sábado, 29 de agosto de 2015

NOTAS PARA UNA REFORMA LOCAL EN ARAGÓN (II)

Seguimos reflexionando sobre Aragón. No trato de dar consejos no solicitados, sino de pensar en voz alta algunas ideas susceptibles de ser discutidas mínimamente. Presumo que el nuevo gobierno de Aragón está con las pilas cargadas y con enormes ganas de redefinir la política aragonesa. En esta segunda parte mi reflexión gira en torno a la reforma local pendiente en Aragón, tras la fallida Ley del gobierno central.

La Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la administración local (LRSAL) constituye una involución contra la autonomía municipal. Prueba de ello es la interposición de los muchos recursos de inconstitucionalidad  puestos desde todos los ámbitos públicos. Es necesario otro modelo de reforma local que entienda el municipio como la base de la democracia, como la administración que presta los servicios más próximos y básicos a los ciudadanos y como el  instrumento más eficaz y eficiente en la defensa del territorio, tanto productivamente como medioambientalmente. Además es el único medio para fijar la población rural. No es tiempo de experimentos creando nuevos niveles de gobierno (las comarcas) que, generando más gasto de personal y gasto corriente, no mejoran los servicios públicos al ciudadano.

En Aragón, la cobertura de servicios básicos a los municipios más pequeños, que son casi todos, solo la realiza, mejor o peor, las diputaciones provinciales, pues el gobierno de Aragón, al menos hasta ahora, no entra en esas cuestiones. Y si existe algún solapamiento funcional es con las comarcas. ¿Para qué queremos una nueva estructura administrativa, la comarcal, sin tradición, sin personal, sin estructura, y con la práctica fundamental de repartir subvenciones a los municipios de su incumbencia? La existencia de las comarcas en Aragón, como mínimo, desorienta y confunde por el solapamiento y redundancia funcional. Las comarcas son casi especificidad de Aragón. Han sido propuestas por el PAR para consolidar su implantación territorial, y tanto el PSOE como el PP no han tenido más remedio que aceptar el chantaje, ya que ambos lo necesitaban para conformar mayorías de gobierno.

Nos podemos situar en dos escenarios:
1. Escenario en el que la Constitución Española (CE) se modifica y, como consecuencia, también se modifica el estatuto de Aragón. En este escenario, hay que diluir las comarcas como nivel de gobierno. Además, hay que solucionar definitivamente la financiación municipal desde exigencias constitucionales y estatutarias. También hay que revisar y modificar radicalmente el funcionamiento de las diputaciones provinciales.
2. El segundo escenario es la no modificación de la CE ni del Estatuto. O, en el caso de modificación, el tiempo que transcurre hasta la modificación de ambos, que será largo, dada la dificultad de consenso existente en la actualidad. En este escenario, hay que reducir el papel de las comarcas y el de las diputaciones provinciales. La Administración Autonómica y los municipios deben constituir la base fundamental sobre la que opera la reforma local.
En el segundo escenario plasmado anteriormente, el más realista, deberían de tenerse en cuenta los siguientes criterios:
- Las competencias, salvo las estatales, han de corresponder bien a la administración autonómica bien a los municipios aragoneses como competencias propias, sin más servicios obligatorios que los demandados por los propios ayuntamientos.
- No deben existir niveles intermedios de gobierno con competencias propias. Deben ser los propios municipios los que indiquen las bases de colaboración entre ellos, conformando así espacios de gestión voluntarios e intermunicipales.
- La comarcalización debe reconducirse en Aragón mediante una enérgica reforma de la normativa que la regula eliminando las competencias propias de las comarcas, que han de ser distribuidas entre los municipios y la propia administración autonómica.
- Desde esta perspectiva, la comarca ha de reconducirse hacia un simple ámbito intermunicipal de gestión de servicios municipales o autonómicos, estimulado desde la administración autonómica y las diputaciones provinciales, pero dependiente de la decisión política y de gestión de los municipios incluidos en tal ámbito.
- Hay que modificar radicalmente la función de las diputaciones provinciales en el entramado institucional. La provincia debe asumir única y exclusivamente un papel de apoyo y asistencia a los municipios que la recaben y de estímulo de la intermunicipalidad. Las comarcas constituirán los ámbitos en que se desarrolle la cooperación provincial con los municipios.
Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 15 de agosto de 2015

ARAGÓN 2015 (I)

