sábado, 23 de mayo de 2015

24-M, ALGO MÁS QUE UNAS ELECCIONES

Algunas elecciones municipales en España no son solo municipales, sino la primera fase de algo más importante que viene luego. Al menos, en el recién finalizado siglo XX, hay dos ejemplos de libro: las elecciones municipales de abril de 1931, con la derrota de los monárquicos frente a los republicanos, trajo la II República española. El segundo ejemplo son las primeras elecciones municipales de 1979, que instaló gobiernos municipales de izquierda en la mayoría de los municipios españoles, tras el pacto municipalista entre el PSOE y el PCE. La izquierda municipal y su buena gestión influyó mucho en la aplastante victoria socialista en las generales de 1982. Y las elecciones de mañana, municipales y autonómicas, también predicen un cambio de ciclo a nivel de Estado en las próximas generales de noviembre.

Todos los sondeos indican un resultado en cuya cabeza, va a haber cuatro partidos destacados: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Los dos siguientes partidos de ámbito estatal, IU y UPyD, se quedan descolgados y en algún caso desaparecen de alguna institución. Los partidos de ámbito regional, se buscarán la vida en sus respectivas demarcaciones, pero no les va a ir nada bien.

Ha sido ésta una campaña distinta a las últimas anteriores. Sin duda, marcada por la emergencia de los dos nuevos partidos, pero también muy influida por los sondeos de precampaña y campaña. Así, el PP ha hecho lo de siempre: triunfalismo de gobernante y generador de miedos ante cualquier cambio o novedad, presentando como éxito político su gran fracaso social. El PSOE, que arrancó muy mal en la perspectiva de sus propios votantes anteriores, se ha crecido durante la campaña y ha tenido un estirón fuerte. En Aragón, por ejemplo, el candidato socialista a la DGA, se ha mostrado como un político muy sólido ante la concurrencia que no lo conocía, dado su origen municipal rural. Ha sido para muchos, no para mí, la auténtica sorpresa de la campaña. Y si llega a gobernar, será un buen presidente para sorpresa de muchos. Lambán es el gran desconocido de la política aragonesa y, en mi opinión, el más capacitado. Podemos ha demostrado la teoría del suflé, y se ha ido desinflando respecto a las expectativas de hace unos meses. Bien es verdad que su auténtico ámbito de juego serán las próximas generales. Ciudadanos es, tras Podemos, la nueva sorpresa mediática y electoral en España. Ambos partidos tienen distintos orígenes, de izquierda en el caso de Podemos y conservador en el caso de Ciudadanos. Pero tienen una gran semejanza: ambos quieren acabar con el bipartidismo de PSOE y PP, cuyos lugares quieren ocupar, pero ninguno ha pensado que esto de la política y los partidos es algo más complejo que requiere tiempo. Sin duda que los dos partidos emergentes van a conseguir unos magníficos resultados pero que a muchos de los propios les va a saber a poco.

Es  curiosa la génesis de ambos partidos emergentes. Ambos han sido catapultados por poderes mediáticos y financieros, con la intención de servir como recambio al bipartidismo vigente. Podemos surge de IU, al que fagocita ante la sorpresiva e ingenua mirada de sus cuadros y militantes, pero choca con la férrea resistencia de los socialistas. En el caso de Ciudadanos, el PP lo genera como barrera contra el nacionalismo catalán hasta que descubre que le puede servir de muleta en el caso de una mayoría insuficiente. En definitiva, y haciendo bueno a Lampedusa, la intención de los poderes fácticos era cambiar para que nada cambie.

Sin embargo, desde el 15-M de 2011, y al rebufo de la crisis, ha aparecido una sociedad que ha transitado desde la desafección política hacia una gran politización social. Lo social se ha metido en el debate político y la gente empieza a creer que el sentido de su voto puede modificar las políticas sociales a su favor. Esto es la política real. Podemos ha sabido traducir políticamente esa nueva energía sociopolítica, pero también todos los partidos han tenido que modificar su discurso. Lo que no es poco. Será necesario que la sociedad no abandone esa presión a los partidos y a las instituciones para que la productividad política de las instituciones y de los parlamentos responda a los anhelos de la sociedad, que ha despertado de su letargo. La situación actual, socialmente insostenible, no digo que se vaya a solucionar de un plumazo, pero si la presión a los partidos sigue, se perfilará un horizonte que nos restituirá la dignidad y traerá la posibilidad de mejorar la gobernanza de este país. Cuando las condiciones objetivas de la situación hacen difícil-imposible una política socialdemócrata, hay que practicar un reformismo fuerte. Eso pasó en la Transición y no nos fue mal.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 9 de mayo de 2015

IZQUIERDA Y DERECHA EN EUROPA

Con tantas elecciones nacionales, hemos vuelto a perder el hilo con Europa, donde sigue estando la solución a casi todos nuestros problemas. Si ya las elecciones generales no tienen mucho sentido ni mucho margen de maniobra si no es desde la perspectiva europea, las autonómicas y municipales casi son juegos de entretenimiento. Sin embargo, cuánta pasión y qué entretenidos andamos haciendo cábalas con las prospecciones matemáticas tras las elecciones.

No se trata de menospreciar nuestras elecciones más cercanas y más entrañables, sino de elevar la vista a una perspectiva más global y más incidente en nuestro modelo de vida y de sociedad. Y, por descontado, dar a cada una la importancia que tiene, que en todos los casos es mucha.

