto es un tiempo distinto, pues supone un paréntesis en la normalidad. Y todo lo que sea huir de la normalidad es una evasión hacia la nada. Lo que no quita que ese sentimiento adolescente del verano, que a todos nos sigue tentando, sea placentero sin llegar a dañino, siempre que seas consciente de que eso no es la normalidad, aunque sea real. Porque la percepción de la realidad es discontinua, como los hechos son progresivos y regresivos. Todo puede servir si la razón cohesiona y da sentido, incluso a lo sinsentido. Las relajaciones del espíritu también son bienvenidas y sirven para tomar carrerilla, sin angustias ni represiones. 
En la política española el sopor agosteño ha implantado sus reales. Todos volveremos para septiembre, como los malos estudiantes. ¿Seguirá en septiembre la falsa estética escénica e ideológica? ¿Seguirá la guerra de relatos? Y lo que es más importante ¿seguirá España y sus problemas pospuesta a los intereses bastardos de unos pocos, líderes los llaman? ¿Son solo intereses o también son incapacidades?
UP y PSOE, PSOE y UP, siguen con su partida de póker y sus faroles en los envites. El tacticismo puede ser válido y recomendable siempre que sea un instrumento supeditado a la realmente importante. Si el sujeto político es, por antonomasia, la ciudadanía española, y no tanto los partidos políticos y sus líderes, no estaría de más que los profesionales de la política escucharán el clamor de sus propios votantes. “Con mi voto que no cuenten” se oye en todos los ámbitos. A decir verdad, más en la izquierda que en la derecha. La superabstención está servida.
Si fuésemos a elecciones en noviembre, más el tiempo muerto que sucede a todas las elecciones generales, nos situaremos con Sánchez de Presidente provisional durante año y medio. Pero no es eso lo peor, sino que toda la estructura política, legal y económica del Estado ha sido construida por la derecha en los años anteriores, con la excusa de la crisis. Pensemos en el paro, la desigualdad económica, la ley mordaza, la reforma laboral, las pensiones congeladas, las autonomías infradotadas, sin olvidar el eterno problema territorial, más todo lo que está por hacer y todavía sin empezar: garantizar el empleo y unos sueldos dignos, elaborar (y aprobar) una estructura fiscal justa y socialmente progresista, garantizar unos ingresos suficientes a la Seguridad Social, apuntalar la sanidad que se empieza a oxidar, dar el salto cualitativo en la educación y universidad, despejar el futuro a la juventud y, si es posible, liderar Europa en su cambio de rumbo político, económico y social, … España se encuentra en un momento de inflexión tan importante que no es conveniente agostar ni sestear ni posponer decisiones fundamentales. Por lo tanto, todo lo que no sea tener un gobierno estable es altamente nocivo.  
Si a todo lo que está pendiente se le añade  un estado de ánimo ciudadano pusilánime y sin confianza en sus políticos, como lo atestiguan los sondeos, España está en peligro. Ya hace tiempo que a España la salva el formar parte del cogollo de la exquisita Europa. Pero cada vez la inercia negativa se implanta más. Y si no hemos aprovechado, como así ha sido, los años de bonanza para hacer las reformas necesarias, la próxima crisis será de campeonato. Porque el precio de no tomar decisiones es altísimo, aunque no se aprecie en el corto plazo. Un sistema sin planificación estratégica no tiene futuro, y todo lo bueno que acaece es pura casualidad que viene y se va. En España seguimos con el turismo como fundamento económico, con la hostelería como derivada y sus sueldos de miseria, y vuelve a aparecer la construcción, de cuya burbuja pasada dudo que hayamos aprendido algo. Solo falta la emigración de los sesenta para reconquistar la tríada clásica de la economía del franquismo. ¿No íbamos a cambiar de modelo económico?
En agosto, pues, nos vamos de vacaciones, intentando ambos, Sánchez e Iglesias, haber aprovechado este paréntesis para estigmatizar al otro como culpable de que no haya gobierno. No vamos a repetir los argumentos de uno y otro, pues ya estamos hartos de oírlos y repetirlos. Solamente sugerir que si el otro, con el que tengo que acordar, no lo seduzco sino que lo intento acorralar y derrotar, ahí no hay posibilidad de acuerdo. Y si no hay acuerdo político, siendo inevitablemente necesario, no hay política. Y si no hay política, nos sobran los políticos. 
Para los que piensan que España funciona sin el impulso de los políticos, deben también pensar que eso se debe a la profesionalizada administración de los funcionarios, pero esa nave no tiene rumbo, solo se mantiene. Y cuando un país va sin rumbo, la crisis ya no es coyuntural sino que es una crisis de Estado. Y el Estado es el invento más importante de la Humanidad para su convivencia pacífica y de progreso.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 10 de agosto de 2019

