sábado, 20 de mayo de 2017

PRIMARIAS EN EL PSOE

Tras medio año sabático, y con la purificación que genera el silencio, retomo mis reflexiones escritas en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. Y como algún malpensado creyó que me escaqueaba de las inciertas y peligrosas elecciones primarias socialistas, reaparezco simbólicamente en la víspera de tales elecciones. Espero no aburrir al personal y aclararme conmigo mismo. Cuestiones ambas nada fáciles. Decía Proust a este respecto que cada cual llama ideas claras a las que se hallan en el mismo grado de confusión que las suyas propias.

Este pasado lunes, 15 de mayo, el PSOE realizó un debate con los tres candidatos que aspiran a dirigir el partido. Fue el acto principal de las primarias y creo que no defraudó. Solo hay que ver el eco que ha tenido en los distintos medios de comunicación. El debate fue interesante y vivo. Lo que sucede con este tipo de debates que van dirigidos a la rentabilidad electoral es que la racionalidad suele ceder espacio a la emotividad y hasta a la agresividad. El debate se planteó entre dos rivales a los que se les nota un cierto desprecio entre sí, con un tercero en plan pacífico y unitario, que consiguió hacerse un hueco en una ceremonia excesivamente polarizada. Aunque ninguno de los tres habló de proyectos políticos y estrategias de futuro.

El Comité Federal (CF) de 1 de octubre de 2016, las relaciones con Podemos y la cuestión territorial (Cataluña) fueron las ideas subyacentes al debate. El bochornoso espectáculo del CF fue efectivamente el detonante del actual conflicto socialista. Pedro Sánchez habla del derrocamiento que los barones regionales ejecutaron contra él. Susana Díaz habla de un momento crítico para el posicionamiento socialista en su política de alianzas y respecto a la gobernabilidad de España tras un año con un gobierno en funciones. El CF optó por la abstención como mal menor ante unas terceras elecciones que presagiaban un desastre, aparte de quitarse de en medio a Pedro Sánchez.  Los dos relatos son teóricamente defendibles, y la opción por uno u otro dependerá de los beneficios o perjuicios, colectivos o individuales, que cada cual prevea, consecuentemente con sus hechos. Me extrañó que Díaz no defendiese con más ahínco su postura a favor de la abstención, con lo que deja una autopista libre para el relato de Sánchez y su reiterado e infantil eslogan de “no es no”. Soy de los que piensan que la abstención socialista no constituyó el factor fundamental para que Rajoy gobernara, sino que fue el respaldo mayoritario del cuerpo electoral, dada la imposibilidad práctica de una alianza parlamentaria que superase en votos al PP. En esta cuestión, Podemos, no votando a favor de Sánchez o absteniéndose, sino votando en contra, jugó un papel muy importante que no viene al caso analizar.

Sobre la cuestión territorial en general, y sobre Cataluña en particular, tampoco hoy procede entrar. Solo decir que ha habido mucha negligencia por parte del gobierno central y mucha demagogia y mentiras por parte del gobierno catalán. Se ha llegado demasiado lejos como para que la Declaración de Granada (un posicionamiento teórico y generalista que le sirvió al PSOE para salvar la cara en ese momento) satisfaga a los actuales soberanistas catalanes.

Pero todo debate parece exigir un balance. Vamos a ello. El duelo Díaz-Sánchez fue un duelo excesivamente personalista y agresivo, aunque guardando las formas. El tercero, Patxi López, supo aprovechar bien su papel de comparsa y fue creciendo a lo largo del debate hasta llegar a proponer un esbozo de modelo de partido nada despreciable. Al final, tras el debate, se impondrá la interpretación mediática y los militantes dirigirán su voto en la dirección de las interpretaciones que confirmen su posición previa. Los dos relatos enfrentados son: el épico-heroico de Pedro Sánchez, adornado de un victimismo trágico (“estoy en el paro”), frente al orden establecido de Susana Díaz, sin aventuras peligrosas aunque con peligro de esclerosis. Era éste un momento idóneo para que el PSOE hubiese propuesto para Secretario General a una persona nueva (biológica y mentalmente), con capacidad intelectual y política para aglutinar, coordinar e ilusionar a los militantes socialistas y, como consecuencia, a los potenciales votantes.

Inquieta la victoria de Sánchez. La victoria de Sánchez podría suponer un fraccionamiento del partido, semejante al existente con anterioridad al CF de 1 de octubre, aparte de peligrar el poder del aparato actual. Por el contrario, la victoria de Díaz podría suponer la salida del partido de militantes “indignados”. Al margen de una perspectiva radicalmente diferente en la relación del PSOE con los otros partidos. ¿Se repite la dialéctica Prieto-Largo Caballero?

