sábado, 18 de agosto de 2012

LA POLÍTICA: PRAXIS Y RELATO


La política tiene praxis y relato. La praxis es de toda la vida. El relato es propio de la era de los grandes medios de comunicación de masas. Hoy una política puede fracasar por la inexistencia de una praxis propia que demande su ideología y sus votantes o puede también fracasar por la inexistencia de un relato o discurso que le otorgue presencia mediática y reconocimiento por parte de la ciudadanía.
Por ejemplo, el momento que actualmente le toca lidiar al PP y a Rajoy es malo económicamente pero bueno políticamente. Como el momento álgido de la crisis coincide con el principio del mandato de Rajoy, cuando comience a remontar -que remontará- todo el mérito se le atribuirá al método reduccionista con que el PP ha desmontado el mínimo Estado de bienestar que había en España. Igual que ya pasó en el 2000 con Aznar y su “milagro económico”.
La economía va por ciclos y la política incide muy poco en la reversión de esos ciclos. Cuando Zapatero hizo su harakiri el 12 de mayo de 2010 con un 10 % de lo que Rajoy ha hecho posteriormente, la cuestión importante es que lo que hizo Zapatero iba contra la línea de flotación del ideario socialista, mientras que lo que hace Rajoy es la esencia del más crudo neoliberalismo conservador. Y es ahí donde aparece el relato de la política. Zapatero se queda sin relato y Rajoy se mueve como pez en el agua en el suyo. A Rajoy le ha tocado el momento oportuno para contar la narrativa más coherente con su ideario: adelgazamiento del Estado de bienestar, negación de lo público, destrucción de los derechos laborales (la Reforma Laboral del PP va a ser la cuestión más difícil de neutralizar en el futuro), desprestigio de los partidos políticos y de los sindicatos... Item más, existe el tópico político que dice que las políticas conservadoras gestionan mejor las crisis. Falso. No hay más que ver el modelo social europeo gestado por la socialdemocracia y su destrucción por parte del neoliberalismo conservador.
Pero cualquier lego en economía sabe que la capacidad de un Gobierno europeo para incidir en la economía de su país es muy limitada. Dice   Joseph Nye en su recomendable Las cualidades del líder, “los líderes son como surfistas en espera de grandes olas”. En política nada es del todo real ni nada puramente artificioso pero, al menos, hay que mantener un relato de tus presupuestos y su viabilidad. Recordando a Castilla del Pino, que  decía que la libertad no es hacer lo que uno quiere sino “hacer lo que uno quiere de entre lo que puede”, la comunicación pública consiste básicamente en saber captar el estado de ánimo de una población y ajustarte a los márgenes dentro de los cuales puedes contar tu historia de la manera que te permita hacer lo que quieres dentro de tus posibilidades.
La oposición del PSOE, se encuentra aún noqueada: independientemente de su alejamiento del poder, no ha elaborado aún su relato, lo que le resta credibilidad y liderazgo social. Precisamente ahora, en la oposición, tiene una oportunidad para cambiar de registro. Yo siempre he pensado que Zapatero evitó el rescate que Rajoy va aceptar con la sonrisa en los labios. Lástima que el líder socialista no se atreviese a ir más lejos. Aunque la partida la tenía políticamente perdida ya que su relato era contradictorio con sus señas de identidad e inverosímil. Posiblemente debería haber adelantado elecciones generales con un relato nuevo y posible que, al menos, ilustrase a la ciudadanía española de lo que se estaba jugando y qué opciones había en el tablero político español y europeo.
Si nadie corrige esta visión de las cosas, en un par de años nos van a entregar una economía débil, trabajadores con menos derechos, un Estado maltrecho y con menos libertades. No ejerzo de profeta sino de cronista: no hay más que observar las medidas tomadas o anunciadas en economía, reforma laboral, educación, sanidad, dependencia, sueldos, aborto… Y, además, todo nos lo muestran como necesario y con un gobierno valiente  y disciplinado “al que lo queda más remedio”. Si los progresistas no cambiamos el relato nos va a costar mucho quitarnos ese pesado arquetipo de destructores de la economía, mientras los conservadores se estarían dejando la piel en levantar el país. El socialismo debe salir de su aletargamiento y debe recuperar la credibilidad a través de una política clara y rotunda, sin matices confusos ni ambigüedades calculadas. Debe revisar su pasado reciente, identificar sus errores y elaborar un discurso claro y con líderes creíbles que lo expliciten. Al socialismo español le falta relato. Y praxis.
Mariano Berges, profesor de filosofía

sábado, 4 de agosto de 2012

LA ADMINISTRACIÓN LOCAL (II)



Procedemos a la segunda entrega del artículo anterior sobre la Administración Local (más propio sería decir Gobierno Local) exponiendo un análisis somero del anteproyecto de Ley para la racionalización y sostenibilidad de la Administración Local.

