domingo, 21 de abril de 2019

La España vacía



De vez en cuando adquieren fortuna palabras o expresiones, que a veces no se sabe por qué. Unas veces es el título de un libro, “La España vacía”, por ejemplo; otras veces es el contenido de una novela, “La lluvia amarilla”. Este último título muy anterior al primero. Y a partir de ahí esa expresión se pone de moda y salta a las conversaciones, tertulias y, como no, a la política.
Cuando algo salta a la política lo hace como arma arrojadiza de unos contra otros. Casi nadie define el asunto, ni lo acota ni explica su génesis y, mucho menos, su solución. Si es algo negativo la culpa es del gobierno, que no ha hecho nada por corregir lo que sea. Sin tener en cuenta que eso quizás ha sucedido con gobiernos de todos los colores. Si es algo positivo son los méritos del suceso de los que nos intentamos apropiar. Sin tener en cuenta que cualquier proceso importante, un gobierno lo planifica, otro lo ejecuta y otro lo paga. Lo inaugura aquel que ejerce el gobierno en ese momento. ¡Qué pocos políticos suelen recordar a otros políticos coautores del éxito que se celebra!
Pues bien, ciñéndonos a la última expresión con éxito, “La España vacía o vaciada”, que hace referencia a la despoblación rural, empezaré diciendo que es una cuestión que, hoy por hoy, no creo que tenga solución, puesto que es un fenómeno que obedece a un modelo de civilización urbana, que arranca en España en los años sesenta, siguiendo la pauta de otros países más avanzados. La economía manda y en la economía del conocimiento los trabajadores cualificados interactúan entre ellos en los lugares de relación, que son las ciudades desarrolladas. Ése es el espacio donde se ubica y se interrelaciona la tecnología, la inteligencia social y la política. Por eso, la población se concentra en las ciudades. ¿Por qué ha sucedido así? Porque la dinámica social y económica así lo han impuesto. ¿Eso es malo o bueno? No es ni malo ni bueno. Sí que es, como casi todo, mejorable. Si en España, además de Madrid y Barcelona, hubiese seis u ocho ciudades más con un mayor desarrollo, la igualdad sería mayor y el desarrollo más equilibrado. Pero esto no tiene nada que ver con la despoblación rural.
Hay problemas de los que desconocemos su solución. El despoblamiento rural y su empobrecimiento es uno de ellos. Reconozcámoslo y dediquémonos a aquello que sí tiene solución: el paro en general y, especialmente el paro de los jóvenes, la desigualdad, el acceso a la vivienda, la corrupción, la eficacia institucional, la sanidad, la educación… Porque la despoblación rural no es un castigo divino, sino que es un fenómeno que hemos generado nosotros como sociedad. La globalización mundial, el proceso de producción, la economía financiera, las nuevas tecnologías, la manera de relacionarnos con la naturaleza… Todo ello exige grandes concentraciones urbanas. ¿Quién ha dirigido esta operación? Los dos factores que han configurado nuestra civilización: el capital y la ciencia. Sin capital no hay ciencia y sin ciencia no hay cambios significativos. Otra cosa distinta es que la globalización está desregularizada, lo que genera desigualdad y desequilibrio en la distribución de la riqueza. Mientras la política no controle algo más el desarrollo de la riqueza, el problema de la despoblación seguirá aumentando. Los problemas de la deslocalización industrial, del final de algunos procesos energéticos, de la necesidad de una mayor capacidad técnica en los trabajadores, está modificando tan rápidamente y tan radicalmente nuestra sociedad, que nuestros políticos parecen meras marionetas en el escenario de la tragedia. Nada evitan y casi nada aportan, aunque ellos crean lo contrario.
Conclusión: la gente va donde está el empleo y la riqueza. Las grandes ciudades desarrolladas seguirán creciendo y los pueblos seguirán siendo abandonados. Y el proceso sigue, ya que la despoblación también empieza a aparecer en algunas poblaciones intermedias. Lo que no quiere decir que la calidad de vida de los supervivientes rurales y de los que usan los pueblos como segunda residencia, no pueda tener un mínimo de dignidad en servicios y conexiones, en forma de infraestructuras e Internet. Pero nunca revertirá la tendencia. Podemos mejorar los servicios públicos en las zonas rurales, mejorar sus infraestructuras, incluso concederles privilegios fiscales, como algún político ha prometido Pero estas soluciones no atacan la raíz de los problemas, pues la razón por la cual los jóvenes se van de estos lugares no son los altos impuestos o las malas escuelas, sino la ausencia de oportunidades.
Un pequeño alivio sería dar mucho más juego en servicios e infraestructuras a esas ciudades intermedias que hacen de centro comarcal de los pequeños pueblos de alrededor. En Aragón, por ejemplo, en lugar de crear las comarcas políticas y administrativas como servicio redundante de las diputaciones provinciales, deberían haber potenciado esta red de ciudades intermedias, sin crear nuevas estructuras políticas. Más barato y más complementario con las diputaciones. Si a ello añadimos conexiones informáticas y de elementos móviles (carreteras, ambulancias, transporte escolar, guarderías ambulantes…) la vida rural mejoraría bastante.
Eso sí, en la larga campaña electoral que estamos sufriendo, todos los políticos van a “luchar” contra la despoblación rural. No deja de ser, como mucho, una postura romántica. Y en política, el romanticismo es peligroso o mentiroso.
Soy consciente del peligro de ser malentendido y que muchos habitantes de la España rural pueden sentirse ofendidos por alguien que habla desde la ciudad. Pero, como decía Hume, “contra la tozudez de los hechos no hay teoría que se sostenga”.
Mariano Berges, profesor de filosofía