sábado, 3 de diciembre de 2016

COITUS INTERRUPTUS

Tras cinco años de colaboración quincenal ininterrumpida en “El Periódico de Aragón” suspendo mis artículos, al menos por un tiempo indefinido. No hay ninguna razón especial sino que cuatro ideas que creía tener, especialmente sobre política, me da la impresión de haberlas repetido ya suficiente número de veces como para estar abusando de la paciencia de mis lectores. Gracias a todos los que me habéis leído y especialmente a los que me habéis criticado, por lo que supone de vuestro tiempo para la lectura y aún más para la crítica.
Parece como si el tempo político se hubiese quedado detenido. En España, en Europa y en Estados Unidos, por nombrar los tres escenarios más incidentes en nuestras vidas. Da la impresión de que es  la ciencia y la técnica las que únicamente condicionan nuestras existencias. La política, que es la ciencia más al alcance de nuestra mano, avanza poco, si no retrocede. Lo viejo fenece y lo nuevo no aparece. La gente sufre innecesariamente ante la indiferencia de los confortablemente establecidos. El mundo privilegiado se desentiende de los mundos que no llegan a un mínimo de dignidad humana. Por eso celebramos todos los días del año “el día de…”. Nuestras conciencias descansan con esos “días de…” y con las distintas ONG,s, la mayoría de tipo caritativo. La poética cinematográfica de Buñuel se extendía mucho en esa idea de que cuando no hay justicia abunda la caridad. Y en el medievo, los ricos hacían ostentación de su fortuna por el número de pobres que mantenían con sus limosnas. Es como si las desgracias ajenas nos recordasen lo confortable de nuestra existencia.
El momento en que suspendo mi colaboración coincide con el comienzo de una legislatura, por fin normal, en España. Tras un año de fuertes emociones y de idas y venidas intra y extra partidos políticos, se impuso el sentido común y formó gobierno el partido al que la mayoría de los españoles había votado. Ya sé que la mayoría parlamentaria podría haber posibilitado otro tipo de gobierno, pero razones tácticas, políticas y personales lo impidieron. Ahora comienza el tono gris y cotidiano de la vida política y parlamentaria. Se han acabado los numeritos circenses y los espectáculos tan mediáticos como poco operativos para la transformación de nuestra sociedad.
También en Europa nos encontramos en un momento de incertidumbre económica y política, con expectativas populistas de extrema derecha a la puerta de los gobiernos. “Que vienen los bárbaros” se titulaba un ensayo de los años setenta, precisamente en un momento semejante al actual. Italia celebra mañana domingo un referéndum al que Matteo Renzi vincula su continuidad y que los sondeos dan el NO como vencedor. Francia celebrará en Mayo elecciones presidenciales con unos sondeos que dan a Marine Le Pen la mayoría en la primera vuelta. Esperemos que el cordón sanitario republicano francés detenga la catástrofe. En Austria podría gobernar un partido fascista. Y en otros muchos países europeos existen ya o existirán gobiernos peligrosos de extrema derecha, impensables en la Europa de los derechos humanos.   
En Estados Unidos acaba de ser elegido un producto del más viejo populismo de derecha y que ha sembrado todo tipo de dudas en el mundo, ya que estamos hablando del país más fuerte e influyente. Todos confiamos en que Trump ejerza de político e incumpla sus amenazas esparcidas durante la campaña electoral. Supongo que se repetirá el “éxito” de Reagan, lo que puede suponer un retroceso mundial desde una perspectiva de progreso.
Y para finalizar, acaba de fallecer Fidel Castro, el último icono del espíritu revolucionario del siglo XX. Como auténtico líder revolucionario con influencia mundial, al menos espiritualmente, Fidel Castro representa lo mejor y lo peor  de los personalismos elevados a la enésima potencia. Junto a sus logros de independencia, sanidad, educación y dignidad cubanas frente al imperialismo acosador y reduccionista, cometió el enorme error de no saber retirarse a tiempo. Los caudillos viven su sentido histórico hasta su muerte, soportan mal la disidencia y se sienten elegidos por los dioses para configurar la historia de sus pueblos.

Es, pues, un buen momento para hacer mutis por el foro y dedicarse a observar y reflexionar con un mayor distanciamiento de la inmediatez, sin urgencias ni recetas ni consejos. Espero que esta fase de sequedad espiritual revierta y se traduzca en algo más reflexivo hacia mí mismo y quizás hacia los demás. Estos cinco años han constituido un tiempo gozoso que me ha permitido hablar conmigo mismo en presencia de todos ustedes. “El Periódico de Aragón” ha sido una generosa plataforma que lo ha hecho posible. Gracias a todos.                             Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 19 de noviembre de 2016