Tras las recientes elecciones autonómicas en Aragón, y constituido su primer gobierno con el presidente Lambán a la cabeza, procede empezar a marcar las líneas fundamentales de reflexión y, consecuentemente, de actuación. Este texto es el primero de una humilde y colaboradora aportación, por si es de interés para alguien.
En primer lugar hay que hablar de “la herencia recibida” (nada original pero imprescindible, y solo como elemento de referencia, nunca como justificación de nuestra impotencia). Pues bien, debe hacerse constar que Aragón ha mantenido tradicionalmente una situación algo mejor que la media nacional en la mayor parte de indicadores. Pueden identificarse múltiples causas: la actividad económica concentrada en las regiones de su entorno, la amplitud del territorio, una mayor concentración urbana de la población, un nivel formativo algo superior… Y tradicionalmente los gobiernos de todos los colores han apelado a esa mejor situación para justificar el éxito de su acción. Sin embargo, en los últimos años, aunque Aragón sigue manteniendo cierta ventaja sobre la media nacional, esta ventaja se ha ido está reduciendo cada vez más aceleradamente. Ya no se trata de si estamos mejor o peor que otros, sino de la velocidad con que otros nos están adelantando y nosotros estamos perdiendo las ventajas que durante tanto tiempo tuvimos, y que habrían de servirnos para salir antes de la crisis. Se está acabando la inercia, y si no se le da a los pedales acabaremos quedándonos parados o cayéndonos.
Así, por ejemplo, tenemos una tasa de actividad levemente superior a la española, pero se destruye empleo a mayor velocidad. Tenemos menos paro en Aragón, pero crece mucho más rápidamente. Tenemos menos paro juvenil en Aragón, pero va reduciéndose hasta un solo punto porcentual, y los jóvenes aragoneses mejor preparados se están yendo de Aragón para buscar un trabajo. En los últimos 5 años, los hogares con carencias materiales severas han crecido significativamente. Como consecuencia final, aunque todavía estemos algo mejor que la media, están creciendo el doble de rápido en Aragón que en España la desigualdad y el riesgo de pobreza y exclusión social.
Y mientras los problemas han crecido, las soluciones han disminuido  y los servicios públicos se han ido deteriorando. Hay menos personal sanitario, menos gasto en salud, menos inversión en hospitales y centros de salud. Hay menos maestros y profesores. Hay menos beneficiarios de la dependencia.
Los presupuestos de estos últimos años han sido meramente indicativos (los de 2015 tienen 600 M. de euros de desajuste deficitario y un déficit importante del PIB de Aragón), pero las consecuencias las pagamos todos los aragoneses: las consecuencias de una deuda pública que no para de crecer, supone casi 1 de cada 5 euros del gasto del Gobierno de Aragón (973 millones en 2014) y crece el doble de rápido que en el conjunto nacional (+13 % en el primer trimestre de 2014, frente a una media nacional del 7%, que ya es una barbaridad).
Con estos datos, la victoria de la izquierda en Aragón parecía cantada. Como así ha sido
El nuevo gobierno de Aragón debe volver la mirada a recobrar el incipiente Estado de bienestar que había en años anteriores (con gobiernos socialistas). Para ello debe impulsar una fuerte defensa de lo público y una gestión institucional ortodoxa y participativa. Hay que ser conscientes que los años anteriores al comienzo de la crisis marcaron una tendencia hacia una especie de “barra libre”, sin preocuparse por estructurar un modelo de gestión institucional para cuando llegaran las vacas flacas. El modelo territorial era pura discusión bizantina pues había pasta gansa para todo y para todos. No hubo ningún sentido de futuro, creando burbujas de todo tipo sin rendir cuentas a nadie, ya que los órganos fiscalizadores estaban adormecidos, sin entrar en otros considerandos peores.
Actualmente, la situación ha cambiado radicalmente. Ya no es que, al despertar del sueño megalománico, el dinosaurio siga ahí, sino que estamos rodeados de dinosaurios. La crisis ha modificado el paisaje tan bruscamente que la mera intención, aun presumiéndola buena, es poco  bagaje para una buena gestión de lo público. El contexto y el modelo sociales creados por los generadores de la crisis es una trampa continua tan potente que solo mentes muy despiertas e ideológicamente bien pertrechadas podrían ser capaces de modificar la situación de una manera duradera y sostenible. O, al menos, iniciar la buena dirección.
Seguiremos reflexionando.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 18 de julio de 2015

Elecciones primarias y renovación Estos comicios deben ser reales y auténticos, no con trampa legal como las actuales. Así no sirven para nada

Como el partido que más me importa es el PSOE de él me ocupo. Pero más que el PSOE me importa la sociedad, de la que es un instrumento de transformación. Ello justifica mi postura de crítica constructiva.
Ni ha habido primarias con Sánchez en la nominación como candidato a la Moncloa ni las hubo con Susana Díaz en Andalucía ni las hubo en Aragón con Lambán ni en Zaragoza con Pérez Anadón. En el PSOE no hay primarias porque no se quiere. Otro fraude más, fruto del lenguaje mentiroso de la política convencional. Otro uso lampedusiano en la política de cambiar algo para que nada cambie.
El número de avales que exige el PSOE es enorme. Los medios de que dispone el candidato oficialista son todos (nombre conocido, censos, agrupaciones, aparato, publicidad...), frente a los otros posibles rivales que, en la práctica, carecen de cualquier medio. Y si eso fuera poco, como los avales tienen que ser con identificación total del avalista, el miedo a que el jefe sepa quien está con él o contra él inhiben a cualquiera avalista del rival del jefe. Conclusión: solo consigue los avales suficientes el candidato oficial. Al potencial competidor no le merece la pena molestarse en intentarlo. Otra cosa muy diferente sería si no hubiese necesidad de avales o solo en un número simbólico, con dos vueltas y debates libres con la militancia, sin interferencias ni miedos a represalias o a ninguneos orgánicos. Claro que ningún partido está exento de las trampas legales del aparato. Véase si no esas primarias de Podemos con una lista oficial de 65 nombres (luego serán 350) para el Congreso de Diputados. Lista plancha la llaman. O las primarias de IU--Madrid, cuyos vencedores no fueron luego en las listas de IU. O la elección de Garzón en IU, sin rival. Aunque lo más claro es el dedazo del PP, sin coartada de ningún tipo. Si alguna vez ha habido primarias auténticas es porque compiten dos grupos orgánicos fuertes del partido, cual fue el caso entre Madina y Sánchez, o el que hubo hace mucho tiempo entre Almunia y Borrell.
Hablar de primarias tiene su razón de ser en la renovación de los partidos y en el funcionamiento democrático de los mismos. Desde el establecimiento de la democracia en 1978 se dio un gran poder a las formaciones políticas a fin de que instaurasen el modelo de las democracias occidentales de nuestro entorno. Los casi 40 años de vida democrática han ocasionado un funcionamiento partidista oligárquico que deja casi todas las decisiones en sus aparatos orgánicos. Hay que hacer previamente carrera orgánica (o tener padrinos orgánicos) si aspiras a ser algo institucionalmente. Y esto es un elemento fundamental en la corrupción sistémica de nuestra sociedad.
Luego, en esa renovación de los partidos, viene la batalla de las ideas, que tiene su primera formulación en el discurso político, atraviesa el tránsito de la credibilidad del dicente y aterriza en la praxis desde la ocupación del poder. Lógicamente, hay que estar en condiciones de llegar al poder para que pueda verificarse la credibilidad del discurso y su operatividad práctica en la transformación social. Pero todo se puede atascar si no tienes la credibilidad previa para alcanzar electoralmente el poder. ¿Por qué el PSOE no acaba de arrancar electoralmente, aunque es cierto que ha frenado la caída libre en que estaba inmerso? Fundamentalmente porque ha perdido credibilidad entre los votantes, dado su anquilosamiento político y su ineficacia para dar solución a los problemas que suscita la sociedad española actual. No ha sabido renovar ni su discurso ni su aparato ni su modelo gestor. Para ello se necesita audacia, y las elecciones primarias constituyen un signo claro de ello. Pero esas primarias tienen que ser reales y auténticas, no con trampa legal como son las actuales. Así no sirven para nada.
La ciudadanía no está despolitizada sino que necesita de la política más que nunca. Pero de una política nueva que aporte soluciones nuevas a problemas nuevos. Y esto solo lo puede hacer gente nueva, con una manera nueva de mirar y estar en condiciones de construir una nueva realidad. La gente mayor podemos ayudar pero el protagonismo debe ser de la gente nueva. De ahí el gran éxito de los partidos emergentes y de ahí también su gran responsabilidad en no ser fuente de un desencanto social que podría ser catastrófico. Pero ni todo lo nuevo es bueno por nuevo ni todo lo viejo es malo por viejo. Hay un saber hacer perfectamente transmisible de lo viejo a lo nuevo, de los viejos a los jóvenes, que debe ser sabiamente gestionado.
Para terminar, un consejo de mayor: en política todo debe poder explicarse, tanto lo que se hace como lo que no se hace. Sin explicación transparente e inteligible no hay verdadera participación.
Profesor de Filosofía