sábado, 6 de abril de 2019

40 años de democracia municipal


 Este último miércoles 3 de abril se celebró el cuarenta aniversario de las primeras elecciones municipales tras la guerra (in) civil española. La izquierda española, con el pacto PSOE-PCE, según el cual el partido menos votado de los dos apoyaba al otro para lograr la alcaldía, tomó el poder en la mayoría de los ayuntamientos españoles. Fue un mandato lleno de ilusión y con un cambio de rumbo radical respecto a los ayuntamientos franquistas. Hubo alcaldes importantes que se constituyeron en símbolos de la nueva época: Tierno Galván en Madrid, Maragall (tras un breve período de Serra) en Barcelona, Sainz de Varanda en Zaragoza, Vázquez en Coruña, Anguita en Córdoba… Y otros muchos, más desconocidos, pero portadores de la nueva democracia.
Cuando llegan las elecciones de 1979, los españoles, en su aparente pasividad, se rebelan contra cuarenta años de silencio y humillación. Lo hacen en silencio, como se ejecutan las grandes decisiones, con toda su rabia contenida y contra la historia, contra su triste historia. Votan masivamente. Aunque ya había rey en España, la cultura republicana estaba presente en gestos, palabras y lágrimas. Muchas personas, ya mayores, confesaron que había merecido la pena vivir hasta entonces. El 3-A-79 fue un clamor en España. Los sectores progresistas tomaron democráticamente el poder local y ante nosotros se abría un futuro espléndido. Las expectativas populares eran muchas y profundas. El primer mandato municipal fueron cuatro años maravillosos en los que lo emotivo, lo simbólico y lo eficaz se interrelacionaron armónicamente.
Lo más hermoso y rupturista fue ver las caras nuevas en los sitiales representativos. La gente anónima sentía que había entrado en su ayuntamiento, tras muchos años de expulsión ilegítima e inmoral. Personas hasta entonces perseguidas o, como mínimo, mal vistas, rojos se decía entonces, fueron puestas por los españoles para gestionar la cosa pública en su localidad. Palabras como ciudadano, solidaridad, democracia, constitucional, memoria histórica… eran nuevas en las conversaciones. Las primeras fiestas que se celebraron en 1979 en todas las ciudades y pueblos de España fueron fiestas fundamentalmente de exaltación democrática. La calle era el escenario recobrado por el pueblo. En esos momentos se comprende la humildad y la grandeza de un voto. Se entiende la transformación colectiva de los esfuerzos individuales, por insignificantes que parezcan. Y, sobre todo, se entiende la grandeza de la democracia, donde todos los votos son iguales, como traducción fiel de la igualdad universal.
Con la llegada de los primeros ayuntamientos democráticos se produce el final efectivo del franquismo y se da el cambio real en la vida de las ciudades, un cambio que incide muy positivamente en la vida cotidiana de sus habitantes. Este cambio fue percibido tan nítidamente por los ciudadanos que la victoria socialista de Felipe González en 1982 no se entiende políticamente sin la relación causa-efecto que tuvo la revolución municipal de 1979. Curioso paralelismo con las elecciones municipales de abril de 1931, que trajeron la II República.
Es evidente que, tras muchos años de democracia y progreso, la sociedad española se ha complejizado mucho. Ha desaparecido el esplendor de la hierba y la atmósfera se ha vuelto más gris. No obstante, prosigue impertérrita la figura del alcalde como símbolo de la decisión de una ciudad-pueblo sobre cómo llevar las riendas de una comunidad. La cercanía del alcalde y la corporación con los ciudadanos sigue siendo lo más cálido de la acción política. Para bien y para mal la primera interpelación del ciudadano es con su alcalde. El proyecto de felicidad al que todos aspiramos tiene más conexión perceptiva con el ayuntamiento que con la autonomía o con el Estado. La democracia municipal es la principal escuela de ciudadanos, donde el ciudadano es el sujeto político básico y, como tal, acepta los valores democráticos y participa de la vida política y social.
Pero no solo hay poesía municipal. Un ayuntamiento también debe ser competente y de calidad. Existe un principio constitucional de autonomía local y un mandato de la Carta Europea de Autonomía Local que exige que una parte sustancial de los asuntos públicos sean gestionados por el gobierno local bajo la propia responsabilidad y en beneficio de sus habitantes. Todo ello exige una gran fortaleza del gobierno municipal en todo lo relativo a políticas de proximidad. Por lo tanto, si queremos que los ayuntamientos actuales prosigan con su historia de éxitos, que en mi opinión y generalizando así ha sido, necesitan de la autonomía local y la suficiencia financiera. La racionalización y la optimización de los recursos son intangibles en que los ayuntamientos son auténticos expertos.
*Profesor de filosofía

sábado, 23 de marzo de 2019

La eterna campaña electoral


La ventana indiscreta

La eterna campaña electoral





Si contamos los nueve meses de Sánchez en la Moncloa (gobierno preelectoral), más la precampaña común a todas las elecciones de abril y mayo, más las dos campañas oficiales propiamente dichas, sumamos un año de electoralismo. O sea, de propaganda. En teoría, una campaña electoral sirve para que cada partido político comunique su programa y sus propuestas, pero por qué será que nadie lo percibe así sino como una letanía monótona y aburrida de vendedor publicitario y de insultos al adversario. Ciertamente tiene poca credibilidad porque, como decía Orwell, toda propaganda es mentira, incluso cuando es verdad.

Anteriormente a la campaña oficial ha tenido lugar la confección de listas para cada una de las elecciones a celebrar. No voy a entrar aquí en las batallas internas, algunas realmente sangrientas, de los partidos y militantes para conseguir que unos vayan y otros no en las listas. La relación dialéctica entre los aparatos de los partidos (en sus distintos niveles: local, provincial, regional y estatal), los militantes, los electores, las élites sociopolíticas, las modas de cada momento, la identificación de los partidos… es difícil de articular. Porque un partido político no es algo sencillo de gestionar, pues es una combinación de luchas internas y de competición externa, todo lo cual conforma la estructura de su organización, sus procesos de decisión y los mecanismos de control sobre los políticos.

Desde hace algún tiempo, y ahora más que nunca, la presencia de mujeres y de jóvenes en las listas es algo necesario y obligado. Otra cosa distinta es que ello haya movido el régimen de poder interno. Porque tanto las mujeres como los jóvenes, en general, hacen uso del ascensor social y político en tanto en cuanto tienen comportamientos al gusto del poder. Lo mismo que hacen los varones, por descontado. Sin embargo, yo al menos no lo he percibido, aún no se ha notado significativamente el diferencial femenino y juvenil en la gestión pública. Y cuanto antes se note, mejor, porque son necesarias nuevas perspectivas en la política, pues la entidad de los políticos actuales deja mucho que desear.

La ausencia de ideas es otra característica común en la campaña electoral. Unas veces por la propia incompetencia de los políticos, y otras por miedo a decir lo que piensan. Pero cuidado, que quien teme decir lo que piensa termina por dejar de pensar lo que no dice. Algunos se parapetan en su ideología como en una trinchera cómoda para esconder su vacío intelectual o su miedo a ser descabalgados por no estar en la línea oficial. Siempre ha habido miedo a las ideas, que son imprescindibles y que solo como efecto secundario configuran una ideología como corpus referencial, pero que nunca puede suplir a la producción de ideas. Marx llegó a pedir, en su desmenuzamiento de la superestructura ideológica, menos ideología y más ideas. Pues si en el XIX esto era así, qué decir en el XXI en el que todas las seguridades han desaparecido y todo está abierto. Las ideas son más necesarias que nunca. Estamos en una época donde el ser humano parece anonadado ante el inmenso poder tecnológico. Hay mucha tecnología pero poca sabiduría para controlarla y encauzarla.