CIVISMO

Ante ciertas quejas sobre la temática, excesivamente política, de mis artículos, hoy bajo a la política cotidiana de la vida normal, la que hace agradable o desagradable nuestra convivencia. Me refiero al civismo. Y aprovecho para recomendar un libro útil sobre el asunto, “Convivir en la ciudad” (Fundación Democracia y Gobierno Local), de mi buen amigo Rafael Jiménez Asensio. De paso, dejamos enfriar la tensión política nacional, porque entre la reelección de Rajoy y la crisis del PSOE, no tenemos un día tranquilo. Y eso es malo para el corazón.
Si civismo viene del latino civitas (ciudad) y político viene del griego polis (ciudad), está claro que civismo es una cualidad política básica, cual es la convivencia armónica de la comunidad. En un sentido más completo, suele entenderse por civismo el comportamiento de la persona que cumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad.
El civismo es fundamentalmente consecuencia de una buena educación, y ésta es producto de muchos agentes: la escuela, la familia, los amigos, la propia voluntad… Es un error pensar que la escuela es el agente fundamental de la educación. Pedagogos ilustres hablan de que solo el 15% de lo realmente significativo que entra en la mente se aprende en la escuela. El resto proviene de la sociedad en sus diversas manifestaciones (familia, amigos, lecturas, medios de comunicación…). Incluso hay movimientos pedagógicos al margen de la escuela.
Y al fondo del civismo hay implícita una idea política: lo público. La persona cívica ama y respeta lo público, que es la única propiedad colectiva. Incluso más que lo privado. Así pues, instalaciones y servicios públicos, parques, aceras, bares, transportes públicos, espacios públicos en general, son el espejo real de una sociedad. La ciudadanía normal solo exige a su ayuntamiento poder andar tranquilo por su ciudad y hacer un uso respetuoso de lo público, pensando siempre que detrás de ti viene otro ciudadano para hacer lo mismo que tú. Como consecuencia de todo ello, cualquier acto o comportamiento que moleste a otro ciudadano es una conducta incívica.
¿Contraejemplos? Aquí dejaría un espacio en blanco para que cada lector anotase su queja cotidiana: excrementos de perros, suciedad en general, ruidos en ámbitos públicos (ojo con las fiestas populares), limpieza de los parques, respeto a los ancianos y discapacitados en los transportes públicos, el encanto de los niños… propios (“niño, deja de joder con la pelota” canta el gran Serrat), el uso de las bicicletas fuera de su espacio propio, el uso y abuso de los móviles en lugares impropios, los aparcamientos en doble fila, girar sin indicarlo con el intermitente, el mal olor corporal, tirar papeles o escupir en el suelo, las pintadas gamberras en las fachadas hechas por los grafiteros, la destrucción del mobiliario urbano, el fenómeno del “botellón”, la mendicidad organizada, el ruido fuera de horas y lugares propios, etc. Pero no solo los ciudadanos están obligados a ello, sino que el Ayuntamiento de la ciudad está obligado a obligar. Y cuando la educación falla, la sanción económica suele también educar. La promoción de la convivencia y, en su caso, la represión de las conductas incívicas, es una necesidad objetiva de las autoridades de la ciudad.
Concretamente, en Zaragoza (ciudad donde habito) los parques son propiedad de los perros: andan sueltos o con correas largas, defecan, orinan. Para qué sirve el criterio inglés de pisar el césped si no te puedes echar largo por miedo a la suciedad o a un susto canino. Los niños no pueden jugar en el césped de los parques porque están sucios. Las ciudades importantes de los países civilizados prohíben el acceso de los perros a los parques públicos. De esa manera, los parques son para disfrute de los ciudadanos. Las aceras están frecuentemente con excrementos caninos. Cada vez que veo a un adolescente o joven sentado en un autobús o tranvía, y con anciano o discapacitado o embarazada de pie, te dan ganas de echarle un broncazo, pero lo piensas bien y te callas porque quizás te agreda. Cuando ves paredes recién pintadas que han sido repintadas por los gamberros de turno, te cabreas. Cuando ves a un perro suelto por la acera y te tienes que bajar a la calzada por si acaso, te vuelves a cabrear. En fin, hay tal cantidad de contraejemplos que nos haríamos pesados. Hoy en día parece evidente que el compromiso cívico de los ciudadanos ha descendido significativamente. En definitiva, se trata de educar a los ciudadanos para que sean capaces de valorar el espacio público que tienen como lugar de encuentro, de esparcimiento y de diversión.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 5 de noviembre de 2016

INVESTIDURA DE RAJOY, ESPECTÁCULO DE SÁNCHEZ Y CRISIS SOCIALISTA

Por fin hay gobierno en España. Con la abstención del PSOE, Mariano Rajoy obtuvo la investidura por mayoría simple. Fue una decisión y un trámite traumáticos para los socialistas, lo que ha supuesto un desgarro que costará cerrar y que marcará un hito en la larga historia socialista. Pero fue una decisión correcta. La alternativa era elecciones por tercera vez, lo que era una mala noticia para España y para el PSOE. Y si no se entiende así en el ámbito socialista es por el “hooliganismo” de los militantes y votantes, por la falta de pedagogía de los dirigentes y por la ausencia clamorosa de debate interno.
1) El debate de investidura fue un registro fiel de la sociedad española representado por los actores que cada partido político tuvo a bien designar. Rajoy superó su papel aburrido de la primera parte en las contestaciones, con su dialéctica cachazuda pero eficaz. Su humor gallego le reporta buenos dividendos dialécticos y camufla su dura traducción política. Hernando, portavoz del PSOE abstencionista y que antes había sido portavoz del “no es no”, tenía cara de circunstancias. No obstante, su discurso fue digno desde una perspectiva histórica que oxigenaba un tanto el papelón que le tocó jugar. ¿No podía la Gestora haber elegido a otro menos contaminado? Iglesias mostró su ya conocida habilidad e ingenio, trabajados en las asambleas de facultad y de las que se ha despegado muy poco. Su ego se impone sobre las cuestiones objetivas de la política, con lo que su discurso se traduce en cháchara demagógica de un izquierdismo trasnochado. Verdades parciales y mentiras globales. Garzón es mejor parlamentario de lo que demostró. El traje de Podemos no le sienta bien, y su obsesión por González le abortó el discurso. De Rufián y Matute, mejor no hablar; la grandeza de la democracia tiene que soportarlos. El portavoz del PNV mostró una vez más su estilo de sintaxis vasca y su defensa del injustísimo concierto económico. Los catalanes, como siempre, anodinos y repetitivos. Añoramos a Durán i Lleida.
2) Está claro que Pedro Sánchez se ha convertido en un personaje político a lo largo de los últimos dos años. De la nada al estrellato. Por méritos y deméritos propios más los deméritos de otros. Ha sido un proceso in crescendo con traca final (digna dimisión como parlamentario y nefasta entrevista en Salvados). En la entrevista se autopresenta como un héroe suicida en busca de los aplausos militantes de cara a las primarias de la Secretaría General del PSOE y de la falsa estima podemita. Sánchez quedará como un aventurero peligroso. Por mi parte, tengo que reconocer que me confundió su primera imagen, más épica que poética, de guerrero solitario frente a la deslealtad del establishment socialista. El final aporta el sentido auténtico del proceso y, en su caso, ha estado a punto de ser ruinoso para su partido. La individualidad no debe superponerse al colectivo, y menos aún los intereses personales.
3) Nos queda como tercer elemento de este análisis la crisis socialista, que hay que contextualizarla en la crisis de la socialdemocracia europea y en la crisis de valores políticos del proyecto europeo. Ambos factores explican parte de la crisis del PSOE, el resto hay que atribuírselo a su dirigencia. Es ya un clásico que, desde la desaparición de Felipe González de la primera línea política, el PSOE ha tenido un grave problema de liderazgo político. Hueco difícil de cubrir, pues no solo depende del propio interesado  sino del momento y de las circunstancias. En la actualidad, el momento es malo, las circunstancias adversas y los posibles líderes se desconocen.
No obstante, el PSOE debe ponerse a trabajar bajo la coordinación del presidente de la Gestora, con rigor, sin urgencias histéricas y con una visión a medio y largo plazo que subsanen de una vez el cortoplacismo electoral. En primer lugar, hay que preparar el Congreso con minuciosidad y con objetivos claros. Del Congreso debe salir un discurso nuevo que coloque el PSOE en un lugar propio, sin depender de la izquierda populista ni de la derecha corrupta; un proyecto político reformista de acuerdo con las circunstancias adversas de hoy para la socialdemocracia; y una planificación rigurosa para una oposición parlamentaria útil y visible, de la que va a depender su credibilidad futura. En segundo lugar, se debe encontrar un liderazgo moderno e inclusivo, que sepa coordinar y delegar, sin hipotecas y con capacidad política. Y en tercer lugar una cuestión no menor: la renovación del PSOE pasa por una mejor formación política y ética de los afiliados. Las agrupaciones socialistas deben volver a su antigua función educadora en valores de progreso social.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 22 de octubre de 2016