En este documento se percibe una vez más la volatilidad y contingencia del Gobierno de Rajoy. Piensan que con una declaración de intenciones plasmada en el BOE, los mercados y Bruselas van a hacer un acto de fe en España. Esto no funciona así. Las reformas estructurales no deben ser fagocitadas por coyunturas económicas, por muy apremiantes que éstas sean. Ya Aristóteles decía que la virtud del gobernante debe ser la prudencia, cuya etimología latina es pro-videre, o sea, prever, ver más lejos que los demás. Justo lo contrario del coyunturalismo actual, que nos lleva a un cortoplacismo preñado de estéril inmediatez.
Esta reforma dice pretender una mayor racionalización de la Administración Local y una clarificación de las competencias municipales para ganar en eficiencia. Para ayudar a ello refuerza la figura del interventor local y lo saca de la libre designación presidencial para convertirlo en un auténtico fiscalizador extramunicipal. ¿Un regreso a los cuerpos estatales y a la despolitización de los ayuntamientos?
Para conseguir este objetivo se fortalece a las diputaciones provinciales, que asumirán algunas (o muchas) competencias de los ayuntamientos. Las diputaciones ya no se dedicarán solo a sus funciones tradicionales de asistencia y cooperación con los ayuntamientos. Si esto se plasma en la realidad institucional, transformaría toda la organización provincial en aspectos tan esenciales como recursos, estructura y gobierno. Y los ayuntamientos serán vigilados respecto a sus propias competencias, que les serán sustraídas y transferidas a las diputaciones si no demuestran su capacidad económica y técnica para llevarlas a cabo. Lo que les sucedería a casi todos los ayuntamientos de Aragón. Desaparece también cualquier otra figura de gobierno intermedio como las mancomunidades. ¿Y las comarcas? Parece lógico que también desapareciesen ya que, además de subsumir las funciones de las mancomunidades, constituyen un gobierno intermedio innecesario, caro y redundante. Asturias y Aragón (las únicas con comarcas funcionando) no parecen regiones importantes como para evitarlo. Otra cosa muy distinta es lo que propone el anteproyecto sobre la desaparición o agrupación de los municipios menores de 20.000 habitantes. Esto es materialmente imposible. La reducción de servicios (más que de competencias) o la encomienda de funciones, podría ser una solución más ajustada a la realidad.
Luego aparecen en el documento otras medidas de gobierno local. Limitación del personal eventual y una completa funcionarización de la dirección institucional. Fuera cargos de confianza y de libre designación. El anteproyecto confunde gobierno con administración. Lo mismo sucede con la reducción del 30 % del número de concejales y el límite de los sueldos de los alcaldes. Todo vale en la continua labor de desprestigio de la política y los políticos. Llegaremos a aquella expresión genial del Caudillo “Haga usted como yo, no se meta en política”.
Es curioso que las CCAA no aparecen casi a lo largo del documento. Es como si ya hubiesen sido recortadas sus competencias respecto a la Administración Local. Quizás el inconsciente sea más significativo que la letra. Pero lo que verdaderamente asusta es el despojo competencial de los ayuntamientos, rozando si no lesionando la CE. Que es necesaria una nueva Ley de Régimen Local está claro. De hecho hay un borrador anterior a la crisis durmiendo el sueño de los justos. Pero también hay que tener en cuenta que no es bueno legislar a golpe de ocurrencia y de coyuntura. La planta institucional de un país es algo muy serio como para improvisar. Su elaboración tiene que venir precedida por profundas reflexiones y debates por parte de expertos en la materia, que hay muchos y competentes. Si la Ley quiere permanecer en el tiempo, servir para cohesionar la sociedad y organizar la convivencia política, tiene que contar inevitablemente con una gran  mayoría política y social, al menos un gran pacto de Estado entre los dos partidos mayoritarios.
Concluyendo, el margen de mejora del anteproyecto es amplio y no difícil de consensuar si se trabaja desde el sentido de Estado que todo representante público debe tener. Una sociedad es lo fuerte que son sus instituciones. La crisis pasará y las instituciones permanecerán. Sobran corporativismos, partidismos y electoralismos de corto vuelo.
Mariano Berges, profesor de filosofía








domingo, 22 de julio de 2012

La Administración Local (I) Está claro que lo fundamental es el municipio: oír a los municipios, o sea, a los ciudadanos






Mi periódico (EL PERIÓDICO DE ARAGÓN) escribía el 7 de julio un editorial titulado "Un mal camino para apoyar a los ayuntamientos", donde decía que el Gobierno español pretendía eliminar las mancomunidades y reforzar funcionalmente las diputaciones provinciales. Lo decía así: "Los detalles que se conocen de los planes gubernamentales conducen a un reforzamiento muy importante de las estructuras provinciales, contrariamente a lo que hasta ahora se consideraba como la consecuencia lógica de la consolidación del Estado de las autonomías. Las diputaciones dejan de tener sentido, además de encarecer la gestión, en la medida en que los gobiernos autonómicos ganan en eficacia".
Posteriormente, el Consejo de Ministros del pasado 13 de julio conoció "en primer vuelta" del anteproyecto de ley para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. El anteproyecto recoge en su enunciado los cacareados términos de racionalización y sostenibilidad. Implícitamente se está diciendo que hasta ahora había poca racionalidad en el panorama institucional. Ni niego ni afirmo, solo digo que la actual histeria reformista del gobierno del PP es poco racional y nada sostenible. No debemos confundir la calidad de nuestro sistema institucional con las conductas poco éticas de los titulares de esas instituciones. Ni pretender solucionar la devastadora crisis económico-financiera y fiscal por la que atraviesa el sector público con reformas que poco tienen que ver con lo que estamos hablando, entre otras razones porque cuando estas disposiciones se plasmen ya nadie se acordará de la crisis.
Siento disentir con el editorial de mi periódico. Y como este asunto tiene mucha enjundia, lo trataremos en varias sesiones. Sirva esta primera para clarificar conceptos e intenciones. En otras sesiones seguiremos con el análisis del anteproyecto.
En Aragón hay cuatro términos-realidades que debemos aclarar y diferenciar: ayuntamiento, mancomunidad (subsumida en las comarcas, de reciente creación), comarca y diputación. Aparte de las comunidades autónomas, también de reciente creación y que funcionan cual nuevo Estado, sin ningún tipo de federalismo que las coordine. Cada una tiene sus características, funciones y diferencias. Y todas ellas, de alguna manera, se interactúan y a veces se solapan.
Los ayuntamientos son, junto al Estado, la institución más antigua y la más próxima al ciudadano. En la Atenas clásica, ciudad y Estado coincidían. Todas las demás instituciones son posteriores y algunas de muy reciente y dudosa creación. Las mancomunidades se crearon en 1870 con un objetivo: que los municipios más pequeños se agruparan en función de su proximidad para compartir servicios (especialmente basuras y abastecimiento de agua) y pagar, entre todos, sus costes. En Aragón han funcionado perfectamente, tanto funcional como económicamente, hasta la aparición de las comarcas, que han absorbido sus funciones y han encarecido desproporcionadamente su coste. Las comarcas son casi especificidad de Aragón. Han sido propuestas por el PAR para consolidar su implantación territorial, y tanto el PSOE como el PP no han tenido más remedio que aceptar el chantaje, ya que ambos lo necesitan para conformar mayorías de gobierno.
Hoy, las diputaciones provinciales están funcionando bien, actuando como verdaderos consejos comarcales o, mejor dicho, como deberían actuar los consejos comarcales. Estos entes locales desarrollan sus competencias sobre una población y actúan en función de unas fórmulas de representación política y de una estructura administrativa que, paradójicamente, deberían constituir los parámetros idóneos de cualquier proceso descentralizador que aspire a administraciones locales dotadas de autonomía gerencial, sin presupuestos condicionados y con medios suficientes.
Casi 40 leyes han sido necesarias para regular y crear el entramado comarcal aragonés. Treinta y dos comarcas creadas de treinta y tres previstas y, sin embargo, más de 700.000 aragoneses (Zaragoza y municipios limítrofes) están sin comarca. Está claro que lo fundamental es el municipio: oír a los municipios, o sea, a los ciudadanos y crear unas estructuras claras y distintas en beneficio del municipio. Y habilitar un órgano decisional que articule las decisiones a tomar, que evite solapamientos de inversiones y decisiones, que optimice y equilibre las inversiones y que genere sinergias entre todos los ámbitos.
Profesor de Filosofía