sábado, 4 de julio de 2015

LA POLÍTICA: PROMESAS Y REALIDAD

Ionesco, representante máximo del Teatro del Absurdo en los años sesenta del siglo pasado, decía que había que escribir muchas obras de teatro para decir que no había nada que decir. Pues bien, en la actualidad, es difícil prometer políticamente desde una Comunidad Autónoma cuando el margen de maniobra es tan pequeño que, si fueses sincero, tendrías que decir que hay muy poco que decir ya que hay poco que hacer pues casi todo viene dictado de Madrid y, sobre todo, de Bruselas.

Viene esto a cuenta del discurso de investidura de mi amigo Javier Lambán. Y también de las previsibles y apriorísticas valoraciones del resto de líderes de los partidos del parlamento aragonés. Dicen que ha sido generalista. No puede ser concreto ya que no sabe los medios con los que cuenta. Solo puede prometer generalidades y marcar prioridades. Eso lo ha dicho y lo ha dicho bien. Me ha hecho gracia un comentario de Echenique, “desde que existe Podemos el discurso del PSOE es mejor”. Lo cual es cierto, para bien de Podemos, del PSOE y de la sociedad. Eso se llama dialéctica positiva e interacción beneficiosa.

El discurso de Lambán ha tenido altura: bien traídas las citas, bien estructurado el contenido y bien priorizados los objetivos. Sin embargo, yo, personalmente, hubiese sido más rompedor, más provocativo y más directo. Debe ser porque los mayores volvemos a ser como niños. Por ejemplo, y sin ánimo de enmendarle la plana, sino de añadir algo distinto al discurso pronunciado, hubiese sido algo parecido a esto. Valga como esquema.

1. En lugar de dirigirme a los diputados me hubiese dirigido más a los aragoneses. Lo que no hubiese sido menosprecio al Parlamento sino centrar mejor al auténtico interlocutor.

2. Hubiese dicho que había poco margen de maniobra real en la gestión  pública aragonesa. Ni podemos cambiar el modelo productivo ni incidir en las normas básicas de educación y sanidad ni mejorar significativamente la  fiscalidad y, por consiguiente, aumentar los ingresos. La vertebración del territorio es casi imposible en tiempos de vacas flacas, a no ser que el Estado lo haga. Etcétera.

3. Pero les hubiese dicho también que iba a ser una persona legal, decente, que iba a contar con la gente (participación popular real), que iba a ser austero de cuerpo y alma (estética y ética), y, sobre todo, que iba a explicar todo, lo explicable y lo inexplicable. Lo que sería inédito, especialmente cuando explicase por qué no había hecho algo que había prometido, ya que si soy decente sería porque es imposible o no había recursos para hacerlo.

4. Tendría reuniones frecuentes con los sabios de nuestra sociedad. Pero con los sabios de verdad, no con los gurús de papel. Pocos (seis por cada asunto) pero buenos. Estructurados en torno a media docena de asuntos fundamentales: educación, sanidad, función pública, desarrollo territorial, transportes, agroindustria. Y les pediría que se pusieran a soñar en voz alta en mi presencia. Yo tomaría notas desesperadamente, que marcarían la dirección y el sentido de mis reuniones con mis colaboradores, que serían los mejores del mercado aragonés.

5. Garantizaría que, al menos indirectamente, todas las sugerencias y críticas a la gestión de mi gobierno serían escuchadas, analizadas y evaluadas. Y, además, habría constancia de ello.