TRAS LA GUERRA, GESTIONAR LA PAZ


Tras el esperpento del Comité Federal (CF) socialista del sábado 1-10-16 procede lamer las heridas y reflexionar los pasos a dar. La Gestora ha estado discreta y ha gestionado bien el poco tiempo que tenía ante el CF de mañana domingo. Se supone que antes de volver a televisar para todo el país otro espectáculo esperpéntico ha habido suficiente comunicación interna y externa como para consensuar la abstención en la investidura de Rajoy.
¿Por qué la abstención en vez del no? ¿Por el bien de España? Expresión grandilocuente que entre todos hemos vaciado de contenido. Pero bien habrá que hablar del interés general, que, en política, suele ser la opción por el mal menor. Y el PSOE no está, ni de lejos, en condiciones de ir a unas terceras elecciones. Si se celebrasen, el PP estaría en disposición de aumentar su ganancia electoral. Así está la situación, nos guste o no. ¿Qué el PSOE hubiera podido negociar y pactar con Podemos? Ni uno ni otro está por esa labor, pues su reto inmediato es su particular batalla por la hegemonía de la izquierda. Otra cosa es la demagogia verbal por declarar al otro culpable de tal imposibilidad. Las relaciones fructifican cuando están maduras, y ahora no lo están.
La abstención socialista (y gratuita) en la investidura de Rajoy es en estos momentos necesaria. Para la sociedad y para el PSOE. Es cierto que otro escenario hubiera sido posible si tras el 26-J Pedro Sánchez y los dirigentes socialistas territoriales hubiesen debatido abierta y honestamente sobre las posibilidades reales de alianzas y pactos. Pero no fue así, no hubo debate, la incomunicación esterilizadora se apoderó del espacio socialista y ni siquiera se pudo negociar una investidura de Rajoy con contrapartidas políticas muy importantes (las que todos sabemos: derogación total o parcial de algunas leyes retrógradas, poner en marcha la reforma constitucional, algunas salvaguardas sociales básicas, normas regeneradoras imprescindibles, garantizar las pensiones, pacto social por el empleo y clarificación funcional de las instituciones). El “no es no” ha supuesto una jaula infranqueable para el PSOE: se ha hooliganizado al votante y al militante, ha imposibilitado la reflexión y ha anulado los matices. Si todo el proyecto de un partido político consiste en echar a la derecha del poder, poco futuro le espera a tal partido. Sería interesante para la gente de izquierdas algún ejercicio mental original. Por ejemplo, que sería bueno para España que el PP se regenerase  y se transformase en un partido de derecha más moderno y reformista. La minoría parlamentaria del ejecutivo lo posibilitará. Ni nosotros somos tan buenos ni los demás tan malos. El maniqueísmo es pura pereza mental. Una vez más, las frases redondas, los eslóganes facilones y retóricos, en definitiva, la victoria de las palabras sobre las ideas, ha generado una crisis de la que no será fácil salir, y la educación política de los ciudadanos en general y de los militantes en particular seguirá siendo una cuestión galáctica.
En el caso del PSOE, que es el partido que me ocupa y preocupa, y previamente a su labor parlamentaria, debe poner orden en su guerra orgánica. Y para ello es necesaria mucha inteligencia y mucha generosidad por parte de todos los dirigentes de todos los niveles, para acertar en los dos objetivos próximos: un liderazgo inclusivo y coordinador y un congreso sereno y clarificador que estructure el partido según las exigencias del siglo XXI. Al Congreso deberían acudir todas las mentes pensantes del PSOE y no los brazos de madera que suelen acudir. En la actualidad, ser jefe es saber coordinar y saber delegar. Hace muchos años que los miembros de cualquier organización compleja, y un partido político importante lo es, no tienen por característica principal obedecer sino participar, con ideas, propuestas y críticas. Todo ello debidamente encauzado. Y como consecuencia de ello, la primera característica del jefe de una organización compleja no es mandar sino coordinar y estimular una actitud crítica de sus colaboradores. La pirámide representa un concepto antiguo del poder. La actual representación del poder es en red.
Actualmente se suele usar mucho el término “relato” para describir cómo se trasmite y cómo se percibe socialmente una realidad. Pues bien, el PSOE necesita urgentemente un relato nuevo, en su trasmisión y en su percepción. Pero para ello hace falta cambiar a los relatores, porque los de siempre confeccionarán la narrativa de siempre, que ha quedado obsoleta. Porque lo acaecido últimamente en el PSOE no es más que el final previsto tras una lánguida agonía.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 8 de octubre de 2016