GOBIERNO DE COALICIÓN O ELECCIONES ANTICIPADAS


La ventana indiscreta


La verdad es que con este calor apetece poco analizar la política del momento. En ello están de acuerdo los medios de comunicación, que durante el mes de agosto salen ayunos de contenido informativo. Así es que este artículo posiblemente salga algo veraniego, o sea, ligero. 
Por mi ubicación vital hay dos ámbitos de importancia para mí: la constitución de gobierno en Aragón y la no constitución de gobierno en España.
En Aragón, el líder socialista utilizó la baza del pacto con el PAR, arrebatándoselo a una posible (y lógica) coalición de derechas. Al PAR se le abrió el cielo y, haciendo ostentación de aragonesismo y centralismo, aceptó la oferta socialista. Premio: la única vicepresidencia del gobierno aragonés es para el PAR. Con ello, Lambán imposibilitaba la coalición de derechas. Pero faltaba la adhesión de todas las izquierdas: UP, CHA e IU, aunque esta última no era necesaria. Y esto se decidió abriendo el futuro gobierno aragonés a todas las fuerzas firmantes. Fue un final feliz pues todos ganaban visibilidad y poder. La habilidad del veterano Lambán había ganado por la mano a la derecha. 
Si para llegar al poder se necesita pragmatismo, éste es un ejemplo perfecto. Otra cosa es que elucubremos ideológicamente. ¿Es posible un gobierno con el PSOE, UP y PAR juntos? Difícil de entender, aunque ya el PSOE aragonés gobernó durante doce años con el PAR. Al final todo es posible materialmente, forzando ciertas políticas sensibles. Por ejemplo, la educación, donde la coexistencia de la concertada y la pública rechinarán. Otra prueba de fuego será la fiscalidad y el contrapeso entre ingresos y gastos. Y, por favor, que no nos mancillen la joya de la corona, la sanidad. A no ser que todo nos dé igual con tal de estar en el gobierno. En fin, todo está por ver, pues, de momento, el objetivo fundamental era que PP-Cs-Vox no gobernaran. En los momentos poéticos y litúrgicos del poder, los discursos aguantan todo: la centralidad, la transversalidad y otros conceptos justificadores de la nueva criatura, sustituyen a los conceptos de izquierda, progresista y sentido de lo público. Porque convertir al PAR en partido progresista es difícil de digerir. Pero, en cualquier caso, se trata de un gobierno atípico donde todo está por ver. Esperemos.
La constitución del gobierno de España es asunto de mayor calado. Hasta ahora, aun siendo cierto eso de que lo importante es gobernar, la desconfianza entre Sánchez e Iglesias es muy fuerte y hasta reconocida por ambas partes. Con lo que es cierta la posibilidad de la coexistencia de dos gobiernos en uno. Las razones que esgrimen los dos líderes son justificadas. El PSOE prefiere un gobierno en solitario por sospechas de graves interferencias podemistas en cuestiones de gravedad política. Y UP reclama un gobierno de coalición por la necesidad de sus votos parlamentarios. A ello habría que añadir el precio a pagar a los partidos nacionalistas, pues en política nada es gratis. La conclusión parece clara: o gobierno de coalición o nuevas elecciones.
En septiembre, ambos partidos tendrán necesariamente que volver a negociar. Ambos empezarán con los argumentos ya esgrimidos anteriormente, pero tendrán que abrirse a otras posibilidades, si de verdad quieren que haya gobierno. Unas elecciones anticipadas, aparte del cabreo abstencionista, peligroso para una democracia frágil, no configurarán un escenario muy diferente. Con lo que estaríamos igual pero peor.
En el fondo, lo que hay es una ausencia grave de política, de una visión patriótica y no patriotera de España. Vista la imposibilidad de que  PSOE y Cs configuren un gobierno conjunto, lo que desautoriza a sus dos líderes, y de que el PP se abstenga tal como hizo el PSOE anteriormente (el PSOE, no Sánchez), solo deja como posibilidad un gobierno de coalición PSOE-UP. Luego llegará la hora de gobernar y ahí debería de jugar un papel preponderante el Parlamento, con una dialéctica de altura y unos pactos con criterio de bien general. 
Que todo esto es difícil. Claro, para eso se inventó la política. Lo que no puede ser es que cualquiera se autoproclame político, sin los avales personales mínimos. Con las herramientas de gestión de la empresa moderna, quien no obtiene los objetivos planificados es despedido. No muy distinta debería ser la política. Pero ¿quién es el sujeto político? ¿La sociedad? Eso es muy amplio y excesivamente general. ¿Los partidos políticos? Esa es una realidad poco democrática en su gestión y poco clara en sus objetivos. El mando en los partidos lo tiene, y cada vez más a pesar del “descubrimiento” de las primarias, su cúpula orgánica y, especialmente, su líder. Los afiliados ni tienen poder ni tampoco lo exigen. Con lo que llegamos a la situación actual de una realidad compleja y difícil de gestionar y unos líderes con pies de barro y con un poder desproporcionado a su capacidad intelectual, política y moral.
La solución, aunque difícil, pasa por un paradigma nuevo y un fuerte sistema de contrapesos políticos y económicos, que asegure un método con el menor margen de error posible a la hora de tomar decisiones. Y esto es una nueva forma de hacer política. La vieja política ya no sirve, pero la nueva aún no existe.
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 13 de julio de 2019