sábado, 7 de julio de 2012

Reivindicando la política (socialista) No es la política la que debe adaptarse a la economía, sino esta a aquélla. Está en juego la democracia


Como declaración de intenciones sirva este primer párrafo. Los partidos políticos son imprescindibles en un sistema democrático. Lo mismo ocurre con los sindicatos. La inexistencia de los partidos políticos supone la existencia de una dictadura. Los partidos políticos actuales surgen en el siglo XIX, como consecuencia de la perversión del sistema liberal surgido en la Inglaterra del XVII y la aparición de dos clases sociales queMarx llamó opresores y oprimidos. Los oprimidos, terriblemente oprimidos, se vieron obligados a crear sindicatos y partidos políticos (todos de izquierdas y todos obreros) como la única manera de defenderse de aquel capitalismo voraz y explotador de la época.
El marxismo especialmente y el anarquismo en menor medida fueron la filosofía política que alimentó a los nuevos grupos. Desde entonces, existe la política moderna como la más noble y eficaz de las artes humanas para organizar la sociedad desde una perspectiva de dignidad humana.
La elección de Hollande y la victoria socialista en Francia deben animar a los socialistas españoles (y aragoneses) a elaborar un nuevo discurso socialdemócrata. El momento es paradójicamente bueno. La crisis que nos invade y la estadía en la oposición deben generar serenidad en el análisis y audacia en las propuestas. La dialéctica economía-política debe inclinarse hacia la política, pero una política que haga posible el equilibrio entre la racionalidad de la gestión pública y el crecimiento económico, de manera que vayamos regenerando el Estado de bienestar que se esta deteriorando de una forma que algunos intentan que sea definitiva.
HAY QUE reivindicar la política porque es la propia democracia la que está en peligro. La socialdemocracia nunca ha perdido el discurso de la igualdad y la cohesión social pero su praxis no ha sido muy coherente. Ha fallado en la gestión de la res pública. Nadie puede dudar de los grandes logros de los gobiernos socialistas en Europa y en España, pero el socialismo se ha dejado arrebatar el argumento económico. Eso de que en tiempos difíciles solo sabe gobernar la derecha. Como si la utopía sobrase una vez que llegas al gobierno.
La utopía, por definición, es imposible aquí y ahora, pero no en otro lugar o en otro momento, además de ser siempre un motor para la acción política. La utopía debe formar parte del discurso pero también del proceso político socialdemócrata.
Hay que dejar claro que la socialdemocracia es siempre una opción con vocación de gobierno, ya sea en solitario o en coalición. Y su futuro electoral pasa indefectiblemente por volver a convencer a sus potenciales electores de que su discurso y su praxis se han regenerado y han comprendido el momento actual de España y de Europa. Para ello deben integrar en su discurso y praxis la participación popular, auténtica asignatura pendiente de todos los partidos políticos.
Pero no una participación de corte populista, demagógica e ineficaz, donde los de siempre hablan de lo de siempre, sino una participación de estructura focal y sectorial, contando con expertos (no tecnócratas) y gente con opinión fundada sobre las cuestiones fundamentales de la sociedad. Esto es lo que en formulación estratégica se denomina transformar la crisis en oportunidad, y no en oportunismo.
Como ya he dicho varias veces, la referencia es Europa. Tenemos que trabajar por una Europa progresista desde una España progresista. Solo así recuperaremos la capacidad política necesaria que posibilitará la Europa modélica que fundó el Estado de bienestar y se convirtió en la referencia mundial de la igualdad y la cohesión social, frente a los famosos mercados que intentan caricaturizar ese modelo social aprovechando la coartada de la crisis. En la dialéctica mercado-sociedad debe prevalecer la sociedad, austera y racional, con prioridades claras, con uso y no abuso de los recursos públicos, y con un observatorio permanente de la pobreza, especialmente desde los dos parámetros fundamentales de la vivienda y el trabajo.
PARA ESTA TAREA casi ciclópea hay que luchar contra la desafección política de la ciudadanía, contra los enfoques nacionalistas o regionalistas, contra el euroescepticismo y contra el apoliticismo. Solo así recuperaremos el concepto de lo público como condición imprescindible para la solución de los problema sociales, pues éste y no otro es el objetivo de la acción política.
Profesor de filosofía

sábado, 23 de junio de 2012

La crisis, los partidos y todo lo demás La primera y más nítida consecuencia de la coyuntura actual es el adelgazamiento del Estado de bienestar