Y como final de todo el proceso electoral aparece, por fin, la configuración de las diversas instituciones. Es la hora de la verdad. Es el momento de demostrar la inteligencia política y la capacidad gestora de los elegidos. Porque en España se ha hablado mucho, y necesariamente, de la corrupción, pero el mal que los políticos han causado a España ha sido más por ineficacia que por corrupción, más por omisión que por comisión, aunque la percepción social sea otra.  Hace más daño público un político ineficiente que un político corrupto. Es más, la ineficacia es la más básica de las corrupciones. Aunque el coste económico de la corrupción es alto (el 1% del PIB en España), el coste de la no-acción y la no-gestión en la Administración Pública es muy superior. Por eficacia y por eficiencia, los partidos deberán proveerse de candidatos honestos y capacitados para las instituciones, lo que casa mal con el clientelismo interno y orgánico de los mismos. Ésta es la única manera de volver a conectar con la sociedad civil, donde los individuos no saben ni quieren saber de las artimañas y picaresca partidistas.  Me gustó esa idea de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, de que las listas deberían adelantar qué gestión iban a desempeñar cada uno de sus componentes, como información a los potenciales electores y como garantía de la propia eficiencia.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 9 de marzo de 2019

Teología nacionalista




Teología nacionalista
El nacionalismo es una semilla que se planta en la infancia y condiciona el resto de la vida de la persona
Ya he manifestado anteriormente que en el juicio al separatismo catalán se está juzgando a unas personas que, presuntamente, han cometido una serie de delitos contra el orden constitucional. No se están juzgando ideas independentistas, que siempre las ha habido en Cataluña y en el País Vasco, pues si así fuera habría que procesar a muchos políticos que así claramente se expresan.
La primera parte del juicio a los independentistas catalanes está resultando un acontecimiento interesante, además de importante. Las declaraciones de los acusados han sido toda una constatación de la percepción psicológica que ellos tienen de sí mismos y del resto de la humanidad, especialmente del resto de los españoles, pues ellos, paciencia que todo llegará, todavía son españoles.
Ha habido algún caso realmente místico como Junqueras, con momentos casi teológicos (mala teología), elevándose (él a si mismo) por encima de los vulgares mortales, aunque tenía el detalle de amarnos, a nosotros, los impuros. Su discurso estaba en otra onda, ajena totalmente al juicio que se celebraba. Es más, el juicio lo convirtió en una magnífica plataforma para predicar su mística independentista. Otros han sido más prácticos y se han justificado de su nula intención de delinquir y si lo han hecho nunca ha sido con intencionalidad delictiva. En todo caso por error: «la democracia está por encima de la ley», repiten joviales.
Pero el que más me ha interesado ha sido el testimonio de Jordi Cuixart. Su testimonio ha sido todo un tratado en defensa de la desobediencia civil. Sonriente y coloquial, relajado y ajeno al mundanal ruido, y con un aura mística por el orgullo que supuso para él el 1-O, seguido de su metanoia o conversión interior durante el tiempo en prisión. Y no era para menos, pues no solo reivindicó el referéndum sino que lo elevó a acontecimiento mundial: «constituyó el ejercicio de desobediencia civil más grande que ha habido en Europa». Su prioridad no es quedar absuelto sino solucionar el conflicto Cataluña-España, al menos eso dijo. «Cuixart es un torrente luminoso en medio de una oscuridad aterradora», escribió en Twitter Carlos Puigdemont. Tanto iluminó al ex presidente que declaró arrepentirse de haber dejado «sin efecto» la declaración de independencia el 10 de octubre del 2017. Efecto contagioso típico del contacto con lo divino.
Pero para entender bien el nacionalismo hay que recurrir a la mística de la pureza, como si fuesen cátaros medievales (que, por cierto, se movieron mucho por Cataluña).
Agradezco esta idea de la pureza a un buen amigo vasco que me lo hizo ver claro y del que tomo alguna expresión suya (gracias, José Ignacio). El nacionalismo no es algo exterior u objetivo, sino algo mental, propio de una percepción psicológica y subjetiva. Se trata de definir «cómo somos los nuestros» y un sagrado título de propiedad de los nuestros sobre un territorio. Y eso siempre implica superioridad sobre los demás. La independencia no es el objetivo, es el camino. El objetivo último es ser puros (de ahí nuestra superioridad) y para ello hay que ser independientes. El problema grave se plantea posteriormente para los no independentistas que habitan el mismo territorio. Porque no se trata tanto de la independencia sino del modelo de convivencia que se implantaría en «nuestra patria». Si con los impuros los nacionalistas habían sido duros, con aquellos de los «nuestros» que se niegan a ser de los «nuestros» serían implacables, porque tendrían el poder, material y espiritual. No hay mayor totalitarismo que el teológico. Y los asuntos teológicos no se argumentan, solo se enuncian. Por lo tanto, no cabe la dialéctica.
El nacionalismo es una semilla que se planta desde la infancia y condiciona durante todo el resto de la vida lo que cree, piensa y hace la persona. De ahí la importancia de la inmersión educativa y cultural. Obviamente la persona tiene necesidades básicas de supervivencia y necesitará equilibrar ambas pulsiones. Pero en cuanto tenga la más mínima percepción de que sus necesidades básicas están garantizadas, el sentimiento nacionalista brotará con toda su fuerza y perseguirá siempre objetivos máximos, porque esa es su naturaleza.
En Cataluña esta semilla está muy extendida en la población. Y cuando se han dejado engañar al decirles que sus necesidades básicas están garantizadas, que la independencia era posible y les iba a salir gratis, muchísima gente, esos nacionalistas conservadores y moderados de Pujol, se han permitido dar rienda suelta a su sentimiento nacionalista, porque ya estaba la semilla.
Algunos de semilla tibia e incluso sin semilla, se han dejado engañar con eso de que España nos roba y cuando seamos independientes vamos a vivir mucho mejor. También acompaña un señuelo emocional: aunque ahora seas algo impuro, te dejamos entrar en la comunidad sagrada de la nación elegida como un igual a nosotros los puros. A mucha gente esta oferta le resulta irresistible, no están sobrados de autoestima. Obviamente, es mentira eso de que te tratarán como a un igual. Nunca serás como ellos. Pero cuando te enteres ya será tarde.
Conclusión: amamos tanto a los catalanes que impedimos que se independicen.
*Profesor de filosofía  Mariano Berges

sábado, 23 de febrero de 2019

28A: ELECCIONES GENERALES



La ventana indiscreta

28A: ELECCIONES GENERALES
(Publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 23-02-2019)

El próximo 28 de abril hay elecciones
generales en España. La campaña electoral coincidirá con el final del juicio
contra los separatistas catalanes, por lo que va estar todavía más polarizada
que las últimas elecciones andaluzas por la cuestión catalana.