CONTRA LA POLÍTICA DE BLOQUEO


La ventana indiscreta

La verdad es que el tiempo transcurrido desde el 28 de abril último, fecha de las últimas elecciones generales, es ya demasiado para que ni siquiera exista el más mínimo indicio de cualquier negociación con visos de prosperar. Ya decidieron los ayuntamientos el 15 de junio. Decidirán las CCAA, más pronto que tarde. Y la formación del gobierno de España parece una partida de póker entre jugadores avezados que solo esperan el fallo del adversario. En estos momentos, el PSOE dice optar por un gobierno monocolor con independientes. UP dice que votará no, si no entra en un gobierno de coalición. Cs sigue sin querer saber nada del PSOE. Y el PP, tan patriota siempre, jamás se abstendrá para que haya un gobierno del PSOE. Si esto es así, y si mantienen las posiciones así será, habrá elecciones en noviembre. Con lo cual seguirá la partida de póker, ya que el jugador de póker siempre tiene posibilidades de ganar aunque, al final, siempre pierda. Lean El jugador de Dostoievski para entender bien la psicología del jugador. La cuestión fundamental estriba en nuestro caso en que lo que estos jugadores se están jugando es  España, que no es de ellos.
¿Qué dirían ustedes si yo afirmase ahora que me es indiferente quién gobierne pero que gobierne alguien? Pues eso es lo que me está rondando la cabeza, a mí que he estado en política toda mi vida. Los líderes de los cuatro grandes partidos van a lo suyo, aunque lo disfracen con toda la retórica política y patriótica que quieran. Sigo pensando que la mejor solución hubiera sido la mayoría sólida de 180 diputados que sumarían PSOE y Cs. Algo que Cs abortó desde el principio. Aunque sigo sin conocer una causa política profunda que no sea la psicología patológica de los dos jugadores principales. Hay una segunda solución: gobierno PSOE en solitario con apoyo parlamentario de un número suficiente de diputados, UP como elemento imprescindible. Pero tampoco parece posible, pues los egos lo hacen imposible. Y queda la tercera opción: gobierno de coalición PSOE-UP. Aquí está la batalla en estos momentos, pero parece también una batalla perdida, pues los dos líderes desconfían profundamente uno de otro. Y quedaría todavía una cuarta posibilidad: abstención del PP, exactamente como hizo el PSOE en 2016 (aunque no Sánchez). Sería una nota de alto valor patriótico, pero no parece que estos personajes vuelen tan alto. 
Este bloqueo político sin argumentos sólidos no sale gratis al país. Las pensiones, la fiscalidad, el coste de las autonomías, el deterioro industrial, la reputación institucional, la falta de inversiones  por la inestabilidad política, tienen un alto coste económico y político. Y de todo esto la culpa, digámoslo claramente, la tienen los partidos políticos y sus líderes. Veremos una alta abstención, si se repiten las elecciones, como respuesta simbólica de los ciudadanos.
La sensación de optimismo y confianza que me produjo el resultado del 28-A se ha ido transformando en un hartazgo de signo creciente. Que el gran asunto y el tema de disputa en la izquierda resida en si Pablo Iglesias es ministro o no, solo puede producir melancolía. La situación de gobierno en funciones, más la de gobierno cesante, de Sánchez, que empezó en Junio de 2018 y puede acabar en la primavera de 2020, ¿es una circunstancia excepcional o un objetivo buscado? Porque Sánchez parece sentirse cómodo en esta situación, como si ésta fuese su ventaja fundamental en la partida de póker que está jugando. Mientras tanto, España y sus eternos problemas esperan. Todavía seguimos con los presupuestos prorrogados de Rajoy-Montoro. Ni ellos esperaban que duraran tanto. Incluso la economía estadística mejora. ¿Será que no es necesaria la política? A ver si los políticos, con su estulticia, van a matar su propia gallina de los huevos de oro. No confundir estulticia con estrategia. Urge una normativa que ponga plazo fijo a la formación de gobierno, dado que la cultura de pactos parece ser ajena a la política española, que no entiende otra cosa que la política de bloqueo.
Pero cuando solo hablamos de procedimientos y formalidades es que hemos perdido el horizonte político. Ciertamente la política ha cambiado poco, aunque la realidad sí que ha cambiado, y mucho. Lo que explica el fracaso político ante las grandes incertidumbres de la sociedad actual. Parece como si hubiera dos líneas paralelas condenadas a no encontrarse, la política y la vida (biología, sociología, economía, el progreso en general). La política parece existir como un juguete en manos de quienes creen dirigir la sociedad y no se dirigen ni a sí mismos, aunque sí se sitúan en cómodos sitiales. 
Siempre han existido dos grandes bloques: izquierda y derecha. A la derecha parece ser que le ha salido un grano: Vox. Y ahí andan, que si hablan que si no, que si pactan o solo toman café. A la izquierda no le hace falta ningún grano. Desde 1921, año en que surge el PCE, el antisocialismo comunista y el anticomunismo socialista siempre han estado a la greña. Recuérdese la II República, la Guerra Civil y la posguerra. Solo hubo una vez en que el pacto PSOE-PCE, en 1979, puso casi todos los ayuntamientos españoles en manos de la izquierda. Y que posibilitó el posterior triunfo del PSOE en las generales de 1982. Pero entonces éramos jóvenes y existía el futuro.
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 29 de junio de 2019