Hoy en Europa está vigente la filosofía neoliberal con sus características de individualismo frente a sociedad, desigualdad frente a dignidad y capitalismo de mercado frente a una redistribución más justa entre las rentas del capital y las del trabajo. Muy lejos ya de aquel capitalismo social que fue la socialdemocracia, que intentaba neutralizar la influencia del comunismo y que finalizó en 1989 con el colapso comunista de la URSS. Entonces había un mayor equilibrio entre riqueza y pobreza, mientras que la actualidad de capitalismo duro y de referencia única nos arrastra a una competitividad de bolsas y mercados que imposibilita una mínima redistribución que pueda llamarse democracia.

Por esta razón, las elecciones puramente nacionales, regionales o locales cada día tienen un sentido más relativo si no nos situamos en una perspectiva plenamente europea que posibilite una mejor redistribución de la riqueza y en la que la referencia de Desarrollo Humano sustituya a la competitividad de los mercados y donde lo pequeño vuelva a ser hermoso, sin que ello neutralice las ventajas humanas y económicas que puede tener una globalización con rostro humano.

Es aquí donde adquiere sentido la diferencia entre derecha e izquierda, aunque la derecha parece tener todo claro mientras la izquierda parece reinventarse cada día. Los discursos entre derecha e izquierda se parecen cada vez más a un diálogo de sordos donde las palabras solo tienen el significado que les da el que manda. La austeridad forzosa que hoy nos predican los poderes públicos no tiene nada que ver con esa austeridad ética y estética de hace ya mucho tiempo, que se basaba en la dignidad de la persona y era el resultado de una educación individual y social. Esa estética y ética eran todo un estilo de vida.

Actualmente, Europa ha dejado de ser un proyecto socialdemócrata y se ha transformado en un modelo de capitalismo duro donde lo macro se impone a lo micro y donde unas economías (las del norte de Europa) se nutren de las miserias de los países del sur  de Europa. Y si esto sucede en Europa qué no sucederá en los denominados países subdesarrollados, que solo sirven para ser expoliados y para consumir los excedentes bélicos de los países ricos, que se usan en guerras locales sin sentido y que constituyen el contrapeso y el precio de la paz de los países desarrollados. Luego nos quejamos de los actos terroristas puntuales, nunca justificables aunque sí “explicables” en un contexto mundial de gran injusticia y desigualdad.

Es en este contexto donde la nueva izquierda debe elaborar su nuevo discurso conceptual y su praxis política. Estamos viendo que las nuevas y recién aparecidas políticas españolas redescubren la socialdemocracia como el mejor instrumento para conseguir una mayoría social democrática, lejos de izquierdismos tan estériles como antiguos y que repelen a esas mayorías sociales, preñadas de modernidad pero sin medios para su desarrollo.

Estamos asistiendo a un espectáculo en el que gobiernos socialdemócratas europeos están apuntalando un modelo neoliberal, cuya desigualdad e injusticia son cada día mayores. Y donde la mediocridad y la corrupción campan a sus anchas sin distinguir entre modelos ni sistemas. Todos parecen intercambiables: la trama Gurtel se mezcla con los ERES andaluces y el confusionismo es tal que la gente sencilla es susceptible de ser vilmente engañada por cualquier recurso dialéctico con una mínima y aparente chispa de novedad. Nos fijamos en detalles puramente anecdóticos y formales y nos cuelan logros macroestadísticos del más duro capitalismo financiero que vive gracias a un método parasitario y vampírico que se nutre de los déficits sociales y públicos. Y no solamente es la economía la que se ve negativamente afectada sino la misma democracia a la que empiezan a fallarle los mínimos cuantitativos y cualitativos de tal concepto. La socialdemocracia  actual es inexistente en sus grandes principios, a los que tiene que volver si queremos que el proyecto europeo no se nos vaya de las manos definitivamente.

Mariano Berges, profesor de filosofía



sábado, 25 de abril de 2015

EL CONOCIMIENTO DE LOS LÍMITES

Tras un tiempo de desconexión con vosotros, queridos y sufridos lectores, vuelvo a contactar gustoso y hambriento. La causa ha sido una larga hospitalización, con operación incluida. Todo ha ido muy bien, aunque necesitado todavía de una lenta recuperación. Sirva esto como educada explicación, lejos de cualquier “striptease” típico de las redes sociales. 

Treinta y tres días de hospitalización dan para mucho: pensamiento, lectura, depresiones, emociones… y conocimiento de tus límites. La prioridad de la salud puede con todo. Lo demás puede esperar. La relatividad es casi total. Quizás sea ésta la palabra clave: relatividad de las cosas, de las situaciones, de las personas, incluido mi yo. Recuerdo que relatividad no es desapego ni deprecio, sino todo lo contrario, sentirte “en relación con” desde tu perspectiva y en comunión con los demás. La relación entre cuerpo y espíritu se palpa material y constantemente. Las emociones y la producción intelectual interactúan de una manera intensa, no siempre positiva. En cualquier caso, se trata de toda una experiencia de gran importancia vital. Paradójicamente recomendable para todo aquél que quiera dar sentido a su vida. Volví a releer “La montaña mágica” de T. Mann. Todo un tratado de hospitalización y de otras muchas cosas.

Pues bien, volviendo a mis vivencias personales, debo decir que he descubierto el conocimiento de mis límites. Con humildad y con toda la sabiduría de la que he sido capaz. La salud, los afectos, las emociones, el sufrimiento, las pequeñas victorias a lo largo del proceso… En definitiva, he descubierto  la vida, incluyendo su caducidad, que forma parte esencial de ella.

El conocimiento de los límites es el paso previo e imprescindible de cualquier transformación revolucionaria. Posiblemente nadie como Kant lo supo plasmar marcando los límites de la ciencia, la metafísica y la religión como pasos previos e imprescindibles para la constitución del auténtico conocimiento. Hegel desarrolla los límites de la razón. Pero tenemos otros ejemplos como Copérnico (heliocentrismo contra el ridículo geocentrismo), Galileo (la unión de la matemática y la física, que posibilita el comienzo de la ciencia moderna), Marx como primer analista global de la sociedad industrial, Darwin (rompiendo el falso orgullo divino del hombre), Freud (los límites de la consciencia humana). Sin entrar a considerar, por su rabioso presente, a los padres de la cibernética y sus consecuencias en las revolucionarias nuevas tecnologías.