MARIANO Berges 23/06/2012
Las elecciones locales y autonómicas de mayo y las generales de noviembre, ambas en el año 2011, llevaron al PSOE del gobierno a la oposición en casi toda España. Y, a contrario, llevaron al PP de la oposición al gobierno de la mayoría de las instituciones y organismos españoles. Unas siglas más, las del PSOE, que fagocitaba la crisis. Aunque no solo por la crisis, también por su mala praxis institucional y política.
Pero la crisis sigue, y aumenta, y cada día sus gurús nos meten más miedo con esta "economía del miedo" que J. Estefanía puso de título a un libro suyo, magnífico en su análisis e interpretación de la situación actual. La primera y más nítida consecuencia de la coyuntura actual es el adelgazamiento del Estado de bienestar. Empobrecimiento económico general de las clases medias, que son la espina dorsal de una sociedad equilibrada y moderna, la asfixia existencial de los estratos económicamente bajos, la progresiva exclusión social de la juventud, y la regresión de una serie de conquistas sociales que van quedando pospuestas por la "urgencia" de la crisis (sindicales, educativas, sanitarias, femeninas, mediambientales, sexuales, culturales, etc.).
Hablar de la dimensión económica de la crisis ya empieza a ser reiterativo: la prima de riesgo, el IBEX, el rescate financiero, los bancos y cajas, Europa y España, la economía y la política, las contradicciones explicativas de no se sabe qué, los eufemismos y mentiras. Prácticamente, todas las cuestiones que interesaban y que eran contenido de informativos y medios hace solo dos años, han dado paso al monotema de la crisis y sus consecuencias. Y las cuestiones relegadas han desaparecido de todos los grandes titulares, y por extrapolación, de la realidad. De lo que no se habla no se sabe.
Hay muchos políticos que piensan que la detentación del poder es para siempre, o al menos para mucho tiempo. Y piensan también que con inaugurar cosas y salir en los medios ya está asegurada la reelección. Craso error. Eso es tratar a la gente como poco inteligente y ciega socialmente. La gente cuando vota, salvo los fieles --que cada vez son menos--, lo hace por un egoísmo inteligente: vota a aquel que piensa que va a atender mejor sus legítimos intereses. Y eso explica los cambios electorales, a veces muy fuertes, porque la ciudadanía castiga a los que entiende que lo hacen mal. Es incorrecto pensar que los grandes partidos tienen su rentabilidad electoral solo por sus medios económicos. Los partidos responden a grandes líneas de pensamiento e intereses generales de la sociedad. Los partidos, sobre todo, son instrumentos que la sociedad ha creado para que representen las distintas formas de organización social que los grandes grupos sociales defienden como la mejor. Y por eso hay pluralidad de partidos, porque hay pluralidad de opiniones y de maneras de entender la organización de la sociedad desde todos los puntos de vista: político, económico, cultural, social, educativo, etc.
Por todo ello, un partido debería hacer primero sociología y después política. Antes de nada, hay que entender por qué pasa lo que pasa, y después elaborar un relato explicativo con unas pautas de transformación creíbles y viables. A ello debe acompañar unos rostros también creíbles como los encargados de intentar hacer realidad ese relato. Un partido político es como un consejo de administración de un negocio que es nada más y nada menos que la propia sociedad. Y así como un buen consejo de administración elige las personas más preparadas para llevar a cabo la gestión de su negocio, un partido político riguroso debería hacer lo mismo.
Ya sé que los orgánicos de los partidos se me van a echar encima con los criterios de mayorías y minorías internas, la correlación de fuerzas y las alianzas. Lo entiendo y lo acepto, pero a la hora de la gestión pública que, al menos, se elija a los mejores de entre esas "sensibilidades". De lo contrario, habrá que pensar que eso que dice "la gente" sobre la meritocracia orgánica como único valor para estar en los lugares de decisiones, es verdad. En cualquier caso, en las situaciones humanas no existe el blanco y el negro, casi todo son tonos grises, desde el gris perla al gris marengo, y lo que todo partido político debe hacer es reflexionar sobre lo que le gente necesita y desea e intentar poner los medios y las personas que lo hagan posible. Para ello, se necesita gente capaz y honrada. Solo son dos palabras: capaz y honrada. ¿Tan difícil es? ¿O es que no se trata de eso y se trata de otra cosa? Profesor de Filosofía

sábado, 9 de junio de 2012

¿Qué está pasando en España?