6. También hubiera hablado de Europa, referencia imprescindible desde una perspectiva realista, ya que, actualmente, hay más directivas europeas que inciden en nuestras vidas que normas propiamente españolas. Tomando una postura de posibilismo teñido de utopía a fin de que la actual correlación de debilidades se pudiese trasmutar en una correlación de fuerzas. Porque Europa, con progresiones y regresiones, sigue siendo lo menos malo del planeta.

7. Y hubiese introducido una auténtica rendición de cuentas a la sociedad. Y eso solo se puede hacer desde una planificación estratégica donde los objetivos, los medios, las estrategias y los resultados aparecen desde le principio por escrito y con indicadores sobre su cumplimiento o incumplimiento. Porque la escritura ata el pensamiento y, convenientemente divulgada, posibilita el seguimiento y la crítica de la gente. Esto está en las antípodas de los discursos hueros y rimbombantes. Su lectura es menos poética pero más productiva.

8. También les hubiera dicho: ¿Os acordáis de aquel poema de Goytisolo, cantado por Paco Ibáñez? “Érase una vez un lobito bueno, al que maltrataban todos los corderos.  Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez cuando yo soñaba un mundo al revés”. Fin de la cita.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 20 de junio de 2015

24-M, ALGO MÁS QUE UNAS ELECCIONES: LOS PACTOS (y III)

Los pactos habidos son lógicos como consecuencia de los resultados electorales. El PP ha sido el partido perdedor porque las diversas izquierdas juntas suman más que las derechas juntas. Pura aritmética y puro sentido común. Ha habido alguna excepción que el tiempo nos descifrará (Andalucía). Los pactos autonómicos irán en la misma dirección que los municipales, y al final se habrá consumado la primera fase del proceso que finalizará con las elecciones generales.

En este proceso electoral ha habido unos claros perdedores: UPyD e IU, fagocitados por sus sucesores, Ciudadanos y Podemos, que proseguirá y culminará en las generales. Pero el bipartidismo hasta ahora vigente no desaparecerá sino que va a competir interior y exteriormente. Van a competir dos pares, PP y Ciudadanos por un lado y PSOE y Podemos por otro lado. Como los próximos pactos serán al interior de cada par, va a ser fundamental quién saque un solo voto más que su par para liderar dichos pactos. Se ha visto ya en las municipales y autonómicas, donde, más que una correlación de fuerzas, ha habido una correlación de debilidades. El ejemplo más claro es el PSOE que, con 700.000 votos menos, ha ganado poder real por los pactos con Podemos que, con la vista puesta en las generales, se ha visto obligado a pactar. Lo contrario hubiese sido un mal negocio para ellos. En cualquier caso, la izquierda hoy se llama PSOE y Podemos, y entre ambos se va a dilucidar el liderazgo del próximo futuro. Las diferencias ideológicas son teóricamente pequeñas, ambos se autodefinen socialdemócratas, el primero desde siempre y el segundo como táctica ambigua y electoral.

Contemplemos ahora los resultados desde la perspectiva social. Tanto las instituciones municipales como las autonómicas serán evaluadas por su eficacia. Sobre ilegalidades y opacidades no va a haber la más mínima condescendencia. En los últimos años, la corrupción ha tenido un efecto más dañino aún que su propia inmoralidad, cual es la ocultación de la ineficacia gestora de las instituciones. Espero que, sin corrupción, podamos valorar la eficacia y eficiencia de nuestros representantes en la gestión de sus responsabilidades. Para ello se necesita algo más que una escenografía populista y desinhibida, pues la gestión municipal y autonómica exige un saber hacer que no se adquiere por ciencia infusa sino que debe ser aprendido en el ejercicio duro y constante de la misma. Conceptos como transparencia, honestidad y participación no son nuevos ni nadie tiene el monopolio de propiedad sobre ellos. Si acaso lo nuevo sea el crédito de quienes los pronuncian frente al descrédito de muchos de sus antecesores. Como lo nuevo no es la democracia, que ya existe desde 1978, sino la mejora de la misma, que se ha erosionado. Hablar hoy de un cambio de régimen es no tener ni idea de los procesos temporales ni de la ley de la entropía. No son de recibo las críticas provenientes del PP o de los poderes fácticos sobre los “pactos contra natura” del PSOE y su radicalidad, que no hace más que cumplir lo mandatado por la voluntad popular. Si alguna radicalidad hay es la orteguiana de ir a la raíz de las cosas y de los comportamientos. En ese menester deben estar los nuevos representantes y no en la estéril discusión del “y tú más”. Su gestión va a ser mirada con lupa desde el primer instante, lo que no debe obsesionarles sino estimularlos a una transparente rendición de cuentas que haga imposible la corrupción.

No es casual que una gran parte de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Coruña, Cádiz) sean alcaldías de las plataformas sociales surgidas tras el 15-M. No existe la casualidad sino la causalidad. Habrá que esperar efectos posteriores y actuar en consecuencia. Tanto el PSOE como Podemos deberán elaborar estrategias de cara a las generales, culminación del proceso empezado en los ayuntamientos y autonomías. Habrá que saber leer indicios y maneras, perfiles y programas, más que gestos folclóricos de tipo pecuniario o de vestimenta. En definitiva, va ser el trabajo bien hecho y los resultados eficaces los que serán analizados por la ciudadanía. Y eso se consigue con gobiernos competentes y honestos (quizás lo contario a los gobiernos de cuotas partidarias). Y en esta cuestión son los líderes institucionales (alcaldes y presidentes) quienes van a ser evaluados personalmente, por lo que deben actuar con inteligencia y libertad en la configuración de sus equipos o gobiernos. No hay cosa más dañina a la democracia que unos gobiernos mediocres e ineficaces. Eso es más dañino que la propia corrupción, aunque sea ésta quien se lleva los titulares de prensa.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 6 de junio de 2015

24-M, ALGO MÁS QUE UNAS ELECCIONES (II)

Decía en mi artículo anterior que estas elecciones predicen un cambio de ciclo a nivel de Estado, cuya característica fundamental era que lo social se había metido en el debate político y que la gente empieza a creer que su voto puede modificar las políticas sociales a su favor. Pues bien, prácticamente es lo que ha sucedido. Respecto de los resultados hay que añadir un matiz, que las candidaturas municipales de “unidad popular” son procesos distintos al de Podemos, aunque todos las identifican con Podemos (exceptuando a muchos que forman parte de las mismas. Paradoja).