Pero una larga hospitalización no tiene porque aislarte de la vida de los demás, de sus intereses y de la sociedad de la que formas parte. El contacto con los medios de comunicación es una manera de seguir vivo y en contacto con la realidad. Yo, personalmente, me he sentido siempre formando parte de una realidad que debo primero comprender para luego poder transformarla. Por eso, nada de lo que siempre ha sido mi vida (lecturas, filosofía, política, información en general) ha estado ausente durante el proceso. Aunque, eso sí, desde una gran relatividad y desde una mayor sabiduría. Precisamente por el conocimiento de mis límites.

Otra parte de este artículo casi es obligada: un breve comentario sobre nuestro sistema de salud pública. El sistema es magnífico, aunque mejoraría con una mayor eficiencia de los recursos materiales y una mejor coordinación. Pero hay que reconocer que cualquier gran sistema conlleva siempre ciertas áreas de mejora. El sistema es tan bueno que sus profesionales se sienten orgullosos como servidores públicos, independientemente de su ideología política. Yo estoy convencido de que si algún gobierno intentase desmantelar este enorme logro de la sociedad española, ésta se levantaría, como ya ha demostrado Madrid en los últimos tiempos. La salud y la educación públicas son los dos fundamentos esenciales de una sociedad de progreso. Y los dos sistemas deben ser públicos, aunque no haya que despreciar algunas externalizaciones en sus servicios secundarios, carentes de valor añadido, pero siempre controlados públicamente en su calidad y eficiencia.

El sistema español de salud equilibra bien sus dimensiones de verticalidad y horizontalidad. Cada sector funciona autónomamente y en relación con los demás. Si algo me ha llamado la atención ha sido la enorme profesionalidad y dedicación de las enfermeras (uso el femenino por su mayor presencia). Ellas y los médicos de familia forman el  auténtico pilar cotidiano de la salud española. Aunque siempre finalizando en la enorme capacidad de nuestros médicos.

Mi valoración no está motivada por los buenos resultados finales en mi persona, que también, sino por un análisis objetivo del mismo en mi largo “cautiverio” hospitalario.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 14 de marzo de 2015

VIEJA Y NUEVA POLÍTICA

Ya he dicho en otras ocasiones que Podemos es un fenómeno digno de estudio y que ha seducido a una cantidad importante de ciudadanos desencantados de la política convencional. Los que hemos ejercido de políticos ¿convencionales? nos podemos permitir el lujo de pensar y repensar las características de este fenómeno y sus consecuencias.

En cuestiones complejas hay que pensar siempre en un conjunto de causas, y nunca en una sola causa. Cualquier explicación lineal o es una trampa o es una tontería. La explicación de la realidad, como paso previo a su transformación, exige siempre complejidad. Se puede discutir si los actuales partidos ejercen bien o no la representación de los intereses ciudadanos, cual es su obligación política. Es más, se puede proclamar la justicia de la crítica hacia la colonización institucional que esos partidos han realizado, después de haber ejercido una enorme labor en la transformación de la sociedad española. Pero es cierto que en estos momentos, la pluralidad política se ha convertido en complicidad culpable y la participación política no pasa de ser un ejercicio de mera contemplación estéril.

Efectivamente, el “No nos representan” se ha convertido en el grito que mejor sintetiza esta postura primera de los indignados, previa a la fase de politización. Podemos ha transformado en política, incipiente y sin contrastar todavía, esa rabia. Y ha construido un relato que intenta aglutinar la nueva representación que aspiran a personalizar ellos. Y como buenos teóricos y procedentes de unos estratos políticos que nunca han detentado el poder, aspiran a una nueva hegemonía, como única manera de demostrar el cambio de tendencia.

Sin embargo, el nuevo relato carece de propuestas. Solo habla de quitar a unos para ponerme yo. Aprovecha la falta de sentido crítico de la sociedad española que a lo máximo que llega es a “darles una oportunidad” a los nuevos porque a los viejos ya los tienen muy vistos. En mi opinión, eso es poca cosa. La antipolítica en que se basa el nuevo relato no pasaría de ser un prólogo de la nueva narrativa. Y cuatro años en política es una eternidad para probatinas. El ejemplo de esa eternidad es la regresión profunda que ha supuesto la legislatura actual del PP.

Podemos no ha transcendido lo meramente simbólico, apoyándose en no más de media docena de palabras, ni siquiera conceptos, que usan como estribillo de una ya vieja y reiterada canción. Repito, es poco fundamento para una nueva epopeya. No estamos ante un paradigma potente que signifique un cambio de época. Aunque sí que estamos en un cambio de época, pero sin representantes suficientemente significativos. Si el proceso de instalación de Podemos no fuera acompañado del negativismo de los partidos convencionales, no tendría tanto espacio representativo como tiene. El ciudadano necesita imperiosamente depositar su confianza política en alguien. Y tras casi cuarenta años de ver los mismos rostros y los mismos discursos, exige un cambio, por superficial que sea. Porque no es la corrupción la que ha causado la crisis, sino la crisis la que ha aflorado la corrupción. Siempre ha habido corrupción en España, pero no es lo mismo contemplarla desde una posición personal gratificante que desde una situación trágica y con pocos indicios de mejora. Ese es el visor existente en estos momentos y ese mismo visor puede falsearnos el análisis de la realidad.