Además e inmediatamente, se celebran las
elecciones autonómicas, por lo que el juego de pactos va a ser tremendo con
todo tipo de instituciones en el reparto de cromos. Al bipartidismo (PSOE y PP)
le ha sustituido un bipartidismo de bloques (Izquierda y Derecha) con cinco
hubiera dado un resultado mestizo muy positivo, parece ya antiguo. Tengo la
partidos en liza. El ya pretérito pacto transversal entre PSOE y Cs, que
en la oposición. Cs y Pd se tienen un odio visceral y personal entre sus
impresión de que los políticos españoles maduran cuando gobiernan y se infantilizan
líderes. Ahora Rivera parece que tampoco quiere ni ver a Sánchez.  Esto
hasta que Europa nos lo solucione. Cada vez es más cierta la frase de Ortega
parece un colegio de adolescentes con los amores y desamores de cada momento.
Mientras tanto, la política de grandes objetivos y proyectos parece aparcada
“España el problema, Europa la solución”.

La inestabilidad política española es
actualmente muy fuerte y España no es como la Italia de los setenta, que hizo
un arte de los juegos y pactos parlamentarios en el galimatías multipartidista
que entonces ellos tenían. Por lo tanto, elecciones generales el 28-A pero
realicen la autonómicas del 26-M.  Y, aún entonces, será muy difícil
cuyos resultados no permitirán la conformación de un gobierno hasta que no se
conformar los distintos gobiernos.

Los casi nueve meses del gobierno de Pedro
Sánchez han sido, como mínimo, un tiempo entretenido. Opino que el gobierno de
Sánchez lo ha hecho bien. De acuerdo que sin perder nunca de vista la dimensión
electoral de sus actos, pero eso es normal. Su puesta en escena ha sido cuidada
electoral del viernes 15 de febrero. Parece notarse desde el primer momento el
desde la misma configuración del gobierno hasta el momento del adelanto
marketing estratégico de su gurú Iván Redondo. Y eso a un gobierno de nueve
y litúrgico que impulsor de grandes proyectos. Sus tres grandes logros (salario
meses no le va mal. Ha sido un gobierno para ese momento puntual, más estético
mínimo de 900 euros, aumento de las pensiones e incremento del salario de los
horizonte de futuro.
funcionarios) son un buen poster electoral. También pueden contar en el haber
los muchos proyectos que se han quedado a mitad de camino, pues ellos marcan un

Lo que sí merece una lectura distinta es
su relación con los independentistas catalanes. No me cabe la menor duda de la
sana intención de dialogar por parte del gobierno español, sin salir de los
catalana, que, a la mínima, sacaban a escena su derecho de autodeterminación y
cauces constitucionales, a pesar de la difícil interlocución separatista
cierto que la crisis del “relator” fue mal gestionada por la vicepresidenta, a
su referéndum acordado, sabiendo que eso era sabotear el diálogo. También es
pesar de no ser un asunto de gran importancia, salvo lo que añadía a la
victoria parcial del relato catalán.

Y por ahí se rompió la costura. Me cabe la
duda de si la insaciabilidad independentista es posible que prefiera la
inflexibilidad de la derecha para seguir jugando hiperbólicamente su papel de
víctima. Pobres catalanes que se van a pasar otra legislatura en perpetua
funcionarios catalanes, ya que, sin directivos políticos, están haciendo
campaña separatista. Habrá que dar la medalla al mérito profesional a los
estamento político en la gestión administrativa.
funcionar la administración. A ver si van a demostrar la innecesariedad del

La comparecencia de Sánchez para comunicar
el adelanto electoral ha sido el primer mitin de la precampaña electoral. Que
proseguirá en las pocas sesiones parlamentarias hasta el 5 de marzo. Y ése va
ser el discurso socialista durante la campaña. Suena bien. Si, además, excluyen
los exabruptos e insultos personales, le dará buen resultado, pues la gente
prefiere discursos en positivo. El PSOE está en disposición de ganar las
partidos va a hacer muy difícil la gobernabilidad. Los vetos van a tener una
próximas elecciones. Pero otra cosa muy distinta va ser si gobierna o no. En
eso, España tiene poca práctica, y la segmentación del parlamento entre cinco
la responsabilidad de Cs en otorgar carta de ciudadanía a este neofranquismo
gran importancia, sobre todo la animadversión entre Pd y Cs. Y la irrupción de
Vox podría permitir un gobierno a la andaluza. Aquí procede una reflexión sobre
España habrá perdido una nueva oportunidad de romper la política de bloques.
que estaba camuflado en el PP y que ahora campa por libre. El papelón de Cs le
puede pasar una factura difícil de pagar en el futuro. Si Cs abandona su
centralidad liberal y forma parte del núcleo duro de la derecha española,

Y tras formar gobierno (si se forma),
viene la pregunta del millón: ¿qué objetivos y proyectos tendrá el nuevo
gobierno? Porque si de lo que se trata es de ir aguantando y resistiendo las
tarascadas de la oposición, igual da un gobierno que otro. ¿Para cuándo poner
rumbo a la España del siglo XXI? En estos momentos, solo le pediría al nuevo
gobierno, sea cual sea, que elaborase un plan estratégico creíble y viable, con
objetivos, recursos, tiempos y cuadros de mando que permitiesen a la ciudadanía
ir cotejando la verdad y eficacia de la acción política. Nada más. Y nada
menos.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 9 de febrero de 2019