Análisis de los pactos municipales




Desde el 28 de abril pasado no hemos
parado de elegir y pactar. Y lo que te rondaré. Total, dos meses, y algunos
hablan de que hasta septiembre no habrá investidura central. No es de recibo
esta demora en elegir gobiernos. Habrá que cambiar la normativa de manera que
haya un tiempo límite para su configuración. Y ya no digamos si se tuviese que
volver a nuevas elecciones.

El mapa de España tras los pactos
municipales es un mosaico de colores más variopinto que nunca. Y su lectura
política es también muy diversa, según la óptica que cada uno use. Desde mi
ventana siempre intento hacer un ejercicio de objetividad, separando los hechos
de las valoraciones subjetivas, que las tengo.

Veamos. Si el PSOE ganó en votos las
elecciones municipales, el PP es el partido que más las ha rentabilizado. Con
la ayuda de Cs, claro. Vox ha entrado por primera vez en las instituciones, y
única ciudad gobernada por IU, ésta se presentaba en solitario.
UP ha permanecido mudo por falta de papel en la obra. Porque en Zamora, la

Es evidente que los casos de Madrid y
Barcelona son los más significativos y simbólicos, aunque en claves distintas.
La conquista de la ciudad de Madrid es la guinda del PP. El PSOE (con la
presentó y Cs votó a favor del PP. Vox remató la faena. Carmena estuvo a punto
baloncestística apuesta personal de Sánchez) pinchó estrepitosamente, UP no se
los pactos autonómicos, aunque se prevé que van a ir en la misma dirección. En
de la victoria pero no lo consiguió. Bien es verdad que falta la segunda parte, el fondo, visto lo que pasó, todo entra dentro de una lógica. Otra cosa es que
te guste esa lógica.