Otra cuestión fuertemente causal de la nueva tendencia son los medios de comunicación, instrumentos creadores de opinión por excelencia y que nunca habían estado tan politizados como ahora. Actualmente, casi todos los medios en formato papel y audiovisual son claramente conservadores. Es necesario ir a los medios digitales para leer opinión libre. Y ahí es donde Podemos se mueve mejor que el resto de partidos creando una nueva dialéctica política. Han convertido el miedo en esperanza, sin grandes conceptos y con un enorme vacío de propuestas. Una sola nota sobresaliente: contra la casta. La identidad de los nuevos narradores necesita indefectiblemente del antagonista para existir. Existen en tanto niegan a los otros. No existen por si mismos. Esa falta de autonomía y de sujeto político es el mayor déficit del nuevo relato político.

Coda final. Sigo pensando que el PSOE, histórico partido progresista y con vocación de gobierno, sigue siendo el instrumento político más idóneo para este momento de crisis. Siempre que cumpla con dos requisitos que se resiste a afrontar: la renovación de personas (y políticas) y la expulsión de corruptos. No se trata de ninguna inquisición sino de contrarrestar la erosión del tiempo.


Mariano Berges, profesor de filosofía

miércoles, 18 de febrero de 2015

NO ES CASUALIDAD SINO CAUSALIDAD

Confieso abiertamente que me pongo a escribir este artículo sin una línea mental previa, ya que estoy anonadado por la cantidad y la rapidez de noticias. No sé qué  saldrá. El título lo he puesto después de terminar el artículo.

Ya ha empezado el trepidante año de 2015: a las muchas elecciones obligadas, se han añadido dos voluntarias, Andalucía y Cataluña. Y las elecciones de Grecia, que también parecen españolas. Así de intensamente las hemos vivido. Pero también ha habido otras noticias. El conflicto de IU-Madrid, al que Podemos no es ajeno. En realidad, Podemos no es ajeno a nada ni a nadie. La firma del PSOE de Sánchez con el PP de Rajoy de un pacto antiterrorista, con la cadena perpetua de fondo, que en el pacto se admite “por responsabilidad” y a continuación se recurre constitucionalmente. Muy difícil de explicar y de entender.

Y yo que creía que podría reflexionar sosegadamente sobre los hechos políticos. O estoy viejo, que lo estoy, o el ritmo de lo que pasa no hay mente que lo pueda procesar, que también.

Permitidme una anécdota personal. Hace unos días formé parte de  una mesa redonda de cinco partidos de izquierda. Los organizadores (CODEF) tuvieron el detalle de entender que el PSOE era de izquierdas. No lo entendían así los otros cuatro de la mesa: IU, CHA, Podemos y Ganemos. Por cierto, los cinco éramos varones. Ya dejaron constancia de ese detalle las mujeres. Pues bien, Ganemos y Podemos demostraron que son lo mismo, aunque formalmente se distingan (poco-nada). Su discurso fue muy flojo, sus argumentos fueron simples y vacíos, sencillamente se dejaron querer como un apetitoso soufflé. IU estaba que no podía aguantar más por integrarse en Ganemos Zaragoza. Le pregunté si con siglas o sin siglas. No contestó. Y CHA, a la que invitaban constantemente a integrarse en Ganemos, se negó porque, de lo contrario, quien defendería a Aragón. Yo reivindiqué la modernización de España con gobiernos socialistas y lamenté la poca renovación del PSOE.

Cuento esto porque, de alguna manera, refleja mi estado de ánimo. En una situación llena de incertidumbres siempre surge la pregunta ¿qué hacer? Pero también te asalta la duda de no estar donde hay que estar, o no hacer o lo que hay que hacer, o no decir lo que hay que decir. Pero sí que tengo una cosa por cierta: lo que sucede no es casual, sino causal. Hay que seguir echando mano del “sospechoso” Freud. El fenómeno Podemos no es casual. El pacto Rajoy-Sánchez no es casual. La desbandada de IU no es casual. El adelanto de elecciones en Andalucía y Cataluña no es casual. Y este artículo tampoco es casual, pues está causado por muchas causalidades que parecen casualidades.

La última noticia-bomba ha sido la encuesta del CIS: gana el PP, segundo Podemos y el PSOE queda desplazado a un tercer lugar, con lo que aún pactando con Podemos queda relegado a ser una potente bisagra. Pero eso son las generales y para eso queda mucho tiempo, que se le va a hacer larguísimo a Podemos, y que va a depender de los logros políticos del nuevo gobierno griego, que tiene poco margen de maniobra. Pero antes están las municipales y autonómicas, donde los viejos partidos repiten rostros y los nuevos no tienen aún ni nombre.

¿Que es mejor ser historiador que profeta? Tampoco obligo a nadie, solo intento reflexionar desde mis parámetros personales. Todo el cambio se reduciría a pasar de un bipartito a un tripartito. Siguen el PP y el PSOE, más o menos debilitados, y ha aparecido Podemos como nuevo en este “Juego de tronos”. Pero ¿estamos hablando de un juego o de reformar la sociedad española? El PP sigue a lo suyo, cuya máxima se puede tomar de una vieja viñeta de El Roto: “Haced que lo intolerable parezca imprescindible”, dice el potentado a sus esbirros. El PSOE, que en mi opinión es el que mejor lo podría tener, no hace uso de sus propios recursos, que son muchos. Pero para ello necesita dos requisitos previos: 1) Reivindicar la modernización que ha habido en España, logro socialista fundamental. 2) Separar de su seno a todos los que han tenido responsabilidad política en todos los desmanes habidos. Que son muchos más que los imputados judicialmente. Hasta que no lo haga le faltará  la  credibilidad mínima para sostener un discurso socialista.