SOBRE LA POLÍTICA DE HOY Y DE SIEMPRE


La ventana indiscreta
SOBRE LA POLÍTICA DE HOY Y DE SIEMPRE
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 9-02-2019)
2019 va a ser un año trepidante. Inflación de elecciones en mayo, posibles elecciones generales en mayo u otoño y, sobre todo, el juicio contra los separatistas catalanes, que será televisado en directo. ¿Quién da más? Ojalá todo sea riguroso y no se convierta en espectáculo.
El juicio va a constituir un test de la democracia española ante Europa y el mundo, especialmente de su sistema judicial, puestos ambos en entredicho por el agit-pro catalanista, y que van a ser observados con lupa televisiva. De momento, ya han dicho los reos y su maquinaria propagandística que si la sentencia no es absolutoria esto no es una democracia; que están convencidos (antes de empezar) que va a ser un juicio injusto; que la sentencia ya está dictada. ¡Vaya manera de empezar!
Ha habido muchos comentarios, demasiados, por parte de todas las instancias nacionales. Cierto que las internacionales han sido mucho más respetuosas que nosotros mismos para con nuestro sistema judicial y político. A los españoles nos gusta mucho pontificar. Casi me atrevería a decir que cuanto más leguleyos somos en la materia más hablamos sobre ella. No hay más que ver las tertulias televisivas. Pero hasta ahí casi todo podría ser considerado como normal. Lo más notable es que cuando ves las caras de los contertulios puedes adivinar lo que van a decir sobre el asunto. Pongamos que hablo de Venezuela, por ejemplo. O de Cataluña.
En el fondo, el juicio contra los separatistas es algo tan sencillo como que unas cuantas personas, aprovechando su posición política y/o social, han cometido una serie de supuestas ilegalidades, graves según el auto judicial, por las que van a ser juzgadas. Hasta ahí todo normal. Quizás lo más raro ha sido el encarcelamiento de los investigados durante tanto tiempo previo al juicio. Pero si tenemos en cuenta la gravedad de las acusaciones y, sobre todo, que unas cuantas personas, acusadas de lo mismo, han huido de la justicia y del país, estamos ante una medida prudente y proporcional.
Pero, por deformación profesional, mi ventana mira hacia el porqué de esa conducta separatista. Por qué las autoridades de una región española, posiblemente la más privilegiada de todas, pone en peligro su estatus por no se sabe qué futuro mejor. En contra de todo el país y de, al menos, la mitad de la región catalana. Cualquier mente que funcione normalmente no ve ganancia alguna en esa operación. Entonces habrá que hacerse la pregunta clásica “¿cui prodest?” (a quien beneficia) tal operación. Indudablemente, a los impulsores de la misma. Y no a todos, porque a ERC no lo veo tan claro, pues siempre han vivido con su ideario independentista y les ha ido bien. Han mantenido una situación, si no de privilegio, si muy digna electoral y políticamente. Sin embargo, a la burguesía de derechas, la antigua Convergencia, este salto hacia adelante les ha tapado, de momento, todas sus corrupciones y sus consecuencias judiciales. ¿Desde cuando han sido separatistas los convergentes? Nunca hasta hace unos pocos años. Hay un montón de citas pujolianas del gran papel de Cataluña en la gobernabilidad del Estado español. Cobrando, claro. Colectiva y personalmente. Como dicen que decía el abuelo Pujol, para cuando la política se acabe o para cuando vengan mal dadas.
Otra pregunta es ¿por qué tanta gente, que ni les va ni les viene en este negocio, se deja engatusar? Aquí ya funciona la literatura pseudohistórica, épica, romántica y litúrgica. El gran relato catalán intenta, cual guiñol infantil, rememorar y profetizar las grandes epopeyas catalanas, las de antes y las futuras. Y de la falsedad de esto, los aragoneses sabemos algo. Porque los nacionalismos, aparte de exclusivos, son excluyentes. Son el nuevo pueblo de Israel elegido por los dioses para marcar la senda y el horizonte. No hay nacionalismo sin víctimas, interiores y exteriores, o sea, catalanas y españolas.
La penúltima noticia es que ERC ha entregado en el Registro del Congreso una enmienda a la totalidad a los presupuestos del gobierno, que mantendrá a no ser que el gobierno “no desjudicialice el proceso”. ¿Es una táctica para luego retirarla? ¿Táctica de quién, de ERC o de Sánchez? ¿O de ambos? ¿Es la antesala del adelanto electoral? Porque la última es la aceptación gubernamental de un “mediador” o “relator” o lo que sea en la (s) mesas (s) de negociación entre Cataluña y España. No voy a ser apocalíptico en mi comentario pero el apoyo al triunfo del relato separatista es muy elocuente. En esta batalla, porque es una batalla, ya que los nacionalismos siempre son guerreros, la guerra de los relatos es muy importante.
Fatiga el hecho de estar constantemente adivinando las intenciones ocultas que hay detrás de las palabras de nuestros políticos. Pocos hechos y muchas palabras equivalen a publicidad. ¿Es mera publicidad la política que se hace? Desde mi ventana se ven pocos políticos que hagan propuestas de futuro. El mundo cambia vertiginosamente y la política española sigue estancada. La izquierda tiene que volver a redescubrir la política en el sentido más profundo del término: las grandes ideas, los grandes proyectos, los grandes debates. La izquierda debe volver a encarnar grandes aspiraciones colectivas. Pero para ello hay que buscar la buena perspectiva desde la que mirar. Y desde allí reflexionar. Con humildad y sin aspavientos. Porque, tras la muerte de Dios, los políticos han querido ocupar su lugar. Y así vamos a peor. Dios era más dios.
En el fondo, la gente solo pide que le dejen vivir. Su vida la pone él. ¿Tan difícil es comprender esto? Quizás el político debería preocuparse menos de la gente y más de sí mismo. Quizás así todos nos enteraríamos de quiénes son realmente. A los políticos se les debería juzgar por lo que son y no tanto por lo que hacen. De esta manera podrían dedicarse al ser, y, siendo, estarían posibilitados para hacer algo importante. La hiperactividad es una estafa. Incluso me atrevo a opinar que deberían estar prohibidas las reuniones o concentraciones de masas. El hombre en masa se diluye. El hombre que se dirige a las masas no habla, grita. Sus palabras son huecas y solo sirven para excitar o amansar, nunca para comunicar.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 26 de enero de 2019