El país se tiene que europeizar más, en sus modos democráticos y en una gestión eficiente

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Es evidente que actualmente existe una percepción social en España muy negativa acerca del desarrollo de la crisis, sobre el qué y sobre el cómo. Pongamos algunos ejemplos:
Existe una percepción negativa de los políticos y, por extensión, de la política. Cuarenta años de franquismo son parte causal de la desafección política, ciertos medios de comunicación y otros creadores de opinión trabajan diariamente su descrédito, pero la mala práctica política es la razón importante del fenómeno. Si a ello añadimos que la situación actual no parece depender mucho de los políticos ¿para qué queremos y pagamos a los políticos? Peligrosa conclusión. De hecho, en toda Europa están floreciendo organizaciones de extrema derecha, grupos fascistas y manifestaciones antisistema, con la excusa de la crisis actual y la consiguiente desafección política.
Además está la corrupción (no solo política). La corrupción siempre es negativa, pero lo peor de todo no son los corruptos sino la tolerancia social sobre la corrupción. Solo los principios éticos y las convicciones democráticas nos pueden liberar de este cáncer. La honestidad personal y la transparencia legal son dos elementos imprescindibles en la regeneración democrática.
Último acontecimiento (por ahora), Bankia. La ineptitud de los gestores, la corrupción de los sueldos y pensiones de sus directivos, la no vigilancia de los órganos oficiales, la chapuza gubernamental de su solución y la ausencia total de explicación sobre su génesis, proceso y coste, hacen de ello un paradigma de lo que no se debe hacer. Las consecuencias de esta catástrofe financiera van a afectar a todo el sistema financiero y a la credibilidad de España en su conjunto. Mientras se configura una unión bancaria europea, el BCE tiene la responsabilidad de ayudar a evitar el desplome de las deudas nacionales, con las contrapartidas necesarias.
Algunos dirán que la percepción puede no coincidir con la realidad, que sería otra no tan negativa. Pero no. Los sistemas sociales funcionan por las percepciones de la mayoría. Así funcionan las elecciones libres, los mercados, las acepciones, los éxitos y hasta los afectos. Incluso la realidad está construida, en gran parte, por las percepciones de las mayorías.
Ahora bien, ¿de dónde provienen nuestras percepciones? Hume decía que procedían de los sentidos. Los constructivistas inciden más en la influencia de nuestro estilo cognitivo, que selecciona nuestras percepciones. ¿Y qué realidad llega a nuestra mente? Fundamentalmente, la que captamos a través de los distintos medios de comunicación social y demás creadores de opinión. Y aquí topamos con un gran poder, aparentemente disperso y plural, pero que alimenta un sentido y una dirección que Marx definía como la superestructura cultural que justifica la estructura económica de la base.
Una pregunta se impone, ¿dónde están los intelectuales? Porque da la impresión que todo lo que está pasando está predeterminado y es inevitable. Y, además, como es de índole económica, ni siquiera podemos entenderlo. Desde la racionalidad griega e ilustrada, siempre hemos defendido la acción política como la única manera humana de corregir las situaciones adversas. Pero hace falta interpretar correctamente la política y su estrecha relación con la ética. En el fondo, la ética y la política es lo mismo, solo que la primera opera en la dimensión individual y la política no es más que la ética en su aplicación social y comunitaria. No puede ser que la discusión sobre la construcción europea se produzca exclusivamente en el campo de los técnicos, sin atender al debate político y moral que implica la economía. Porque los famosos recortes se hacen para solucionar los errores y delitos cometidos por los poderosos, pero afectan fundamentalmente a la gente más vulnerable del sistema.
La solución, como ya he dicho otras veces, es más y mejor Europa. A España siempre le ha ido bien con Europa y muy mal, aislada de Europa. Precisamente, el modelo europeo se ha caracterizado por defender un pacto social que equilibra los costes y beneficios socioeconómicos. Pero España se tiene que europeizar más, en sus modos democráticos y en una gestión eficiente. La austeridad no está reñida con el crecimiento, pero la austeridad exige siempre prioridades sociales. ¿Podría ser la gran coalición política un remedio, en lugar de la confrontación interpartidista? No vaya a ser verdad la frase de Krugman "La crisis que estamos atravesando es fundamentalmente gratuita: no hace falta que suframos tanto ni destruir la vida de tanta gente".
Profesor de filosofía

martes, 29 de mayo de 2012

15-M, primer aniversario Ha sido una masiva movilización de resistencia civil contra las élites políticas y económicas