¿Y ahora, qué? Faltan dos momentos muy significativos. El primero son los pactos de izquierda que se están fraguando. Está claro que las izquierdas van a pactar entre ellas a favor del que más escaños tenga para desbancar al PP del poder institucional. Es justo y necesario. No es más que la traducción del mandato popular. Nada que ver con muchas declaraciones públicas que los líderes dan como carnaza a los medios de comunicación y que componen un falso escenario teatral. Porque eso de “las listas más votadas” es un sofisma engañoso, pues quien elige a los alcaldes son los concejales, y a los presidentes autonómicos los eligen los parlamentarios regionales. Si el legislador hubiese querido otra cosa, hubiese dicho otra cosa y sería otra ley distinta la que marcase el procedimiento.

El segundo momento, una vez constituidas las instituciones y elegidos sus alcaldes y presidentes, es la gestión que esas instituciones van a hacer. Es la hora de la verdad. Hasta este momento todo es un prólogo litúrgico excesivamente largo y solemne. Hay países de nuestro entorno que abrevian muchísimo más los tiempos para constituir sus instituciones, porque allí la democracia es un fenómeno habitual y ordinario.

“Es en la praxis y no en la teoría donde se realiza el concepto de verdad”, decía K. Marx. Y efectivamente, es en la gestión donde se podrá verificar si todo esto ha merecido la pena. Si todo lo que los partidos y coaliciones pactantes declaran como “líneas rojas” (qué expresión más ridícula) las interiorizan y supiesen cómo llevarlas a cabo y con qué medios económicos y organizativos, no tienen más que elaborar un breve documento con un programa mínimo común. Así de sencillo.

Los pactantes son fundamentalmente dos, el PSOE y Podemos (incluyendo las candidaturas populares municipales). En muchos casos son también necesarios otros partidos de izquierda. Ambos partidos tienen características muy distintas que tendrán que limar para confluir. El PSOE  tiene que hacerse perdonar sus últimos años de gestión, en los que su prepotencia política y su oxidación gestora derivó en corrupción e ineficacia, tanto directa como indirectamente. En estas elecciones ha recibido un regalo maravilloso que consiste en una segunda oportunidad para que, desde los ayuntamientos y gobiernos autonómicos, demuestre que los principios socialistas siguen vigentes y son viables. Para ello deberá hacer realmente una renovación de personas e ideas que todavía no ha realizado suficientemente. Debería copiar algo de la gestión que los ayuntamientos de izquierda hicieron en 1979 y que tanto influyó en la victoria socialista de 1982. El PCE, que protagonizó una buena parte de esa gestión, no lo rentabilizó tanto. El malditismo de la letra “C” empezaba a funcionar y hubo que inventar IU, actualmente en crisis profunda por la fagocitación de Podemos.

Podemos y sus subproductos tienen que demostrar dos cosas: la primera es su honestidad, puesto que aún no han gobernado. En democracia no hay que dar nada por supuesto. Y la segunda es su capacidad de gestión, ya que en su mayoría son gente sin experiencia política, aunque tengan en su haber su profesionalidad privada. Se trata de dos ámbitos muy distintos. La gestión pública es realmente compleja y complicada, aunque todo es susceptible de ser aprendido por gente capacitada y dispuesta.

Ambos, PSOE y Podemos, deberán demostrar que “la gente” ha hablado en esta dirección y que ahora son ellos los que deben traducir esa voluntad popular. La ciudadanía percibe la bondad de la política a través de la acción institucional y no de los discursos públicos ni de la vida orgánica de los partidos. A partir de ahora las instituciones deben ser de cristal, lo que no quiere decir asamblearias, eficaces, eficientes y justas. Sus funcionarios deben ser la garantía profesional de su funcionamiento, dejando las libres designaciones reducidas a las imprescindibles. Y el cumplimiento de la ley (su letra y su espíritu) debe ser la referencia básica en esa gestión. La corrupción no es más que una mera consecuencia de la ilegalidad y la opacidad en la gestión pública.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 23 de mayo de 2015

24-M, ALGO MÁS QUE UNAS ELECCIONES

Algunas elecciones municipales en España no son solo municipales, sino la primera fase de algo más importante que viene luego. Al menos, en el recién finalizado siglo XX, hay dos ejemplos de libro: las elecciones municipales de abril de 1931, con la derrota de los monárquicos frente a los republicanos, trajo la II República española. El segundo ejemplo son las primeras elecciones municipales de 1979, que instaló gobiernos municipales de izquierda en la mayoría de los municipios españoles, tras el pacto municipalista entre el PSOE y el PCE. La izquierda municipal y su buena gestión influyó mucho en la aplastante victoria socialista en las generales de 1982. Y las elecciones de mañana, municipales y autonómicas, también predicen un cambio de ciclo a nivel de Estado en las próximas generales de noviembre.

Todos los sondeos indican un resultado en cuya cabeza, va a haber cuatro partidos destacados: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Los dos siguientes partidos de ámbito estatal, IU y UPyD, se quedan descolgados y en algún caso desaparecen de alguna institución. Los partidos de ámbito regional, se buscarán la vida en sus respectivas demarcaciones, pero no les va a ir nada bien.