CATALUÑA, EL ESTADO Y LAS ELECCIONES






La ventana indiscreta
CATALUÑA, EL ESTADO Y LAS ELECCIONES
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 26-01-2019)
En breves fechas comenzará el juicio más importante en la reciente historia de la democracia española. En él están imputados el núcleo duro del independentismo catalán, no por sus ideas (Esquerra Republicana las ha defendido siempre) sino por sus hechos contra la Constitución Española con el ánimo de quebrar la estructura del Estado español. La aplicación del artículo 155 de la CE desde la unidad de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE y Cs) supuso el freno al uso espurio de la autonomía catalana para un fin no previsto en su normativa, ni estatutaria ni constitucionalmente. Pero el separatismo sigue insistiendo. Y los constitucionalistas siguen sin tener las cosas claras. Es más, la izquierda española paga la factura que genera el separatismo catalán mientras la derecha hace caja electoral, tanta que ahora son tres para repartirla.
Desde entonces hasta ahora han sucedido muchas cosas en el Estado español, en sus tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. La cantidad de maniobras habidas es impresionante, algunas realmente importantes y hasta posiblemente determinantes en el resultado final del juicio. En mi opinión, la más notable es la moción de censura contra el gobierno del PP presidido por Rajoy y que concluyó con Pedro Sánchez en la Moncloa. Aunque el gobierno de Sánchez es nominalmente monocolor, en la práctica se podría hablar del fatídico gobierno Frankenstein denunciado anticipadamente por Rubalcaba.
La dulce armonía del gobierno con los independentistas catalanes es noticia cotidiana. El intento de incidir en el poder judicial (firme y con sentido de Estado en este asunto) ha sido clamoroso. El papel del juez Marchena en su ida y vuelta de la presidencia del Tribunal Supremo puede ser clave. La ambigüedad de Podemos, las declaraciones y   hechos (fuga al extranjero) de los independentistas catalanes, el silencio interesado del PNV y el amarillismo de la Sexta, han creado una atmósfera proclive a la levedad de la rebelión, sedición y malversación separatistas. ¿Se está preparando un ambiente favorable al indulto en el caso de una más que probable condena? ¿O se está justificando el levantamiento de la condena por parte de Estrasburgo?
Mi concepto de la democracia y del Estado me obliga moralmente a ser crítico en un escenario confuso y difuso. Desde mi déficit de especialidad jurídica me atrevo a reflexionar buscando el bien general, independientemente de los beneficiarios a corto plazo. Como he repetido muchas veces, el Estado es la construcción política más importante desde la Ilustración inglesa, con Locke y Hume, que trajeron la democracia un siglo antes que en el continente europeo, por  mucho que los franceses y su Revolución  quieran vender la Ilustración como propia. Es, pues, el Estado lo primero a defender, por ser  el fundamento estructural de nuestra organización sociopolítica. Después vienen las distintas tendencias u opciones (modelos, sistemas, partidos, ideologías) desde las que se puede organizar la sociedad. Sin embargo, los partidos buscan defender otras cosas antes que el Estado. ¿Por ignorancia o por mezquino interés? Me viene a la mente una cita muy perversa de Schopenhauer: “Hay ineptos muy entusiastas. Gente muy peligrosa”.
Claro está que en una democracia representativa los gobiernos se derivan de las elecciones. De ahí que sea tan tentador jugar al carácter electoral(ista) en la acción política por parte de los partidos, y más aún más por parte de los jefes de cada partido. Ser presidente de gobierno de tu país supongo que alimenta  la autoestima y la vanidad (y hasta la bolsa) para todo lo que te queda de vida. Pero, desde una perspectiva moral, hay que hacer lo que hay que hacer, que no es otra cosa que lo que indica el cumplimiento de las leyes democráticamente elaboradas. Ya sé que es muy romántico hacer la revolución, pero, como decía un buen amigo, intentamos la revolución, menos mal que no lo conseguimos.
Precisamente, el surgimiento actual de una derecha radical, cuyo nombre no cito para evitar la publicidad, radica en su discurso simplista pero supuestamente moral (patria, religión, identidad), aunque sea a costa del olvido de la infraestructura material más izquierdista (trabajo, salario, vivienda). Los españoles parece ser que no tenemos genes muy filosóficos y nos gusta más la discusión binaria que los matices serenos y poco apocalípticos. Y en esa discusión, los radicalismos tienen mucho a ganar con su simplismo bipolar: blanco-negro, izquierda-derecha, sí-no, arriba-abajo, bueno-malo. Pero no hay que olvidar que la formación de los gobiernos se deriva de la configuración de mayorías parlamentarias en torno a un partido que concite poca animadversión y sea flexible en la práctica política. Los radicalismos sirven para “quedarse a gusto” pero para nada más. Incluso si llegan a gobernar, duran poco.
Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 12 de enero de 2019