MARIANO Berges 26/05/2012
Cuando uno habla o escribe públicamente no puede obviar la realidad inmediata, salvo que quiera inhibirse por miedo, por incapacidad analítica o por comodidad personal. Hablar políticamente del 15-M no es fácil. Quizás lo que más se presta es el uso de interrogantes, como los que tienen los propios protagonistas del fenómeno social.
Primer aniversario del 15-M. Ha sido una masiva movilización de resistencia civil contra las élites políticas y económicas que están hundiendo en la depresión a la democracia española. Si el 15-M tenía motivos para protestar el año pasado, hoy los tiene mucho más que entonces, dado el clímax depresivo de súbito desastre y emergencia nacional que se cierne sobre la actualidad española. Las condiciones materiales de vida todavía se han deteriorado más, dado el agravamiento de la recesión causado por la "austeridad" antisocial que predican y practican los gobiernos de la UE en general y de España en particular. Sobre todo para los jóvenes que protagonizan las movilizaciones, cuya tasa de desempleo ha escalado hasta el 60% pendiendo sobre ellos la amenaza de convertirse en una generación perdida.
¿Qué ha supuesto el 15-M? El 15-M ha ampliado el espacio público de la política. Esto es algo más que simbólico, es algo real, independientemente de cuál sea su futuro. Hay mucha gente del 15-M "no ejerciente", porque no tienen tiempo o porque tienen un cierto rubor de ser mayores, pero su espíritu está con ellos. Estas personas que simpatizan, también son 15-M. Si el movimiento tiene alguna amalgama es su protesta por el malestar. Ha propiciado una cierta conciencia política en gente que no la tenía. Ha fomentado la discusión política en un país que había perdido esta maravillosa costumbre.
Repercusiones del 15-M. Es difícil analizar este aspecto, pero quizás haya influido en los poderes políticos y económicos, llevándoles a reprimirse en sus excesos, aunque, pasada la sorpresa inicial, hayan vuelto a las andadas. Se desprecia la movilización de miles de personas que en numerosas ocasiones han salido a la calle de forma pacífica. Los puntuales incidentes se han magnificado y sirven de excusa para cambios normativos regresivos en el derecho de manifestación. Si la situación continúa igual de injusta y haciendo pagar el coste de la crisis a los no culpables, el movimiento 15-M podría cuestionar su aspecto pacífico e introducir más ruido en el sistema. De hecho ésta es una cuestión interna de debate.
Quizás sea ésta una de las cuestiones interesantes a tener en cuenta. Si los poderes no han entendido ni atendido el mensaje 15-M y hasta lo han despreciado, incluso algunos lo han criminalizado, la radicalización puede aparecer en cualquier momento. No olvidemos que es un movimiento global y en red que, de momento, solo ha sido un catalizador del malestar, pero que puede radicalizarse. Lo ideal sería que los poderes de distinto signo analizasen el síntoma y adoptasen la terapia pertinente, para ellos y para la sociedad.
¿Cómo evolucionará el 15-M? Tras un año de existencia han aparecido las divisiones: ¿partido político? ¿asambleísmo? ¿dónde están los líderes? ¿son necesarios los líderes? ¿cómo se mantiene esa canalización de malestar de una manera mínimamente estructurada? Si el futuro siempre es incierto, el del 15-M lo es aún más. Un año después de su nacimiento, algunos lo dan por agotado. Es claro que el primer aniversario no ha tenido la fuerza del inicio. Sin embargo, las causas del 15-M no solo continúan sino que son más fuertes. Algunos piensan, por eso mismo, que todavía estamos en el principio de un movimiento aún por definir, que el fondo estimulador por desgracia existe pero que falta un elemento formal organizativo que lo defienda de su propia disolución.
El gran éxito del 15-M se basa en que ha dado protagonismo a la gente en cuestiones vitales: trabajo, vivienda, sanidad, enseñanza, salarios. Sin embargo, su carácter asambleario, su ausencia de organización y de líderes, lo incapacita para la acción política. Ésta es la gran cuestión en un sistema económico-político en el que ni los economistas ni los políticos son los auténticos protagonistas. Si el 15-M se agota en su desafección al sistema democrático y no plantea alternativas viables, puede diluirse como otras modas pasajeras. La utopía siempre ha sido necesaria pero el pragmatismo también. Las manifestaciones, las huelgas, las protestas, los movimientos, hay que saberlos gestionar. De lo contrario, se extinguen. Y esto lo saben perfectamente los poderes.
Profesor de filosofía

sábado, 12 de mayo de 2012

Fusión de municipios, un debate artificial


MARIANO Berges 12/05/2012
Entre la marabunta reformista del Gobierno Rajoy le toca ahora el turno a los municipios. La reforma que prepara el Ministerio de Hacienda estudia agrupar los ayuntamientos con menos de 5.000 habitantes. En Aragón tendría consecuencias en el 96% de los ayuntamientos aragoneses, 706 de los 731 municipios existentes en Aragón, pues solo 25 municipios aragoneses tienen más de 5.000 habitantes. En España afectaría al 84% de los 8.116 ayuntamientos existentes. Hasta aquí, la síntesis de las notas de prensa sobre la cuestión.
Para empezar mi exposición diré que el debate sobre la supresión o fusión de los municipios pequeños me parece un debate artificial y falso. Siguiendo una idea del Dr. Francisco Velasco Caballero (Director del IDL-UAM), la Constitución contiene tres criterios generales que guían la estructura de la planta local: el principio de eficacia-eficiencia de todas las Administraciones públicas y del gasto público en general, el principio democrático y el principio de centralidad del municipio en la planta local. Y aplicando la "regla de prevalencia condicionada" para armonizar varios principios conflictivos entre si, termina diciendo que una eventual reducción del número de municipios sólo sería constitucionalmente justificable si supusiera una notable reducción del gasto público y supusiera al tiempo un moderado o limitado sacrificio en el principio democrático y en el principio de centralidad municipal. Perdón por una cita tan larga pero fundamental en esta cuestión.
Prácticamente no hay estudios que informen con precisión el coste real de los municipios en España. Y el concepto de eficiencia es muy relativo y se podría aplicar también a las autonomías, a los ministerios, al Parlamento, a las grandes ciudades, a cualquier organismo público-, con notas más que dudosas. Y si acudimos al análisis comparado, no solo hay que fijarse en Grecia, que ha fusionado municipios; también en Francia, que tiene 38.000 municipios, con unos servicios espléndidos y envidiables, y que nadie plantea su fusión o desaparición.
Las decisiones sobre la planta local en España no pueden derivar de un simple análisis de costes, aunque fuese muy importante, lo que es más que dudoso. Además, si se diese una fusión de municipios, sería más formal que real, ya que los caseríos y núcleos materiales de los pueblos se mantendrían como núcleos aislados, con las mismas necesidades anteriores, aunque hubiese formalmente un solo ayuntamiento para varios núcleos. Esto sucede, por ejemplo, en Ejea y sus ocho barrios-pueblos, a una distancia entre 4 y 20 kilómetros del núcleo principal. Y en Zaragoza, con la gran ciudad y sus catorce barrios administrativos, que son auténticos pueblos, y no pequeños.
Es ésta una cuestión compleja y muy sensible. Todos los ayuntamientos, por pequeños que sean, quieren existir, pero sus habitantes también quieren tener servicios de calidad, sin ser discriminados por razones residenciales, pues son tan ciudadanos y pagan los mismos impuestos que los que habitan en las ciudades. El núcleo del problema es cómo dar una calidad de vida a los habitantes de los pueblos pequeños, cuyos ayuntamientos no tienen capacidad técnica ni económica para ofrecerla. Este es el papel de las diputaciones provinciales, que lo han ejercido desde el siglo XIX, sin ningún tipo de disfunciones importantes. Los ayuntamientos de menor población que no pueden ejercer sus competencias por incapacidad técnica y económica manifiesta, requieren una gestión de ámbito supramunicipal. Esta fórmula ha funcionado en España de manera plena, sin quiebra de la sostenibilidad económica, social y territorial. Solo se ha empezado a cuestionar últimamente, pero por razones partidarias más que reales. Que una diputación provincial tenga amplios márgenes de mejora gestora no invalida que su función esté más que contrastada.
A juicio de la Federación Española de Municipios (FEMP), las diputaciones pueden asumir ese papel de administración común en los municipios de dudosa viabilidad en aquellas competencias que no pueden ser ejercidas por ellos mismos. En Aragón, con la existencia de las comarcas hay problemas de duplicidades y confusionismo en esta cuestión de la supramunicipalidad. De hecho, el PAR ya se ha opuesto al traspaso de competencias a las diputaciones, tal como ha propuesto la FEMP. Postura lógica en un partido que se ha inventado las comarcas como elemento de su propia supervivencia política.
Como este asunto va a dar mucho de sí, de momento queda planteado. Seguiremos informando. Profesor de Filosofía