ESPECTÁCULO PATÉTICO PERO EXPLICABLE

Lo que sucedió el sábado último (1-10-16) en el CF del PSOE fue un final anunciado, dados los intereses en juego, y que pasan por el interior del PSOE, ya que es el partido que mantiene el equilibrio español entre los intereses y estrategias nacionales e internacionales. Sería ridículo realizar un análisis de los hechos y gestos ocurridos sin elevarse a los hilos que posibilitaron el bochornoso espectáculo que dieron los miembros del CF socialista. El profundo sentido de la trama hay que analizarlo desde fuera y desde arriba. Un partido importante de un país importante es mucho más que una multinacional importante. Y desde esa perspectiva Sánchez era peligroso.
El capricho de los barones regionales en aupar a Pedro Sánchez a la Secretaría General, frente a Eduardo Madina, más la independencia que Sánchez intentó frente a sus padrinos, hizo que, en dos años, la brecha entre uno y otros llegase a ser abismal y peligrosa para los intereses de mucha gente y muchas organizaciones. Sánchez se creyó que era el jefe real del PSOE y que la militancia socialista le daba bula para una actuación política independiente de la estructura territorial, auténtica detentadora del poder orgánico e institucional socialista. Por cierto, que las primarias que coronaron a Sánchez fueron auspiciadas y teledirigidas por los aparatos regionales que luego lo destronaron. Magnífica visión de futuro.
La cuestión que se dilucidaba en primera instancia era la posibilidad de un gobierno alternativo a Rajoy con PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas. Postura trabajada por Sánchez y que era más viable de lo que parecía. Frente a la abstención socialista (con condiciones o gratis, dependería del momento), que defendían los barones regionales, y que daría el gobierno a Rajoy y/o el PP. La amenaza de Sánchez de que fuera la militancia la que decidiese y la celebración de un congreso exprés, previas unas elecciones primarias para elegir un nuevo Secretario General, desató la tempestad que acabó como todos sabemos.
A partir de aquí, surgen muchas cuestiones como hipótesis de causas y consecuencias, pues en muy poco tiempo han sucedido muchas cosas, aparentemente desconectadas pero con una fuerte relación entre sí. Por ejemplo, el papel del diario El País, auténtico intelectual orgánico de la Transición, con su nuevo director (Caño) al frente, con Cebrián de mandarín, y con Felipe González y Rubalcaba de editorialistas. Este diario ha sido el auténtico ariete que desarboló las defensas sanchistas. Y la queja felipista de “Sánchez me ha engañado” fue el toque de corneta para el último ataque. La columna Andalucía hizo su papel de abanderada, y los demás se dejaron ver. Un personaje que ha tenido un papel original ha sido Borrell, que ha dicho algunas cosas elementales pero ciertas, acostumbrados al lenguaje críptico u obvio que usan los políticos. Por ejemplo, que si los dos partidos  de izquierda no se entienden, el PP gobernará eternamente. Elemental. Que se puede y hay que hablar con los nacionalistas. Lógico y conveniente. Otra cosa muy distinta es qué pactas, pero hablar, siempre se ha hablado y se debe seguir hablando.
¿Qué se debe deducir de todo esto? Si ha habido un partido que se alegre del espectáculo socialista es el PP. Otro que se alegra aún más es Podemos. Ambos por razones claras de rivalidad. El PSOE debe pensar muy bien los pasos que da, pues todo tiene consecuencias. Las consecuencias las suele analizar la ética de la responsabilidad o ética de las consecuencias. No así la ética de las convicciones, más épica y atractiva para las bases. Para cuestiones complejas (y la política siempre lo es) el análisis simple no sirve. En segundo lugar, el PSOE debe interiorizar de una vez para siempre que se ha quedado obsoleto, que ha reducido significativamente su voto cualitativo urbano y joven, que debe seleccionar mucho mejor a su personal político y directivo, que la dimensión orgánica no es un fin sino un instrumento al servicio de las instituciones, por lo que la separación de ambas dimensiones es muy recomendable. Otra cuestión a repensar son las primarias, que no casan bien con la estructura orgánica que tiene el PSOE. Son bonitas para un discurso pero nada prácticas para elegir líderes. Las bases, como la opinión pública, son fácilmente manipulables.
La Gestora, aunque provisional y configurada por los intereses de los vencedores, debería tomarse el tiempo que hiciese falta y que, una vez que haya decidido su papel a jugar en la hipotética nueva investidura, prepare con tiempo y con ideas y con gentes nuevas un congreso que marque la nueva dirección  del PSOE, sin prisas histéricas ni urgencias electorales. De lo contrario, no le arriendo las ganancias.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS

Teniendo en cuenta que mañana, 25 de septiembre, se celebran las elecciones vascas y gallegas, y su resultado puede influir en un posible gobierno de España, propongo hablar hoy de algo más intemporal.
Una idea de la que no pocos analistas, entre los que humildemente me cuento, hemos escrito es la reivindicación de la política: menos obviedades y fraseología hueca y más proyectos y objetivos políticos. Debemos llegar a la conclusión de que los políticos son anecdóticos y coyunturales mientras que la política es categórica y estructural. Y en estos momentos de hartazgo electoral, y las correspondientes campañas llenas de trivialidades y chascarrillos, es más necesario que nunca hablar de política y menos de políticos, con sus intereses personales de supervivencia.
Siempre he sostenido que la bondad o maldad de la política llega a los ciudadanos desde las instituciones. Es su buen o mal funcionamiento lo que repercute en la sociedad, y no las declaraciones ampulosas de los dirigentes. ¿A cuántos políticos les importa el buen funcionamiento de las instituciones? ¿Cuántos políticos realizan planificaciones estratégicas, planes directores o evaluaciones por objetivos en sus instituciones? ¿Cuántos dirigentes son escrupulosos en el cumplimiento de la ley? ¿Cuántos se empeñan en la formación permanente de sus empleados públicos? La desafección política existe porque los ciudadanos observan que las instituciones no siempre sirven para mejorar su vida, que es el objetivo primordial de toda política. Más aún, que los verdaderos poderes fácticos (ajenos a las instituciones)  son los que marcan las políticas, mientras las instituciones son meros órganos formales que dan la conformidad a posteriori. Y ahora, en plena crisis (que no ha acabado, ni mucho menos), nos teorizan que la economía prima y manda sobre la política. Si esto es cierto, que parece que sí, sobra todo esfuerzo intelectual discernidor entre las distintas opciones políticas. Los ayuntamientos, las CCAA, el propio Estado, se declaran impotentes ante las directivas y prescripciones exógenas y sus consecuencias esterilizadoras sobre la acción política propia. Los distintos gobiernos se dedican a meras labores de maquillaje y los parlamentos y plenos a simples gestos de forzado asentimiento. Si no espabilamos, estamos hablando de un fracaso rotundo de la democracia. Y así, es lógico que los ciudadanos no vean utilidad a su voto. Nos encontramos en una encrucijada complicada y solo apta para verdaderos políticos.
Una de las claves de una democracia representativa es el control ciudadano sobre sus representantes. Y la participación pública es el instrumento más idóneo para que ello sea posible. Pero la participación pública es el hecho más manipulable que existe. El asambleísmo demagógico y estéril, la participación en encuestas opacas y manipulables, las llamadas incendiarias al pueblo, a la gente, a la sociedad, no sirven para nada si no hay previamente una información fiable, inteligible y evaluable. ¿Para qué sirven unos presupuestos con unas partidas ininteligibles para los propios políticos? ¿Para qué unos pliegos de adjudicación cuya interpretación de sus cláusulas solo está al alcance de los hacedores de dichos pliegos? Sucede lo mismo que en la parábola de Alicia: las palabras significan lo que el que manda quiere que signifiquen.
Los sondeos son otro invento de la manipulación por parte de los llamados poderes fácticos. ¿Por qué si no los medios de comunicación más influyentes son propiedad de los bancos y las grandes empresas del Ibex? Para hacer unas preguntas cuyas respuestas son obligadas lógicamente. En las encuestas la clave está en las preguntas y no tanto en las respuestas. Si además añadimos la cocina, el resultado es redondo para los intereses de los encuestadores. Y los partidos políticos, en lugar de elaborar programas y objetivos verdaderamente políticos, en el sentido de transformar la sociedad, dictan sus discursos reproduciendo lo que dicen las encuestas y los sondeos. ¿Dónde están las convicciones? La “nueva política” es una mera estrategia de comunicación para bobalicones y modernos. Todo menos políticas públicas de interés para la mayoría, que con frecuencia tienen que ser impopulares. Los políticos serios no hacen populismo sino que intentan convencer a la sociedad de que su proyecto político es el mejor, independiente de si los resultados electorales le son propicios. La política es un proyecto a largo plazo, donde el decir y el hacer deben ser coherentes y no estar a la última moda o tacticismo. La opinión popular cuenta y condiciona, pero no determina la política.

Mariano Berrges, profesor de filosofía

domingo, 11 de septiembre de 2016

INVESTIDURA: NI SORPRESA NI GOBIERNO


Por circunstancias personales, escribo este artículo con mucha antelación a la fecha de su publicación. Concretamente, ente la primera votación y la segunda de la sesión de investidura. Lo advierto para contextualizar su contenido en el tiempo. En este artículo me propongo desarrollar brevemente tres aspectos: la investidura de Mariano Rajoy, el conflicto interno del PSOE y las próximas elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre próximo.
1. Investidura fallida en su primer intento: 170 síes y 180 noes. Se prevé lo mismo en su segundo intento del viernes 2 de septiembre. Las terceras elecciones están a la vista. Da igual que sean el 25 o el 18 de diciembre. No merece la pena volver a repetir todas las posibilidades de pactos existentes. Más bien yo propondría que todos los opinadores callásemos hasta que los partidos políticos digan lo que tengan que decir, si es que tienen algo que decir. Porque el ruido ambiente creado es tan repetitivo, aburrido y absurdo que deberíamos aprender a valorar la hermosura del silencio.
El debate de la investidura ha gozado de una fuerza dialéctica interesante. Lo de mejores o peores va en gustos, pero cada uno ejerció su papel ante sus votantes con dignidad. Otra cuestión distinta es si nos situamos en una perspectiva de praxis política, ya que lo que se pedía a los partidos era la conformación de un gobierno para España. De eso, salvo Ciudadanos, nadie habló. Bueno, y el PP, pero éste por necesidades del guion más que por convicción. Pareció que estábamos ya en campaña de las terceras elecciones. ¡Horror! Me temo que, si se cumplen mis temores, la abstención y el voto en blanco van a tener una fuerte presencia en las urnas de diciembre.
2. Respecto del PSOE, todo lo que se diga aquí puede ser usado en contra de uno, pero el pensamiento libre y la palabra como vehículo del mismo es lo último a lo que hay que renunciar. El discurso de Pedro Sánchez fue sólido y bien armado pero duro y sin alternativa. No dejó ni una puerta abierta y pareció negar cualquier atisbo reflexivo si las circunstancias cambiasen. Hubo bastante de sobreactuación y tremendismo. Porque el discurso no era para aprobar una oposición sino una acción política que facilitara o impidiera la gobernabilidad de España, a sabiendas de que aún quedan dos meses de proceso. Quizás la razón sea que el discurso fue hacia fuera y hacia dentro. Ya se sabe que hacia fuera la épica negativa surte buenos efectos. Y hacia dentro, marca posiciones y condiciona el futuro debate. Porque el discurso de Sánchez, en síntesis, fue el siguiente: NO definitivo del PSOE a Rajoy y al PP; si alguien (del PSOE) quiere abstenerse que lo manifieste y que se moje. Yo espero a las primarias del partido. El resto fue el envoltorio procedimental, bien vestido y con notas a pie de página.
Por cierto, corre un Manifiesto por la prensa, con muchas firmas de notables, que pide una pacto entre PSOE, Podemos y Ciudadanos para formar un gobierno alternativo al PP. Eso ya lo podían haber hecho los tres partidos en la anterior investidura de Sánchez. Muy difícil que dos partidos semejantes en casi todo pacten un gobierno conjunto. En cierto modo, eso mismo propuso Albert Rivera en su intervención de este martes 30, pero con Rajoy de presidente. Dijo, dirigiéndose al PSOE y pidiéndole su abstención, “Ustedes y nosotros, y Podemos si se suma, podemos legislar juntos; le pido que valoren la potencia y dimensión de nuestra fuerza unida para hacer oposición”. La fuerza legislativa estaría en el Parlamento (Cámara Legislativa) y no en el Ejecutivo. Lo que sería una novedad en la política española.
3. El próximo 25 de septiembre tienen lugar las elecciones vascas y gallegas. Las segundas son más fáciles de analizar. O el PP vuelve a conseguir mayoría absoluta y Núñez Feijoo sería de nuevo Presidente, o no la consigue y todos los demás partidos se coaligan y eligen Presidente al candidato de Mareas a al candidato del Partido Socialista de Galicia. El resultado será muy ajustado. Si Ciudadanos entrara en el Parlamento gallego podría matizar esta afirmación.
Son más problemáticas las elecciones vascas. PNV, Bildu y Podemos van a competir fuertemente y la presidencia autonómica se dilucidará por las coaliciones que se formen posteriormente. Si el PNV se deja ayudar por PSOE y PP, si es que suman, podría tener repercusión en un segundo momento de la investidura española, porque los 5 escaños del PNV en Madrid valen su peso en oro y dejarían al PP a un solo voto de la mayoría absoluta. ¿El diputado Quevedo de Nueva Canarias?
Moraleja: en la realidad todo está interrelacionado.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 27 de agosto de 2016