2019: AÑO ELECTORAL




La ventana indiscreta
2019: AÑO ELECTORAL
(Artículo publicado en “El Periódico de Aragón” en fecha 12-01-2019)
Este año 2019 va a ser un año intensamente electoral: el domingo 26 de mayo habrá elecciones europeas, autonómicas (en casi todas  las CCAA de España) y municipales. Y pudiera ser que también haya elecciones generales (dependerá de presupuestos y de sondeos). Por tanto, no sobra una mirada sobre los distintos actores y escenarios que operan políticamente en la actualidad española.   
Las elecciones europeas deberían ser mucho más importantes de lo que son. Lo que pasa es que los propios partidos políticos son los primeros que no le dan la importancia debida. El pobre papel que hace el Parlamento Europeo (directamente elegido por los ciudadanos europeos) frente a la ejecutividad de la Comisión Europea (donde operan directamente los 27 gobiernos), hace que en las listas electorales no vayan políticos importantes en sus partidos. Si tuviéramos en cuenta la importancia que las decisiones de Europa, incluyendo el Banco Central Europeo, tienen en cada país, estas elecciones cobrarían mucha mayor importancia. Es una manera sibilina de sustraer el poder a la ciudadanía para otorgarlo a las oligarquías económica y política.
El panorama de la política general española cuenta ahora con un invitado más que se llama Vox. Ahora son cinco, el citado más las cuatro organizaciones anteriores: PSOE, PP, Cs y UP. Tanto los sondeos como los propios resultados electorales siempre están haciendo sumas de escaños por bloques: derecha e izquierda, eso que algunos decían que había desaparecido. Porque según la Constitución Española los gobiernos los configuran los Parlamentos y no los electores directamente. Con frecuencia gobierna, no quien más votos tiene sino quien menos rechazos genera. Esto, que es evidente, algunos no lo entienden. Esto es lo que hace que el poder siempre tienda hacia el centro como punto equidistante entre adhesiones y repulsiones. Hay partidos buenos para ganar elecciones y los hay buenos para ganar discusiones. Y para gobernar hay que ganar elecciones. Por eso las clases medias mandan en las sociedades maduras. Y por eso, también, en la actualidad, hay más incertidumbre porque las clases medias están bastante desestructuradas y el ascensor social de las personas sube y baja en función de cada coyuntura social y personal. En estos momentos, según los sondeos, ninguno de los dos bloques tiene clara la mayoría de gobierno. La formación de gobierno va a depender más de la versatilidad de los partidos que de sus votos. Y los dos partidos más versátiles son PSOE y Cs. Si los dos se alían, se harían con casi todos los gobiernos, general, autonómicos y locales. Cs se puede jugar su futuro si no resuelve pronto su decisión de ser un partido liberal de centro o un partido de derechas. Hasta ahora ha podido mantener su ambigüedad porque no ha gobernado, pero ya se le ha terminado su virginidad. ¿Gobernará Cs con el PSOE o con el PP (y con Vox)? Ésa es la cuestión.
En las elecciones autonómicas, hasta ahora ha sido la alianza PSOE-UP la que ha primado con ligera ventaja sobre PP-Cs. Pero ahora se van posicionando, ya que la aparición de Vox modifica las equidistancias entre unos y otros. Véase Andalucía como paradigma posible. En Aragón, mi tierra, el futuro es incierto, a pesar de la buena gestión institucional del gobierno de Javier Lambán. Por capacidad de trabajo, por progresista, por moderación y por patriotismo constitucional, Lambán se merece seguir. Veremos.
El ámbito local es otro mundo que, aunque interrelacionado con  los otros dos, funciona con una cierta autonomía. Ejea, mi pueblo, está en buenas manos. La ciudad de Zaragoza va a ser un enigma y la política de alianzas va a estar estrechamente relacionada con la autonómica. Todo ello, lógicamente, en función de la aritmética de los resultados. El espectáculo que han dado Zaragoza en Común (ZEC), con su esterilidad gobernante, y el PSOE, con su quiero y no puedo o puedo y no quiero, ha sido patético.
Llegando ya al final del artículo percibo que he caído en el defecto que siempre intento evitar: hablar más del carácter electoral que del gestor de cada gobierno. Ahora ya es tarde, pero prometo hablar próximamente de la acción política rigurosa y no solo ni fundamentalmente de su dimensión electoral(ista). La pregunta es muy sencilla: ¿Qué debe hacer un gobierno, hacer lo que hay que hacer para el bien de su país o hacer lo que hay que hacer para ganar las próximas elecciones? Parece lo mismo pero no lo es. Una pequeña muestra sería concretar la fiscalidad necesaria para hacer frente a todas las promesas programáticas. Porque no hacerlo es abusar del cuerpo electoral y obligarle a hacer un enorme acto de fe. Y la gente ya no está para hacer apuestas en el vacío.         Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 29 de diciembre de 2018

¿AÑO NUEVO VIDA NUEVA


Hay pocas cosas tan castizas como los refranes. Por cierto, muchos son casposos y pelín reaccionarios. Uno de ellos es el del título. Veamos cómo van los asuntos ya clásicos de los últimos tiempos. Hoy renunciamos a la trascendencia y aterrizamos en la inmanencia.
Aunque ya he escrito varias veces sobre Cataluña, ahora, desde mi ventana, quizás ha cambiado mi perspectiva. Ahora no pienso tanto en los políticos independentistas sino en el común de los catalanes. Tienen que estar hasta los… Todos los días con la misma matraca. Si los españoles no catalanes estamos exhaustos con la información sobre Cataluña, no quiero ni pensar en los pobres catalanes. No entiendo como no hay un plante ciudadano a consumir noticias sobre la cuestión. Si los “indepes” catalanes lograran su objetivo máximo se aburrirían. Sin el enemigo español se tendrían que mirar a sí mismos y se hastiarían. No los quiero tan mal.
Podemos y su caudillo Iglesias también dan para mucho. Hay que reconocerle su resistencia al desaliento. No para. Hace de gobierno, de oposición, de comentarista, de animador, de presentador, de politólogo. Yo creo que hay que subirle el sueldo sustancialmente. Y no solo para ayudarle en el mantenimiento doméstico, que también, sino para que no pare en su productividad multisectorial. Otros cobran mucho más en la tele y no dan tanto de sí. Ahora bien, sin la Sexta sería menos.
Sánchez también se afana en lo suyo. Cada día nos sorprende con una novedad. Se va, se queda, no lo sabe, depende. Eso sí, qué bien le sientan los trajes. En eso hemos ganado. Adolfo no estaba mal. Felipe tenía un punto meridional que flipaba. José Luis tenía su palmito. Pero Pedro supera a todos. ¿Qué no importa la planta? Qué ingenuos.
Como se habrá podido observar solo hablo de varones o de colectivos territoriales. No me atrevo a hablar de mujeres. ¡Con lo que en este país hemos hablado de mujeres los varones! Pero ahora es peligroso. Se ha impuesto una autocensura que casi deja pequeña a la de los cuarenta años. Entre feministas, animalistas, ecologistas… estamos rodeados. Tradicionalmente, el sufijo ismo era peyorativo pero ahora se ha transformado en un título de excelencia. Repaso este párrafo por si he cometido algún desliz. Juro que si lo hay es sin intencionalidad.
Otro asunto que llena nuestros vacíos existenciales son las pensiones. Nunca una cuestión tan compleja había sido tan simplistamente tratada. “Hay que aumentar las pensiones”. Depende de cuáles. “Yo he cotizado cuarenta años y me quedan cuatrocientas euros”. Mentira. Hay que tener en cuenta que las pensiones son una contraprestación a las cotizaciones de toda la vida laboral. Y muchos han cotizado muy poco. Lo que pasa es que los pensionistas son diez millones y todos votan. Ocupan más espacio mediático las pensiones de los jubilados que el trabajo de los jóvenes. Nadie dice nada sobre lo último. Ni ellos mismos. El individualismo y la supervivencia se han convertido en su peor defensa. Los asuntos importantes hay que pelearlos, jóvenes. Y el trabajo es el factor que dignifica la vida (Marx dixit).
Yo siempre he pensado que mi generación, al menos en España, ha sido muy peligrosa para la sociedad. Cuando comenzamos a ser adultos ocupamos todos los sitios y lugares posibles, pues todos estaban democráticamente vacíos. Luego, con la esperanza de vida que disfrutamos y unas dignas pensiones, seguimos ocupando muchos sitios y la mayor parte de los restaurantes. Pienso que cuando nos muramos, esta sociedad dará un paso adelante muy importante, pues el vacío a ocupar será grande. Ya lo decía el clásico, no merece la pena sufrir ni pelear, todo es cuestión de unas cuantas defunciones. Pues eso, a esperar.
Vox es ya un asunto no solo de presente sino de futuro. Nos va a dar muchos días de gloria. Por sí mismo y por sus colaterales, que van a dudar entre abrazarlos o insultarlos. Éramos pocos que parió la abuela. Ahora somos cinco. Menos mal que IU se ha diluido en Podemos, si no, seríamos seis. Y esto na da ni para tanto ni para tantos. Ahora que Italia se ha simplificado, España se ha hace más compleja. ¿Seguirá siendo cierto eso de “España es diferente”? Una de las perlas más políticas de Vox es la desaparición de las autonomías. Yo siempre he sido un jacobino. En la Transición siempre pensé que en nuestra cantonalista España un gobierno central democrático, un reconocimiento cultural e idiomático a vascos y catalanes y una descentralización inteligente y profunda, sería más que suficiente. Ahora ya es una cuestión irreversible aunque muy mejorable en lo relativo a la igualdad de todos los españoles.
Bueno, hasta aquí llegó mi subjetivo caleidoscopio. No banalizo, relativizo. Feliz año nuevo 2019 y que nuestros asuntos, inmanentes todos, no nos amarguen la existencia, que solo hay una, como España.
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 15 de diciembre de 2018