Ha sido ésta una campaña distinta a las últimas anteriores. Sin duda, marcada por la emergencia de los dos nuevos partidos, pero también muy influida por los sondeos de precampaña y campaña. Así, el PP ha hecho lo de siempre: triunfalismo de gobernante y generador de miedos ante cualquier cambio o novedad, presentando como éxito político su gran fracaso social. El PSOE, que arrancó muy mal en la perspectiva de sus propios votantes anteriores, se ha crecido durante la campaña y ha tenido un estirón fuerte. En Aragón, por ejemplo, el candidato socialista a la DGA, se ha mostrado como un político muy sólido ante la concurrencia que no lo conocía, dado su origen municipal rural. Ha sido para muchos, no para mí, la auténtica sorpresa de la campaña. Y si llega a gobernar, será un buen presidente para sorpresa de muchos. Lambán es el gran desconocido de la política aragonesa y, en mi opinión, el más capacitado. Podemos ha demostrado la teoría del suflé, y se ha ido desinflando respecto a las expectativas de hace unos meses. Bien es verdad que su auténtico ámbito de juego serán las próximas generales. Ciudadanos es, tras Podemos, la nueva sorpresa mediática y electoral en España. Ambos partidos tienen distintos orígenes, de izquierda en el caso de Podemos y conservador en el caso de Ciudadanos. Pero tienen una gran semejanza: ambos quieren acabar con el bipartidismo de PSOE y PP, cuyos lugares quieren ocupar, pero ninguno ha pensado que esto de la política y los partidos es algo más complejo que requiere tiempo. Sin duda que los dos partidos emergentes van a conseguir unos magníficos resultados pero que a muchos de los propios les va a saber a poco.

Es  curiosa la génesis de ambos partidos emergentes. Ambos han sido catapultados por poderes mediáticos y financieros, con la intención de servir como recambio al bipartidismo vigente. Podemos surge de IU, al que fagocita ante la sorpresiva e ingenua mirada de sus cuadros y militantes, pero choca con la férrea resistencia de los socialistas. En el caso de Ciudadanos, el PP lo genera como barrera contra el nacionalismo catalán hasta que descubre que le puede servir de muleta en el caso de una mayoría insuficiente. En definitiva, y haciendo bueno a Lampedusa, la intención de los poderes fácticos era cambiar para que nada cambie.

Sin embargo, desde el 15-M de 2011, y al rebufo de la crisis, ha aparecido una sociedad que ha transitado desde la desafección política hacia una gran politización social. Lo social se ha metido en el debate político y la gente empieza a creer que el sentido de su voto puede modificar las políticas sociales a su favor. Esto es la política real. Podemos ha sabido traducir políticamente esa nueva energía sociopolítica, pero también todos los partidos han tenido que modificar su discurso. Lo que no es poco. Será necesario que la sociedad no abandone esa presión a los partidos y a las instituciones para que la productividad política de las instituciones y de los parlamentos responda a los anhelos de la sociedad, que ha despertado de su letargo. La situación actual, socialmente insostenible, no digo que se vaya a solucionar de un plumazo, pero si la presión a los partidos sigue, se perfilará un horizonte que nos restituirá la dignidad y traerá la posibilidad de mejorar la gobernanza de este país. Cuando las condiciones objetivas de la situación hacen difícil-imposible una política socialdemócrata, hay que practicar un reformismo fuerte. Eso pasó en la Transición y no nos fue mal.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 9 de mayo de 2015

IZQUIERDA Y DERECHA EN EUROPA

Con tantas elecciones nacionales, hemos vuelto a perder el hilo con Europa, donde sigue estando la solución a casi todos nuestros problemas. Si ya las elecciones generales no tienen mucho sentido ni mucho margen de maniobra si no es desde la perspectiva europea, las autonómicas y municipales casi son juegos de entretenimiento. Sin embargo, cuánta pasión y qué entretenidos andamos haciendo cábalas con las prospecciones matemáticas tras las elecciones.

No se trata de menospreciar nuestras elecciones más cercanas y más entrañables, sino de elevar la vista a una perspectiva más global y más incidente en nuestro modelo de vida y de sociedad. Y, por descontado, dar a cada una la importancia que tiene, que en todos los casos es mucha.

Hoy en Europa está vigente la filosofía neoliberal con sus características de individualismo frente a sociedad, desigualdad frente a dignidad y capitalismo de mercado frente a una redistribución más justa entre las rentas del capital y las del trabajo. Muy lejos ya de aquel capitalismo social que fue la socialdemocracia, que intentaba neutralizar la influencia del comunismo y que finalizó en 1989 con el colapso comunista de la URSS. Entonces había un mayor equilibrio entre riqueza y pobreza, mientras que la actualidad de capitalismo duro y de referencia única nos arrastra a una competitividad de bolsas y mercados que imposibilita una mínima redistribución que pueda llamarse democracia.

Por esta razón, las elecciones puramente nacionales, regionales o locales cada día tienen un sentido más relativo si no nos situamos en una perspectiva plenamente europea que posibilite una mejor redistribución de la riqueza y en la que la referencia de Desarrollo Humano sustituya a la competitividad de los mercados y donde lo pequeño vuelva a ser hermoso, sin que ello neutralice las ventajas humanas y económicas que puede tener una globalización con rostro humano.

Es aquí donde adquiere sentido la diferencia entre derecha e izquierda, aunque la derecha parece tener todo claro mientras la izquierda parece reinventarse cada día. Los discursos entre derecha e izquierda se parecen cada vez más a un diálogo de sordos donde las palabras solo tienen el significado que les da el que manda. La austeridad forzosa que hoy nos predican los poderes públicos no tiene nada que ver con esa austeridad ética y estética de hace ya mucho tiempo, que se basaba en la dignidad de la persona y era el resultado de una educación individual y social. Esa estética y ética eran todo un estilo de vida.