¿QUÉ PASA CUANDO NO PASA NADA?


En este momento, “parece ser” que hay un pacto PP-C´s para votar afirmativamente la investidura de Mariano Rajoy. Las famosas seis condiciones de C´s son bastante endebles y la mayoría de ellas dependerá de una mayoría parlamentaria con intervención de más partidos. Alguna incluso podría necesitar de modificación constitucional. Además, los 137 escaños del PP más los 32 de C´s no dan la mayoría necesaria. Conclusión: estamos donde estábamos. Sin el apoyo del PSOE no hay investidura. Es exactamente la misma escena que el pacto PSOE-C´s de la anterior legislatura (aunque con menos votos).
La liturgia política por parte de todos los partidos y sus dirigentes ha sido esta vez más discreta pero, en el fondo, la misma. Cuando la historia se repite ya no es historia, es histeria. No ha pasado nada nuevo. Todo está donde estaba. Pero el tiempo pasa y la situación se degrada. Y los españoles asisten atónitos a una farsa puramente formal sin que aparentemente ocurra nada. Pero cuando no pasa nada sí que pasa algo. Pasa que el coste de la no gestión es el más intenso y perjudicial de todos. Parece igual que haya gobierno como que no haya. Y llevamos así casi un año. Y esto no acaba. Posiblemente hasta después del 25 de septiembre (elecciones vascas y gallegas) no se dilucidará si hay investidura o no. Si nos acostumbramos a que no haya gobierno, podríamos llegar a pensar que no es necesario. Y no es que la ausencia de políticos nos deje insomnes, es que es la misma política la que aparecería como innecesaria. ¿Es eso lo que se está buscando? Una vez más, los intereses de la derecha y los de la izquierda deberían aparecer como radicalmente distintos. Porque la izquierda sí que necesita la política. La derecha, no. Cuarenta años de franquismo lo atestiguan. Ésta es la diferencia fundamental que los actuales dirigentes de izquierda parecen no ver.
La puesta en escena por parte del PSOE y Podemos es nula. El primero aduce que ahora es el tiempo de Rajoy. Cierto, pero después qué. Podemos, ha desaparecido literalmente. ¿Aquí no pasa nada? ¿Hay alguien ahí? Aún será más patético cuando a partir del 2 de septiembre, una vez fallada la investidura de Rajoy, aparezca la nada en su majestuosa hermosura. Todo un  mes más por delante sin nada en el horizonte. Porque el tacticismo obliga a la ocultación de posicionamientos políticos hasta que la gente vote en Galicia y en el País vasco el día 25 de septiembre.
Es cierto que la opinión que está calando en la sociedad actual es la de un determinismo económico-político y tecnológico ante el cual nada se puede hacer y sólo queda protegerse: sálvese quien pueda. Pero, aunque solo sea por dignidad personal y colectiva, hay que intentar reconvertir la situación. ¿Cómo? En primer lugar, creando opinión con proyección reformista y generando posibilidades de cambio. Parece que las coaliciones progresistas, que teóricamente siguen siendo posibles, son imposibles en la práctica. ¿Por qué? ¿Quién lo ha decidido? Una cosa es que haya condicionamientos y resistencias fuertes que vencer y otra muy distinta es un determinismo conformista y sumiso. El futuro no está escrito y las únicas batallas que se pierden son las que no se dan. Parece que el orden actual establecido es un desorden muy bien organizado y, sobre todo, muy interiorizado socialmente. Pero no tiene por qué ser así. El estado-nación, a pesar de su pérdida de soberanía, sigue siendo clave. Es necesaria una dialéctica positiva Estado-UE, con ámbitos de discrecionalidad compartida y directivas comunes progresistas. Las soluciones siguen estando en Europa… y en España.
Y nos situamos en octubre. Y volvemos al interior del PSOE, que es donde se dilucida el nudo gordiano de la actual política española. El uso de tópicos y expresiones vacías, por ambiguas y polivalentes, hace estéril el lenguaje. Por ejemplo, “El PSOE debe estar en la oposición. Así lo han querido los electores” ¿Y si el Parlamento quiere al PSOE en el gobierno? No olvidemos que el 60 % de los electores han dicho no a Rajoy. En una democracia representativa, los electores votan el Parlamento no al Gobierno. ¿Cuál será el resultado final o provisional de la guerra entre Pedro Sánchez y sus varones críticos? ¿Tiene Sánchez un plan B? ¿Es posible que PSOE y Podemos puedan hablar de política en serio, sin ocultamientos ni mentiras? ¿Qué papel van a tener los nacionalismos periféricos? ¿El lenguaje sirve para manifestar o para ocultar? ¿Quién ha dicho que la política es fácil? Y podríamos seguir indefinidamente con los interrogantes, pero yo me mareo y acabo el artículo aquí. Me resisto a seguir diciendo tonterías y jugar a las adivinanzas.

Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 13 de agosto de 2016

ESPAÑA, UN PAÍS VIABLE

Ciertamente, escribir un artículo hoy sobre politología española tiene el peligro de perder su actualidad de un día para otro. ¿Qué supone la entrevista Rajoy-Rivera del miércoles 24-08-16? Ya lo veremos pero no pronto. En mi próxima entrega quincenal aún estaremos sin hechos concretos. Como consecuencia de ello, prefiero elevarme por encima de la cotidianeidad hasta principios más generales.
En estos momentos de incertidumbre y de europeidad difícil, la prioridad es hacer de España un país viable. Sin embargo, los discursos de los partidos políticos y las declaraciones de sus dirigentes son, en general, palabrería sin contenido político profundo, que parecen más un jeroglífico para los no iniciados. Lo que se llama opinión personal no es más que repetir lo oído o leído en algún sitio, y siempre en línea con sus intereses tácticos del momento.
Expongamos algunas notas de lo que entiendo por viabilidad española. En primer lugar, encarar la crisis económica y social de una manera clara y progresiva, hablando con claridad y explicitando los pasos a dar, de manera que los españoles sepan el proceso que van a transitar. Sin mentiras ni demagogias. Hoy se habla mucho de participación, pero sin información fidedigna e inteligible la participación es un cuento chino. En segundo lugar, desterrar la corrupción en todas sus formas. Esto ha de hacerse con leyes y normas eficaces, rápidas, universales y fáciles de aplicar. No hace falta concretar más. Todo el mundo sabe cómo traducirlo.
En tercer lugar está el problema territorial. Ni España es un mosaico de naciones ni ello tiene porque traducirse en un centralismo unívoco. La cuestión del nacionalismo es difícil y compleja. Ciñéndonos a la cuestión catalana, son indiscutibles los elementos culturales diferenciales de Cataluña (también de otros territorios españoles), pero de eso a elevarse al llamado principio de las nacionalidades (a cada nación corresponde un Estado) va un abismo. Las fronteras culturales, que las hay y son una gran riqueza de España, no tienen que devenir en políticas. Y manipular o hiperbolizar la historia no lleva más que al ridículo. No hay fundamentos objetivos para el independentismo. España no debe permitir un quebranto territorial, pues sería nefasto para las dos partes. Solo beneficiaría a la insolidaria burguesía catalana, que pondría todo el aparato de “su” Estado a su servicio y elaborarían leyes que posibilitarían el saqueo y expolio del bien común. Todo por la patria. Si ya lo han intentado  siendo españoles qué no harían siendo solo catalanes. Otra cosa son los sentimientos, más intensos en unos sitios que en otros, y el folklore, y la lengua-idioma-habla (cada uno la llame como quiera). Pues bien, que se cultiven y se respeten. Pero sin que nada de ello suponga discriminación jurídica, política ni económica para nadie. Consecuentemente, los privilegios de los conciertos vasco y navarro deben desaparecer sin ningún tipo de contemplaciones. Porque, de seguir con ellos, no todos somos iguales ante la ley.
La reforma constitucional debe hacerse pero sin urgencias ni histerias. El famoso, y por algunos denostado, consenso de la transición, es condición imprescindible para ello. Y para ello hace falta mucha voluntad y mucha paciencia. Lo que sí urge es que la magnífica CE se aplique realmente, especialmente en lo relativo a los derechos sociales de todos los españoles.
La economía debe pasar de financiera a productiva, de especulativa a real.  Y la competitividad es necesaria en una globalización realmente existente, pero no a costa de una desigualdad socio-económica delictiva. Dos derechos universales tan elementales y antiguos como trabajo y vivienda siguen sin estar garantizados. Eso debe constituir un requisito irrenunciable. Y para esa modernización de la economía, la educación en general y la Universidad en particular deben ser objeto de un fuerte pacto de Estado que evite los vaivenes continuos de los cambios de gobierno.
Y, por último, Europa. Hay que construir desde España un discurso europeo en consonancia con su espíritu fundacional. Una Europa federal con una economía y una política común y obligatoria no deben darnos miedo por una cierta pérdida de soberanía. Todos ganaríamos por pura sinergia. Para ello hace falta un gobierno ejecutivo europeo y unas instituciones europeas elegidas por sufragio universal. También hay sitio para las ideologías en Europa. Precisamente, el tan añorado estado de Bienestar no es posible sin una Europa federal que lo tenga como objetivo principal. Y la globalización actual solo será justa y equilibrada si los mejores valores de la mejor Europa tienen fuerza económica y política.

Mariano Berges, profesor de filosofía