sábado, 28 de abril de 2012

Prisas del PP y lentitud de Europa


Realmente esto es un sinvivir. Especialmente cuando llegan los viernes y hay Consejo de Ministros. Sobre el nuevo Gobierno del PP se podrán decir muchas cosas pero no se les puede acusar de inactividad, ¡qué ritmo llevan! Tampoco se les puede acusar de incoherencia pues van al corazón del Estado de bienestar, y eso que en España solo lo habíamos llegado a vislumbrar. Y lo que sí se nota muchísimo es la larga mano de FAES, la Fundación de Aznar que genera ideología para el PP. Es imposible que un Gobierno recién nombrado haga en tres meses lo que ha hecho el Gobierno de Rajoy, a no ser que el guión ya estuviese escrito por FAES.
Otra consideración a tener en cuenta es la hermenéutica que hay que aplicar a partir de ahora a los programas políticos que el PP predica en sus campañas. "Nos hubiera gustado no tener que hacerlo" es la frase que más repite Rajoy tras cada ajuste-recorte. Significa: aunque dije que haría lo contrario, me han obligado a hacer esto. "No voy a introducir el copago en sanidad". "Yo no voy a subir los impuestos". "No bajaremos las pensiones": en teoría no, en la práctica sí (IRPF, copago y otras subidas). "No tocaremos la sanidad ni la educación": no las han tocado, las han manoseado indecentemente. El famoso programa oculto de Rajoy seguía el guión de FAES, tanto en el fondo como en la forma.
No me gusta hacer críticas globales y fáciles. Es más, algunas medidas que han tomado o prometido tienen matices de eficiencia que no hay que rechazar. Frente al keynesismo exarcebado de gobiernos anteriores es necesario tomar medidas de racionalidad eficiente. Sin embargo, hay mucha habilidad en este gobierno de nuestros sueños (no nos deja dormir) al mezclar medidas de eficiencia biensonantes con hachazos a servicios básicos que ha costado muchos años conseguir. Por ejemplo, que las tasas universitarias suban y se acerquen a su precio real no estaría mal si se compensase con una buena política de becas para los alumnos sin recursos y que rindiesen bien en los estudios. Uno de los cambios más significativos en la España democrática ha sido el hecho de que los hijos de los obreros obtuvieran títulos universitarios. Hoy ocupan puestos de responsabilidad en organismos públicos, empresariales y multinacionales. Estoy seguro que su origen humilde se notará en sus decisiones.
Pero hay una pregunta que inquieta más todavía. ¿Cuánto va a durar el tiempo de ajuste? Porque estas medidas son coyunturales, nos dicen. De momento ya llevamos casi cuatro años de crisis y si leemos a los expertos, vemos que "España no recuperará el PIB de 2008 hasta 2017", seis años más tarde que Alemania o Francia. En el caso de empleo, el diagnóstico aún es peor "Si el PIB se recupera para 2018, los 2,5 millones de empleos perdidos en la crisis no se recuperarán hasta 2022 ó 2023". ¿Y en qué estado llegaremos? Desde luego, más pobres, pero, sobre todo, con una sociedad descohesionada e individualizada hasta extremos de competitividad y agresividad nunca vistos. Porque no es lo mismo pasar de proletarios a clase media que el viaje inverso. Y lo más trágico de todo, con toda una generación de jóvenes que no van a conocer lo que es una sociedad de mínimo bienestar, con un trabajo decente y una vida independiente. Y esto ya no es una cuestión económica sino psiquiátrica.
Una vez más hay que decir que la solución está en Europa. Esta afirmación la entendemos mejor en España que en la Europa rica, porque durante el franquismo Europa ya era nuestra esperanza. Lo que sucede es que la Europa socialdemócrata nórdica o la Francia conservadora republicana y laica eran otra cosa que esto de ahora. Y ahí debe radicar la nueva esperanza, en la vuelta a la Europa de las ideas y de los ciudadanos y no la de la plutocracia mercantil que nos asfixia. El ritmo lo debe marcar la ciudadanía y no los mercados. Por ejemplo, ¿qué sucedería si el 3% de déficit obligatorio europeo se alcanzase en 2016 y no en 2013? Sencillamente, que estas medidas antisociales que nos están axfisiando desde mayo de 2010 podrían acompasarse mejor a las potencialidades de cada país. Y esto sería posible con gobiernos progresistas en las naciones importantes de Europa.
Y las medidas a tomar por esta nueva Europa pasan por elaborar respuestas nuevas y comunes a todos, como un pacto fiscal europeo que combine austeridad y crecimiento; regularizar los mercados financieros; retomar nuestra seña de identidad europea de bienestar social y reivindicar que el Parlamento Europeo sea el lugar donde resida la voluntad de los europeos.
Profesor de filosofía