Y falta el tercero del tripartito, Podemos. Poco más se puede decir sin repetirse. Solo recordar que, tras el italiano M5S de Grillo y Syriza de Tsipras, es ya el tercer torpedo antipartido (¿quién los fabrica?) que aspira a ser partido y sentarse en el trono. El problema no es que lo consiga, el problema es quién y cómo va a arreglar España.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 31 de enero de 2015

Nominalismo político

Cada época tiene una serie de palabras endiosadas. En épocas pasadas, hubo algunas maravillosas palabras (libertad, democracia, justicia social) que marcaban el pálpito de la época. Luego fueron tergiversadas, abusadas, perdieron su sentido real, quedaron vacías de contenido, y entraron en el limbo nominalista. Actualmente, hay otras palabras de moda (modernización, reducción del Estado, desregulación, globalización), con sentido equívoco o ambiguo que, a veces, solo sirven para incomunicar.
Podemos, cuyos dirigentes son hábiles comunicadores, están elaborando un catálogo de términos nominalistas: la gente, la casta, la mafia, la corrupción, la regeneración, la participación en red... y unos modos de no contestar, jugar con eslóganes y no entrar en la pelea dialéctica. De esta manera, construyen un discurso puramente nominalista (mero juego de palabras y puros métodos formales), sin propuestas programáticas, y cuyo único capital político consiste en un nominal descrédito de los rivales, que no son más que casta, mafia, corrupción... Los suyos son "la gente". ¿Desde cuándo la gente es un término diferenciador? Gente son los votantes de todos los partidos políticos. Está claro que ningún término se adapta mejor a su indefinición política. La futbolización de la política convierte a muchos en forofos del equipo-partido que parece va a ganar. Mero nominalismo emocional, con vacío conceptual y vivencial, que no entra a considerar sobre qué partido político está en condiciones de mejorar la organización de la sociedad.
El objetivo de Podemos no es tanto transformar la sociedad como la ocupación del poder. Para ello tienen que matar al padre, o sea, diluir al PCE-IU, como primera tarea. Posteriormente, "desplazar al PSOE de su espacio político y competir directamente con el PP" (P.Iglesias, Valencia, 25-1-15), y, por fin, la ocupación del poder. A eso lo llaman "nuevo ciclo", pero en ningún momento aparecen propuestas programáticas, sino que prosiguen con su discurso nominalista.
Según los sondeos, el proyecto les va bien. Lo que sería penoso porque, al no proponer nada significativamente nuevo, podría hacer caer a la ciudadanía en una depresión de segunda generación, realmente grave para una regeneración social. Y ante ello ¿qué hacer? Me voy a permitir la libertad de hablar solo de los dos partidos auténticamente de izquierdas, y que se autoproclaman como tal: PSOE e IU.
Yo, que nunca he comulgado con el extendido anticomunismo que tradicionalmente se respira en el PSOE, le aconsejaría a IU, que se despojara de todos los añadidos que se han ido pegando al PCE, antes de que se pasen a Podemos, en ayuda del vencedor. Que recobrara la desnudez de sus siglas, aquellas por las que padecieron y murieron sus heroicos militantes en la resistencia a la dictadura franquista. Esos tiempos en que al PCE se le llamaba "el partido" porque no había otro. Aldía siguiente de recobrar sus siglas, haría un congreso extraordinario y cambiaría las siglas por otras, por ejemplo PDI --Partido Democrático de la Izquierda--, como han hecho todos los partidos comunistas importantes de Europa. Porque la "C" de comunista no vende en el mercado actual. Comenzaría una andadura nueva en solitario. Y, a partir de ahí, a hacer políticas que posibiliten una mayoría social de progreso. Sin urgencias.
Al PSOE le aconsejaría que volviese a ser el partido reformador que ha modernizado este país. Pero para ello necesita de una renovación de caras y formas que, de momento, no se percibe. Y todo ello, con las prioridades bien interiorizadas: 1) Las personas, individualmente, tienen poca importancia política. Su sentido político lo adquieren en la organización, que debe ser dirigida por los mejores. 2) Las organizaciones políticas o partidos tampoco son importantes en sí, sino que son meros instrumentos al servicio de la sociedad. 3) La sociedad es la auténtica detentadora del poder, la que lo da y lo quita. Y es ella, mejor dicho los ciudadanos, cada uno individualmente, quien tiene que ejercer su responsabilidad, participando en la política, especialmente, votando. Y a votar se va leído.
Profesor de filosofía


sábado, 17 de enero de 2015

PARTIDOS Y ELECCIONES

La realidad de los partidos políticos es servir de instrumento para la transformación de la sociedad en la que se integran y de la que viven. Hay dos momentos fundamentales en la vida de los partidos. Uno es la fase electoral, en la que los ciudadanos le dan o retiran su confianza para gestionar sus intereses sociales. En esta fase es la credibilidad la que manda. Y la credibilidad es un concepto volátil y coyuntural, que adquiere firmeza cuando se convierte en mayoría social a través del hecho aparentemente frágil de echar una papeleta en una urna. Ésta es la grandeza de la democracia, transformar un gesto individual en un mandato que se otorga a un partido durante un tiempo para llevar a cabo sus propuestas políticas de organizar la sociedad. El otro momento fundamental es el tiempo de gobierno y gestión, en el que los partidos demuestran su capacidad o incapacidad para traducir en hechos su discurso público y su programa de acción política.

Junto a estos dos momentos claves hay otras manifestaciones que ayudan a configurar la opinión de los ciudadanos sobre cada partido. Especialmente importante es la función de los medios de comunicación, cuestión de la que se habla poco y que es el principal elemento intermediario entre la realidad de los partidos y su apariencia fenoménica. Y otra dimensión importante es la capacidad de análisis de cada ciudadano desde su perspectiva de pensamiento individual y desde la defensa de sus intereses colectivos.