ACONTECIMIENTOS INESPERADOS


La ventana indiscreta
ACONTECIMIENTOS INESPERADOS
Desde mi ventana se ven los acontecimientos desde una perspectiva distinta a cómo se ven desde la calle. Ni peor ni mejor, distinta. No te involucras pero tampoco te evades; se te escapan los particularismos pero globalizas mejor; lo ves a posteriori y así reflexionas más acertadamente; no participas en ellos pero puedes influir en los siguientes. En definitiva, no participas en los acontecimientos que ves pero puedes prever lo que va a suceder. Porque la vida, y la política es parte de la vida, es un  proceso que fluye, donde el presente condiciona el futuro, si tu perspectiva es la adecuada.
La vida parlamentaria española transcurre con más anécdotas que hechos serios, sus discusiones suceden sin hablar del fondo de las cuestiones y lo que queda en la retina son aspectos formales poco significativos, si no chascarrillos. Las declaraciones públicas de los dirigentes sociales son casi siempre huecas y a la defensiva. Como mucho descriptivas, casi nunca proféticas. Pero de vez en cuando sucede algo inesperado: la revuelta de los “chalecos amarillos” en Francia o la irrupción de Vox en Andalucía, por ejemplo. Y no estabas preparado para ello, no lo esperabas, no lo entiendes. Pero si reflexionas percibes una cierta lógica entre el antes y lo ocurrido. Cosas a las que no habías dado importancia, protestas que no parecían importantes, comentarios entre gente no ilustrada, pensamientos que no parecían propios de ti, temores de los llamados infundados. Todos esos hechos sucedían simultáneamente y no percibías ninguna conexión entre ellos. Y de pronto estalla lo inesperado y te pones a cubierto, no vaya a ser que te cause algún problema.
Pero la política debe tener, según Aristóteles, una virtud primordial, la prudencia. Palabra cuya etimología latina es pro-videre, que significa ver antes de que sucedan las cosas, adelantarte a los acontecimientos, prever lo que va a pasar. Por eso son tan importantes los políticos. Por eso la política es el mejor instrumento que los humanos han inventado para garantizar la convivencia y mejorar la vida de sus conciudadanos. Por eso los políticos deben ser respetados y hacerse respetar. Porque se deben dedicar a preparar el futuro de todos. Y por eso Platón decía que los políticos deben ser elegidos de entre los mejores de la comunidad, ya que solo ellos están preparados para ser políticos.
Los políticos se lanzan, en los días siguientes de ocurrir lo inesperado, a un análisis desenfrenado. Algunos se las dan de profetas; otros, más humildes, se intentan defender de las consecuencias; otros, más prácticos, se resitúan ante el futuro. Pero casi nadie modifica su conducta. Como mucho, cambian de discurso, dicen tomar nota, pero, a los pocos días, todo vuelve a ser igual. Los políticos no están ni en la calle ni en la ventana. Están en su burbuja, hablando entre ellos y nada más que entre ellos, sobre cómo lo ocurrido les va a afectar a ellos.
Cuando los políticos se sobreponen y vuelven a hablar, cargan contra los culpables. Siempre hay culpables de lo sucedido. Distintos de nosotros y de los nuestros, claro. Y nos ponemos a contarlo a la gente, que se enteren qué ha pasado, por qué ha pasado y quién ha sido el causante. Si todos hubiesen hecho lo que yo decía nada de esto hubiera sucedido. Pero uno no puede estar en todo. Y nos ponemos a predicar otra vez la buena nueva, la misma nueva que antes de los últimos sucesos. A ver si esta vez me escuchan y todo se reconduce.
Pero la mayoría de la gente no está dentro de mi burbuja y, por lo tanto, hace uso de otra lógica distinta de la mía. Y casi nadie es político, por lo que no miran al futuro sino al presente. Y quieren que su presente cambie a mejor. Están hartos de falsas promesas y ven que cada día están peor. Por eso se apuntan a cualquier novedad que aparezca. Prueban a ver qué (les) pasa. A veces optan por aquello que más duele a los que han gobernado, a ver si espabilan y cambian de una vez. Pero muchos políticos, en vez de escuchar y reflexionar, aún se enfadan más y los castigan. Y así les va. A los políticos.
Ya se sabe que los votos “en la línea equivocada” provienen siempre de ignorantes o malvados. Lo que pasa es que cada día hay más. Pero siempre queda una última explicación: se trata de una reacción coyuntural pero todo volverá a su ser, o sea, que me vuelvan a votar a mí. A veces, efectivamente, es una reacción coyuntural, pero otras veces esos sucesos están indicando un cambio de época. El 15-M y Vox parecen una reacción semejante, por la izquierda y por la derecha, por parte de aquellos que no les va bien (a ellos y/o a la sociedad). Pero vemos que lo sucedido no es solo en España. Más aún, España era la excepción (junto con Portugal) de este populismo que nos rodea. Ya estamos en la frecuencia general. ¿Y ahora, qué? Seguiremos informando.            Mariano Berges, profesor de filosofía