sábado, 14 de abril de 2012

Lectura de Prensa

Lectura de Prensa (del 11.04.2012)

A mí me ha dado un poco de risa esto de las autonomías. Sobre todo cuando Aragón pasó a ser nacionalidad

MARIANO Berges 14/04/2012

"Los mercados atacan a España", "La deuda española se ha disparado de 300 a 433 puntos básicos ante la pasividad del BCE, que exige más medidas a España", "Los Presupuestos Generales del Estado aprobaron el 3 de abril un tijeretazo de 27.300 millones de euros, pero el lunes 9 el Gobierno anunció nuevos ajustes de 10.000 millones más en Educación y Sanidad. Y tampoco eso calmó a los mercados", "Los inversores ven que las medidas para reducir el déficit frenan el crecimiento económico", etc.

Parece claro que se trata de un buen hachazo al Estado de bienestar. Y, sin embargo, para los insaciables mercados no es suficiente. Bruselas tampoco está satisfecha. Más aún, no se cree que estas intenciones del presupuesto se vayan a cumplir. Porque con estas medidas el crecimiento económico se aleja y sin crecimiento no hay economía real. También dice Bruselas que "para volver al crecimiento es más importante la calidad que la cantidad del gasto".

José Antonio Griñán, Presidente de Andalucía, dice que en los PGE hay una suma de subvenciones de 38.000 millones. Algo se podrá rascar de allí. Gestha, el sindicato de los inspectores de Hacienda, está constantemente haciendo propuestas alternativas en los medios de comunicación. Sólo me fijaré en algunas, que en síntesis son las siguientes:

1. La implantación de la denominada "Tasa Tobin" (tasa a las transacciones financieras) supondría 4.000 millones. 2. El Impuesto de Sociedades podría recaudar 10.500 millones. 3. Si la Iglesia católica abonara el IBI, los ingresos serían de 1.200 millones. 4. El Impuesto de Sucesiones y Donaciones supondría una recaudación adicional de 17.000 millones. 5. Volver al 1%, en el Impuesto de Patrimonio, supondría 3.500 millones. Lo que haría un total de 36.200 millones. Aún más, se calcula en 30.000 millones el fraude fiscal en España.

"Esperanza Aguirre revoluciona el PP al plantear el vaciado del Estado autonómico" La frase exacta es la siguiente: "Si España lo necesita, las grandes competencias, desde luego la sanidad, educación y justicia, deberían volver al Estado, y los transportes y servicios sociales a los Ayuntamientos". Calculó un ahorro de 48.000 millones de euros.

Esperanza Aguirre siempre me ha parecido de las personas más listas del PP. Y, además, se le entiende todo. Cosa que es de agradecer en un político. A mí, como hijo de la Ilustración y con tendencia jacobina, me encanta el Estado (democrático). Cuanto más fuerte mejor. Un Estado democrático y potente es la mejor garantía de justicia e igualdad para todos los ciudadanos. Por lo tanto, estas declaraciones de E. Aguirre me caen bien. ¡Qué le vamos a hacer! Soy consciente de que ese posicionamiento mío sorprenderá a unos y escandalizará a otros, pero uno se va cansando de la uniformidad, la obviedad y la formalidad.

Está claro que pasamos a otra dimensión que afecta nada menos que a la estructura del Estado autonómico español. De un Estado centralista pasamos a un Estado autonómico. Durante la elaboración de la CE solo exigían autonomía Euskadi y Cataluña. Las demás regiones se pusieron en fila y hasta se estableció una especie de carrera a ver quién llegaba más lejos. Cataluña dice que se creó el Estado autonómico para frenar a Euskadi y a la propia Cataluña. No me extrañaría. Siempre he pensado que España hubiera funcionado mejor y más barata con una descentralización administrativa inteligente y profunda a todas las regiones, menos a las dos citadas, que se hubieran conformado con una autonomía menor que la actual pero sin que la tuvieran los demás. Y si, además, hubiera desaparecido el concierto económico vasco y navarro, los españoles seríamos más iguales en derechos y en deberes de lo que somos ahora y, sobre todo, de lo que podemos llegar a ser cuando el Estado de bienestar quede hecho unos zorros.

Aparecieron 17 autonomías o "miniestados", con sus 17 parlamentos y sus 17 ejecutivos y las parafernalias correspondientes, que a veces superaban a las ministeriales. A mí, la verdad, siempre me ha dado un poco de risa esto de las autonomías. Sobre todo cuando Aragón pasó a ser nacionalidad y casi nadie se enteró. Parece ser que en el Parlamento español se despistaron y se les coló. En la práctica, no sirvió de nada salvo para que algunos se llenaran la boca de liturgia identitaria. En Aragón, región que daba la media en todo, cruce de caminos y resultado de su mera situación geográfica, hasta aparecieron nacionalismos. Y hasta tenemos Ley de Lenguas. ¡En fin!

Profesor de Filosofía