Pues bien, en estos momentos de proximidad electoral sería conveniente un análisis de cada partido político, lo más objetivo posible, a fin de ayudar a la configuración de la decisión en cada ciudadano, sujeto único e imprescindible del hecho electoral. Indudablemente, Podemos es el primero del que hay que hablar, lo que no es fácil, pues carece de historia y, por tanto, no es verificable su capacidad de gobierno. Su discurso es un listado de las carencias y déficits de la política española en estos últimos años. Discurso que está en la mente de casi todos los españoles y que Podemos ha puesto en orden, con música afinada y con una eficacia comunicativa propia de una sociedad informatizada, mediática y favorecedora de lo trivial y efímero. Pero, repito, no hay ninguna verificación de su eficacia política, aspecto que sí es posible comprobar en la mayoría de los otros partidos. Pero, aunque no hay verificación, sí que hay indicios en Podemos que se pueden rastrear e interpretar. Sus dirigentes no vienen de la nada, tienen sus trayectorias, hablan, escriben. Todo ello son manifestaciones, más ocultas que expresas, que habría que saber traducir. Incluso la ciudadanía española tendría que tener en cuenta algún consejo bursátil de que no hay que poner todos los huevos en una sola cesta sino distribuir bien las inversiones en distintos fondos.

Del PP no hablamos por tratarse de un espacio único, sin competencia partidaria (con la pequeña excepción de UPyD y Ciudadanos), y porque representa el modelo social que el neoliberalismo globalizador y minimalista está instaurando en el mundo. No es mi película.

El PSOE podría ser el auténtico damnificado del fenómeno Podemos en las próximas elecciones. Por lo que su análisis se hace necesario y urgente. Y, reducido al breve espacio de un artículo, hay que decir que ha sido el partido fundamental en la salida democrática de la dictadura y en la modernización española. Y por eso mismo (típica bipolaridad española), en la percepción de la gente es el mayor culpable del retroceso económico y social. Es el socialista Zapatero quien el 12 de mayo de 2010 lleva al Congreso de los Diputados las primeras y timoratas propuestas de regresión social. Y en esto pasa como con los primeros amores, que son los que más se recuerdan. Aunque haya sido la política del PP la que realmente ha desarrollado y profundizado en el reduccionismo neoliberal. Pero el PSOE tiene que salir de su letargo, creer en si mismo y actuar con la inteligencia política propia de un partido imprescindible para un modelo social progresista en España. Y hay que decir que en esto, el PSOE es manifiestamente mejorable. Debe afrontar su proceso terapéutico: reconocimiento de sus errores, diagnóstico de situación, renovación del discurso y de gentes y propuesta de un Programa moderno. Este Programa debería ir en la línea de la Planificación Estratégica, con objetivos claros y medibles, indicadores de calidad y controles externos de legalidad, eficacia y eficiencia. Este Programa debería sustituir al convencionalismo del “todo a cien” donde todos los programas políticos (que no los lee casi nadie) parecen competir en una rifa de tómbola de feria rural.

Mariano Berges, profesor de filosofía


sábado, 3 de enero de 2015

PODEMOLOGÍA

Es evidente que el fenómeno político de 2014 se llama Podemos. Filosóficamente, “fenómeno” es lo que se manifiesta directamente a los sentidos pero que no es la realidad verdadera. Podemos es, pues, un fenómeno que hay que analizar para llegar a la auténtica realidad, porque las cosas son lo que son y no lo que parece que son.

Actualmente asistimos a un cambio de paradigma, o lo que es lo mismo, a una manera distinta de mirar y configurar la realidad. Que, en definitiva, es una nueva realidad. El fenómeno Podemos es potente porque en su enorme visibilidad confluyen muchas circunstancias. 1) Surge en una situación de estancamiento de los partidos políticos convencionales. Desde 1976 los partidos han nacido, se han desarrollado y se han atrofiado. Mientras, han producido cosas buenas y menos buenas, especialmente al final del proceso, cuando el secuestro que han hecho de las instituciones ha aflorado con la corrupción sistémica y con la impotencia de las mismas instituciones-partidos para atajarla. 2) Esos mismos partidos políticos, en su esterilidad discursiva, no han sido capaces de formular un diagnóstico de situación ante la crisis, y menos aún han sabido formular soluciones a la misma. 3) Podemos sí que ha formulado un diagnóstico. Desde un cierto despotismo ilustrado han elaborado un discurso balbuceante, cuya música era mejor que la de sus rivales, pues manifestaba ordenadamente lo que la gente decía en las calles espontáneamente. Lo que unido a su virginidad política ha ocasionado la eclosión. Sin embargo, tampoco han explicitado soluciones de una cierta entidad. Solo unos deseos-intenciones que, de momento, parecen creíbles y que posiblemente merezcan una oportunidad. 4) El manantial de donde Podemos ha tomado el agua es el 15-M y sus ramificaciones. Y el 15-M no es más que la representación de una ciudadanía indignada. Un folleto de 50 páginas, aparecido en 2010, “¿Indignaos!” de Stéphane Hesel, puso letra y emoción a las concentraciones callejeras. Pero Podemos ha tenido la habilidad y la sabiduría de encajarlo en clave política. Pues eso, el momento de crisis, la indignación de la gente y la habilidad política de un grupo de teóricos, dan como resultado el fenómeno Podemos. La gente excitada por el nuevo fenómeno son personas variopintas, desde la clase media-alta, frustrada en sus expectativas de nuevos ricos, hasta las nuevas generaciones, sin trabajo y sin derechos sociales. Hay otros que intentan provocar a los partidos que han votado habitualmente (mayoritariamente PSOE e IU), tratando de hacerles ver que o reaccionan o se diluyen.