En Barcelona no estaban tan nítidos los
bloques. Porque el independentismo de ERC estaba claro, la ambigüedad
independentista de Colau seguía a ver qué pescaba. El PSC se portó bien. Y
monsieur Valls puso la más alta nota democrática de la jornada. Hizo bueno el
principio de asumir las contradicciones eligiendo la menos mala. Bien por
Valls. Yo soy de los que piensa que Valls como alcalde hubiera hecho regresar a
Barcelona a ese cosmopolitismo que tuvo hace mucho tiempo (con Serra y P. Maragall; incluso en la dictadura) y que el provincianismo nacionalista ha
arruinado. 

En el resto de España pasó de todo. En
Zaragoza, mi ciudad, se impuso la lógica de bloques. Siempre ha sido así. En
2015 el PP fue la fuerza más votada con 10 concejales y se impuso el bloque de
izquierda. Aún fue más sonado en 2011, el PP sacó 15 concejales, a uno de la
mayoría absoluta, y se impuso el bloque de izquierda que sumó 16. Los que antes
esgrimían la democracia parlamentaria ahora parece que lo han olvidado: la ciudadanía elige a los concejales y éstos eligen por mayoría absoluta a los
los otros.
alcaldes. Solo en el caso de que no haya mayoría absoluta es elegido
automáticamente el alcaldable más votado. Pues eso es lo que hacen los unos y

Hubo unas cuantas anécdotas, no muchas,
siendo la más sonada la elección del alcalde socialista de Huesca, como
alcaldable más votado, ya que un voto en blanco de origen desconocido privó de
la mayoría absoluta al PP, según el teórico pacto al que supuestamente habían
llegado.

Pero tras la descripción del qué pasó
falta la pregunta de por qué paso. Está claro que fue el partido Ciudadanos
quien inclinó la balanza. ¿Es Cs un partido de derechas? Si es así, todo está
claro. Hace un tiempo decía ser un partido liberal de centro, incluso con
acuerdo reventado por la acción de UP. ¿Hay que atribuir su cambio a una
ínfulas socialdemócratas en lo social. De hecho llegó a pactar con el PSOE un animadversión personal de Rivera a Sánchez? Si es así, no es serio. Ya no
estamos hablando de política, sino de avatares de emocionalidad adolescente.

Cuando Cs nació pareció hacerlo como un
partido liberal contra el nacionalismo catalán, y contra la corrupción
política. Se decía un partido regeneracionista y reformista, cual un Azaña
contemporáneo. El primer error fue la no fusión con el partido de UPyD de Rosa
Díez (no sé de quién fue la culpa), pues hubiera dado lugar a ese partido
liberal de centro que existe en casi todos los países democráticos europeos. En
la actualidad, unos parece que lo quieren como muleta del PP y quizás otros
de alguien o autónomo? Aún faltan los pactos autonómicos, que da la impresión
como muleta del PSOE. La pregunta es ¿qué quiere ser Cs de mayor?, ¿complemento
presidencia socialista. Y para final de fiesta quedará la investidura del
que seguirán las mismas pautas de los pactos municipales, con alguna excepción como Aragón, donde la veteranía y habilidad política de Lambán salvará la
populistas e independentistas y generaría un gobierno muy inestable.
presidente de España. Será ahí, en la política estatal, donde la
responsabilidad de Cs será mayor, pues podría echar al PSOE en manos de

Los análisis se hacen en función de los
datos que uno maneja. Mi ventana se encuentra fuera del mercado político, por
lo que mis datos son los públicos que todo el mundo maneja más la intuición que
uno destila. Además de la práctica que uno haya podido desarrollar. Lo que yo
en las alturas. Y mucho menos los datos de los poderes fácticos y económicos,
no conozco son los datos internos de los partidos y de los políticos que están
desconocidos hasta por los propios políticos.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 15 de junio de 2019

MARIO GAVIRIA, UN SEDUCTOR








La ventana indiscreta


El domingo 2 de junio unos cuantos amigos celebramos en Zaragoza un sencillo homenaje a Mario Gaviria, fallecido en Zaragoza en abril de 2018. Inauguramos y paseamos un andador que lleva su nombre en la ribera del Ebro: Andador Mario Gaviria. Esto (si lo hubiese visto) le hubiera gustado más que una espectacular y llamativa avenida. Sirva este artículo, no como hagiografía, sino más bien como un sentido obituario para dejar constancia de que  ha pasado un gigante entre nosotros y apenas nos hemos enterado.