Actualmente, Europa ha dejado de ser un proyecto socialdemócrata y se ha transformado en un modelo de capitalismo duro donde lo macro se impone a lo micro y donde unas economías (las del norte de Europa) se nutren de las miserias de los países del sur  de Europa. Y si esto sucede en Europa qué no sucederá en los denominados países subdesarrollados, que solo sirven para ser expoliados y para consumir los excedentes bélicos de los países ricos, que se usan en guerras locales sin sentido y que constituyen el contrapeso y el precio de la paz de los países desarrollados. Luego nos quejamos de los actos terroristas puntuales, nunca justificables aunque sí “explicables” en un contexto mundial de gran injusticia y desigualdad.

Es en este contexto donde la nueva izquierda debe elaborar su nuevo discurso conceptual y su praxis política. Estamos viendo que las nuevas y recién aparecidas políticas españolas redescubren la socialdemocracia como el mejor instrumento para conseguir una mayoría social democrática, lejos de izquierdismos tan estériles como antiguos y que repelen a esas mayorías sociales, preñadas de modernidad pero sin medios para su desarrollo.

Estamos asistiendo a un espectáculo en el que gobiernos socialdemócratas europeos están apuntalando un modelo neoliberal, cuya desigualdad e injusticia son cada día mayores. Y donde la mediocridad y la corrupción campan a sus anchas sin distinguir entre modelos ni sistemas. Todos parecen intercambiables: la trama Gurtel se mezcla con los ERES andaluces y el confusionismo es tal que la gente sencilla es susceptible de ser vilmente engañada por cualquier recurso dialéctico con una mínima y aparente chispa de novedad. Nos fijamos en detalles puramente anecdóticos y formales y nos cuelan logros macroestadísticos del más duro capitalismo financiero que vive gracias a un método parasitario y vampírico que se nutre de los déficits sociales y públicos. Y no solamente es la economía la que se ve negativamente afectada sino la misma democracia a la que empiezan a fallarle los mínimos cuantitativos y cualitativos de tal concepto. La socialdemocracia  actual es inexistente en sus grandes principios, a los que tiene que volver si queremos que el proyecto europeo no se nos vaya de las manos definitivamente.

Mariano Berges, profesor de filosofía



sábado, 25 de abril de 2015

EL CONOCIMIENTO DE LOS LÍMITES

Tras un tiempo de desconexión con vosotros, queridos y sufridos lectores, vuelvo a contactar gustoso y hambriento. La causa ha sido una larga hospitalización, con operación incluida. Todo ha ido muy bien, aunque necesitado todavía de una lenta recuperación. Sirva esto como educada explicación, lejos de cualquier “striptease” típico de las redes sociales. 

Treinta y tres días de hospitalización dan para mucho: pensamiento, lectura, depresiones, emociones… y conocimiento de tus límites. La prioridad de la salud puede con todo. Lo demás puede esperar. La relatividad es casi total. Quizás sea ésta la palabra clave: relatividad de las cosas, de las situaciones, de las personas, incluido mi yo. Recuerdo que relatividad no es desapego ni deprecio, sino todo lo contrario, sentirte “en relación con” desde tu perspectiva y en comunión con los demás. La relación entre cuerpo y espíritu se palpa material y constantemente. Las emociones y la producción intelectual interactúan de una manera intensa, no siempre positiva. En cualquier caso, se trata de toda una experiencia de gran importancia vital. Paradójicamente recomendable para todo aquél que quiera dar sentido a su vida. Volví a releer “La montaña mágica” de T. Mann. Todo un tratado de hospitalización y de otras muchas cosas.

Pues bien, volviendo a mis vivencias personales, debo decir que he descubierto el conocimiento de mis límites. Con humildad y con toda la sabiduría de la que he sido capaz. La salud, los afectos, las emociones, el sufrimiento, las pequeñas victorias a lo largo del proceso… En definitiva, he descubierto  la vida, incluyendo su caducidad, que forma parte esencial de ella.

El conocimiento de los límites es el paso previo e imprescindible de cualquier transformación revolucionaria. Posiblemente nadie como Kant lo supo plasmar marcando los límites de la ciencia, la metafísica y la religión como pasos previos e imprescindibles para la constitución del auténtico conocimiento. Hegel desarrolla los límites de la razón. Pero tenemos otros ejemplos como Copérnico (heliocentrismo contra el ridículo geocentrismo), Galileo (la unión de la matemática y la física, que posibilita el comienzo de la ciencia moderna), Marx como primer analista global de la sociedad industrial, Darwin (rompiendo el falso orgullo divino del hombre), Freud (los límites de la consciencia humana). Sin entrar a considerar, por su rabioso presente, a los padres de la cibernética y sus consecuencias en las revolucionarias nuevas tecnologías.

Pero una larga hospitalización no tiene porque aislarte de la vida de los demás, de sus intereses y de la sociedad de la que formas parte. El contacto con los medios de comunicación es una manera de seguir vivo y en contacto con la realidad. Yo, personalmente, me he sentido siempre formando parte de una realidad que debo primero comprender para luego poder transformarla. Por eso, nada de lo que siempre ha sido mi vida (lecturas, filosofía, política, información en general) ha estado ausente durante el proceso. Aunque, eso sí, desde una gran relatividad y desde una mayor sabiduría. Precisamente por el conocimiento de mis límites.