¿Qué hacen los otros partidos? Fundamentalmente descalificar a Podemos, con lo que la gente adicta aún se autoafirma más. Nunca hubo una campaña tan barata y potente a favor de un partido político. Pero esos partidos siguen sin hacer diagnóstico de situación y menos aún plantean soluciones. Y eso que el diagnóstico no es difícil: una desigualdad creciente, una pobreza también creciente, un deterioro democrático y una desafección política por parte de la gente, que siente que no forma parte de las decisiones que afectan a su vida. Posiblemente los partidos no se atrevan a decir en voz alta algo de lo que se sienten responsables. Pero hay que salir de la parálisis. En el caso del PSOE, debería empezar por asumir sus errores (Andalucía y otros. En Aragón, Plaza) y seguir con una regeneración-renovación de contenidos, modos y gentes. Y humildad, mucha humildad. Pero todo esto hay que hacerlo ya, porque Podemos compite fundamentalmente con el PSOE, no con el PP, al que le viene muy bien el surgimiento de Podemos y la fragmentación consiguiente de la izquierda. En cierto modo, a menos PSOE más Podemos, y viceversa. Al PSOE le falta la característica más fuerte de su rival, la conexión con la gente. Es momento de decisiones radicales.

Y al fondo Europa que, con su deriva mercantil y financiera, se lo está poniendo difícil a la socialdemocracia. La globalización está pasando por encima de las democracias nacionales y la economía se impone sobre la política. Y hay que invertir los términos: Europa debe ser el resultado de la convergencia social de los países de la UE, independientemente del colorido de sus gobiernos, y la política debe pautar los parámetros económicos. Es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) el que debe indicar el grado de progreso y no la competitividad o los grandes números macroeconómicos.

Hay otros asuntos, como la reforma de la Constitución, Cataluña, la monarquía… a los que algunos le dan mucha importancia. En mi opinión, esto no es urgente, aunque quizás se esté usando para tapar la impotencia política ante las grandes cuestiones. Repito, nuestro reto urgente es empleo-desigualdad-pobreza.

Mariano Berges, profesor de filosofía



sábado, 20 de diciembre de 2014

SALIDA DE LA CRISIS

¿Por qué habiendo tanto malestar hay tan poca rebelión? Hasta las protestas de la calle han reducido su frecuencia en este último año, a pesar de que la situación de muchos españoles es cada vez más crítica. Posiblemente la articulación política de Podemos ocupe el lugar del espíritu callejero. No sé si eso es bueno, pero, en cualquier caso, bienvenido sea todo elemento nuevo que agite las aguas estancadas.

Siempre he pensado, y así lo he expresado, que lo que está pasando con la famosa crisis es algo mucho más complejo y profundo de lo que se está diciendo y analizando. Está claro que no es una crisis coyuntural, de ésas que empiezan y acaban rápidamente y todos nos quedamos como estábamos al principio. Está cambiando muy rápidamente el modelo de sociedad: venimos de una sociedad in crescendo y estamos ya en una sociedad decreciente. Mi generación superó económicamente y culturalmente a la generación de nuestros padres. Nuestro proceso fue de menos a más, lo que psicológicamente nos ha generado una mentalidad muy optimista. Actualmente, la generación de nuestros hijos no solo no va a superar a sus padres sino que van a tener problemas de supervivencia. Tragedia para ellos y estrangulamiento del desarrollo de la sociedad española.

¿Ciclos? ¿Casualidad? Ante estos interrogantes siempre vuelvo a mi cultura de la sospecha: nada es casual ni inocuo. Más aún, poner el origen en 2008 es una ingenuidad o una tendenciosidad, ambas muy peligrosas. Esto viene de lejos. Hay una fecha ya histórica: 1989. La caída del muro de Berlín y la consiguiente desaparición de la URSS dejan al capitalismo como un solo polo económico-político. Como consecuencia colateral arrastra a la socialdemocracia hacia el único polo existente y exacerba la ambición desmesurada del capitalismo, más financiero que productivo.

Pero este cambio no tiene lugar con el clásico esquema de explotadores y explotados, tan visible y que tanta hostilidad generaba entre los explotados. Ahora hay seductores y seducidos. El nihilismo individualista como mentalidad generada por los nuevos parámetros de seducción social solo conduce a un “sálvese quien pueda”, nunca a intentar cambiar el mundo. Hace tiempo que ha desaparecido la utopía, esa maravillosa entelequia que aunque caminaras y nunca la alcanzabas, te servía para eso, para caminar. La trivialización social y mediática nos entretiene el hambre y el fracaso existencial. “Esto es lo que hay” es una de las últimas frases estúpidas que repetimos como loros. Y lo que hay son sueldos de 400 y 600 euros (¡qué suerte que tienes trabajo!), una ausencia total de pensamiento y de cualquier atisbo cultural y una cara de bueyes que se nos está poniendo cuando asumimos pasivamente lo que está sucediendo.

