jueves, 17 de abril de 2025

REARME, SÍ O NO

 



En estos momentos del trumpismo-putinismo, dos imperialismos tienen atemorizados al mundo europeo que, de la noche a la mañana, ha entrado en una vorágine guerrera ante un temor, inexistente hasta ahora, de que Rusia podría atacar a la UE. La histeria ha llegado al extremo de invitar a los ciudadanos de la UE a tener preparado un kit de supervivencia personal para un mínimo de los tres primeros días en un hipotético ataque bélico. La guerra de Ucrania, aún sin desentrañar sus auténticas causas que provienen de la estructura territorial y política de la antigua URSS, ha sido la espita que ha disparado este ardor guerrero en la UE, que ha llegado a hablar de invertir una cantidad monstruosa de 800.000 millones de euros para ponerse en pie de guerra, aunque para jugar a pacifistas lo llamemos estrategia de defensa.

Cuando leemos sobre esta cuestión del rearme, podemos observar dos bandos: los partidarios del rearme y los pacifistas. También podríamos llamarlos realistas e ingenuos. Pero la verdad no es absoluta y además de relativa es poliédrica. Como diría el clásico, la situación es confusa, profusa y difusa. Yo estoy convencido de que, al menos en España, la mayor parte de la ciudadanía está por la paz, que tan bien le ha sentado a la España democrática, especialmente desde su entrada en Europa en el año 1986. Por eso mismo, ese nominalismo que el presidente Sánchez intenta establecer de hablar de seguridad en lugar de rearme, no es ninguna tontería. Porque no es lo mismo seguridad que rearme, ni defensa que guerra. Independientemente de que el presidente español sepa perfectamente que quien lleve al parlamento una inversión monstruosa para comprar armas o vaya en plan guerrero, que se despida de su futuro político. Porque la clave electoral de cualquier acción política es siempre causa motriz de su acción.

Ignoro la psicología social de otros países, pero España no aprobaría hoy la entrada en un conflicto armado. ¡Buen siglo XX hemos padecido! Por lo tanto, me parece inteligente hablar de seguridad y no de rearme, y de defensa y no de guerra.  Además, la UE necesita, antes que comprar o producir armamento en magnitudes planetarias, tomar una serie de decisiones que van desde depurar algunos conceptos teóricos hasta establecer una tipología de armamento común y/o complementario entre todos los países de la UE, y adoptar de una vez para siempre estructuras de mando, militares y civiles, únicas y comunes a toda la UE. Aparte de responder un interrogante mayúsculo previo, ¿qué hacemos con la OTAN? Porque en esto tiene razón el autócrata Trump, Europa ha tenido gratis el paraguas de la OTAN financiado por EEUU. Eso sí, con un montón de hipotecas que no vienen al caso. ¿Vamos a inventar la OTAN 2 sin los EEUU? No sería ninguna tontería que la UE diese un paso de gigante, aprovechando la situación geoestratégica actual en el mundo, y caminase hacia su sueño inicial de la configuración de los Estados Unidos de Europa. Pero eso es política con mayúsculas. Podría ser una oportunidad de oro. En un artículo reciente, Habermas decía que una fuerza militar disuasoria en la UE podría aprobarse solo con un paso adelante en la integración europea.

Pero me quedo con mal gusto de boca si solo uso argumentos de tipo práctico. Si seguimos la lógica de los realistas armamentistas nunca habrá paz. Y armarse en cantidades industriales y sin previos en línea con la integración europea, es seguir esa lógica. Claro que hay que hablar de todo, pero antes que de guerra hay que hablar de política, de diplomacia y de muchas cuestiones relacionadas con la defensa europea que tengan ese doble uso tecnológico, militar y civil: todos los trenes con ancho europeo, vías rápidas que conecten toda la UE, digitalización empresarial de doble uso, estructura de mando unificado, complementariedad técnica entre todos los países… En fin, puede aprovecharse el momento antieuropeo del imperialismo ruso-estadounidense para hacer una Europa más integrada y fuerte. Porque, en el fondo, se trata de eso, de abortar la integración europea, de que esa civilización ilustrada y defensora de los derechos humanos no se imponga al capitalismo cutre de Trump y el imperialismo trasnochado de un espía que aún sueña con reinventar la URSS.

A riesgo de repetirme, hay que recurrir a Kant y su obra Sobre la paz perpetua, en la que el origen de las relaciones humanas, de la política humana y del derecho humano no es la supuesta necesidad de la guerra, sino el ideal de la paz. Porque, aunque la realidad de nuestro mundo es brutal, debemos someternos a leyes cuyo ideal sea la paz, porque solo así conseguiremos que esta siga siendo posible, a pesar de todo. Según la advertencia de Kant, el destino de una humanidad que no se mantenga fiel al ideal de la paz será inevitablemente la destrucción. Y estamos hablando en el siglo XVIII.

Más filosofía (y más política y más diplomacia) y menos rearme.