Otra parte de este artículo casi es obligada: un breve comentario sobre nuestro sistema de salud pública. El sistema es magnífico, aunque mejoraría con una mayor eficiencia de los recursos materiales y una mejor coordinación. Pero hay que reconocer que cualquier gran sistema conlleva siempre ciertas áreas de mejora. El sistema es tan bueno que sus profesionales se sienten orgullosos como servidores públicos, independientemente de su ideología política. Yo estoy convencido de que si algún gobierno intentase desmantelar este enorme logro de la sociedad española, ésta se levantaría, como ya ha demostrado Madrid en los últimos tiempos. La salud y la educación públicas son los dos fundamentos esenciales de una sociedad de progreso. Y los dos sistemas deben ser públicos, aunque no haya que despreciar algunas externalizaciones en sus servicios secundarios, carentes de valor añadido, pero siempre controlados públicamente en su calidad y eficiencia.

El sistema español de salud equilibra bien sus dimensiones de verticalidad y horizontalidad. Cada sector funciona autónomamente y en relación con los demás. Si algo me ha llamado la atención ha sido la enorme profesionalidad y dedicación de las enfermeras (uso el femenino por su mayor presencia). Ellas y los médicos de familia forman el  auténtico pilar cotidiano de la salud española. Aunque siempre finalizando en la enorme capacidad de nuestros médicos.

Mi valoración no está motivada por los buenos resultados finales en mi persona, que también, sino por un análisis objetivo del mismo en mi largo “cautiverio” hospitalario.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 14 de marzo de 2015

VIEJA Y NUEVA POLÍTICA

Ya he dicho en otras ocasiones que Podemos es un fenómeno digno de estudio y que ha seducido a una cantidad importante de ciudadanos desencantados de la política convencional. Los que hemos ejercido de políticos ¿convencionales? nos podemos permitir el lujo de pensar y repensar las características de este fenómeno y sus consecuencias.

En cuestiones complejas hay que pensar siempre en un conjunto de causas, y nunca en una sola causa. Cualquier explicación lineal o es una trampa o es una tontería. La explicación de la realidad, como paso previo a su transformación, exige siempre complejidad. Se puede discutir si los actuales partidos ejercen bien o no la representación de los intereses ciudadanos, cual es su obligación política. Es más, se puede proclamar la justicia de la crítica hacia la colonización institucional que esos partidos han realizado, después de haber ejercido una enorme labor en la transformación de la sociedad española. Pero es cierto que en estos momentos, la pluralidad política se ha convertido en complicidad culpable y la participación política no pasa de ser un ejercicio de mera contemplación estéril.

Efectivamente, el “No nos representan” se ha convertido en el grito que mejor sintetiza esta postura primera de los indignados, previa a la fase de politización. Podemos ha transformado en política, incipiente y sin contrastar todavía, esa rabia. Y ha construido un relato que intenta aglutinar la nueva representación que aspiran a personalizar ellos. Y como buenos teóricos y procedentes de unos estratos políticos que nunca han detentado el poder, aspiran a una nueva hegemonía, como única manera de demostrar el cambio de tendencia.

Sin embargo, el nuevo relato carece de propuestas. Solo habla de quitar a unos para ponerme yo. Aprovecha la falta de sentido crítico de la sociedad española que a lo máximo que llega es a “darles una oportunidad” a los nuevos porque a los viejos ya los tienen muy vistos. En mi opinión, eso es poca cosa. La antipolítica en que se basa el nuevo relato no pasaría de ser un prólogo de la nueva narrativa. Y cuatro años en política es una eternidad para probatinas. El ejemplo de esa eternidad es la regresión profunda que ha supuesto la legislatura actual del PP.

Podemos no ha transcendido lo meramente simbólico, apoyándose en no más de media docena de palabras, ni siquiera conceptos, que usan como estribillo de una ya vieja y reiterada canción. Repito, es poco fundamento para una nueva epopeya. No estamos ante un paradigma potente que signifique un cambio de época. Aunque sí que estamos en un cambio de época, pero sin representantes suficientemente significativos. Si el proceso de instalación de Podemos no fuera acompañado del negativismo de los partidos convencionales, no tendría tanto espacio representativo como tiene. El ciudadano necesita imperiosamente depositar su confianza política en alguien. Y tras casi cuarenta años de ver los mismos rostros y los mismos discursos, exige un cambio, por superficial que sea. Porque no es la corrupción la que ha causado la crisis, sino la crisis la que ha aflorado la corrupción. Siempre ha habido corrupción en España, pero no es lo mismo contemplarla desde una posición personal gratificante que desde una situación trágica y con pocos indicios de mejora. Ese es el visor existente en estos momentos y ese mismo visor puede falsearnos el análisis de la realidad.

Otra cuestión fuertemente causal de la nueva tendencia son los medios de comunicación, instrumentos creadores de opinión por excelencia y que nunca habían estado tan politizados como ahora. Actualmente, casi todos los medios en formato papel y audiovisual son claramente conservadores. Es necesario ir a los medios digitales para leer opinión libre. Y ahí es donde Podemos se mueve mejor que el resto de partidos creando una nueva dialéctica política. Han convertido el miedo en esperanza, sin grandes conceptos y con un enorme vacío de propuestas. Una sola nota sobresaliente: contra la casta. La identidad de los nuevos narradores necesita indefectiblemente del antagonista para existir. Existen en tanto niegan a los otros. No existen por si mismos. Esa falta de autonomía y de sujeto político es el mayor déficit del nuevo relato político.

Coda final. Sigo pensando que el PSOE, histórico partido progresista y con vocación de gobierno, sigue siendo el instrumento político más idóneo para este momento de crisis. Siempre que cumpla con dos requisitos que se resiste a afrontar: la renovación de personas (y políticas) y la expulsión de corruptos. No se trata de ninguna inquisición sino de contrarrestar la erosión del tiempo.


Mariano Berges, profesor de filosofía