Ahora nos dice Rajoy que podemos dar por finalizada la crisis, incluso que estas navidades son ya las primeras de la recuperación. Lo grave de su afirmación es que es cierta. La crisis es un momento crítico en que el proceso mejora o declina. Esto es la salida de la crisis. Ya hemos configurado la nueva sociedad: los sueldos miserables, el paro estructural, especialmente el paro juvenil (53%), que supone no solo la ruina de una o dos generaciones sino también un enorme freno al desarrollo de nuestra sociedad, la desigualdad creciente, la impotencia política para cambiar esto, el determinismo económico, los WhatsApp “urbi et orbi” con sus “profundos” contenidos, el conformismo bienpensante, el inmovilismo… La crisis no era un estadio intermedio sino un final de época y principio de otra. Ya hemos llegado. Ahora hay que vivir con los nuevos parámetros mentales: esforzarse, no quejarse, no exigir lo imposible, tener paciencia, esperar, aceptar los nuevos 400 euros como comienzo de la campaña electoral del PP…

Sin embargo, lo que está pasando, simplemente está pasando. Lo que no implica que el futuro esté escrito en este agónico presente. Si siempre el futuro ha estado condicionado por el presente, modifiquemos el presente como única posibilidad de garantizar un mínimo futuro. ¿Cómo? Con las dos herramientas de siempre: educación y política. No por casualidad son las dos dimensiones más atacadas por el nuevo pensamiento único. Las nuevas tecnologías y la tecnopolítica son envolventes seductoras que nos distraen y nos alejan del pensamiento fuerte. La nueva “modernidad” nos mece cual droga de nuevo diseño, nos abduce y nos introduce en una especie de mística ateológica que imposibilita cualquier rebeldía. Incluso Europa nos está fallando, con el abandono gradual de su proyecto social, definidor de su historia y referencia universal.


Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 6 de diciembre de 2014

COMUNICACIÓN Y CRISIS POLÍTICAS

Populismo, demagogia, electoralismo, mediatismo, espectáculo, quedar bien, edulcorar, decir obviedades, simplificar, no molestar, no pensar, adormecer, trivializar, sonreír eternamente, hagiografias, hacer caridad, politizar el futbol, futbolizar la política… constituyen una terminología que desprecio a pesar de su actualidad. Precisamente ahora se cumplen veinte años de la publicación de “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord. Título profético que hay que volver a leer, a ver si ayudamos a dar sentido a esta sociedad trivial y anodina. La historia de la vida social se puede entender como “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”.

La ambigüedad del lenguaje y la ampulosidad del poder más la nula interpretación popular, convierten al tonto en inteligente, al mudo en discreto, al inteligente en impertinente, al crítico en envidioso, al adulador en amigo, al amigo en enemigo. Uno lee, habla, discute… y pocas veces queda satisfecho si lo que le impulsa es la búsqueda de la verdad. La mayoría de las veces te mueves en un ring dialéctico sin normas y sin respeto por el otro, donde la épica se impone a la retórica y la verdad no es más que un pretexto para aflorar una estéril vanidad personal.

Si eres mínimamente riguroso, las controversias del lenguaje y la comunicación te obligan a pensar y repensar qué dices y cómo lo dices. Porque, como dice George Steiner, todo es traducción. El sentido de lo que se dice depende más de la traducción del oyente que de la intencionalidad del dicente. Si yo digo, por ejemplo, que el PSOE como organización se ha convertido en un sistema cerrado, incapaz de recibir energía del exterior, energía necesaria para evolucionar pero que es vista por el aparato como algo perturbador contra su estado estacionario ¿qué sucede? Mi intencionalidad es honestamente crítica: sostengo que la socialdemocracia es el sistema político más idóneo para una organización social mínimamente igualitaria y justa, pero que en unos momentos de crisis material y crisis conceptual, el PSOE no está haciendo lo suficiente para renovarse y estar en condiciones mínimas de hacer frente, y por lo tanto ponerse al frente, a una situación compleja y complicada. Sin embargo, habrá otros que traducirán mi decir de otra manera, causada por su estilo cognitivo e interpretativo personal, o por su prejuicio pro o contra mí.

En la “Podemiología” que nos rodea, donde todos hablan y pocos entienden, donde los profetas reaparecen y hasta algunos reivindican la propiedad intelectual del invento, es imprescindible utilizar rigurosamente los términos y los conceptos para no confundir-nos. Porque hay tantas palabras en los medios que el pensamiento ya no cabe. Y en política la verdad del discurso depende más de la credibilidad del dicente que del contenido del discurso, pues las palabras se asemejan materialmente. Y la credibilidad es difícil demostrarla, más bien se huele. Podemos ha pasado de su fase negativista a una fase más posibilista. Empieza, lógicamente, a chirriar. Y aunque mantiene la virginidad, las contradicciones ya aparecen. ¡Qué largo se les va a hacer el año!

Actualmente, la situación problemática que nos envuelve es muy complicada. La trilogía paro / corrupción / desigualdad es pura dinamita. Si ya el diagnóstico es difícil, las propuestas son imposibles. Y si añadimos la incoherencia en decir una cosa y hacer otra, el caos está servido. Que la solución no es solo económica, cada vez está más claro. Pero tampoco es solo política. Porque es también moral, estratégica y mediática. Súmese a todo ello el contexto globalizador como coctelera. Y agítese antes de usarlo. Aléjese prudentemente por si explota.

Dmitry Orlov, formulador de la “crisis permanente”, explicaría así el proceso de la crisis: Fase 1) Problemas financieros: bancos-deudas-quiebras. Fase 2) Problemas de comercio: incapacidad para pagar la deuda por parte de Estados / individuos. Los bancos no prestan. Fase 3) Los servicios y las infraestructuras se deterioran: privatización. Fase 4) Incapacidad política / desafección / globalización. Solo queda la familia. Fase 5) Sálvese quien pueda.

¿Es posible modificar la lógica apocalíptica de Orlov? En teoría sí, en la práctica no lo sé. Necesitaríamos que los empresarios, los economistas, los políticos, los técnicos, los medios de comunicación, actuasen con principios éticos y con habilidades técnicas suficientes como para elaborar un diagnóstico urgente de situación y una propuesta de mínimos que posibilitase una solución de emergencia y generase tiempo para elaborar una solución más duradera.

¿Imposible? Más vale que sea posible, pues el polvorín cada día está más lleno y cualquier elemento casual puede servir de mecha.

Mariano Berges, profesor de filosofía