Mario Gaviria (Cortes de Navarra, 1938 - Zaragoza, abril de 2018). Sociólogo. Constructor de un pensamiento sociológico alternativo, participó fuertemente en el movimiento ecologista, coordinó la oposición antinuclear española y fue un gran urbanista social en los finales del siglo XX. Benidorm, la Extremadura “saqueada” y el Bajo Aragón “expoliado” siempre irán asociados a su nombre. Fue un adelantado de la sociología urbana. En sus últimos años fue profesor en la Universidad Pública de Navarra, donde profundizó en temas directamente socioeconómicos, como la exclusión social, con propuestas novedosas como los “ingresos mínimos de integración”. Fue, sobre todo, un agitador de ideas con un objetivo fundamental: que la gente normal fuese feliz. Todos sus trabajos de la más diversa índole perseguían ese objetivo: el buen vivir de la colectividad.

Mario Gaviria era un seductor por lo que decía y por cómo lo decía. Sabía mucho y lo sabía decir muy bien. “Las ideas solo convencen si seducen”, solía decir. Pero además de seductor era operativo y posibilista, además de autocrítico y cambiante cuando la realidad así lo indicaba (véase el ejemplo de “Zaragoza contra Aragón” y su rectificación). Fue el mejor detector de nuevos conflictos y contradicciones, un activista social y un brillante maestro heterodoxo. Era el poeta que ponía nombre a las cosas. En los debates públicos era imbatible porque hablaba en nombre de la mayoría silenciosa. Siempre decía con sorna que en los debates solía salir bien parado porque a sus contrincantes siempre les llevaba un libro de ventaja. A mí me enseñó a “nadar” en el urbanismo social, detectando peligros  y mirando en la buena dirección.

Fue alumno y amigo del filósofo-sociólogo francés Henri Lefebvre del que introdujo y tradujo algunas de sus obras. Y de esa relación hereda su más importante perspectiva en sus trabajos: la crítica de la vida cotidiana, el derecho a la ciudad y la producción del espacio urbano. Todo lo que Gaviria analizaba y producía tenía que servir para que la gente normal viviese mejor. Era todo lo contrario a cualquier tipo de academia, teórica y/o retórica. Era un productor permanente de ideas, más bien un agitador, unas más viables que otras, pero todas, al menos parcialmente, eran válidas. En un momento de mi vida, en el que casi llegué a ser alcalde de mi ciudad, uno de los factores que más me entusiasmaba era que había llegado a un acuerdo con Mario para que realizase en el ayuntamiento de Zaragoza una función de “proponente peripatético”, algo así como patear la ciudad y elaborar un breve informe cada cierto tiempo proponiendo pequeñas mejoras para la cotidianeidad de la ciudad y, en definitiva, para el humilde bienestar de cada día, esas pequeñas cosas que definen la auténtica calidad de vida.

Fue una de las figuras intelectuales más críticas, vitales, intuitivas y generosas de España. Me atrevo a decir que fue uno de los pensadores más importantes del último medio siglo. Nunca perdió su vitalismo y jocosidad. Recuerdo cómo definía a sus paisanos navarros en un artículo sobre las fiestas de San Fermín: “los navarros son gente de trago largo y coito corto”. Como su pensamiento fue eminentemente práctico, no figurará en la historia académica. Pero es igual, sus enseñanzas siguen teniendo hoy plena vigencia y continúan resultando tan atractivas ahora como entonces.

Aunque a algunos les parezca cursi, me veo impelido a decir como final que Mario Gaviria fue una persona ontológicamente buena. Y entiendo por ello que la bondad no es algo que se superpone a la persona, como una ética religiosa u ornamental, sino que la ética formaba parte de su ontología humana. Su ética era constitutiva de su humanidad. Nunca distinguió entre gentes más o menos importantes, entre trabajos cobrados o sin cobrar. Todo lo hacía con la misma pasión y generosidad. Los temas que Mario Gaviria analizaba y proponía siguen siendo atractivos y válidos en la actualidad. El mejor homenaje que le podemos hacer es heredar su vitalismo, su optimismo y su pasión por vivir la vida. Cada uno como pueda y con quien pueda.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 1 de junio de 2019