Mariano Berges, profesor de filosofía

jueves, 3 de abril de 2025

INFANTICIDIO EN GAZA

 



Martes 18 de marzo de 2025, Israel bombardea Gaza por enésima vez. Más de 400 muertos. De ellos 130 niños. Y ya van más de 50.000 palestinos muertos. Sin contar los varios miles de cadáveres bajo los escombros. Un responsable de la ONU afirmó que en los cuatro primeros meses de guerra en Gaza murieron más niños que en el resto de las guerras del mundo en cuatro años.

La asepsia de unas palabras y unos números esconden y distancian el horror y la mayor crueldad posible de un ser humano: Netanyahu.  Hay que poner nombre al horror. De lo contrario, nos olvidamos y parece que la crueldad humana no existe.

¿Cuánto vale una vida humana? Depende de quién sea y de dónde sea. No es lo mismo que sea estadounidense, español, africano, de Afganistán o de Gaza. Es como si algunos nacieran para ser solo estadística mortal.

Pero las palabras también discriminan. No es lo mismo muertos que asesinados. Y lo de Gaza son asesinatos. Y si son niños, y si un niño muerto es el contenido de una fotografía en primer plano, entonces tu cuerpo tiembla, tus ojos brillan y las lágrimas se escapan. Y piensas en tu nieto. Entonces esa muerte alcanza para mí un valor infinitesimal. Y quizás sería capaz de devolver esa acción. Y piensas en los gazatíes, y piensas en Hamás, y piensas en esos secuestros y muertes de judíos, que no justificas, pero que, pensando en tu nieto, sí que comprendes.

Po eso escribo hoy así, con las tripas. Porque hay muertos próximos y lejanos, propios y ajenos, conocidos y anónimos, llorados y olvidados. Ese asesino, Netanyahu, tiene nombre propio y de su mente y de su voluntad surgen tan viles asesinatos. Ese nombre, Netanyahu, jamás debe ser olvidado de cualquier memoria de un ser humano mínimamente decente. Y que el asesino pague. Porque así podrán evitarse futuros asesinatos. Porque la impunidad genera más asesinatos y más horrores. Acabemos con la impunidad. Que funcione el Tribunal Penal Internacional. Y pensar que ese tal Netanyahu es heredero de las víctimas de los campos de concentración nazis. Esos campos, tras cuya existencia Primo Levi dijo que ya no podría haber poesía.

Y los palestinos ¿cómo pueden aguantar? Sí, ya sé que Hamás comete asesinatos terroristas. Cuestión que no justifico, aunque sí puedo llegar a comprender. No lo justifico porque ¿para qué?  ¿para justificar a Netanyahu? Estos últimos días, la prensa ha informado de que, por fin, los palestinos se han manifestado contra Hamás. Cerremos el círculo vicioso que ampara tanto infanticidio y tanto asesinato. Pero los niños palestinos no solo mueren, muchos quedan heridos gravemente. Unicef calcula que entre 3.000 y 4.000 de ellos tienen al menos un miembro amputado.

En esos mismos días EEUU bombardea Yemen. Ucrania sigue en guerra, mientras Trump y Putin juegan al póker a ver quién gana más en esa apuesta. ¿Cuántos muertos ucranianos van ya? ¿y rusos? ¿800.000 + 1 millón? Palabras, números, muertos lejanos, muertos anónimos, estadísticas… ¿Por qué? ¿Para qué?

Y Occidente sigue impertérrito a estas masacres. Ahora parece que piensan que también ellos pueden ser agredidos, y que, entonces, los muertos podemos ser nosotros, nuestros hijos, los nuestros. Y parece ser que nos toca rearmarnos ¿Por qué y para qué? ¿Es esa la solución? Me resisto a pensarlo, aunque pase a formar parte del grupo de los ingenuos y de los buenistas.

Además, una cosa es poner dinero y armas, y otra muy distinta es poner los muertos. No sé en otros países, pero en España, por suerte, ya no hay guerreros. Por no haber no hay ni mili. Que, por cierto, la suprimió un tal Aznar, uno de los machotes que invadió Irak, otro caso ya olvidado: un país industrializado y moderno, cuarta potencia mundial en producción de petróleo, invisibilizado de un día para otro. ¿Se trataba de eso?

¿Y la ONU? Ese gran invento, surgido tras la 2ª Guerra Mundial, para evitar más guerras. Refórmese ya. Que tenga poder ejecutivo, que la toma de decisiones sea operativa y no un paripé escenográfico, inoperante, hipócrita y estéril. Más que rearme hay que pelear para hacer una ONU operativa, un gobierno mundial con poder decisorio. Eso dijo en el XVIII un ilustre e ilustrado ingenuo, Kant: no habrá paz en el mundo hasta que no haya un gobierno mundial. ¡Claro que sirve la filosofía! Menos rearme y más filosofía.

Mariano Berges, profesor de filosofía