LAS GENERACIONES DE LA DEMOCRACIA






La ventana indiscreta
Con frecuencia oímos discutir sobre los políticos que formaron parte de la Transición y los posteriores, del año 2000 hasta la actualidad. Que si los de antes eran mejores, con mayor capacidad política y ética que los de ahora, que solo quieren medrar y vivir de la política. Y como lo he oído muchas veces, quiero reflexionar con ustedes sobre ello en estas líneas.
Los políticos de la Transición teníamos un objetivo fundamental: hacer el tránsito de una dictadura a una democracia. Lo que incluía, entre otros objetivos: hacer gestión, sembrar nuevas actitudes democráticas, instaurar una sociedad libre, tolerante y justa. Era un momento especial. Y muy atractivo, pues el pretérito dictatorial era malo, muy malo; el presente estaba preñado de oportunidades; y el futuro se presentaba pletórico. Y, además, éramos jóvenes. Cualquier proceso condicionado tan fuertemente por el futuro, sin ataduras con el pretérito y tocando la contemporaneidad representada por Europa, era una bicoca. A los que nos tocó actuar en esos momentos y condiciones, nos tocó la lotería. Casi era imposible hacerlo mal. Y la sociedad, que estaba por la labor, agradecía casi todo lo que se hacía. Fue una época gloriosa.
A los políticos actuales les supongo la misma intencionalidad, capacidad y ética. Pero ha cambiado el contexto. Ha cambiado la sociedad, el mundo, los medios de información, las coordenadas de nuestra percepción, y como consecuencia de todo ello, nuestra manera de pensar. Y la política no es más que traducir el pensamiento en hechos. Por lo tanto, el análisis comparativo entre los políticos de la Transición y los de la actualidad es fallido si no tenemos en cuenta la radical diferencial contextual.
Si nos agarramos solo a nombres y épocas, tenemos el peligro de caer en la mitomanía: Adolfo Suárez, Felipe González… Además, la distancia sacraliza las personas y poetiza los momentos, mientras la cercanía los vuelve prosaicos y grises (“Qué cerca cuando no estás, qué lejos cuando te veo”). También depende de los acontecimientos que tuvieran lugar simultáneamente al mandato o gobierno de un cualquier político, a los que asociamos sin que necesariamente existiese una relación de causa-efecto. Si el análisis lo extendemos a los partidos políticos, empecemos por reconocer el tránsito del bipartidismo al, de momento, cuatripartidismo. Y añadamos la propia evolución de cada partido y de cada dirigente. Evolución paralela a la de la sociedad y a los tiempos que nos toca vivir. Todo ello eleva el instrumento de la negociación a la categoría de gran herramienta política y condiciona el valor de los votos de los electores.
Se suele decir que ahora los miembros de los partidos pelean agresivamente por ir en las listas, que los políticos actuales solo piensan en ellos mismos y en trepar, que la sociedad les importa un bledo, que no saben gestionar, que son unos corruptos. Y, por último, que la sociedad actual es fácilmente manipulable por la enorme capacidad comunicativa (o incomunicativa) de los actuales medios de comunicación.
Yo respondería que, excepto en lo relativo a los medios de comunicación, todo lo demás es exactamente igual hoy que ayer; solo cambia el contexto. Y como el contexto actual es mucho más rico, complejo y difícil, eso hace que el ejercicio de la política sea más difícil hoy que ayer. Si a ello añadimos que la sociedad española se ha acostumbrado a vivir democráticamente, trae como consecuencia que las expectativas y las exigencias actuales son mayores que en la Transición. Los políticos, los de antes y los de ahora, son de todos los colores: buenos, malos y regulares. Nunca el comportamiento humano debe analizarse uniformemente. Los individuos existen y existirán, y son ellos los que singularizan las políticas dentro del contexto que les toca vivir.
Otra cuestión a tener en cuenta es la dimensión teórica de la política. En la Transición había mucha y buena teoría política. La habíamos adquirido en la dictadura. Contra viento y marea las ideas arraigan más fuertemente. Y el tránsito a la democracia estaba jalonado con éxitos cotidianos. En la actualidad, esa teoría se ha anquilosado y no ha sido reemplazada. Las propuestas que resuelvan la complejidad actual todavía están sin elaborar. No seamos tan duros con los políticos y ayudemos a desentrañar esta tela de araña que nos envuelve. Porque la política es algo imprescindible antes y ahora; los políticos son necesarios antes y ahora, y los ciudadanos debemos exigir a nuestros políticos lo que la sociedad necesita. Cada uno debemos saber elegir el rol que nos toca jugar en cada momento y comprometernos con él.                            Mariano Berges, profesor de filosofía